Afirmar que las vacunas son el producto mejor estudiado del mundo, cuando los estudios de seguridad no se realizan ni antes ni después de su uso en la población, es simple y llanamente el fraude farmacéutico más repugnante.
Blog Pepe Luengo 10/8/24
Después de décadas en las que los defensores acérrimos de las vacunas han insistido hasta la saciedad que son los productos mejor estudiados del planeta, acaban de retractarse admitiendo precisamente todo lo contrario.
Concretamente, han admitido que las vacunas no se estudian adecuadamente ni antes ni después de su aprobación, diciendo que los ensayos clínicos previos a la autorización tienen tamaños de muestra y duración de seguimiento limitados y que, además, no hay recursos destinados a estudiar la seguridad posterior a la autorización.
Es cuanto menos sorprendente, que a pesar de lo ocurrido en los últimos cuatro años las vacunas sigan siendo la “panacea” de la medicina moderna que hay que defender y de la que nunca hay que dudar. Pero, ¿está justificada tal aseveración?
Ante lo ineficaz y deshonesta gestión de la falsa pandemia la inmensa mayoría de la población no ha reaccionado. Sólo algunas personas se decepcionaron con sus gobiernos e instituciones sanitarias. Y aunque la mayoría de los desilusionados limitan sus críticas a la mala gestión de la crisis del Covid-19, incluidas las vacunas ARNm, son relativamente pocos los que extienden su análisis crítico a las vacunas en general o a las vacunas infantiles en particular.
Y esto es así, porque la mayoría desconoce la sombría y cruda realidad de la ciencia de las vacunas. Y los que la conocen, callan porque temen ser etiquetados como “antivacunas” o “negacionistas” (lo que es comprensible, ya que esas dos etiquetas son colocadas a todo aquel que se atreve a cuestionar cualquier aspecto del dogma de las vacunas).
De hecho, las farmacéuticas han establecido un sistema en el que no se puede estar en desacuerdo con su “ciencia”, a pesar de que esa es la base del método científico. Si los médicos, los científicos y las revistas académicas no pueden debatir públicamente, entonces no es ciencia en absoluto, es religión. Y eso es lo que está pasando con las vacunas.
Las vacunas suponen un reto tanto para los científicos y profesionales de la medicina como para los padres que tienen que adminístraselas a sus hijos. Los primeros aseguran que las vacunas son seguras y eficaces. Sin embargo, cada día crece el número de padres que afirman que las vacunas causan graves efectos secundarios en sus hijos, e incluso dudan de su eficacia que creen que está exagerada.
Todo aquel que ha querido ver (porque bien es sabido que no hay más ciego que el que no quiere ver) ha comprobado como las “vacunas Covid-19” han sido el mayor fiasco (o no tan fiasco) de la historia de las vacunas.
Ante tal evidencia, es lícito preguntarse: ¿son las vacunas infantiles diferentes de las “vacunas Covid-19”? ¿Son más seguras? ¿Se han probado mejor? ¿Están bien documentados e investigados sus efectos secundarios? ¿Se permite a los profesionales médicos (o a cualquier otra persona) cuestionarlas más de lo que se les permitió cuestionar las vacunas Covid-19? Y la pregunta más importante de todas: ¿Podemos confiar nuestros bebés a vacunas producidas, probadas, comercializadas y autorizadas por los mismos organismos, instituciones, corporaciones, médicos y gobiernos que nos defraudaron y engañaron de una manera tan miserable en los últimos cuatro años?
Todo aquel que quiera y esté interesado en saber algo más sobre las vacunas de lo que nos cuentan los organismos oficiales que las apoyan y defienden (facultades de medicina, instituciones como la OMS, GAVI, etc.), puede leer el libro “Tortugas hasta el fondo: Ciencia y mitos de las vacunas”, que se publicó por primera vez en Israel a principios de 2019.
Este libro hace un análisis exhaustivo de la ciencia de las vacunas desmontando la mayoría de sus mitos. Por ejemplo, en él se dice que no existe ni una sola vacuna en el programa de vacunación infantil cuya verdadera tasa de efectos adversos se conozca. También, que la afirmación de que las vacunas causan efectos secundarios graves en 1 de cada millón de vacunados contradice los resultados de numerosos ensayos clínicos en los que se notificaron efectos adversos graves en 1 de cada 40, 30 o incluso tan sólo 20 bebés vacunados.
Esto no nos debería extrañar, ya que estamos viendo generación tras generación niños cada vez más enclenques sufriendo nuevas patologías que hace tan solo 60 años prácticamente no existían. Me refiero, por ejemplo, al aumento de casos de autismo o a la proliferación de alergias de todo tipo.
Por otra parte, la metodología actual de los ensayos clínicos de vacunas invalida las afirmaciones de que las vacunas son seguras y que se prueban de forma exhaustiva y rigurosa. Esto derrumba por completo el castillo de naipes del programa de vacunación infantil, dado que las garantías de seguridad de las vacunas se basan, principalmente, en ensayos clínicos deliberadamente defectuosos patrocinados por la industria farmacéutica.
Resumiendo, los autores aseguran que todo el programa de vacunas se basa en un encubrimiento deliberado de las verdaderas tasas de efectos adversos de las vacunas, y que su tan cacareada seguridad y eficacia, cuidadosamente construida durante muchas décadas y avalada por innumerables organizaciones (OMS, GAVI, etc.) y médicos, en realidad no se sostiene sobre nada.
El libro concentra una gran cantidad de información (acompañada de un análisis detallado) que se encuentra dispersa en cientos de artículos médicos, libros y sitios web. Presenta varios conceptos originales, además de sentar una sólida base científica para los conceptos más establecidos. También incluye las referencias científicas y las citas concretas que la respaldan (más de 1.200), todas ellas procedentes de artículos científicos, libros de texto y las publicaciones oficiales de los organismos gubernamentales pertinentes o los documentos de los fabricantes.
Pero lo más sorprendente, es que en el Prólogo del libro, escrito por Mary Holland, J.D. (presidenta y asesora general de Children's Health Defense y defensora de una mejor legislación y política sobre vacunas), se asegura de que todo lo que en él se dice (y se dice mucho) no ha sido refutado hasta la fecha.
Como es lógico, un profano en la materia, como el que ha escrito estas líneas, no pretende dar lecciones ni convencer a nadie de nada. Sólo se cuestiona si es realmente verdad todo lo que oficialmente se nos cuenta sobre las “bondades” de las vacunas. Y se lo cuestiona, porque no es la primera vez, ni será la última, que nos mienten y nos engañan.
¿Te acuerdas? Primero las vacunas Covid-19 eran seguras, eficaces y protegían 100% de ser contagiado. Después, ya no protegían 100%, pero si te contagiabas amortiguaban la enfermedad. Luego te podías contagiar y contagiar a otras personas, pero te salvaban de la UCI,… Y así sucesivamente se fue cambiando el relato para justificar lo injustificable: que las vacunas Covid-19 nunca fueron seguras y eficaces. De hecho, a día de hoy siguen causando estragos.
Aunque bien es verdad que la inmensa mayoría de nosotros no tenemos formación suficiente para asegurar o negar nada, no solo sobre las vacunas, sino también sobre la mayoría de temas relacionados con la ciencia, sin embargo, sí tenemos sentido común, y a poquito que investiguemos es seguro que encontraremos una respuesta adecuada que nos satisfaga. Eso sí, procurando ser lo más objetivo posible.
No hay que ser ningún conspiranoico para saber que la industria farmacéutica, piedra angular de la medicina convencional, antepone el dinero a la salud del paciente: promete sanación, pero lo que ofrece son promesas vacías y una combinación fatal de efectos secundarios.
Esto no lo digo yo, lo dice uno de los investigadores más prestigiosos del mundo, John P. A. Ioannidis (médico-científico que ha realizado contribuciones en medicina basada en evidencia epidemiología, ciencia de datos e investigación clínica, además de pionero en investigación sobre la investigación), quien ha demostrado que gran parte de la investigación publicada no cumple con los estándares de la evidencia científica.
Y es que desde hace más de cien años la industria tiene metida sus zarpas en la investigación. Por eso ha dejado de ser honesta, porque si detrás de cada investigador hay un patrocinador, no creo yo que elabore informes en contra de la mano que le da de comer. Y si ese investigador es honesto, es más que probable que sus informes acaben en un cajón y nunca lleguen a ver la luz.
En definitiva, las grandes farmacéuticas y muchos médicos no son los salvadores que dicen ser, sino que se benefician de un sistema que antepone el dinero a la salud. Por lo tanto, mientras la enfermedad siga siendo un suculento negocio, nadie va a venir con una vacuna a erradicar ninguna enfermedad.
Ahora cada uno puede seguir poniéndose todas las vacunas que quiera, es su decisión. Aunque me temo que no tardando mucho ya no será una decisión, sino una obligación.
La UE lanzará en septiembre de 2024 la nueva Tarjeta Europea de Vacunación (CVE) en 5 países piloto. En ella no solo se incluirán los datos de vacunación, sino también cualquier otro tipo de información.
Este proyecto forma parte del programa EUVABECO (European Vaccination Beyond Covid-19), cuyo objetivo es controlar y aumentar la vacunación dentro de la UE. La nueva tarjeta está integrada en el sistema global de certificación digital de la OMS y avanza de la mano de la introducción de la identidad digital europea y el euro digital. Se espera su implantación en todos los Estados miembros de la UE a partir de 2026.
¿Lo sabías? Pues no tengo nada más que añadir.
Kit Knightly Off Guardián 14/8/24
La Organización Mundial de la Salud ha declarado oficialmente que la “Mpox” monkeypox (antes viruela del mono) es una emergencia mundial… otra vez.
En declaraciones a los medios de comunicación hace menos de una hora, el Director General de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, anunció :
“La detección y rápida propagación de un nuevo clado (Un clado consta de un organismo y todos sus descendientes. Por ejemplo, el antepasado compartido de los simios y todas las especies descendientes de esa especie comprenderían un «clado»)de Mpox en el este de la República Democrática del Congo, su detección en países vecinos que no habían informado anteriormente sobre Mpox y la posibilidad de una mayor propagación dentro de África y más allá es muy preocupante”.
Esta es la segunda vez en dos años que la OMS declara la viruela del mono como una “emergencia de salud pública de importancia internacional” (ESPII). Originalmente se la denominó así en el verano de 2022 … antes de que esa condición fuera revocada silenciosamente en 2023 .
En realidad, fue una narrativa que agitó sus pequeñas alas con todas sus fuerzas pero que nunca logró despegar. Intentaron etiquetarla como “al mismo nivel que la lepra y la peste”, hicieron el truco con las pruebas PCR y cambiaron las páginas web para que pareciera más aterradora .
Siguieron el manual de estrategias de Covid paso a paso … nada funcionó.
Al final, simplemente se desvaneció.
Pero ahora ha vuelto. Esta vez con un nuevo nombre .
Se habla de clados y variantes y cosas así, pero ya estamos demasiado familiarizados con esta danza como para permitir que un cambio de vestuario nos distraiga de la misma vieja rutina.
Sabemos lo que está pasando. Las únicas preguntas que vale la pena hacer son “¿por qué ahora?” y “¿qué sigue?”.
verdadypaciencia.com 12/8/24
Vera Sharav, nacida en 1937 en Rumania, es la fundadora de la organización Alliance for Human Research. Se ha distinguido por su activismo contra las prácticas ilícitas y fraudulentas de la industria farmacéutica desde la muerte de su hijo adolescente tras una reacción a la clozapina, un medicamento recetado como parte del tratamiento del trastorno esquizoafectivo.
Se posicionó contra la vacunación anti-Covid impuesta en diferentes países del mundo mediante un arsenal legislativo liberticida, que viola el consentimiento libre e informado normalmente requerido antes de realizar un procedimiento médico o administrar un tratamiento.
Por otro lado, sostiene que estos mandatos son parte de un proyecto más amplio, el Nuevo Orden Mundial, también llamado Gran Reinicio, que pretende tomar el control de todos los aspectos de la vida del ciudadano.
Transcripción del video de Vera Sharav: pandemia de gripe española
https://odysee.com/@Cielvoile:e/veras:0
En 1915, John D. Rockefeller, fundador de Standard Oil, Andrew Carnegie, propietario de la industria siderúrgica estadounidense, y Alexander Graham Bell, inventor del teléfono, organizaron una empresa conjunta de eugenesia.
Ya habían consolidado su monopolio en las industrias del petróleo, los ferrocarriles, el acero y la banca. Por lo tanto, buscaron preservar su vasta riqueza y promover sus intereses invirtiendo en métodos de control y reducción de la población.
El objetivo de la eugenesia era y sigue siendo eliminar a las personas que la élite consideraba genéticamente inferiores. Financiaron una campaña masiva de lobby para promulgar leyes que esterilizaran a aquellos que consideraban no aptos. Las leyes de esterilización se promovieron inicialmente sólo en 28 estados de EE.UU. Su objetivo era esterilizar al 10% de la población estadounidense, o 15 millones de personas.
Este objetivo debía lograrse con el pretexto de mejorar la salud pública y la raza humana. Estas leyes de esterilización sirvieron de modelo para los nazis en materia de higiene social. Durante más de un siglo, los Rockefeller continuaron siendo los mayores financiadores y fuerzas impulsoras detrás de la eugenesia y el programa de despoblación. Así que esto es de lo que quiero hablar principalmente:
La gripe española de 1918
Se estima que ha matado a entre 50 y 100 millones de personas en todo el mundo. "Esta catastrófica pandemia estuvo envuelta de una falsa narrativa durante más de un siglo".
¡Un examen de los hechos revela una gran cantidad de similitudes entre esta falsa narrativa de la pandemia de 1918 y la del coronavirus de 2020!
“¡La pandemia de 1918 no se originó en España! No fue una gripe. No fue causada por un virus. Al identificarla erróneamente como una gripe procedente de España, contribuimos a ocultar su verdadera naturaleza y origen”.
En 1918, cuando Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial, el número de militares aumentó a 6 millones de hombres, 2 millones de los cuales fueron enviados a los campos de batalla de Europa. Los científicos del Instituto Rockefeller aprovecharon la oportunidad para “probar” una vacuna experimental en este nuevo grupo de cobayas humanas ya disponible. Pocas personas se dan cuenta de que las enfermedades mataron a muchos más soldados de todos los bandos que las ametralladoras, el gas mostaza o cualquier otra cosa asociada con la Primera Guerra Mundial.
En enero de 1918, se probó en soldados una vacuna experimental contra la "meningitis", elaborada a partir de caballos. Es Frédérick. T. Gates (1853-1929), (¡también teólogo!), presidente del Consejo de Administración del Instituto Rockefeller y administrador de la Fundación Rockefeller que lanzó el experimento en Kansas en enero de 1918.
En el informe que publicó en 1918, señala que la vacuna se administró en 3 dosis aleatorias, lo cual no es exacto.
4792 hombres recibieron la primera dosis.
4257 hombres recibieron la segunda dosis
y 3702 hombres recibieron las tres dosis.
El Dr. Gates no dice qué pasó con los 1.090 hombres que no se presentaron para recibir la tercera dosis. Gates escribe que poco después de ser inyectados, los soldados experimentaron algunos síntomas parecidos a los de la gripe, como tos, vómitos y diarrea. Sus reacciones, dijo, simularon la aparición de una “meningitis epidémica”, pero el Dr. Gates descartó esto de plano y declaró que no se trataba de una meningitis real.
Uno puede preguntarse en qué ciencia se basó.
Se han registrado brotes de gripe en 14 de los campos de entrenamiento más grandes de las fuerzas armadas. Las tropas recuperadas llevaron y transmitieron la infección a soldados sanos en los campos de batalla de Europa. Un informe de 2008 estudió las tasas de muerte y discapacidad en todo el mundo durante la pandemia. Describieron cómo las "bacterias" se propagan rápidamente de personas infectadas a otras, especialmente en entornos hacinados como salas de hospitales, cuarteles de campos militares y barcos de tropas.
Se realizaron autopsias a unas 9.000 personas en todo el mundo y se descubrió que "la gripe de 1918 no era una gripe". Según los largos cultivos de las autopsias, la "bacteria de la neumonía" mató al menos al 92,7% de ellas.
Cuando terminó la Primera Guerra Mundial el 11 de noviembre de 1918, los soldados regresaron a casa y propagaron la mortal "neumonía bacteriana " por todo el mundo.
Uno de los testigos más importantes fue la Dra. Eleana Mac Bean. Fue testigo de una matanza humana a la edad de 13 años. Ella y su familia afroamericana no se vacunaron. Se han mantenido saludables durante la pandemia. Se convirtió en médico y escribió varios libros, entre ellos:
"La aguja envenenada", en 1957. "La vacunación: el asesino silencioso", en 1977.
"Exposición a la gripe porcina", en 1977. Ha proporcionado descripciones muy vivas y leeré un extracto:
“Cuando la gripe estaba en su apogeo, todas las tiendas estaban cerradas, así como las escuelas, los negocios, el hospital, porque los médicos y enfermeras habían sido vacunados y estaban enfermos de “gripe…”. No había nadie en la calle. Era como una ciudad fantasma. Parecía que la única familia que no contrajo esta "gripe..." era mi familia. Entonces mis padres iban de casa en casa haciendo lo que podían para tratar a los enfermos porque era imposible encontrar un médico.
Si era posible que los gérmenes de bacterias y virus o bacilos causaran enfermedades, ¡tenían todas las posibilidades de atacar a mis padres mientras pasaban tantas horas al día en las habitaciones de los enfermos! Pero no contrajeron la gripe. No trajeron el germen a casa para infectarnos a nosotros, sus hijos. Nadie en nuestra familia ha tenido gripe... o un resfriado. Era un invierno con nieve profunda en el suelo.”
Un documento identificó a la vacuna experimental contra la “meningitis bacteriana” como la principal culpable. Dice que “sólo murieron los que fueron vacunados”.
¿Te suena esto familiar?
¿Puede repetirse una catástrofe como la que se ha producido con una vacuna?
Realmente creo que este ejemplo es sumamente importante, pero luego los actores.
En 2018, Public Broadcasting Radio emitió un documental. La primera ola que tiene algunas lagunas que el Dr. Gates no dijo. Nos enteramos de que el 11 de marzo, el cirujano del campamento militar de Fort Riley se enfrentó a la primera ola de una epidemia. 100 hombres por día ingresaban a la enfermería con la misma enfermedad. Unos dos millones de soldados estadounidenses recibieron la vacuna experimental de Rockefeller. Esto fue "para debilitar sus sistemas inmunológicos" antes de ser enviados a Europa. Y cuando terminó la guerra, el Instituto Rockefeller envió el "brebaje mortal" de meningitis para su uso en civiles de Inglaterra, Francia, Bélgica, Italia y otros países de Europa occidental, propagando así la epidemia por todo el mundo.
La decisión de enviar la vacuna mortal al extranjero se tomó cuando ya sabían lo que estaban haciendo. ¿Fue simplemente para ayudar a otros o fue parte de un plan de genocidio eugenésico?