Rolando Astarita blog 30/7/24
Después de seis horas de cerradas las mesas de votación, y sin que se dieran a conocer las actas del escrutinio, el presidente del Consejo Nacional Electoral, Elvis Amoroso, declaró al presidente Nicolás Maduro vencedor en las elecciones venezolanas realizadas el domingo 28 de julio pasado. Lo hizo incluso cuando todavía faltaba un 20% del escrutinio.
Según el CNE, Maduro ganó con el 51% de los votos contra 44% de González – Machado. A pesar de lo importante del asunto, no presentó prueba alguna de que ese haya sido el resultado. La oposición, por su lado, afirma tener el 73% de las actas que mostrarían una ventaja de González – Machado por sobre Maduro de unos 40 puntos porcentuales. Lo cual parece congruente con las encuestas previas y las “boca de urna” realizadas el día de la elección. Maduro dijo que las actas electorales que había registrado su partido, el PSUV, serían publicadas en un sitio web. Pero no hay acceso a tal sitio.
Todo esto en el marco de que, entre otras medidas, antes de las elecciones el régimen inhabilitó y/o puso en prisión a dirigentes políticos opositores; impugnó candidatos (entre ellos a la misma Machado, también a candidatos de izquierda); restringió la libertad de prensa; e imposibilitó que millones de emigrados pudieran votar. En Argentina solo lo hizo el 1% de los 200.000 venezolanos residentes en el país. Pero además, a poco de iniciado el escrutinio en Venezuela, se suspendió la transmisión de resultados desde los centros de votación; el gobierno denunció un hackeo sin presentar pruebas de que se hubiera producido tal cosa; e interrumpió el servicio de la página de la CNE.
Al escribir estas líneas –martes 30 de julio- en Caracas y otras ciudades de Venezuela se realizan manifestaciones contra el fraude y exigiendo el respeto al voto. El general chavista Padrino López, al frente de las fuerzas armadas y represivas, denuncia que está en marcha un golpe de fascistas de la derecha extremista, apoyado por Estados Unidos. Es el argumento de toda la vida con que estos regímenes justifican el aplastamiento de los que se rebelan, el silenciamiento de los críticos, las múltiples formas de represión, desde campos de concentración hasta secuestros, desapariciones y torturas. La idea viene a ser “Hay que detener al fascismo, para lo cual aplicamos métodos fascistas de represión”; con lo que se justifican todo tipo de inmundicias. Así, y según fuentes oficiales, en Venezuela, en solo dos días, ya han sido detenidos más de 700 manifestantes. Además, grupos civiles parapoliciales han abierto fuego contra las multitudes. Se contabilizan hasta el momento seis muertos y decenas de heridos. Estas cifras pueden crecer porque se informa que continúa y se extiende la represión.
Lucha por libertades y derechos democático-burgueses
En Venezuela está planteada una lucha contra un régimen represivo bonapartista, o dictatorial bonapartista, por libertades y derechos democrático-burgueses –como lo es el derecho al voto, o a presentarse a elecciones. Es imperioso valorar esta pelea en toda su dimensión. Lo afirmo en crítica a lo que leo en algún periódico de izquierda, que minusvalora esta dimensión democrática al sostener que el programa de los manifestantes es “formal democratizante”. Lo cierto es que la lucha por libertades democráticas, o por la democracia burguesa –en oposición a regímenes de corte fascista, o dictaduras militares, o burocráticas- siempre es una lucha por libertades formales. Y esto no niega su importancia.
Para ser más precisos: la izquierda no debe combatir solo por las libertades y derechos democráticos para la clase obrera (ejemplo, derecho de huelga, a organizarse, libertad sindical), sino por derechos democráticos en general, esto es, que también alcanzan a la pequeña burguesía, o al pueblo bajo. Las diferentes clases sociales, sus facciones, o los ideólogos y representantes de sus intereses, deben poder expresarse y organizarse. Las ideas del socialismo, de la liberación de los explotados y oprimidos, no se pueden imponer en base a fórceps burocrático-estatistas, con represión y torturas, y sobre montañas de cadáveres.
En particular, no hay manera de que el socialismo revolucionario pelee por la independencia de clase si no defiende las libertades democráticas. Al margen de tal o cual táctica, el criterio fundamental es que debemos apoyar todo lo que, de alguna manera, debilite el control burgués (así sea capitalismo de Estado), burocrático o militar (sean las fuerzas armadas y de seguridad, sean los grupos parapoliciales) sobre la población. Una democracia capitalista es capitalista (o sea, se basa en la explotación del trabajo asalariado). Pero es preferible a una dictadura militar, capitalista; o burocrática-capitalista.
Las tradiciones democráticas del socialismo
En una nota anterior reivindicamos la tradición socialista de la lucha por las libertades democráticas. Como señalaba Lenin –en textos escritos bajo el zarismo- Marx y Engels “habían sido demócratas y el sentimiento de odio a la arbitrariedad política estaba profundamente arraigado en ellos. Este sentido político innato, agregado a una profunda comprensión teórica del nexo existente entre la arbitrariedad política y la opresión económica, así como su riquísima experiencia de vida, hicieron que Marx y Engels fueran extraordinariamente sensibles en el aspecto político. Por lo mismo, la heroica lucha sostenida por un puñado de revolucionarios rusos contra el poderoso gobierno zarista halló en el corazón de estos dos revolucionarios probados la más viva simpatía. Y por el contrario, la intención de volver la espalda a la tarea inmediata y más importante de los socialistas rusos –la conquista de la libertad política- en aras de supuestas ventajas económicas, les parecía sospechoso e inclusive una traición a la gran causa de la revolución. “La emancipación del proletariado debe ser obra del proletariado mismo”, enseñaron siempre Marx y Engels. Y para luchar por su emancipación económica, el proletariado debe conquistar determinados derechos políticos” (aquí).
No tenemos nada que ver con la izquierda burocrático-nacionalista
El fraude y la represión de Maduro son defendidos o justificados por gran parte de la izquierda de América Latina. Entre otros, los partidos comunistas; el PT de Brasil; los castristas; y diversas corrientes stalinistas. En diferentes grados han engañado a las masas prometiendo que la reconstrucción del ideario socialista podía realizarse bajo la conducción del “líder del socialismo modelo siglo XXI” (también algunos trotskistas compartieron esta idea). Pero ahí no había socialismo sino un rejunte del lumpen social elevado al poder, que llevó a una catástrofe: más de siete millones de exiliados; caída del producto nacional del 80%; pobreza generalizada. Una tragedia de proporciones descomunales (véase, aquí). Que, por otra parte, alimenta el discurso de los Milei sobre que “el socialismo fracasó en todos lados”. ¿Se puede pedir algo más funcional al dominio del capital y a la ultraderecha?
Es imperioso que el marxismo revolucionario rompa de raíz –o sea, política e ideológicamente- con Maduro, los Ortega, los Castro, los Kim, y sus regímenes. No tienen nada de progresivo para la clase obrera. La llevan a la frustración y a la derrota, incluso a la descomposición social, al extremo de postración (¿Qué voz independiente tiene, por ejemplo, la clase obrera de Corea del Norte, o de Nicaragua, por no mencionar de nuevo a Venezuela?).
Ahora, ante la debacle, no vacilan en mentir para defender el fraude, la represión y los asesinatos a mansalva. No tengo nada que ver con esta gente. No hay síntesis posible con ellos. El socialismo será obra de los trabajadores mismos, o no será más que la reproducción de toda la podredumbre de la actual civilización burguesa. Como lo demuestra la tragedia de Venezuela.
Venezuela se despertó. La Venezuela obrera se puso de pie y está dando pelea a la dictadura chavista. En estos momentos, hay levantamientos populares en todo el país contra el fraude, la represión y el hambre al que el régimen somete a la población. Marchan a las sedes de las autoridades, cacerolean en las calles y enfrentan a las fuerzas policiales y paramilitares. Cada avenida principal es ahora una trinchera. De las entrañas de los “barrios” (lo que aquí se conoce como villas) brota esa bronca incontenible. Los que fueron bastiones del chavismo son ahora son la llama de la rebelión. A diferencia del Caracazo, aquí están sublevadas todas las ciudades del país. Desde Caracas a Barquisimeto, de Valencia a Yaracuy. Las gobernaciones están siendo jaqueadas. Venezuela asiste a su 2001: el Venezuelazo.
Las elecciones del domingo fueron, en realidad, un simulacro. Los partidos de izquierda están proscriptos e intervenidos. Cientos de dirigentes obreros presos y desaparecidos. Un tercio de la población tuvo vedado el derecho a votar. Los pocos habilitados fueron amenazados con armas de fuego. Para colmo, solo votó el 59% del padrón electoral y no se entregaron los resultados mesa por mesa.
La oposición participó de esta payasada porque apela a una caída pacífica de la dictadura, quiso evitar un levantamiento popular y ser parte del nuevo “diálogo”. El Venezuelazo es también un revés para ella, que seguramente va a querer canalizar esa bronca. La discusión entre Maduro y Corina Machado no es qué hacer, sino quién lo hace.
El régimen chavista impuso en 2015 una verdadera dictadura antiobrera y sometió a la población a un ajuste brutal, superando cualquier gobierno latinoamericano: salarios de 5 dólares y una pobreza que ronda el 98%. Expulsó un tercio de la población en tiempo récord. Encarceló a 150 dirigentes obreros e hizo desaparecer a miles de trabajadores. Formó grupos paramilitares para perseguir a la población. Prohibió todo partido que se declarara “socialista”, mientras la oposición pro-yanqui hizo y hace campaña donde quiere. Tiene el apoyo del conjunto del empresariado: el chavista y el “escuálido”. Como si esto fuera poco, el país tiene los peores índices de criminalidad del continente y Maduro le entregó la seguridad de Caracas a las bandas narcos, en un convenio oficial y a plena luz del día. Venezuela está, hace años, caminando hacia la descomposición social y su clase obrera es humillada y pisoteada como ninguna otra.
La población venezolana no tiene por qué soportar semejante engendro ni un segundo más. Tiene que echar a Maduro, a Diosdado, a Padrino y a toda esa runfla de asesinos y delincuentes, que se llevaron la vida y el dinero de los trabajadores. Peor aún, pisotearon el nombre del Socialismo en una aventura a la que Milei debe envidiar. Entre la expulsión de la población, la represión, las dádivas, la ayuda del imperialismo chino y la fraternidad empresarial Maduro encontraba la fuerza que no le daba el apoyo popular. Es hora de que él y su caterva de miserables sienta el repudio y la bronca de un pueblo que se las aguantó todas.
Maduro responde a las movilizaciones con una feroz represión. Toda persona que se diga de izquierda, socialista o, incluso, demócrata o progresista, debe apoyar este levantamiento y denunciar la represión del régimen. La gente tiene que saldar cuentas con los carniceros. Y con sus propias manos.
Llamamos a todas las organizaciones obreras a constituir un comité para apoyar el levantamiento popular venezolano, denunciar la represión y a velar para que sean los propios obreros en lucha los que tomen la dirección de la lucha.
¡Viva el Venezuelazo! Fuera Maduro YA.
Cárcel a los asesinos y delincuentes. Liberación de todos los presos políticos.
Por una Venezuela Libre y verdaderamente Socialista.
Vía Socialista
Desde una convicción de izquierda comprometida con la democracia manifestamos nuestra preocupación ante los sucesos que están teniendo lugar en Venezuela y nuestro firme rechazo al posible desconocimiento de la voluntad popular expresada en las urnas.
La proclamación de Nicolás Maduro como presidente reelecto por el Consejo Nacional Electoral de Venezuela se basa en resultados inverificables que arrojan un serio manto de dudas sobre el respeto de la voluntad de ese pueblo hermano. Es inaceptable la pretensión de ungir un presidente sin que se haya hecho pública una sola de las actas de escrutinio de las mesas de votación del 28 de julio y sin que se haya suministrado siquiera una cifra sobre los votos obtenidos por ocho de los diez candidatos. Esta flagrante violación de la Ley Orgánica de Procesos Electorales es la culminación de un proceso viciado durante el cual se proscribieron candidaturas, se obstaculizó la realización de campañas ajenas al oficialismo, se dificultó el acceso de los testigos a los escrutinios, se limitó el voto de ciudadanos venezolanos que viven en el exterior, y se impidió la presencia de muchos observadores electorales extranjeros.
En este escenario, convocamos a la comunidad internacional a adoptar una actitud firme para que Venezuela pueda encauzar su futuro a través de la convivencia y el respeto irrestricto de las reglas de la democracia. Reclamamos a las autoridades venezolanas que se difundan cuanto antes las actas del escrutinio y hacemos un llamamiento para que no se ejerza ninguna forma de represión contra quienes, ejerciendo su derecho a la protesta legítima, manifiestan en todo el país su rechazo ante esta situación.
Quienes firmamos expresamos nuestra solidaridad y abrazo al pueblo venezolano, incluyendo a quienes en los últimos años tuvieron que abandonar su país en condiciones dolorosas y hoy forman parte de diversas comunidades en todo el mundo, entre ellas la nuestra.
Firmas iniciales:
Tamara Tenenbaum (Argentina), Gerardo Aboy Carlés (Argentina), Julieta Suárez Cao (Chile), Pablo Semán (Argentina), Raquel San Martín (Argentina), Alejandro Katz (Argentina), Claudia Hilb (Argentina), Martín Plot (Argentina), Magdalena López (Argentina), Héctor Mairena (Nicaragua), Gilles Bataillon (Francia), Luis Alfredo Blandon (Nicaragua), Mariano Schuster (Argentina), Sergio Morresi (Argentina), Tomás Borovinsky (Argentina), Daniela Slipak (Argentina), Rubén Chabab (Argentina), Hernán Bronstein (Argentina), Hinde Pomeraniec (Argentina), Lucas Martín (Argentina), Hilda Sabato (Argentina), Martín Kalos (Argentina), Pedro Núñez (Argentina), Ezequiel Saferstein (Argentina), Micaela Kohen (Argentina), Gabriel Kessler (Argentina), Federico Merke (Argentina), Martin Hourest (Argentina), Susana Gelber (Argentina) Juan M. Graña (Argentina), Ana Wortma (Argentina) Eduardo Minutella (Argentina) Fernando M. Suárez (Argentina), Maxi Díaz (Argentina), Nicolás Bertholet (Argentina), Walter Flores (Argentina), Oscar Volonterio (Argentina), Jorge Juncos (Argentina) Walter Mamani (Argentina), Luciano Straccia (Argentina), Sofia Barreiro (Argentina) Vicente Palermo (Argentina), Hugo Vezzetti (Argentina), Adrián Rojze (Argentina) Esteban Paulón (Argentina), José Luis Felice (Argentina), Valeria Llobet (Argentina) Anabel Wichmacki (Argentina), Pablo Cassini (Argentina), Sebastián Melchor (Argentina), Martín Felipe Castagnet (Argentina), Mónica Liborio (Argentina), Ferreira Claudio (Argentina), Ana Margarita Vijil (Nicaragua), Mariza Bafile (Venezuela), Fabio Porta (Brasil), Pablo Alabarces (Argentina), Agustín Pineau (Argentina), Kevin Ary Levin (Argentina), Lucas Kadener (Argentina), Guillermo Ferreiro (Paraguay), Bernabé Malacalza (Argentina), Bruno Bimbi (Argentina), Julio Ricardo Hernandez (Costa Rica), Marcelo Leiras (Argentina), Eugenia Mitchelstein (Argentina), Margarita Roulet (Argentina), Antoine Acker (Suiza), Aries M. Cañellas Cabrera (Cuba), Sonia Corrêa (Brasil), Jose Irán Moreno Santos (Mexico), Carlos Rafael Delgado Santos (Rep. Dom.), Jessica Vargas González (Venezuela), Juan Gonzalez (Venezuela), Mauricio de Miranda Parrondo (Cuba / Colombia), Juan Andrés Misle Dona (Venezuela/Estados Unidos), Guido Valdez Alvarez (Bolivia), Ragnhild Dahl Johansen (Noruega/España), Eugenia Braguinsky (Argentina), Alexei Padilla Herrera (Cuba-Brasil), Gilda Cabral Aráujo (Brasil), Silvio Hugo Panizza (Argentina), Mariano Llinás (Argentina), Elias Rolando Schnaidler (Argentina), Francisco Reyes (Argentina), Carlos Ojeda Falcón (Venezuela), Alhelí González Cáceres (Paraguay), Luis Bonilla-Molina (Venezuela), Luis Bonilla-Molina (Venezuela), Rafael Flores (Argentina), Julimar Mora Silva (Venezuela / Brasil), Marcela Ternavasio (Argentina), Maria Josefa Di Psce (Argentina), Adrián Gorelik (Argentina), Walter Giacoman (España), Carlos Altamirano (Argentina), Omar Vázquez Heredia (Venezuela), Mauro Bafile (Venezuela/Spagna), Donato Di Santo (Italia), Margarita Garrido (Colombia), Gustavo Svarzman (Argentina) Cristóbal Roque Aljovín de Losada (Perú), Alfredo Lazzeretti (Argentina), Camila Perochena (Argentina), Mauro Cabral Grinspan (Argentina/Bélgica), Mario Gluck (Argentina), Gonzalo Sanchez- Gomez (Colombia), Alina Bárbara López Hernández (Cuba), Bila Sorj (Brasil), Ariel Denkberg (Argentina), Lena Lavinas (Brasil), Bernardo Sorj (Brasil), Juan Pablo Letelier (Chile), Marìa teresa Garrido Otoya (Colombia) Luciano Consoli (Italia/Mexico), Sofia Tiscornia (Argentina), Mauro Lipman (Brasil) Gabriela Lautersztein (Argentina), Ricardo Brodsky (Chile), David Jesus Pomar Pomar (Perú), Juan Odisio (México), Víctor Vich (Perú), Sandra Valdettaro (Argentina) Carolina Flores Mena (Argentina), María Luisa Bartolomei (Argentina), Cesar Tcach (Argentina), Federico Lorenz (Argentina), Elisabeth Souza Lobo (France), Luis M. 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