10.MAR.20 | Posta Porteña 2092

Sendic de Samuel Blixen/ comenta Amodio (X)

Por AMODIO

 

 

Publicamos los comentarios que ha ido realizando sobre este libro Héctor Amodio Pérez

(42) 8 de diciembre de 2019

Blixen:“ Habían pasado ocho meses, y muy poco después la mayoría de los combatientes debieron ser trasladados a la ciudad con cuadros agudos de anemia. Muchos fueron detenidos en esos locales. A los seis meses de existencia, la experiencia del Tatú era incierta: en algunos lugares la represión no dio tiempo para asentar los grupos. En Rivera, el Jota Jota Domínguez fue detenido a poco de iniciar el trabajo de apoyo en la ciudad. El Cholo González, en cambio, logró mantenerse casi un año en Tacuarembó, sobrevivió hasta octubre en los montes, primero en un campamento del arroyo Tranqueras: “Cuando crecía y nos aislaba, comíamos boniato”, cuenta el Cholo. Logró salir, sigilosamente, de varios cercos: “Cuando nos metían los helicópteros, nos quedábamos en el monte y los milicos no entraban”. Estuvieron quince días en una zona de bañados en Tacuarembó. “Salíamos a carnear con el agua por la cintura, hacíamos fuego con las hojas secas de los árboles y cuando se venía la crecida, construíamos una tarima con ramas.” Hubieran podido seguir así, pero no tenían contacto con Montevideo. Cuando uno de los integrantes del grupo desertó, fueron bajando hacia Montevideo, de monte en monte, de cerro en cerro, de chacra en chacra, sin ser detectados. Diego Picardo se instaló en Treinta y Tres, después del Abuso. Con su grupo construyó tatuceras en el Cebollatí y se movía en campamentos seguros. A pesar de la concentración de peonaje en las arroceras y de los antecedentes de organización sindical, el grupo no logró hacer base social. “Carneábamos, teníamos abrigo, nadie sabía dónde estábamos. Pero se nos había cortado el contacto con la orga. No bancamos el aislamiento y salimos a la carretera. Caí cerca de Rocha.”Sendic, acción y legado, Trilce 2010, pág. 217.

Amodio:  Por momentos siento el deseo de agradecerle a Blixen estos testimonios. Pero el calvario sufrido por los compañeros me impide tomarlos a broma. Este texto es, además, un ejemplo de la inutilidad del Tatú, que se dijo estaba concebido para llevar a las zonas rurales la voz de la izquierda. Refleja el voluntarismo de quienes lo concibieron, solo comparable al de Marenales, que entendió que ante la falta de locales se podía dar la lucha desde las cloacas. Habían pasado seis meses, se dice, por lo que su “inicio” hay que situarlo en octubre de 1971, un mes después de El Abuso.

Es la comprobación de que cuando Sendic planteó su “autocrítica” y pidió pasar a ser un militante de base más, junto con Fernández Huidobro, lo hizo para poner en marcha el plan Tatú, a espaldas de las resoluciones del Ejecutivo. Dos meses después, se dice, la mayoría de los combatientes debieron ser trasladados a la ciudad con cuadros agudos de anemia. Se lo habíamos anunciado, pero creían que no, que eran inmunes a todo.

Se refleja, sin ninguna duda y sin que sea necesario agregar adjetivo alguno, lo disparatado del plan y lo dramático de la situación. Ni siquiera los que fuimos más críticos pudimos imaginar una situación así. La situación la describe alguien no sospechoso de inquina hacia “el gran timonel criollo” y que se ha empeñado, en una página sí y en otra también, en mantener erguida la imagen tambaleante de su líder. El Tatú, es obra del mal llamado “líder campesino” y sus lugartenientes, y todos son los responsables de la debacle cuya fecha es coincidente con su puesta en marcha. Después dirán que las FF.AA. nos tendieron una emboscada.

(43) 9 de diciembre de 2019

Blixen: También tenía los días contados el poder de Amodio y de su compañera Alicia Rey; al menos así lo pensaba el Ñato Fernández Huidobro, aunque calculaba que desarticular la influencia y el peso de la Columna 15 implicaba el riesgo cierto de una fractura. Amodio había sido detenido por segunda vez el 24 de febrero, y desde la cárcel habían llegado informes alarmantes. “El Pepe, el Tambero, Efraín, decían desde la cárcel que el Negro Amodio era vidrioso.” Después de pasar por jefatura y por el Juzgado, Amodio fue ubicado en la celda del Tambero Zabalza. “Nos dijo que en la Policía había conversado, que se mostraban muy abiertos. Había llegado intacto.” Amodio explicó que Jefatura, para evitar la tortura, había acordado pasar información sobre la cárcel y según Mauricio Rosencof un preso común habría interceptado una comunicación de Amodio con un alto funcionario policial. A Zabalza y a Pedro Dubra, Amodio los invitó para compartir un asado, cuando salieran, para recomponer la Columna del interior; opinaba que Sendic era apenas un buen responsable de grupo de acción, y que había nuevos compañeros para el recambio. “Le mandé a mi compañera, Pelusa, que estaba en el Collar, un papelito para el Ñato y ese informe sirve después para el cuestionamiento”, dice Zabalza. Sendic, acción y legado, Trilce 2010, pág. 218.

Amodio:  El cinismo de Zabalza y del Ñato es monumental. Efectivamente, fui detenido el 24 de febrero de 1972. Ya había renunciado al Comando General y había recibido la responsabilidad de organizar la nueva fuga desde el Penal, a pedido de los compañeros que dicen que me habían retirado toda su confianza. Mi detención fue consecuencia del desorden organizativo que los vaivenes internos generaron, ya que el local al que me dirigía había sido allanado cuatro días antes, sin que la falta de su responsable a los contactos hubiera llamado la atención. Se extrañan de que en Jefatura no me hubiesen torturado: ¿es que después de Morán Charquero se torturó a alguien en Jefatura? Que den un solo nombre. No lo hicieron ni siquiera cuando Almería. Claro que hablé mucho en Jefatura: dejé establecido un acuerdo con el comisario Romasanta, al que le entregué parte del dinero que llevaba, para la asistencia de los compañeros que pasaran por Jefatura en esos meses.

El preso común con el que hablé fue Carlos La Paz Caballero, un fugado del Abuso que me pidió intercediera por él ante los compañeros, ya que había entregado un local. Lo del asado es tan burdo que no vale la pena, lo dejamos. Zabalza envía su informe después de que conocimos los resultados de la reunión del 16 de marzo de 1972, que yo califiqué de catastróficos, tal como el mismo Zabalza lo refiere en La piel del otro. No me equivoqué.

(44) 10 de diciembre de 2019

Blixen:  Una emboscada es una acción militar en la que una de las fuerzas en combate es tomada absolutamente por sorpresa, atacada de forma fulminante, paralizada y anulada por la contundencia del golpe. El combatiente que entra en una emboscada siente que el cielo se le desploma sobre la cabeza, que se desatan fuerzas inesperadas y que lo golpean implacablemente desde todos lados, sin darle oportunidad a respirar, a reflexionar, a reaccionar. Si está muy entrenado, cohesionado, ese contingente quizás pueda replegarse, tomar posiciones defensivas, dar combate, acaso contraatacar y evitar, de esa manera, que la emboscada culmine su objetivo: la aniquilación. Pues bien: el 14 de abril de 1972 el MLN cayó en una emboscada que le tendieron el gobierno y las Fuerzas Armadas y el golpe fue tan devastador que en siete meses la estructura militar de los tupamaros quedó desarticulada, herida de muerte. Por cierto, el Ejército y los cuerpos represivos de la Policía hicieron bien su trabajo, pero nunca hubieran obtenido el resultado que recogieron si no fuera por las profundas contradicciones, las desviaciones, las desprolijidades y las frivolidades que como un cáncer venían comiendo el cuerpo de la guerrilla, úlceras que quedaron expuestas al primer golpe. Sendic, acción y legado, Trilce 2010, pág. 220.

Amodio:  Una emboscada es una acción militar en la que una de las fuerzas en combate es tomada absolutamente por sorpresa, atacada de forma fulminante, paralizada y anulada por la contundencia del golpe. Hasta aquí, correcto: ¿pero quién tendió la emboscada si fue el MLN, el que decidió las acciones del 14 de abril, sobre los objetivos señalados por Bardesio.

¿Quién secuestró a Bardesio? El MLN. ¿Para qué? Para tener información acerca de los grupos cazatupamaros. ¿Para qué? Para ejecutarlos, en función de la justicia revolucionaria. Esta es la verdad. Mucho palabrerío se ha utilizado para hacernos creer lo contario. El Plan Hipólito lo decidió el MLN porque creyó que tenía fuerzas suficientes para llevarlo a cabo, y con eso le bastó. Los militantes del MLN no sintieron que el cielo se les desplomaba hasta que no se tomó consciencia de lo que se había desatado. Y no estaba ni entrenado ni cohesionado. Se pudo haber replegado pero no lo hizo, porque estaba conducido por una Dirección inútil, diezmada por su propia irresponsabilidad y ella sí desconcertada, que hizo oídos sordos a quienes teníamos más experiencia y aconsejamos el repliegue. Por cierto, no se arriesga a señalar a quienes hicieron posible las profundas contradicciones, las desviaciones, las desprolijidades y las frivolidades que menciona, no sea cosa que le salga el tiro por la culata.

 (45) 11 de diciembre de 2019

Blixen:  Una derrota siempre es, antes que nada, consecuencia de los errores propios más que de los aciertos del enemigo. Hoy se sabe que las Fuerzas Armadas, que habían asumido el control de las operaciones antisubversivas en setiembre de 1971, inmediatamente después del Abuso, venían planificando ese golpe y lo preparaban concienzudamente; hasta habían elegido los acordes de la marcha militar de sus comunicados de guerra, la famosa “cadena” que sería el único canal de información autorizado. Cuando decidieron que estaban prontas, aguardaron el pretexto que permitiera desencadenar la represión en una intensidad y una profundidad no conocida hasta ese momento. Necesitaban el pretexto para accionar la propaganda, la tarea de inteligencia y la manipulación de masas que acotaría la oposición, de la gente, del Parlamento y de los partidos políticos. Ese pretexto el MLN lo sirvió en bandeja el 14 de abril, cuando desencadenó la represalia contra el Escuadrón de la Muerte. *

* Nota del autor: como es notorio, tuve una decisiva participación en las acciones militares del 14 de abril, concretamente en la ejecución de uno de los jefes del Escuadrón de la Muerte, el ex subsecretario del Ministerio del Interior, Armando Acosta y Lara. Por esa acción fui procesado y condenado. Si los episodios militares de ese día no son relatados en extenso, ello se debe, simplemente, a que Sendic no tuvo participación directa, ni personal ni a través de las decisiones de la dirección. Pero esos sucesos, por su dramática gravitación, reclamaron todo su esfuerzo y su compromiso. En ese sentido, ocupan un lugar destacado en este relato. En lo que a mí concierne, después de trece años de prisión, me siento libre para ensayar, sin caducidades ni coartadas de obediencias debidas, una aproximación al episodio, a través de las valoraciones de Sendic y de quienes eran, en aquel momento, los personajes más gravitantes. Sendic, acción y legado, Trilce 2010, pág. 220.

Amodio:   Estos dos últimos párrafos pretenden hacernos creer que las FF.AA. estaban preparadas para aniquilarnos, y no es así. Las FF.AA. entraron a los enfrentamientos como secundarios, en funciones de apoyo, cerrando las calles para que los de Inteligencia y Enlace hicieran su trabajo y ni siquiera eran capaces de diferenciar a los militantes del PC de la OPR, del MLN, de la micro y de las FARO, por lo que hacían una mescolanza tan amplia como inútil. No tenían ni idea, y si bien es cierto que en el interior ya se torturaba, en Montevideo no se hará hasta la desgraciada muerte de los cuatro soldados, acción de represalia decidida por Sendic, Marenales y Engler y sugerida por nuestros colaboradores militares de la 1815, vinculados a Seregni.

Nadie ha querido hacerse responsable de lo sucedido el 14 de abril y el “biógrafo” pretende hacernos creer que Sendic no tuvo nada que ver. Es curioso el empeño que pone en hacerlo participar en acciones exitosas en las que no intervino y pretende dejarlo al margen de las decisiones nefastas. La mañana del 13 de abril, cuando la segunda fuga había sido un éxito, en el local de Pablo y Sofía, en la calle Juan B. Morelli, cercano al Piñeyro del Campo, se reunió el Comité Ejecutivo, formado por Candán Grajales, Engler, Rosencof y Fernández Huidobro, junto con Marenales, Alicia Rey y Sendic. Marenales y Alicia Rey, como integrantes del Comando General de Montevideo y Sendic como cabeza de Comando del Interior. Es en esa reunión que se acordó poner en marcha el plan Hipólito, decidido tras la famosa reunión del 16 de marzo y paralizado hasta la concreción de la segunda fuga. De todos los asistentes a la reunión, entonces domicilio de Alicia y mío, el único que me saludó tras la fuga fue Candán, señal de que mi destino dentro del MLN ya estaba decidido. Tras la reunión se me adjudicó la responsabilidad del Servicio de Información, lo que no acepté hasta tanto no se me aclararan las decisiones que a mi juicio nos llevaban al despeñadero. Todavía no sabía que al día siguiente el plan Hipólito pondría en evidencia mis prevenciones.

En la nota de autor de la misma página, Blixen nos dice que Sendic no tuvo nada que ver, ni directa ni indirectamente, en la puesta en marcha del Hipólito, pero que esos sucesos motivaron toda su atención y su compromiso. Ninguna de las dos cosas son ciertas: Sendic participó en la resolución y luego si hubiera prestado atención a las consecuencias y a las prevenciones que se le hicieron llegar, se habría replegado y no habría insistido en la huida hacia adelante que mantuvo.


(46) 12 de diciembre de 2019

Blixen:   En los asesinatos del Escuadrón de la Muerte en 1971-1972, el objetivo parecía apuntar a difundir el terror en los aparatos de masas del MLN, en la periferia de la guerrilla, cosa de desestimular su crecimiento, de reducir el colchón de simpatía. Las víctimas tienen todas ese carácter, son periféricos, simpatizantes. Había, por tanto, “un reclamo generalizado, fundamentalmente en las columna de masas” del MLN, para algún tipo de represalia contra el Escuadrón. “Era un reclamo que venía de los sindicatos, de los barrios, de los estudiantes”, y que convergía en los actos del Frente Amplio, cuyos grupos políticos y comités de base eran objetivo permanente de los atentados fascistas. En términos generales existía la percepción de que una represalia tendría las mismas característica de otras anteriores (Morán Charquero, los funcionarios de la Metropolitana responsables de los asesinatos de prisioneros en la retirada de Pando, la ejecución de un carcelero de Punta Carretas, entre otras). Más aún, algunos de los jerarcas policiales individualizados como miembros del Escuadrón (Delega, Macchi, Campos Hermida) fueron antes objetivos del MLN, ya sea para represalias o para secuestros que resultaron fallidos. En la dirección del MLN había una percepción diferente. De alguna manera se tenía la impresión de que una acción importante contra el Escuadrón traería consecuencias que después no se podrían controlar. Al parecer, fue una política de los “viejos” al momento de disputar a la Columna 15 el control de la dirección y negociar el “recambio” en etapas, no interferir en los planes en vías de ejecución. Dice Fernández Huidobro: “El 14 de abril ya estaba resuelto desde antes”. Sendic, acción y legado, Trilce 2010, pág. 224.

Amodio:    Vamos a ver si nos aclaramos: las muertes y desapariciones de Ramos Filipini, Abel Ayala y Héctor Castagneto se produjeron entre julio y agosto de 1971. El MLN, con anterioridad, había proclamado la doctrina del Doble Poder e instituido la Justicia Revolucionaria, en función de las cuales se ejecutó a Morán Charquero y a Leoncino y se atentó contra Macchi, en acciones aisladas diferidas en el tiempo, por lo que cada una de ellas tuvo una repercusión y un alcance limitados. Hablar de aparatos de masas del MLN es, por lo menos, exagerado, aunque es verdad que existió cierto reclamo, producto de nuestras proclamas en ese sentido.

Entonces, si existía ese reclamo y se habían asumido nuestras reivindicaciones, ¿por qué no se actuó? Porque el MLN estaba absorbido por la segunda fuga de la Cárcel de Mujeres, por los preparativos del Abuso y el posterior apoyo al Frente Amplio. Nelson Bardesio fue secuestrado el 24 de febrero de 1972, coincidiendo con mi segunda detención. El secuestro se produjo veinte días antes de la reunión en que parte de “los viejos”, Sendic y Fernández Huidobro, copan los puestos de dirección. En esos veinte días, parte del Ejecutivo (Engler) y del Comando general de Montevideo (Alicia Rey y Marenales) estaban trabajando para la segunda fuga de Punta Carretas; otra parte (Rosencof) sistematizando las declaraciones de Bardesio y Sendic y Fernández Huidobro se pusieron a preparar la reunión del 16 de marzo. El Hipólito es una decisión del Comité Ejecutivo formado en la reunión del 16 de marzo e integrado por Rosencof, Fernández Huidobro, Candán y Engler y se planificó a posteriori. Ninguno se opuso, porque nadie se paró a pensar las consecuencias que tendría


(47) 13 de diciembre de 2019

Blixen:   No decimos nada, no nos oponemos a las acciones ya previstas. Entre nosotros coincidíamos en que la orga estaba en manos de gente muy frívola, con accionismo sin sentido”. Pero aún antes de que él ingresara al Ejecutivo, el 16 de marzo, la represalia contra el Escuadrón había provocado discusión; el Ruso Rosencof, que había interrogado directamente a Bardesio, estimaba que la difusión de las actas del interrogatorio “tenía en sí misma una resonancia política altamente redituable”, y se oponía a las acciones propuestas. El Hugo Candán, que había ingresado a la dirección junto con Fernández Huidobro, no alentaba temores sobre las posibles consecuencias, según el relato de Rosencof: “Le pregunté a Candán: ‘¿Y qué va a pasar con esto?’. ‘Nada –respondió–. Se absorbe’. Candán, con todo su talento y coraje, era también un producto formativo de la 15”. Sendic, acción y legado, Trilce 2010, pág. 225.

Amodio:   El cinismo de Rosencof es inconmensurable. El mismo formaba del Ejecutivo que decidió las acciones del 14 de abril. El accionismo sin sentido al que se refiere fue fruto de las presiones recibidas por el anterior Ejecutivo por parte del Sendic y Fernández Huidobro, los estrategas que iban a conducir al MLN al máximo exponente del accionar militar, los que iban a llevar la lucha hasta los últimos rincones. Ya han barrido a Wassen, a Alicia y a Marrero. Mantienen a Candán y a Engler, ambos de la 15, al primero porque lo necesitan, y al segundo porque lo han colonizado intelectualmente, como lo reconocerá en una entrevista el 28 de mayo de 2013: la dirección era Sendic, dice. Pretenden hacernos creer que unos operativos de esa envergadura se pusieron en marcha con el ejecutivo dividido al 50%.

Rosencof, además, miente: la decisión de dar a conocer las cintas de Bardesio es posterior a las acciones del 14 de abril, pensando que con ellas podríamos detener la declaración del Estado de Guerra Interno, decisión en la que participé. Además, grabé las copias con las declaraciones hechas en un primer momento, a las que se unieron las declaraciones que Bardesio me hizo a mí el día que simulamos el “secuestro” de Gutiérrez Ruiz


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