Editorial de opinión El País , Montevideo 26/8/24
La historia reciente del Uruguay, esa que va de los años 1960 hasta nuestros días, es un área de estudio que ha estado tremendamente politizada y en la que siempre han primado las visiones afines a la izquierda. Sólo algunos esfuerzos individuales han logrado ir levantando los velos del sesgo partidista, de los relatos falseados e interesados, y de una historia que en realidad es mucho más parecida a una memoria contada con fines proselitistas que a un análisis que respete la dignidad de los hechos.
Esos esfuerzos aislados han sido de investigadores que tienen nombres y apellidos, y que por lo general no tienen nada que ver con la cátedra de Historia dominante. En efecto, hubo que esperar los trabajos de Haberkorn, de Lessa, de Alfonso, de Gramajo o de Da Silveira y su equipo -en aquella excelente serie de Historia Reciente publicada por El País en 2007-, entre los principales autores más destacados, para conocer detalles sobre episodios claves acerca de lo que efectivamente ocurrió en el país, sin someterse a una interpretación sesgada o edulcorada que siempre beneficiaba a la izquierda.
En el sentido de estas iniciativas acaba de publicar Álvaro Alfonso un libro fundamental: “Computadora: la caída de la red clandestina del PCU”. Sabido era ya que el régimen cívico-militar se ocupó de reprimir con dureza a los comunistas sobre todo en los años setenta: cayó por entonces su escondido aparato armado, y parte de su dirigencia fue la que más sufrió de prisión en las cárceles. Sin embargo, lo que nadie había investigado sistemáticamente antes de este libro de Alfonso, es toda la red de colaboración que existió entre las Fuerzas Armadas, y en particular la Marina, y dirigentes y simpatizantes comunistas que, una vez atrapados por las fuerzas represivas del Estado, decidieron integrarse al trabajo de sus captores de manera de acelerar la caída de la red comunista que aún actuaba en el país.
Es un libro que elude pues la visión mítica acerca de la represión al Partido Comunista durante la dictadura. En base a un largo reportaje a uno de los protagonistas de esa trama de colaboración, y a expedientes y datos que son documentos históricos a los que cualquier investigador con voluntad y método puede acceder, el libro de Alfonso informa de episodios que dejan boquiabierto a cualquiera que conozca un poco el relato de heroicidad y coraje que, por décadas, la propaganda filo- comunista que ha narrado la Historia reciente ha querido hacer prevalecer en la memoria colectiva del país.
No se trata solamente de cuestiones que hacen al pasado, y que podría creerse que forman parte de la “tupamarología y comunistología” que en todos estos años han terminado por agobiarnos con detalles intrascendentes para el entendimiento de las grandes evoluciones de la Historia. El problema refiere, en realidad, a antecedentes de dirigentes políticos que luego, en democracia, ocuparon lugares relevantes en la izquierda.
En este sentido el caso más notable tratado en el libro es el de la ex -candidata a vicepresidente del Frente Amplio en 2019, Graciela Villar: la investigación de Alfonso, en base a testimonios y actas, afirma que en 1978 Villar colaboró con los militares brindando información sobre varios de sus compañeros comunistas. Agrega incluso que en agosto de 2019 documentos vinculados a esas acciones fueron conocidos por grupos de izquierda: en plena campaña electoral de aquel año, y con total discreción, hubo dirigentes del Frente Amplio que se informaron de lo que hoy narra Alfonso en este libro. Y que guardaron religioso y conveniente silencio al respecto.
El resultado de la investigación de Alfonso cubre así dos campos distintos. Por un lado, se trata de arrojar luz sobre hechos del pasado que son necesarios para armar el rompecabezas de lo que efectivamente ocurrió hace medio siglo, de manera de abandonar los relatos míticos que alimentan patrañas históricas. Por otro lado, se trata de conocer mejor los antecedentes reales de muchos dirigentes que han ocupado lugares de protagonismo en la izquierda en democracia, y que resulta que sus antecedentes son, por lo menos, mucho más grises de lo que el relato izquierdista ha querido hacernos creer.
“Computadora” es un libro que no puede dejar a nadie indiferente: atañe al relato de la resistencia a la dictadura que ha creado la izquierda, y por tanto tiene consecuencias sobre su identidad y su proyección moral sobre el escenario partidista actual. Llega así en buen tiempo en esta campaña electoral
Gastón Grisoni -UyPress - 31.08.2024
La desprotección de las víctimas del terrorismo de Estado
Un editorial de El País del pasado lunes 26 de agosto arremete contra Graciela Villar. La acusa de haber colaborado con la dictadura. La acusa, justamente, el vocero oficial de la dictadura y del terrorismo de Estado. El matutino de marras tiene el tupé de acusar a una chiquilina de 18 años, que estuvo detenida en el siniestro FUSNA, de colaborar con dicho régimen. Lo hace, basándose en el testimonio de Fleming Gallo que reproduce un libro editado, el mes pasado, por Álvaro Alfonso con la colaboración de Héctor Amodio Pérez.
Usando a Graciela Villar, una ex presa política que integró la fórmula presidencial del FA en las elecciones del año 2019, en base a un libro escrito por Álvaro Alfonso con la colaboración del ex militante del MLN Héctor Amodio Pérez, el editorialista agrede al Partido Comunista (PCU), organización que la víctima de la dictadura integraba en aquel período.
Militante de la resistencia
Durante la dictadura civil militar, Graciela Villar fue detenida en dos oportunidades. En la primera ocasión era menor de edad. Fue detenida por participar en una manifestación callejera ilegal contra el régimen de Juan María Bordaberry conmemorando el 1º de mayo en la zona de la Curva de Maroñas. Como era habitual, luego de su detención fue internada en el Hogar Yaguarón, dependiente del Consejo del Niño (actual INAU).
La segunda detención se produjo en 1977. Estuvo detenida en las instalaciones de los Fusileros Navales (FUSNA). En esta oportunidad, ya tenía 18 años. Luego de algunos días fue liberada. Graciela Villar es la denunciante de Fleming Gallo en la primera causa penal por la cual la justicia uruguaya pretende juzgarlo. En esta y en otras causas posteriores, se lo acusa por su activa y comprobada participación en secuestros, privaciones de libertad y torturas, de manera sistemática y continuada de decenas de personas en el marco de la Operación Morgan contra el PCU.
Fleming Gallo: prófugo de la justicia
En la actualidad, Fleming Gallo, reside en Barcelona, España. Recibe una pensión del Estado español. En una acción realmente insólita, incluso, mediante abogados, se presentó en el MTSS ante la Comisión Especial de la Ley 18 033 solicitando el beneficio que la misma otorga a las ex presas y ex presos políticos. Ha concedido, el año pasado, una larga entrevista por correo electrónico a Leonardo Haberkorn donde también detalla su colaboración activa con los servicios represivos del FUSNA una vez que fuera detenido en 1976.
El libro que inspira al editorialista de El País consiste en una larga entrevista que Álvaro Alfonso le realiza a Fleming Gallo. Además del testimonio del prófugo, el libro reproduce supuestas actas de interrogatorio de la justicia militar a Graciela Villar para demostrar su colaboración. En dicho libro, Fleming Gallo también señala como colaboradores a otros detenidos que precisamente testificaron en contra de él ante la justicia. También se presentan supuestas actas de esos interrogatorios en las instalaciones del FUSNA, para desacreditarlos.
Álvaro Alfonso es reincidente
Álvaro Alfonso cuenta con antecedentes penales. Comenzó a interesarse en el pasado reciente en el año 1995 luego de realizar un curso para corresponsal de guerra del Ejército, según testimonió al semanario La Mañana, para poder dar todas las versiones y no solo las de la izquierda. En materia de manejo espurio de archivos militares personales es reincidente. Ya fue procesado por la justicia por el delito de difamación en dos instancias en el año 2009. Reprodujo actas de un interrogatorio, de la justicia militar, en el centro clandestino de detención de La Tablada. Basándose en ellos y en sus propias fuentes militares acusó de colaborador a otro ex preso político (Carlos Tutzó) que estuvo en dicho centro en el año 1977.
La desprotección salta a la vista
La legislación vigente no protege a las miles de personas que desde el comienzo del Estado de Guerra Interno en 1972 hasta el fin de la dictadura fueron detenidas por los servicios represivos y sometidas a tribunales militares. Están desvalidas ante personajes malintencionados.
El caso de Graciela Villar es significativo. Un prófugo de la justicia uruguaya tiene en su poder documentos de aquella época y mediante personas inescrupulosas los pone en circulación a modo de represalia. La difusión pública de actas de interrogatorio de la justicia militar de aquel período, de carácter personal, debería ser penalizada.
En esta ocasión como afirmó Crysol existió una doble inmoralidad: la de difundir apologéticamente el testimonio de un criminal confeso de la dictadura, prófugo de la justicia como Fleming Gallo en un libro y la revictimización que se lleva a cabo de una luchadora y ex presa política por parte de El País.
Gastón Grisoni es Presidente de Crysol pero sus opiniones no reflejan ni comprometen, necesariamente, al colectivo como tal.
EL VACÍO MORAL
He terminado de leer el libro “Computadora” de Álvaro Alfonso. En líneas generales se trata de un extenso reportaje a Fleming Gallo, un comunista renegado que terminó colaborando con los servicios de inteligencia durante la dictadura. No es un “nuevo capítulo” de la historia reciente como escribe Álvaro Alfonso - observo con preocupación que no es la primera vez que se atribuye novedades históricas que en realidad no lo son – ya que este tema ha sido tratado antes: “Secretos de la dictadura” revista Posdata Nro.85 26/4/1996 Pág. 86: “La ira del Leviatán” (1998) Jorge TRÓCCOLI; “Retrato de escorias humanas” Brecha 10/12/2021 Págs. 8/9 y Peláez, Carlos “Historia de colaboradores” Caras y Caretas 17/12/2021 Págs. 12/14
Desde su introducción se plantea un grave problema metodológico, que si fuera un trabajo académico quedaría automáticamente descalificado. En la página 9 Álvaro Alfonso se refiere a “aquellos dirigentes (comunistas) que disfrutaban el cómodo exilio”. ¿Por qué Alfonso adjetiva? Desde el inicio nomás es perceptible que el libro está orientado en una dirección: golpear el relato del PCU sobre el comportamiento de sus militantes durante la dictadura.
Apenas Fleming Gallo comienza el relato, donde retrata su niñez y adolescencia, hace una extensa digresión en la que lanza una diatriba contra el PCU llegando incluso a pedir que lo ilegalicen y prohíban sus textos (Págs. 31-33).
Es notorio que Álvaro Alfonso tiene una fuerte empatía con su entrevistado. Nunca cuestiona lo que le cuenta ni lo incomoda con sus preguntas. Da por verídico todo lo que dice Fleming Gallo. Es más: en las notas de autor que intercala en texto cada tanto, reafirman lo que expresa su entrevistado.
Pero hay algo que no cierra en el relato de Fleming Gallo. Si es verdad que muy pronto se desilusionó con el comunismo, especialmente luego que su esposa tuvo una mala experiencia en la URSS, ¿por qué aceptó integrar el aparato armado en 1974, plena dictadura? Si ya no creía en el marxismo-leninismo, ¿por qué aceptó correr tal alto riesgo?
La parte del relato en que se refiere a su detención es la que ofrece más pistas para intentar comprender la psiquis de Fleming Gallo. Aparentemente según sus propias palabras, dijo “todo lo que sabía, para que no me trataran con rigor y no me molestaron”- Sin embargo, luego hizo un acuerdo con el capitán Jorge TRÓCCOLI para que su esposa – que estaba en Buenos Aires – pudiera regresar al país y se dedicó al “análisis de la información y de la documentación” que tenía el FUSNA. Con un humor tan sombrío como involuntario Fleming Gallo admite que eso iba a provocar la detención de personas, pero cada cual “tenía la oportunidad de salvarse por sí mismo, porque el objetivo no era la extinción de las personas, sino de la organización”. Bue… ahora me quedo tranquilo…
Bromas aparte, resulta por lo menos curioso que en la descripción de las instalaciones de detención e interrogatorios del FUSNA estén ausentes los tormentos físicos. Todos los que delataron compañeros era porque ya estaban quebrados, se sentían abandonados por el PCU y querían salvar su pellejo. A nadie le tocaron un pelo. ¿Es creíble esta versión de Fleming Gallo cuando los mismos oficiales de Marina – incluido Tróccoli- han reconocido la práctica de torturas? Más aún cuando una de las personas que el menciona en el libro, el dirigente sindical Adolfo Drecher lo acusa de haberlo torturado a él y a su esposa? ¿Drecher miente? ¿Fleming Gallo no torturó a nadie?
Otra pregunta: ¿Fleming Gallo tiene las pruebas documentales, los registros contables, que demuestran que el COVISUNCA le pasaba fondos al PCU? Previsiblemente Álvaro Alfonso da por buena esta afirmación y no se las exige.
Admito que me causo una fuerte impresión la cantidad de nombres de hombres y mujeres que Fleming Gallo menciona como informantes de los servicios de inteligencia. Principalmente porque confiesa sin pudor que muchos de ellos fueron obligados a colaborar porque tenían problemas financieros, familiares, psíquicos o debían guardar algún secreto íntimo (homosexualidad).
Es esta una de las partes de la narración donde Fleming Gallo revela su vació moral. La incapacidad para comprender que formó parte de un aceitado mecanismo represivo montado por el régimen dictatorial. Por más que su ego descomunal lo haga creer que fue alguien importante en esa operativa, sólo se trató de un engranaje más de un vasto y bastante sofisticado sistema. Los militares – hay veces que da la impresión que se cree más inteligente y astuto que ellos - lo utilizaron para sus fines. No fue al revés.
La frutilla de la torta de este relato es el asunto del “Plan Sindical” o la “Central de la Marina”, ese intento de crear en el año 1979 una central sindical sin los comunistas. Aquí Fleming Gallo demuestra su desconocimiento de la historia e idiosincrasia del movimiento sindical uruguayo. Esa central era un imposible. Pero eso no es la cuestión principal. En ese momento Fleming Gallo – acompañado de su compinche Roberto Patrone – se convirtió en el capitán/teniente de navío Banchini/Banchin. Se le suministró uniforme, documentos y armas. Con ese disfraz salió junto a sindicalistas que estaban presos para ubicar a militantes para hacerles la propuesta. Álvaro Alfonso no le pregunta nada al respecto. Pero… ¿por qué se prestó para semejante pantomima?, ¿por qué no les dijo a los sindicalistas que estaban libres “Soy Fleming Gallo, ex comunista, caí preso pero descubrí que los militares son buena gente y les traigo esta propuesta sindical”? No, no lo hizo. Se hizo pasar por quién no era y dejó que los sindicalistas que sacaron de prisión hicieran el desgaste.
Pero, hay una GRAN PREGUNTA que Álvaro Alfonso no le hace a Fleming Gallo. Porque una vez que dejó ser útil a los militares y quedó en banda, se dedicó a extorsionar por dinero a los militantes comunistas que estaban en libertad. Fue descubierto y quedó en prisión hasta 1985. ¿O no fue así? ¿Estoy mintiendo?
Y Álvaro Alfonso no le hace esa pregunta porque este episodio desnuda la verdadera catadura del principal protagonista de su libro, un delincuente de cabo a rabo y obviamente, no se iba a pegar un tiro en el pie. Ni siquiera podría escribir el libro.
Finalmente: creo que es un error pensar que Álvaro Alfonso es un inepto. Nada de eso. Más allá de las fallas metodológicas y problemas de sintaxis en sus obras, posee tesón y capacidad de trabajo, imprescindibles para un investigador. Lo que sucede es que, en uso de su legítima libertad de elección, ha renunciado a buscar la verdad y se ha convertido en un militante de la causa anticomunista. Esto no es un juicio negativo sobre su actividad y mucho menos, sobre su persona. Es una simple constatación.
Sin embargo, no alcanzo a comprender las razones de su enojo con los que llama “medios complacientes” (sin mencionar quiénes son) que no reconocen su obra. Reconocimientos ha tenido. Lo han reporteado programas periodísticos de notorio tinte anticomunista, el diario El País le dedicó un editorial a su libro (26.8.2024) y los sectores militares vinculados a la dictadura le tienen mucho respeto.
¿Qué más puede pedir?
Jorge Nelson Chagas Fausto tomado de Facebook 1/9/24
Tras la lectura de la nota del Licenciado Jorge Chagas Fausto sobre el libro de Álvaro Alfonso, Computadora, en el que participé como editor, me ha invadido una gran decepción.
Trataré de explicarme. Hace unos dos años, se me invitó a participar de un proyecto editorial con el fin de publicar aquellos textos que por circunstancias políticas o intereses comerciales están condenados a permanecer ocultos.
En esos momentos tuvimos en mano el material original que tras un tiempo se llamó Computadora, la caída de la red clandestina del PCU. Al mismo tiempo que fui conociendo el material, fui conociendo al entrevistado, Julio Fleming Gallo Sconamiglio, y descubrí, no sin sorpresas, que era acusado, como lo había sido yo, no solo de haber traicionado a sus compañeros, sino de haber participado en las torturas que esos compañeros habrían sufrido. Y descubrí que sus acusadores, casualmente, eran los mismos que me habían acusado a mí, y desde los mismos medios.
Como macaco viejo no sube a palo podrido, me preocupé de averiguar con ex miembros de la Armada que han estudiado la historia reciente, si las acusaciones sobre Fleming Gallo tenían algún punto de veracidad. Ninguno, me dijeron, así que puse manos a la obra.
Al mismo tiempo que trabajaba para el libro, mantuve con el Licenciado Chagas una relación cordial y hasta afectuosa, durante la cual intercambiamos opiniones acerca del pasado reciente, creo que en beneficio mutuo. Más de una vez le escuché decir ¡cuántas cosas ignoramos los historiadores…!
El licenciado Jorge Chagas defendía -y defiende- a quienes se han arrogado el papel de historiadores, creyendo ser los únicos que están en condiciones de analizar el pasado y emitir juicios acerca de las conductas, políticas o personales que han conocido por versiones interesadas, negando incluso ese derecho a quienes fuimos protagonistas de esos mismos hechos. A través de esos historiadores hemos sido calificados de una u otra forma, muchas veces contradictorias.
El Licenciado Jorge Chagas subtitula su nota como El vacío moral… ¿de quién?, ¿del entrevistado?, ¿de quienes asumimos su publicación? Se lamenta acerca de los adjetivos usados por Álvaro Alfonso, pero él mismo a poco de iniciada la nota cae en lo que critica: llama al entrevistado, que asume su responsabilidad con nombre y apellido, como comunista renegado.
Dice el Licenciado Jorge Chagas que el libro no es un nuevo capítulo de la historia reciente. Discrepo con usted, Licenciado. Es la primera vez que se publican los nombres de quienes colaboraron con las FF.AA. y que fueron ocultados por el PCU, creando la falsa imagen de su heroicidad. ¿Cómo es posible que se deje de lado que fuimos denunciados o acusados falsamente por quienes usted, de manera indirecta, está defendiendo?
Usted se queja de que se califique de cómodo el exilio de los dirigentes comunistas. ¿Cree usted que no fueron así? ¿Cree usted que tuvieron que mendigar un puesto de trabajo para mantener a su familia?
Se queja usted que Fleming Gallo lanza una diatriba contra el PCU llegando incluso a pedir que lo ilegalicen y prohíban sus textos (Págs. 31-33). ¿Es la primera vez que usted lee o escucha esto? ¿No se ha enterado que lo mismo han pedido miembros del Parlamento nacional? Si es así, me asombro todavía más.
Públicamente me he referido al libro de forma elogiosa, porque creo que contribuye al conocimiento del pasado, sin romanticismos ni retoques laudatorios, como se ha venido haciendo desde hace décadas, precisamente por quienes usted menciona.
Nadie puede negar la existencia de la tortura, pero tampoco se puede negar la sagacidad de quienes descubrieron que mediante acuerdos con quienes estaban quebrados, se sentían abandonados por el PCU y querían salvar su pellejo -son sus palabras- se obtenían mejores resultados.
Dice usted: ¿Fleming Gallo tiene las pruebas documentales, los registros contables, que demuestran que el COVISUNCA le pasaba fondos al PCU? Previsiblemente Álvaro Alfonso da por buena esta afirmación y no se las exige. ¿Tiene usted las pruebas de que Fleming Gallo torturó a Adolfo Drescher y señora? ¿Les ha exigido esas pruebas a ellos?
A estas alturas puede que usted se pregunte porqué he decidido contestar su nota. Como dije al inicio, porque me ha decepcionado. No pretendo asumir la defensa de Álvaro Alfonso, porque no la necesita. Pero siento la obligación moral, esa que usted dice que el libro carece, de dar mi opinión. Y lo hago porque Álvaro Alfonso es el único que ha reconocido públicamente que cometió un error cuando me calificó como traidor. Cosa que no han hecho ninguno de sus colegas autocalificados como historiadores. Paso por alto el resto de su nota respuesta. Realmente, Don Chagas, siento una gran decepción.
Héctor Amodio Pérez tomado de Facebook 2/9/24
1. Durante la dictadura civil militar, Graciela Villar fue detenida en dos oportunidades. La segunda detención se produjo en 1977. Estuvo detenida en las instalaciones de los Fusileros Navales (FUSNA). Tenía 18 años. Luego de algunos días fue liberada. Es la denunciante en la primera causa penal por la cual la justicia uruguaya pretende juzgar a Fleming Gallo. Se lo acusa por su activa y comprobada participación en secuestros, privaciones de libertad y torturas, de manera sistemática y continuada durante dicho período.
2. Un editorial del día de ayer, del matutino que fuera vocero de la dictadura y que dirige Martín Aguirre, con fines netamente electorales, somete al escarnio público, acusándola de colaborar con la dictadura, a Graciela Villar basándose en el testimonio, precisamente, de Fleming Gallo que reproduce un libro editado por Álvaro Alfonso con la colaboración de Héctor Amodio Pérez.
3. El libro en cuestión, una larga entrevista, reproduce supuestas actas de interrogatorio de la justicia militar a Graciela Villar, y de otras personas que testimoniaron en contra de Fleming Gallo, en las instalaciones del FUSNA durante su detención, en clara violación de la normativa vigente.
4. Álvaro Alfonso cuenta con antecedentes penales. Es reincidente. Ya fue procesado por la justicia por el delito de difamación en dos instancias en el año 2009 por reproducir actas de un interrogatorio de la justicia militar en el centro clandestino de detención de La Tablada para acusar de colaborador a otro ex preso político.
5. Expresamos nuestra total solidaridad con Graciela Villar. Rechazamos la difusión pública de actas de interrogatorio de la justicia militar y repudiamos enérgicamente la doble inmoralidad de difundir apologéticamente el testimonio de un criminal como Fleming Gallo en un libro y la revictimización que se lleva a cabo de una luchadora y ex presa política por parte de El País.
CRYSOL Montevideo, 28 de agosto de 2024
Leonardo Haberkorn Observador 30/7/23