15.JUN24 | PostaPorteña 2412

EL TERRORISMO DEL ESTADO CAPITALISTA BOLCHEVIQUE (II)

Por G.C.I.

 

Presentación

La historia oficial esconde sistemáticamente el terrorismo de Estado, contra el proletariado, impuesto por los bolcheviques para realizar sus famosas tareas democrático burguesas, desde el día mismo que controlan el poder.

La época de Lenin/Trotsky es presentada como una época en que se libraron grandes batallas contra el terrorismo blanco y que solo marginalmente se reprimió a los proletarios, a los revolucionarios y anarquistas. También eso es falso. Lo más importante fue, desde el principio, la represión del proletariado revolucionario, es decir de todos aquellos proletarios que luchaban por la revolución social que recién empezaba a afirmarse, que febrero y octubre habían sido solo actos de una lucha que debía continuar desarrollándose y que afirmaban la necesidad de una “tercera revolución”. Muchos proletarios (como los maximalistas, los anarquistas, pero también los “sin partido” que habían sido decisivos en los meses anteriores), sabían que Lenin/Trotsky eran tan falsos revolucionarios, como lo había sido Kerensky. Como en el gobierno de Kerensky, el reformismo bolchevique también pretendía cambiar algo para que todo quedara igual y se pudiera desarrollar tranquilamente el capital; esa era la condición para realizar las tareas democráticoburguesas que tan importantes eran para los bolcheviques.  Por eso el Gobierno Bolchevique, en su afirmación capitalista y en acuerdo contra las diferentes fracciones del capital mundial (Estado Alemán, capitalistas y Estados de USA, Francia, Inglaterra), entrará en una contradicción cada vez más violenta con el proletariado revolucionario y se concentrará en la brutal represión del proletariado desde el principio.

En la historia oficial, siempre se esconde esta represión generalizada contra el proletariado y solo se habla de lo inocultable, como las masacres de los Maknovistas y de Kronstadt. Pero a la vez, estas imponentes masacres de la vanguardia de la revolución social rusa (que fueron el último choque brutal entre revolución y contrarrevolución), son presentadas, como elementos aislados, lejanos y justificables (“no había más remedio”). En realidad, fueron no solo masivas, en cuanto a cantidad enorme de gente masacrada, sino que ambas masacres están precedidas por muchas otras anteriores y además esas grandes masacres, se extendieron por toda la Gran Rusia. Durante una década más, por lo menos, se seguía reprimiendo al fantasma de Makhno y de los marinos de Kronstadt, a todos aquellos que había apoyado o ayudado a uno a escapar, a familiares, simpatizantes y amigos.

La verdad es que esas represiones nunca cesaron, sino que se entroncaron con otras antes y después, en Ucrania y en Kronstadt pero extendidas a todas las ciudades de Rusia, así como a la inmensa campaña. En realidad, no quedó ninguna parte del territorio ruso en que no se hiciera omnipresente, porque más allá de reprimir a los proletarios que luchaban contra el poder bolchevique, la burguesía bolchevique imponía hambre y miseria para aumentar la plusvalía absoluta y relativa.

Si en un principio el terror contra el proletariado fue fundamentalmente político, (contra la autonomía revolucionaria de nuestra clase), luego ese mismo terror generalizado, sería fundamentalmente económico y social. Inmediatamente después, de quebrar toda aspiración revolucionaria del proletariado, el terror se concentraría en someter económicamente al proletariado para aumentar la tasa de explotación y de ganancia del capital y también para ofrecer mejores condiciones de rentabilidad al capital internacional (“concesiones”  de Norte a Sur, de Este a Oeste, desde 1918, hasta cuando Trotsky cae en desgracia 1925/27), es una ola de represión sin fin, que abarca un porcentaje cada vez mayor de la población a la que se le trata de imponer el trabajo forzado y expropiarle lo que posee o lo que puede producir directamente (requisiciones forzadas)

Desde el principio de la “patria socialista” (según la ridícula expresión de Lenin contra los “infantilistas de izquierda” en su propio partido), el Estado Bolchevique fue un Estado policial. La continuidad con el zarismo fue total, sobre todo si tenemos en cuenta a quienes se perseguían: maximalistas, internacionalistas del socialismo revolucionario, anarquistas y sobretodo la gran masa de proletarios “sin partido”, que habían estado a la vanguardia de las luchas históricas de todo el proletariado en Rusia. Ese ocultamiento es paralelo con el ocultamiento de quienes perseguían y reprimían: en muchos casos eran zaristas “arrepentidos” puestos al servicio de los bolcheviques o militares importantes del zarismo puestos al servicio del bolchevismo. En otros se trataba de los “arrepentidos”, de los que se iban dando vuelta, por la tortura, por la amenaza de los “rehenes” (familia y amigos)

Nunca la represión en Rusia había sido tan generalizada en cuanto a atacar a toda la población. Evidentemente dicha generalización también tocó a una gran parte de la vieja burguesía y al zarismo, represión con la que se llenaron las bocas y efectuaron la propaganda los jefes leninistas del terrorismo de Estado. Según ellos solo se reprimía a la “contrarrevolución” Pero visto en su conjunto, esa represión de los blancos y burgueses es muy relativa, numérica y socialmente marginal, frente a la gigantesca represión del proletariado. Nunca se debe olvidar que la represión comienza y se concentra contra quienes luchaban por continuar la revolución social (y se oponían a la paz con los imperialistas y los acuerdos capitalistas con ellos), y que se masifican al conjunto de la sociedad, por la necesidad defendida abiertamente por el Estado terrorista ruso de disciplinar laboralmente a los proletarios

Ningún estudio serio puede desconocer la determinación unívoca de los bolcheviques de someter por el trabajo y la disciplina a la totalidad de la población. Este elemento será el determinante en la masificación de las prisiones y en la conformación de todo el sistema de campos de concentración que se desarrollará bajo la dirección de Lenin/Trotsky desde 1918. Dicho sistema de explotación brutal incluye siempre el hambre por requisición forzada y porque en los campos el hambre era omnipresente y decisiva para abaratar la fuerza de trabajo y potenciar el capital.  El desarrollo del trabajo y el capital se encuentra en el centro del programa bolchevique de realización de las “tareas democrático burguesas”

Nuestro interés aquí, es dar continuidad a otros trabajos más globales que nuestro pequeño grupo fue publicando durante casi 4 décadas, como revistas y libros, en que denunciamos la contrarrevolución en Rusia y el desarrollo del capitalismo en Rusia (1)  Damos por lo tanto por asumido que los bolcheviques no hicieron nada de socialista, ni nada de anticapitalista. Queremos aquí hacer hincapié en aspectos más concretos, como la represiónla imposición del trabajo, los campos de concentración que fueron, sin duda, lo que más caracterizó al modelo ruso de capitalismo denominado por la burguesía mundial como “socialismo”

Nos parece imprescindible insistir aquí, a contracorriente, en que desde la primera hora el Estado zarista ocupado por los bolcheviques se transformó en un Estado policial, que generalizó todas las formas de tortura, de represión masiva, de fusilamientos… hasta asumir lo que esos mismo bolcheviques proclamaron abiertamente que se trataba de Terrorismo de Estado, de Terrorismo “Rojo”. Incluso cuando el “terrorismo rojo” se consideró superado, la situación se siguió agravando: según cifras oficiales se fusilaba un poco menos, pero se reducía a la esclavitud con el sistema de campos de concentración

Hemos utilizado un buen número de fuentes para las citas que utilizamos en los diferentes capítulos de este trabajo, que no creemos necesario citar en cada caso. Sin embargo, queremos señalar que hemos utilizado mucho el trabajo al respecto que consideramos más sistemático, cualitativo y coherente: Jacques Baynac “El terror bajo Lenin”. El autor contrasta el terrorismo de Estado impuesto y reivindicado por Lenin, con la experiencia histórica, teorizada por Marx y Engels, para quienes«la revolución decrecerá en efusión de sangre, en venganza y en furor, en la misma medida que el proletariado se enriquezca en elementos socialistas y comunistas.

Habiendo apreciado tanto la selección de Baynac, si no citamos sus presentaciones e introducciones, se debe a que el autor hace una concesión al bolchevismo con la cual no estamos de acuerdo en absoluto y que, consideramos, distorsionante de todas las conclusiones a las que dicho autor llega. Para Baynac, el leninismo fue una tentativa de dictadura del proletariado en un país en que esa clase era minoritaria y si se llegó a la locura del terror leninista fue por la imposibilidad de imponer el “socialismo” en un país tan atrasado. Nosotros pensamos al contrario que eso de Rusia atrasada era un viejo mito socialdemocrático para justificar que la revolución socialista no era posible y que el terror leninista nunca tuvo ningún tipo de intención socialista, porque el propio partido bolchevique era un partido “socialdemócrata” (no solo en lo formal, sino realmente). Al contrario, el terrorismo de estado bolchevique, nunca fue una tentativa socialista, como lo hemos explicado siempre es el terror del capital mundial contra la revolución social mundial. Fue un terror contra el proletariado en su conjunto, que es evidentemente la clase mayoritaria de toda Rusia y una de las más concentradas del mundo, ya en la época zarista. ¡Es precisamente en Rusia, adonde la contrarrevolución mundial recomienza a ganar! ¡Es en Rusia, y gracias al leninismo, que la liquidación de la ola revolucionaria internacional empieza a triunfar!

Todos los visitantes extranjeros confirman, en esos primeros años, era imposible mantener una actitud neutra ante la omnipresencia y omnipotencia de la Cheka. O se aceptaba la cooptación para servir a los aparatos policiales, sindicales y políticos del monstruoso aparato de Estado ruso o se caía en desgracia, se lo seguía, controlaba, arrestaba, calumniaba, denigraba. Si esa persona era rusa quedaba condenada de por vida, si era extranjero, esa persecución, proseguía invariantemente en su país origen. Ese fue el caso de todos, absolutamente todos los dirigentes proletarios que visitaban Rusia. Hubo los que denunciaron la situación de capitalismo sanguinario y terrorismo de Estado que caracterizó a los bolcheviques desde el primer momento, y los que, por el contrario, fueron cooptados por ese mismo Estado y se hicieron cómplices de todo el proceso de terrorismo capitalista de Estado.

Como ejemplo de quienes denunciaron, desde el principio, al Estado bolchevique se puede citar a Otto Rühle, Jan Appel, Franz Jung, Bernhard Reichenbach,  August Merges, Emma Goldman, Berckman, Pestaña, Leval …Entre estos están también los que habiendo hecho críticas durante su estadía en Rusia, nunca pudieron volver a su casa, como por ejemplo los que los bolcheviques enviaron a la muerte como: Marcel Vergeat, Raymond Lefebvre et Jules Lepetit o muchos otros que serán enterrados en las prisiones y campos rusos.

Como ejemplo de los segundos podemos mencionar a Jacques Sadoul, John Reed, Victor Serge, Lazló Rudas, John Ardenson (Kristap Beika), Sebal Rugers, Rudianaski, Ernst Meyer, Andrés Nin, Ernst Thaelmann, Palmiro Togliatti, Bela Kun, Maurice Thorenz, Chou en Lai, Jules Humbert Droz, Mao Tse Tung, Vitorio Codovila, Henri Barbusse … aunque, como estos fueron mucho más famosos por su importancia en la imposición de la línea prorrusa la lista sería interminable.

Si hoy el leninismo puede seguir teniendo tanto peso e influencia en el movimiento social es justamente porque se sigue negando alegremente la historia misma de la contrarrevolución leninista: que en Rusia consistió ni más ni menos que en reorganizar el capitalismo basándose en el terrorismo de Estado. Sin ese ocultamiento sería imposible seguir presentando los personajes más siniestros del leninismo como “revolucionarios” y sobre todo se puede seguir impunemente vendiendo el contrarrevolucionario programa del leninismo y el trotskismo como si hubiese sido revolucionario.

Estamos “festejando” el centésimo aniversario de la contrarrevolución leninista rusa, que se expandió por el mundo como dirección programática de la contrarrevolución mundial. Fue esa victoria contrarrevolucionaria que se concluye con la liquidación mundial del proletariado como clase autónoma, la que permite, luego, la mayor masacre de la historia de la humanidad: la “segunda guerra mundial”. En realidad, esta imponente masacre es la consecuencia de la masacre en toda Rusia durante las décadas anteriores.

Este tipo de denuncia es decisiva como balance del período más funesto de la historia por la sumisión del proletariado a la contrarrevolución y la guerra que el capital mundial necesitó. Sin superar ese brutal trauma histórico, el proletariado mundial no se puede constituir en fuerza y alternativa para toda la humanidad.

La represión leninista ha sido tan vasta que nos ha sido imposible sintetizar la totalidad en un solo trabajo, por lo que en este texto global sobre el terrorismo de Estado bolchevique, nos hemos concentrado exclusivamente en los primeros años, en los años en que el Partido bolchevique es dirigido por Lenin, Trotsky, Zinoviev…, por un lado porque fueron los años decisivos tanto para destruir la revolución social que estaba en marcha, como para confeccionar todo el sistema económico basado en el trabajo forzado y los campos de concentración. De más está decir que además hemos dado prioridad al período Lenin/Trotsky porque ha sido el más ocultado, el menos conocido.

Como se sabe, sobre la represión estalinista hay mucho más publicado y se ha dado a conocer mucho más globalmente por los grandes medios, lo que evidentemente no quiere decir que dicho período no sea importante para comprender la contrarrevolución mundial expandida gracias al bolchevismo. Solo significó que para nosotros no podía ser prioritario el período Stalin (y/o posterior) y que retomaremos el mismo en sucesivos trabajos.

Continuidad del leninismo con el zarismo

El terrorismo de Estado del Zarismo, nunca cesó, sino que se fue bolchevizando. Digámoslo todavía más claro: el bolchevismo generalizó y profundizó el terrorismo de Estado del zarismo y lo llevó a los niveles más imponente de toda la historia humana.

Todas las revueltas proletarias rusas habían atacado esas fortalezas brindadas de la clase dominante, que eran los Kremlins, que existían en las principales ciudades rusas. Fuera de Rusia el significado de la palabra “Kremlin” se asocia más a la “casa de gobierno” de Rusia, que a lo que significa y significaba entonces para el proletariado en ese país y que no existe solo en Moscú sino en las principales ciudades estructuradas en base a la vieja aristocracia. Para el proletariado en ese país, por el contrario, el Kremlin, los Kremlins, eran desde hace muchos siglos, las ciudades amuralladas contra los pobres, el centro del poder secular del zarismo y la aristocracia dominante. 

En el movimiento insurreccional contra la clase dominante que dura años y que es muy diverso según las zonas de Rusia, los bolcheviques se situaron, en forma intermitente y breve (algunas semanas discontinuas en el correr del año 1917), como parte del proletariado atacando a los Kremlins desde la calle. Pero apenas pudieron, optaron por situarse adentro del Kremlins, por constituirse ellos mismos en Kremlin. El gobernar y ejercer la autoridad, frente a los pobres, tiene objetivamente el significado histórico-social de asumir el papel histórico de la aristocracia y el zarismo. Fue desde esa “toma” objetiva del aparato de dominación y opresión (sin cuestionar la esencia del mismo) que impartieron las órdenes de reorganización del capital, de represión contrarrevolucionaria y que se presentaron ante la burguesía imperialista mundial como representantes históricos del Estado Ruso

Esa fue la mejor respuesta que encontraron frente a la insurrección proletaria que se había generalizado durante todo el año 1917.  No hay dudas de que esa opción fue deliberada: aunque sabían que, con eso, su cobertura ideológica de ser parte de la insurrección proletaria sufría un desmentido objetivo (en el sentido de que su participación no cuestionaba lo esencial de la opresión), prefirieron afirmar frente a los proletarios, su continuidad con el aparato de dominación histórica que había resistido tantos siglos. Claro que eso les valió que el proletariado insurreccional viviera el control del poder por los bolcheviques, como un golpe de Estado, independientemente de la discusión que se desencadenó por todas partes, sobre si los bolcheviques habían o no, contribuido a las insurrecciones proletarias que la revolución social rusa había producido y continuaba produciendo.

En realidad, si no hubiesen procedido de esa manera, se puede asegurar que la política bolchevique no hubiese tenido siquiera la aceptación que tuvo. Solo como jefes del Kremlin podían dar órdenes dentro del viejo aparato del Estado (frente a los propios funcionarios) y hacerlo funcionar como tal para, a las buenas o las malas, imponer la organización de las tareas democráticas burguesas que tanto preconizaban. Fuera de ese aparato, fuera del Kremlin, los bolcheviques solo hubiesen tenido la “autoridad” que cualquier otro grupo “obrero” o “socialista” y continuar haciendo una política indecisa y centrista que era justamente lo que predominaba a nivel social. El concepto mismo de “toma del poder” de la socialdemocracia, es decir de los bolcheviques fue el que los condujo directamente a asumirse como herederos del zarismo.

Desde el punto de vista del Estado ruso, solo hubo cambio de hombresel Estado mismo quedó intacto. Agregamos nosotros, hicieron lo mismo que los hombres anteriores, en el sentido de continuar con el desarrollo del capitalismo, solo que generalizaron la masacre popular como nunca había generalizado el zarismo. El Estado, como Estado burgués, contrariamente a todo lo que los comunistas habían reivindicado siempre en cualquier parte del mundo, no solo no fue debilitado, sino fortificado. ¡Lo de que los bolcheviques habían comenzado a debilitar el Estado es una leyenda que el propio Lenin reconocerá como infundada! Los bolcheviques solo se treparon arriba de una máquina de poder y ni siquiera, dice Lenin al final de su vida, la supieron hacer funcionar para el lado que querían, sino que era la máquina que dirigía.

Claro en realidad quien dirige “la máquina” o “el coche” es el capital, como lo hemos mostrado en nuestros trabajos anteriores. En lo que queremos insistir ahora, es que esa trayectoria estaba contenida en el programa de la socialdemocracia bolchevique desde su origen. Qué fue por eso que se encontraron dentro del Kremlin tan naturalmente, como si fuese evidente que “toma del poder”, no implicaba nunca la insurrección proletaria contra el poder, sino simplemente cambiar el Zar por Lenin.

En contraposición con esa práctica burguesa socialdemócrata, la lucha por destruir el capital y Estado burgués era la que se daba en la calle contra el Kremlin. Fue por eso que el proletariado seguía considerando necesaria la revolución y la insurrección, y durante 1917 hasta 1921 la vanguardia proletaria seguirá llamando a la acción revolucionaria y a realizar la “tercera revolución”. Pero todo eso era, para la socialdemocracia bolchevique, “desviaciones anarquistas” que no les interesaban en absoluto. Ellos se instalaron en el lugar de la clase dominante afirmando así su autoridad histórica, lo que dicho sea al pasar, era mucho más coherente con el programa histórico que los bolcheviques defendían

Es verdad que, el proletariado insurrecto en la calle no tenía ninguna autoridad real frente al caos reinante, no había logrado organizarse en partido autónomo y contrapuesto a todas las fuerzas burguesas. Sus sectores de vanguardia actuaban de forma inconexa. No aparecía, ni lograba actuar como una fuerza homogénea con directivas claras y destructivas del capital que hubiesen continuado afirmando la revolución social. Casi todas las fuerzas proletarias admitirán este problema y reconocerán que esas carencias fueron las que dieron alas a los bolcheviques.

Desde esa misma calle insurrecta, en la que los bolcheviques eran una fuerza entre muchas y eran cuestionados por doquier, no podían imponerse como poder monopólico, no podían apropiarse del poder de manera exclusiva, como quería la minoría leninista. Solo podían imponer su autoridad monopólica como continuidad con la clase dominante del pasado. Los bolcheviques en octubre no podían dirigir el proceso insurreccional mismo y pretender gobernar solos. Solo podía ser respetados y obedecidos actuando como verdaderos zares, aunque evidentemente los proletarios que querían seguir afirmando la revolución los denunciarían por eso, como continuadores del zarismo.

El gobernar diciéndose socialistas y como abanderados de la insurrección, pero desde el centro del poder de la aristocracia zarista histórica fue por eso y a pesar de los costos políticos, la única opción históricamente posible.

Claro que, con ese papel histórico asignado de antemano, como continuidad de la clase dominante y asumido abiertamente por la toma de los Kremlins implicaba al mismo tiempo una operación ideológica, religiosa. El zar había sido todo un Dios en la tierra y Lenin también tenía que vestirse con esos ropajes. No se podía ocupar el mismo lugar sin ser representante de Dios en la tierra.  Bujarin, Trotsky, Zinoviev y en general todos los dirigentes bolcheviques, incluso los contrincantes que hasta el “día antes” se habían impuesto a la insurrección alabarán la naturaleza divina de Lenin, por todas partes de hablaba del “milagro bolchevique” y el carácter suprahumano de Lenin que había resistido a todo. El propio Zinoviev que hasta luego de la toma del Gobierno por los bolcheviques, Lenin quería echar a la mierda por traidor, declaraba en folletos para la propaganda: Es dirigente por la gracia de Dios.  En realidad, los bolcheviques tampoco hicieron nada para romper con la continuidad cristiana del zarismo, sino que, bien por el contrario, desarrollaron “ritos de pasaje” y las fiestas civiles correspondientes (culto de la personalidad, desfiles militares, banderas, ritos…) que correspondían exactamente al pasaje del Zar a Lenin, del cristianismo al “comunismo cristianizado”, de la cruz cristiana a la hoz y el martillo. A ese proceso le llamaron la “octubrización del mundo”.

COMUNISMO Numero 67: LENINISMO Y CONTRARREVOLUCIÓN (III) marzo 2018

Grupo Comunista Internacionalista https://icggci.kilombo.top/spip.php?article10


[1] Ver COMUNISMO NUMERO 15/16 (1984) “Rusia: contrarrevolución y desarrollo del capitalismo” y COMUNISMO NUMEROS 55 y 56 (2006 y 2007) “Leninismo y Contrarrevolución I y II”. Asimismo, el libro “La contrarrevolución rusa y el desarrollo del capitalismo” (2009) GCI, Buenos Aires: Libros de Anares


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