Ultima publicación de las declaraciones de Jorge Zabalza a Clara Aldrighi en el libro La izquierda armada, segunda reedición que hizo Aldrighi en 2016 con comentarios puntuales, de Amodio Pérez tal como hizo en Mentiras Tupamaras. Esto fue extraído del Facebook del autor y corresponde a las entregas 12,13 y 14
Aldrighi: ¿Su reclutamiento se realizó como integrante de una organización política o como individuo aislado? ¿Tenía algún tipo de responsabilidad en el movimiento estudiantil?
Zabalza: Un grupo de compañeros, tres o cuatro, que militábamos en la FAU, quisimos en ese período, repetidas veces, vincularnos al MLN.
Amodio: Zabalza se reconoce como militante de la FAU, Federación Anarquista Uruguaya. Viajó a Cuba como enviado del MRO, Movimiento Revolucionario Oriental. Dice que él y otros quisieron vincularse al MLN. Como reconocerá más adelante, casi todo el núcleo que lo rodeaba ya estaba integrado al MLN en la llamada columna 5, bajo la responsabilidad de Huidobro. No es posible a estas alturas conocer las razones por las cuales su integración al MLN no se había dado. Solo cabe suponer que sus antecedentes personales eran negativos.
Aldrighi: ¿Participó en movilizaciones de masa con apedreos o lanzamientos de molotov? ¿Integró algún grupo de choque, defensa, protección? En caso afirmativo ¿esa experiencia facilitó su decisión de ingresar al MLN?
Zabalza: En el movimiento estudiantil integraba una especie de red de militantes para la organización de las manifestaciones relámpago y de las ocupaciones de facultad. Ya en la FAU nos entrenábamos para la autodefensa en las manifestaciones. La red estaba constituida por grupos vinculados de una manera muy horizontal; participaban fundamentalmente estudiantes de Agronomía, de Bellas Artes y de Notariado. Estos últimos eran integrantes de la famosa Agrupación Refrigerio, algunos de los cuales son hoy miembros del Colegio de Abogados. Se llamaba así porque el lugar de reunión era la cantina del Centro de Estudiantes de Derecho.
En 1966 hubo muchas situaciones de lucha callejera. Se desarrollaban en 18 de Julio, en la zona de la Universidad y en la de las facultades de Medicina y Química. Salíamos a apoyar los conflictos obreros de la época.
Pero sobre todo nos movilizábamos por una postura internacionalista; fundamentalmente por los procesos de Cuba, Vietnam y Argelia. La invasión a la República Dominicana nos afectó mucho, fue un llamado de atención. También salíamos a la calle por algunas otras situaciones, como la guerrilla en Perú.
Aldrighi: ¿Qué medios de prensa o lecturas los informaban y orientaban en temas de política internacional?
Zabalza: Leíamos mucho toda la literatura que venía de Cuba, como Pensamiento Crítico. Régis Debray se convirtió en un best seller, era de los más leídos entre nosotros. Incluso algunos lo criticamos por el absolutismo de ciertos planteos, como las definiciones sobre el tema de la selva, el determinismo geográfico de la guerrilla, la mecánica de desarrollo del foco. Todo eso daba lugar a discusiones, que tenían un carácter muy inorgánico.
A fines de 1966 y principios de 1967 se empezó a desarrollar un movimiento estudiantil que dio origen al MR-8, el Movimiento Revolucionario 8 de Octubre, así llamado después de la muerte del Che. Estaba compuesto por universitarios y sectores de juventud obrera de Ghiringhelli, de la carne y de FUNSA principalmente. Teníamos vínculos también en fábricas importantes como TEM o General Electric. Constituíamos una red que nucleaba más o menos cincuenta personas. Participé en ella desde sus inicios en 1966. No nos convocábamos a través de asambleas, sino mediante un pasaje de consignas.
En esa red no había jerarquías y la integraba gente de variada definición ideológica. Algunos éramos anarcos, otros chinos del MIR o trotskistas y en algún momento hubo compañeros del MUSP, que se destacaban por una relación muy jerarquizada.
No se planificaba nada, todo era espontáneo. Recuerdo haber salido a relámpagos decididas la noche anterior en el mostrador de don Primitivo, el cantinero de Derecho. Resolvíamos hacerlas por distintos motivos, de acuerdo a las informaciones de la prensa. Al otro día salíamos a manifestar un promedio de ciento cincuenta personas. Hacíamos sólo escándalo, porque en 1966 todavía no existía el uso de las molotov, aunque sí el uso de la baldosa. Se trataba en realidad de una salida con consignas. A veces rompíamos alguna vidriera como la de Pan American.
La represión consistía en el camión lanza-agua, policías de comisaría y en moto. A los detenidos los manoseaban un poco; los tiraban en la comisaría y después, a la larga, salían. No intervenían los coraceros, a veces lo hacía el 6° de Caballería.
Recuerdo que en una manifestación de 1964, cuando la ruptura de relaciones con Cuba, fue extraordinario ver a los “verdes” a caballo y con el sable en la mano. Nos causó terror. La solidaridad con Cuba era general, aunque había sectores del trotskismo, con posiciones muy críticas, que por supuesto no participaban en las manifestaciones de apoyo.
Aldrighi: ¿Qué aspectos específicos de la política uruguaya vinculaban a sectores ideológica y políticamente tan diferentes?
Zabalza: La aspiración revolucionaria, que no tenía una teoría demasiado firme —todavía estaba en ciernes en 1966— y un espíritu antisistema. El sistema era visto como repulsivo.
Aldrighi: ¿En qué modificó sus posiciones originarias después del ingreso al MLN?
Zabalza: Las modifiqué en especial por el proceso que fui cumpliendo en Cuba, donde tuve mucha lectura y discusión. Leí a los clásicos, Marx, Engels, Lenin, y también las obras de Mao. Discutíamos entre nosotros — no con los cubanos— algunos temas del Che Guevara. El grupo de uruguayos en el que participé tenía un alto espíritu de independencia. Nos hicimos de amigos en Cuba, gente muy querida, que convivía con nosotros en el monte y nos enseñaba las artes militares. Junto con ellos teníamos un gran rechazo a lo que ya entonces se mostraba como algo omnipotente: la estructura del partido; cada tanto venían a vernos los que llamábamos “los burócratas”. Éramos anarcos, de alma.
La nuestra era una posición diferente a la que mantuvieron los tupas que residieron en Cuba a partir de 1973, muy pro-Partido cubano. Recuerdo que en 1968 —ya integrando el MLN— un compañero tenía que irse a Cuba, y como era el más recientemente llegado lo acompañé al aeropuerto. Le transmití mis impresiones y le mandé saludos a un tal Goitia: “Decile que es el burócrata más grande que he visto en mi vida”. Y en el mal sentido. Ese compañero todavía se acuerda, porque se lo dijo...
Amodio: Las palabras de Zabalza carecen de interés histórico y seguramente Aldrighi haya opinado igual y esa sea la razón por las cuales no fueron publicadas en las ediciones anteriores a 2016. Las recojo porque en todas ellas reivindica su carácter anárquico, lo que será causa de su baja de la columna 1 y su integración en la columna del Interior. Será en Punta Carretas donde Zabalza comenzará a trabajar de manera más orgánica y en equipo, dejando de lado su entonces acendrado personalismo.
Cuenta un episodio que carece de veracidad. En 1968, quien viajó a Cuba fue Manera, entonces miembro del Ejecutivo, siendo esa la razón de su ausencia en el Simposio de Octubre de ese año. Tal como reconoce Manera en sus declaraciones tras su detención en 1972, la documentación fue elaborada en el taller que a esos efectos teníamos en el sótano de la calle Carlos Reyles 1525, antiguamente llamada San Fructuoso. Manera tomó el avión en Buenos Aires y llegó luego de un largo periplo en auto hasta Salto y desde allí a Buenos Aires. Quien lo condujo fue Carlos Tikas Plechas, quien conducía un auto con chapa diplomática cedido por un funcionario de una dependencia de la UNESCO.
Zabalza: Estando en Cuba en 1968 se produjo la Primavera de Praga. Vivimos entonces la primera definición importante. En el viaje habíamos pasado por Checoslovaquia, viendo lo poco que puede verse en una semana. Pero en algunos contactos que pudimos tener con estudiantes se palpaba una gran disconformidad. Veías también —nos movíamos en el área de los hoteles internacionales— la prostitución, la droga, el lujo, los grandes coches, los cabarés dentro del hotel. Toda una serie de cosas que nos chocaban enormemente, de acuerdo a nuestra imagen de lo que debía ser el socialismo.
Aplaudimos los sucesos de Checoslovaquia, para nosotros fue como una esperanza. Recuerdo que tenía mucho contacto con la UJC cubana en esa época. El discurso de Fidel nos dejó con un sabor de insatisfacción, porque era ambiguo. Denunciaba los manejos de la burocracia checa y se ponía en contra de la invasión como método. Se preguntaba si esos mismos tanques soviéticos que reprimieron en Praga irían a Vietnam en solidaridad con el pueblo vietnamita. Pero por otra parte aceptaba la versión oficial soviética de que los sucesos de Praga eran fruto de una conspiración de la CIA, que hoy nos parece una justificación inaceptable.
En aquel momento toda la izquierda uruguaya y latinoamericana estaba esperando lo que diría Fidel para subirse a esa línea. Esa era un poco la actitud general. Frente a hechos internacionales en los cuales no se manejaba mucha información, lo que decía Fidel era palabra sagrada. Y en este caso yo creo que fue una de las primeras veces en que se oyeron discrepancias con su planteo.
Aldrighi: ¿Expresaron esa disconformidad en Cuba?
Zabalza: No, porque a la vez uno vivía el otro aspecto, que era el de la solidaridad con el pueblo cubano. Por ejemplo, participé de la recepción de la mano del Che y la del 2 de enero de 1968, cuando el festejo del aniversario de la revolución cubana —nueve años— con un millón de personas.
En ese momento todavía andaban los bandidos en el Escambray, había gente que invadía, volaban fábricas, depósitos de ropa y alimentos. Se vivía con una postura ambigua, los aspectos críticos se subordinaban a lo otro. Uno veía cosas en las que no coincidía o que le parecían criticables; pero se dejaban ahí, quedaban como un escozor...
Aldrighi: ¿Qué opinión le merecían la Unión Soviética y el campo socialista?
Zabalza: Ese era un tema que nos unía en el plano internacional, por supuesto, porque frente a la Unión Soviética éramos tremendamente críticos. Sobre todo los de origen anarco. Todo el MLN fue en su historia muy independiente con relación a la Unión Soviética. En uno de los documentos fundacionales se hablaba de la independencia de toda estrategia internacional y de que nos afiliaríamos a alguna el día que fuera discutida en un plano de igualdad entre todos.
En eso jugó un papel importante Raúl [Sendic]. Tenía la experiencia de la Internacional Socialista, a la cual había ido como delegado del Partido Socialista. Nos impulsaba a tener esta posición una especie de sentimiento nacionalista, o más bien de independencia política. Eso nos diferenciaba del Partido Comunista. Netamente. Siempre lo consideramos como la sucursal de una matriz exterior.
Alrighi: ¿Los miembros de esa red estudiantil ingresaron más tarde al MLN?
Zabalza: La mayoría. Después que me fui a Cuba, ese grupo terminó conformando el MR-8. Primero se estableció una coordinación, realizábamos reuniones en la sala de la dirección del Centro de Estudiantes de Derecho. Íbamos dos por Notariado, junto a los que venían de los otros centros que te nombré; también participaban algunos de Veterinaria y de Química, donde había un grupo fuerte. No recuerdo bien, porque me fui por mayo o junio de 1967.
La secuencia de movilizaciones nos fue vinculando, la ocupación de la Universidad, las manifestaciones por la conferencia de “gorilas” [Cumbre de jefes de Estado de la OEA reunida en Punta del Este, abril de 1967], el conflicto de Ghiringhelli (que apoyamos acampando alrededor de la fábrica), el de la carne, etcétera. A través de esas actividades fuimos estableciendo una serie de relaciones que se plasmaron en esa primera coordinación, que más tarde se desarrolló como MR-8. Este se constituyó a la larga como la columna número Cinco del MLN.
Amodio: El conglomerado ingresó al MLN y por su volumen se los integró en dos columnas, la 5 y la 25. En realidad, el nombre de columnas no les pertenecía, ya que nunca tuvieron esa forma organizativa. Descompartimentados entre sí, carentes de la disciplina del funcionamiento en la clandestinidad viajaban de un local a otro como quien va de visita de amigos o familiares. Los locales, financiados por el MLN eran usados para dirimir las disputas entre sus mismos integrantes o para cerrar acuerdos con miembros de otros sectores estudiantiles. Fueron una fuente de conflictos constante y acabarán por constituir la Microfracción, por lo que propuse su baja después de Pando, cuando por la detención de Fernández Huidobro pasé a hacerme cargo de esas dos “columnas”. Llegaron a negarse a decirme dónde estaba secuestrado Pellegrini, al que amenazaron de muerte tras el levantamiento de la huelga bancaria por parte de AEBU.
Zabalza: Tanto es así que puedo contarte una anécdota personal. Mi hermano, cinco años menor que yo, vino a estudiar a Montevideo en 1967. En 1966 había participado en las elecciones en su ciudad natal, Minas, trabajando para la fórmula Aguerrondo-Echegoyen, como mi padre.
En 1967, cuando se dieron las movilizaciones por la conferencia de “gorilas”, que fueron bastante movidas, mi hermano y yo fuimos a la calle. Creo que entonces predominaba un sentimiento anti-Policía, que es antisistema a la vez. Mi hermano participó, yo me fui a Cuba y él quedó medio enganchado con el MR-8. Cuando volví ya estaba en el MLN. Para sorpresa mía, cuando ingreso yo ¡el contacto que me mandan es mi hermano! La izquierda armada, octubre 2016, páginas 301-305.
Amodio: El hermano de Zabalza, Ricardo, fue uno de los escasísimos integrantes del llamado MR-8 que se integraron de forma orgánica al MLN y lo hizo en la columna 1, de la mano de Fernández Huidobro. Será Ricardo quien proponga a su hermano Jorge para ser reclutado, quien en una primera instancia se integra a dicha columna, con el seudónimo de Justo. Con posterioridad, Fernández Huidobro propuso su pase a la columna del interior, cuando las dos columnas en que se dividió el MLN en octubre de 1968 se convirtieron en siete. Por palabras del mismo Zabalza puede verse que Ricardo se integró al MLN antes que Jorge y que la hermana de estos, Mabel.
Aldrighi: ¿Qué diferencias encontraba entre la lucha armada de la izquierda y el empleo de la violencia por la derecha en Uruguay?
Habíamos masticado bastante el tema: la violencia en el sentido de la opresión o en el de la liberación, en el sentido de la justicia o en el de la injusticia. Pero no el uso de la violencia postulado como cuestión de principios. No la violencia por sí misma, sino como conclusión del análisis histórico de cómo las clases opresoras, en todos los tiempos, se han resistido a ceder sus privilegios, utilizando su monopolio de los instrumentos armados (ejércitos, policías) para impedir que los pueblos alcancen la libertad y la justicia social. La violencia desde el Estado empleada para resistir los cambios progresistas es la expresión más alta de las relaciones de poder.
Reivindicábamos el empleo de medios violentos en el sentido contrario, en la construcción de un contrapoder organizado por los pueblos. En el Uruguay, el MLN quería ser una expresión armada de ese contrapoder.
No hay que olvidar que por mucho tiempo el MLN estuvo muy atento de no tocar a las Fuerzas Armadas. Por ejemplo en 1969, durante el conflicto de la carne, fueron puestos de guardia soldados con sus máuseres en las puertas de las carnicerías, pero teníamos muy claro que ellos estaban afuera de la cosa. La izquierda armada, octubre 2016, página 311.
Amodio: En el momento de realizar estas declaraciones, Zabalza participaba de la historia oficial, tendente a asignarle al MLN un papel de contralor. Luego dirán “hacer política con armas”, para ocultar que la intención era la toma del poder por la vía armada. El MLN siempre definió a las FF.AA. como el brazo armado de la oligarquía, sin tener en cuenta que esas mismas FF.AA. estaban integradas mayoritariamente por víctimas del mismo sistema político que decíamos combatir. Y nunca pensamos, como organización, que formaríamos un ejército para enfrentar a esas FF.AA. y vencerlas al menos moralmente, como habíamos hecho con la policía. El error, el tremendo error fue atacarlos, y peor aún hacerlo atacando a sus escalones más bajos.
Aldrighi: ¿Cuáles eran los puntos esenciales del proyecto de reforma agraria que elaboraron en Punta Carretas?
Zabalza: No hablábamos de reforma agraria sino de revolución rural, considerábamos que era más abarcativo y simbólico. Estudiamos mucho el trabajo del CIDE, que había sido organizado con el criterio de Wilson Ferreira Aldunate, lo dirigían Enrique Iglesias y Danilo Astori. También los estudios del Instituto de Economía de la Universidad, dirigido por Nicolás Reig, y el trabajo sobre la reforma agraria de Vivián Trías, junto a una serie de otros materiales.
Amodio: Más allá del nombre que se le diera, que es lo de menos, dentro del penal la comisión que trabajó en el tema de la tenencia y uso de la tierra elaboró un proyecto de reforma agraria, que sería el que el MLN pondría en práctica una vez alcanzado el poder. Los lineamientos generales de ese proyecto de reforma agraria serán presentados a los mandos militares en el proceso de la primera tregua, en el mes de julio de 1972, bajo el nombre de Contrapropuesta del MLN a la rendición incondicional. Aunque yo nunca participé directamente en la elaboración de esos programas, como miembro del C1 tomé conocimiento de ellos. Salvo Lopardo, que tenía cierto conocimiento del tema, todos los demás miembros de la comisión encargada del proyecto eran simples opinadores de un tema en el que primaban las posiciones de Vivián Trías.
Aldrighi: ¿Qué otros autores se leían en el Penal?
Zabalza: En el aspecto teórico estudiábamos fundamentalmente a los clásicos, Marx, Engels, Lenin, Mao. También a Frantz Fanon y sus Condenados de la tierra, a Celso Furtado, La pedagogía del oprimido de Paulo Freire, Carlos Real de Azúa en temas históricos. Habíamos logrado formar, con permiso oficial, una biblioteca con ochocientos títulos. Dividíamos el tiempo entre estudio, manualidades y deportes.
Amodio: Decir que se estudiaban los clásicos es una exageración, ya que las lecturas se efectuaban a nivel individual, fundamentalmente por aquellos que por razones varias no lo habían hecho antes de su ingreso y a la búsqueda de respuestas a situaciones concretas del desarrollo de la organización. El C1, como organismo de dirección delegó en el C2 la organización de algunos cursos de formación que se quedaron en cursos de información. Esos mismos cursos debieron suspenderse, ya que algunos ponentes, como fue el caso de Nell Tacci manifestaban posiciones contrarias a las mantenidas oficialmente por el MLN, fundamentalmente en lo que tenía que ver con los nacionalismos.
Esto fue la causa de un desconcierto que obligó a que algunos miembros del C1 nos viéramos obligados a reunirnos con grupos bastante numerosos de compañeros con el fin de aclarar algunas de las dudas que se nos planteaban. En realidad, no dejaba de ser un contrasentido que compañeros que habían ingresado al MLN atraídos por su falta de definición ideológica recibieran lo que dio en llamarse cursos de formación y que iban contra sus propias convicciones. El libro más leído fue sin duda El padrino, de Mario Puzzo. El que recibió el libro y por tanto el primero en leerlo fue Sendic, quien se convirtió en su mayor propagandista. La política de represalias, impulsada por el mismo Sendic, tuvo como base las acciones de represalia ejercidas por los mafiosos italianos en EE.UU.