Lo hemos escrito innumerable número de veces. La revolución y la contrarrevolución son internacionales, a pesar de eso (justamente por el triunfo y predominio de la contrarrevolución) los materiales de los que disponemos siempre están hechos según las políticas nacionales y estamos obligados a utilizar materiales nacionales para conocer, dar a conocer y vislumbrar la revolución y la contrarrevolución internacional.
Lo mismo sucede a nivel de las clases sociales y las organizaciones políticas. La revolución y la contrarrevolución son fenómenos globales de la contraposición misma de clases. Más todavía, lo decisivo en cuanto a la revolución y la contrarrevolución siempre le pasan por arriba a las organizaciones formales de ambas clases sociales y también a las ideologías y casilleros políticos. Pero a pesar de eso, muchas veces no existen otros materiales que los efectuados por partidos, por organizaciones formales y por ideologías. Esas banderas ideológicas, que también se hicieron más fuertes por la contrarrevolución misma, hacen que la gran mayoría de los materiales hayan sido producidos por las organizaciones separadas e ideológicas que se reorganizaron sectariamente en el exilio. Por eso para reproducir testimonios nos hemos sentido obligados a hacerlo, por ejemplo, en base a las organizaciones formales y/o las construcciones ideológicas producto de la misma derrota y del exilio, no porque nos parezca que eso explica, sino porque son lo único que existe.
En concreto, ahora que estamos reuniendo materiales sobre la represión contrarrevolucionaria rusa contra el proletariado y queremos hacerlo lo más globalmente posible, constatamos una vez más que los testimonios más directos, solo existen separados por organizaciones formales: los “anarquistas”, los “socialistas revolucionarios”, etc. ¡Es como si el proletariado como clase no hubiese sido reprimido y sólo se reprimía por las ideas de tal o cual tipo! Por eso no tenemos más remedio que presentar, a continuación, los materiales publicados por esas organizaciones separado, aunque tratemos de situarlos en su debida perspectiva. Es decir, como represión del proletariado en la URSS por parte de la contrarrevolución mundial.
A continuación reproducimos lo que publicaron los “anarquistas” más conocidos en el exilio. En concreto publicamos el texto que lleva el título de “La represión del anarquismo en la Rusia Soviética” del “Grupo de anarquistas rusos exilados en Alemania” en 1923 y que fuera introducido por diferentes anarquistas, principalmente ideológicos, como Volin o Skirda.
En vez de ver en el proletariado revolucionario la afirmación, cada vez más potente, de la necesidad de destrucción del capitalismo, de la perspectiva de la destrucción del Estado y de una sociedad comunista (¡y por lo tanto necesariamente anárquica!), esos ideólogos como Volin, o Skirda, afirman que fueron reprimidos los “anarquistas” como si la cosa fuese una cuestión de ideas. Esto los hace forzar mucho la historia real de la represión separando a quienes manifestaban esas ideas del movimiento social mismo y su represión generalizada. Por eso no reproducimos las diferentes introducciones que a este material hiciera Volin o Skirda, ni tampoco reproducimos aquí la larga lista de los “anarquistas” reprimidos que publican y nos concentramos exclusivamente en los sucesos represivos mismos que el trabajo menciona.
Las persecuciones de los anarquistas por el poder soviético empezaron de modo más enérgico después de la primavera de 1918. Las causas fundamentales y generales de esas persecuciones han sido suficientemente aclaradas anteriormente y, por lo tanto, sólo nos detendremos brevemente sobre su historia.
El éxito rápido y creciente del movimiento anarquista irritaba e inquietaba desde hacía algún tiempo al Partido comunista que acababa de instalarse en el poder. Por no sentirse aun suficientemente dueño de la situación y no habiendo todavía conseguido influir decisivamente sobre las masas, el nuevo poder no se decidía a pasar a la ofensiva. Sólo después del tratado de Brest- Litovsk, sintió el terreno firme bajo los pies y vio la posibilidad de actuar con grandes posibilidades de éxito.
Teniendo en cuenta el peligro mortal que corría la revolución y la necesidad de una «pausa» con el fin de crear un ejército revolucionario, el Poder comunista consiguió, con ocasión del tratado de Brest-Litovsk, aterrorizar a las masas, apoderarse de su voluntad y someterla a la suya propia, a pesar de su deseo claramente expresado de no firmar el tratado de paz con el imperialismo alemán y de continuar la resistencia revolucionaria, único medio de hacer triunfar la revolución.
El tratado de Brest-Litovsk fue impuesto de este modo al pueblo laborioso por el poder comunista. Este pudo por primera vez, después de una larga y obstinada resistencia por parte de los obreros y campesinos, someter a las grandes masas trabajadoras y obligarlas a la pasividad.Era sólo el primer paso, el más difícil. Tras tomar la iniciativa de la acción y transgredir impunemente la voluntad de las masas, el Poder pudo estrangular la revolución. Luego resultó fácil continuar el camino emprendido, aterrorizando y sometiendo cada vez más a las masas e incluso aumentó su presión sobre ellas para reducir finalmente la revolución a una mera dictadura.
Los anarquistas protestaron enérgicamente contra el tratado de Brest-Litovsk y contra la limitación de las perspectivas revolucionarias, que desnaturalizaba el sentido mismo de la revolución. El poder decidió entonces asestar un primer golpe decisivo a los anarquistas, beneficiándose de la pasividad creciente de las masas y al disponer ya de una cierta fuerza militar organizada.
Siguiendo órdenes de arriba, la prensa comunista empezó a dirigir contra los anarquistas, día tras día, una campaña desenfrenada de falsas acusaciones y de calumnias. Una sólida preparación de terreno se llevaba igualmente a cabo en las fábricas, en las asambleas y en las unidades militares, etc.
Al mismo tiempo se pulsaba la disposición de las masas. Pudo preverse que el Poder podría contar con sus tropas y que las masas se mantendrían poco más o menos pasivas. Por fin, en la noche del 12 de abril de 1918, con un pretexto absurdo y completamente imaginario, las organizaciones anarquistas de Moscú fueron asaltadas, especialmente la «Federación de Grupos Anarquistas de Moscú» Este asalto fue la señal para el asalto a las organizaciones anarquistas en toda Rusia. Tras haber preparado su golpe y haber dirigido él mismo una campaña desenfrenada en los regimientos contra los «anarcobandidos», Trotsky pudo hacer con satisfacción su famosa declaración: «Por fin, el Poder soviético barre el anarquismo de Rusia con escoba de hierro».
Sin embargo, la idea misma del anarquismo no había sido todavía declarada fuera de la ley por el Poder: la libertad de palabra, de prensa y pensamiento no estaba todavía definitivamente suprimida. Una cierta actividad libertaria era todavía posible en el ámbito nacional.
Los movimientos de protesta de los jornaleros y campesinos contra los procedimientos terroristas empleados contra ellos por el Poder comunista, ya manifiestos en 1918, se incrementaron en 1919 y 1920. Cada vez más cínico y despótico, el Poder respondió con una represión encarnizada y creciente, sin detenerse ya ante nada.
Los anarquistas estaban naturalmente en cuerpo y alma del lado de las masas engañadas y oprimidas que luchaban contra sus nuevos amos. Ante los trabajadores exigían el derecho que asistía a éstos para tomar directamente el control de la producción por medio de sus organizaciones profesionales.
En relación con los campesinos, los anarquistas defendían el derecho de autogestionarse y de mantener relaciones directas con los obreros. Exigían para unos y para otros la restitución de cuanto habían conquistado por medio de la revolución y que el Poder comunista les había arrebatado: la restauración de un orden soviético libre y el restablecimiento de libertades civiles para las corrientes revolucionarias...
En una palabra, exigían la restitución de las conquistas de octubre al pueblo mismo, a través de organizaciones de obreros y campesinos. Era evidente que, al hacer esto, ponían de relieve la política criminal del poder. En esto consistía la actividad fundamental de los anarquistas, y sólo esto sirvió de base para la declaración de una guerra a muerte al anarquismo y para declararle fuera de la ley.
Después de la primera gran redada de anarquistas en la primavera de 1918, las persecuciones se sucedieron en cadena ininterrumpida, en toda Rusia, durante los años siguientes, tomando un carácter cada vez más desenfrenado y cínico.
En consecuencia, y a finales de ese mismo año, 1918, múltiples organizaciones anarquistas de provincias fueron asaltadas nuevamente. A las organizaciones que conseguían quedar intactas, las autoridades les quitaban toda posibilidad de acción.
En 1919, al mismo tiempo que las persecuciones contra los anarquistas de Rusia, que continuaban en el mismo tono, empezaron las persecuciones sistemáticas de los anarquistas ucranianos. En todas las ciudades y pueblos, sus grupos eran liquidados, los militantes detenidos, los periódicos suprimidos, las conferencias prohibidas.
Durante el verano de aquel mismo año, después de la famosa orden N.º 1.824 de Trotsky, que declaraba fuera de la ley al movimiento Maknovistas, algunos anarquistas fueron detenidos y fusilados al mismo tiempo que los Maknovistas. Y así sucesivamente...
Conviene destacar que, en la mayoría de los casos, el asalto a las organizaciones anarquistas iba acompañado de actos de extremado salvajismo por parte de los chequistas y soldados rojos engañados, enardecidos por la rabia y el odio: palizas monstruosas a los compañeros detenidos, destrucción de la literatura secuestrada, destrucción de los locales, etc.
Aparte de estas represiones constantes y cotidianas, el Poder comunista organizaba periódicamente redadas de anarquistas y a gran escala, semejantes a la de la primavera de 1918. Así se produjo, en el verano de 1920, en Ucrania, la liquidación general de las organizaciones anarquistas del «Nabat».
A finales de 1920, el Poder comunista, obligado poco antes a establecer un tratado de alianza con Makhno y cesar en las represalias antianarquistas, reanudó las persecuciones de anarquistas, haciendo detener en Járkov a todos los anarquistas llegados para participar en un congreso legal y, simultáneamente, la emprendió contra todos los anarquistas ucranianos, organizando una verdadera caza al hombre, por medio de emboscadas y registros, deteniendo incluso a adolescentes de 14 o 16 años, y tomando como rehenes a familiares, mujeres y niños. Para justificar este comportamiento, el Poder empezó por declarar su ruptura con Makhno e inventó una «fantástica conspiración anarquista» contra el poder soviético[1]
En marzo de 1921, durante las jornadas insurreccionales de Kronstadt, el Poder procedió a nuevas detenciones masivas de anarquistas (y de anarco sindicalistas) y los persiguió a través de toda Rusia.
Cualquier movimiento de masas -una huelga, una manifestación de campesinos o un movimiento de descontento entre soldados o marineros- revertía inmediatamente sobre el destino de los anarquistas. En adelante, se detuvo a cuantos habían cometido el error de compartir las ideas libertarias o de ser familiar o amigo de algún anarquista. El simple hecho de manifestar ideas anarquistas abiertamente bastaba con frecuencia para ser detenido.
En 1919 y 1921, las organizaciones de Juventudes Libertarias fueron desmanteladas. La operación de 1921 fue provocada por el deseo de destruir el germen de la aspiración de la juventud a conocer los fundamentos de las teorías libertarias.
En el invierno de 1921, las organizaciones anarquistas universalistas de Moscú fueron desmanteladas. En la primavera de 1922, más detenciones masivas de anarquistas en toda Rusia.
Nuestra lista de represiones dista mucho de ser completa. Puede afirmarse sin incurrir en exageración que, en el curso de esos últimos años, toda la Rusia revolucionaria ha sido, bien encarcelada, bien asesinada, figurando los anarquistas en primera fila.
En esas condiciones es imposible para ellos entregarse a la menor actividad. Su prensa está asfixiada. Cualquier toma pública de posición se ha hecho impensable. De hecho, las ideas anarquistas y la libre expresión han sido declaradas fuera de la ley desde 1919[2]
Semejante infamia no podía darse sin provocar vivas protestas personales por parte de algunas individualidades fuertes. Hacia finales de 1919, Kasimir Kovalevitch, obrero de los talleres del ferrocarril de Moscú, anarquista muy popular en su barrio, arrojó con el concurso de algunos compañeros una bomba en una asamblea de dirigentes comunistas, en la calle Lentiev, de Moscú[3] Este acto de protesta contra la dictadura bolchevique no provocó toma de conciencia alguna dentro del partido dirigente. Por el contrario, éste se puso a perseguir a los anarquistas todavía con más saña, y a todos los revolucionarios en general, recurriendo a los medios más escandalosos de cinismo e inquisición.
Si, en el momento actual, subsiste en Rusia una actividad anarquista clandestina, y si ésta puede conducir a actos de terror antigubernamental, es necesario comprender esos actos, que siempre se han llevado a cabo y seguirán produciéndose inevitablemente allí donde reine la arbitrariedad y un monstruoso terror dirigido desde arriba, en cualquier parte donde el pensamiento y la palabra sean asfixiados y la libre expresión sea proscrita; allí donde cualquier otro medio de lucha sea imposible.
Los horrores cometidos en Rusia, empiezan por fin a evidenciarse ante los ojos de quien llega de nuevo al país, al mismo tiempo que se van conociendo cada vez más fuera de sus fronteras. Por eso, el Poder comunista se ve obligado a recurrir a toda clase de medios con el fin de crear una apariencia de justificación a sus crímenes. No se detiene ante los medios más infames, por ejemplo, la «provocación».
Una de estas provocaciones tiene como protagonistas a León Chernyi y a Fanny Baron. En verano de 1921, un grupo de delegados anarquistas extranjeros, llegados para el Congreso de la Internacional Sindical Roja, interpeló al gobierno soviético respecto a los anarquistas rusos presos en la Taganka, que hacían la huelga de hambre para exigir su liberación, así como la de todos los anarquistas prisioneros. Como los delegados insistieran sobre la liberación de esos anarquistas, Trotsky y otros representantes del poder les respondieron: «¡Se trata de bandidos!»
Aunque el Poder se vio finalmente obligado a liberar a esos anarquistas y a expulsarlos al extranjero, montó toda una trama para justificar, de cara a los obreros extranjeros, la táctica terrorista en relación con aquéllos, una trama basada sobre una provocación de la checa, sobre delitos de tipo común relativos a la fabricación de moneda falsa y que llevó al fusilamiento de dos de nuestros camaradas más honestos: León Chernyi y Fanny Baron.
Ha sido probado, no sólo que los camaradas fusilados eran inocentes de esos delitos de derecho común, sino también que la idea de fabricar moneda falsa había surgido en la propia checa de Moscú. Dos de sus agentes, Steiner (Kamenny) y un chófer chequista, se habían puesto en relación con maleantes y, luego, se habían infiltrado en un grupo anarquista, incitándolos a fabricar moneda falsa y a poner en marcha expropiaciones. Todo esto se desarrolló con el beneplácito de la Checa, quien, gracias a esta provocación exigió la vida de los libertarios, llegando hasta infamar su memoria.
Sigue una larga lista de “anarquistas” víctimas de la Cheka.
DESAPARECIDOS POR LOS BOLCHEVIQUES
Desde 1917/18 los fusilados en las Chekas y los muertos en los campos de concentración, así como los que morían de hambre y enfermedades, fueron DESAPARECIDOS. En efecto los cadáveres producidos por el extraordinario aparato de terrorismo de Estado dirigido por Lenin/Trotsky nunca fueron entregados a sus familiares. Durante el Gobierno de estos tiranos y bajo su dirección el Comité Ejecutivo Central Panruso, para legalizar esta práctica, emitió en 1922 en el que se establece el sistema de inhumación de los opositores al régimen:
“El cuerpo del fusilado no debe ser entregado a nadie, sino que se le entierra sin ninguna formalidad ni ritual, vestido con la ropa que llevaba en el momento de ser fusilado y en el mismo lugar de la ejecución o en cualquier otro lugar disponible, a los efectos de que no quede ninguna huella de su tumba o, si es posible se lo envía a la morgue para ser incinerado.”
Este procedimiento fue progresivamente adoptado y aplicado en todos los lugares de deceso (prisiones, campos, hospitales) y sea cual sea la causa de la muerte delos detenidos. El estado soviético y luego los servicios del Gulag (comprendidos, no como administración central, sino como un conjunto de unidades territoriales) tomaron a cargo los cadáveres de los presos con el objetivo de “no dejar huellas”. Para ello desarrollaron diversas técnicas:
La inhumación individual fue relativamente excepcional, siendo practicada en las redes de los campos de concentración que beneficiaron de una implantación larga y sedentaria. En ese caso, se encuentran grandes conjuntos funerarios compuestos de tumbas casi siempre anónimas aunque en algunos casos se haya conservado la matricula del preso en un pedazo de metal o en un palo de madera. La utilización de fosas comunas es sin dudas el caso más frecuente. Cada una de las entidades administrativas y territoriales que componían el Gulag disponía de sus brigadas de enterradores adjuntos a las zonas de detención y compuestas de presos afectados exclusivamente a la inhumación de los detenidos que iban muriendo. Las fosas eran cavadas directamente en los territorios administrados por los servicios de seguridad del Estado, en las zonas próximas de los sitios de detención y se adaptaban al ritmo de mortalidad en el campo que podía variar mucho.
También fue practicada puntualmente la inmersión del muerto especialmente en las zonas en donde el suelo estaba demasiado helado por el invierno para poder cavar. En esos casos los cadáveres de los presos eran tirados en los arroyos, ríos, lagos o en los mares luego de haber cavado un agujero en el hielo como lo documentará luego Danzig Baldaev en sus famosos cuadernos de dibujos sobre los campos de la época estalinista.
COMUNISMO Numero 67: LENINISMO Y CONTRARREVOLUCIÓN (III) marzo 2018
Grupo Comunista Internacionalista
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