La discusión que mantengo con el Dr. Sarthou en materia de estado, comunicación pública y sociedad futura, va mucho más allá de lo que circunstancialmente parece
En mala hora, el Dr. Sarthou había propuesto públicamente la intervención gubernamental de las redes sociales en el Uruguay. Después me explicó personalmente que lo que él quería no era censurarlas, sino que era que el estado garantizase que en las redes se pudiese publicar todo lo que no va contra el derecho penal. Personalmente creí en su buena intención, y lo declaré en la última edición de eXtramuros. El problema con la iniciativa del Dr. Sarthou, naturalmente, es que el estado no puede hacer cumplir que las redes no censuren -el estado, por más fuerza que haga, no puede hacer aparecer en una red social posteos que ya no están ahí porque fueron suprimidos en origen. Lo único que le queda al estado, pues, es la intervención negativa sobre las redes. Dicho breve: obligarlas a que censuren, o bloquearlas -esto último, como veremos, no puede del todo.
Por lo tanto, toda la argumentación del Dr. Sarthou se reduce -en materia práctica, y seguramente contra su voluntad- a sugerir que el estado puede bajar las redes sociales, censurarlas, e impedirles funcionar. No dudo que es lo que en el fondo estaba pensando en parte el Dr. Sarthou, puesto que menciona repetidamente que las compañías de redes sociales tienen infraestructura física en los territorios bajo jurisdicción nacional de un país, lo que hace que esa materia y propiedad (cables, antenas receptoras, centros de distribución de datos, etc.) puedan ser intervenidos.
Pero la sucesión de los hechos ha sido cruel con el Dr. Sarthou. No hacía una semana que había publicado su pedido de intervención, cuando el estado de Francia detiene a Pavel Durov. ¿Cargos? Bueno, Telegram, la red de propiedad de Durov, es usada por gente que critica al poder, al poder de gobiernos como el de Francia, gente que piensa por sí misma y termina contradiciendo las narrativas que ese poder impulsa y controla a través de los medios masivos de comunicación.
Los medios masivos de comunicación tradicionales, dado que se han visto desafiados en sus visiones simplistas por la riqueza de contenidos que aporta la gente inteligente e independiente en la internet desde que apareció, han perdido audiencia y han visto perjudicado su modelo de negocios
Eso ha hecho que hoy se hayan convertido en empresas fuertemente dependientes de las subvenciones del poder público -bajo forma de publicidad y quitas impositivas del estado-, y del dinero del poder económico privado. Por ende, su libertad de desafiar al poder tiende a cero, como todos vemos. Esto es viejo, lo hemos explicado y denunciado muchas veces, y sigue siendo un factor importante en lo que pasa en el mundo actual.
Por eso el dueño de Telegram está preso: porque ha llevado una política de independencia y neutralidad respecto de todos los gobiernos. Durov le negó a Rusia los datos de los organizadores del Maidan ucraniano en 2014 -eso, más otros casos similares en 2018, le significaron a Durov tener que irse de Rusia-, lo mismo que le negó a Estados Unidos y a Europa los datos de ciudadanos de esos países exigidos por el poder con fines de persecución política.
Dado que Francia no puede decir esto sin anestesia, lo disfraza -con tules bastante finos- diciendo que en Telegram hay delincuentes comunes que usan la red. Habla vagamente de “tráfico de drogas” y “pedofilia”. Como si en WhatsApp, Facebook, Instagram, y en toda la red que funciona en todos los países, no hubiese de eso. Y como si Durov no hubiese suministrado los datos correspondientes a delitos comunes -no políticos. Telegram ha trabajado con los gobiernos entregando la información sobre esos delincuentes, y bajando sus canales, cuando ha habido causa justificada. Eso no es en absoluto lo que le molesta a los pedófilos y drogones que ocupan algunos cargos en los gobiernos. Lo que les molesta es que si Telegram y X siguen abiertos, los gobiernos no pueden controlar más la narrativa pública.
Se trata de las dos únicas redes neutrales importantes, esto es, redes sociales que no censuran contenidos por razones políticas: en Telegram postean a la vez los militares rusos y los militares ucranianos, y en particular esa guerra tiene a ambos ejércitos, esto es, a Occidente y a Rusia, totalmente desplegados en canales de Telegram, por poner solo un ejemplo.
Para peor -realmente, peor timing imposible para el Dr. Sarthou-, justo cuando él insistía en la necesidad de que los estados -que para él son la salvaguarda de los derechos de los ciudadanos, salvo que están temporariamente ocupados (hace unos cuantos cientos de años) por “malos políticos”- interviniesen, en Brasil, el dictadorzuelo De Moraes le hace el gusto, y nos brinda una demostración extraordinaria de cómo se hace lo que -aun queriendo sinceramente lo contrario- la iniciativa de Sarthou posibilitaría a un factible censurador oriental.
De Moraes ha emitido un ukase para cerrar X/Twitter el último viernes de agosto. Todo fue muy divertido. En el decreto inicial, De Moraes disponía no solo eso, sino que también le mandaba a Google y a Apple que eliminasen de sus tiendas virtuales todas las aplicaciones VPN. Además, el estado De Moraes, celoso del bienestar de sus ciudadanos y de su libertad de expresión, le imponía 8,900 dólares diarios de multa al ciudadano brasileño que mirase Twitter desde el territorio brasileño a través de una VPN.
Al día siguiente ya había periódicos brasileños que tuiteaban desde su “oficina en Portugal”, cosa incomprobable para De Moraes, que no puede saber si eso es real, o si es desde una terraza en Guanabara + VPN.
Y un solo tuit de ese periódico brasileño tenía 360.000 accesos. O sea, los periódicos brasileños, siempre leídos en un 99% por brasileños, dejaban entrever que el uso de VPN se había vuelto muy popular en Brasil desde el ukase de De Moraes. Cosa confirmada por las estadísticas de Google sobre búsquedas online de “VPN” desde Brasil.
De Moraes, al ver los hechos, y su radical impotencia de dictador viejo y desinformado, no tuvo más remedio que emitir dos decretos nuevos, reculando. Los decretos del recule, reculan al decir que no se va a aplicar por ahora lo de que Google y Apple bajen los VPN de sus tiendas virtuales, el primero. Y el segundo, que no se aplicará la sanción de 8900 dólares…
La razón del reculeo en doblete es muy simple. Primer recule: el poder viejo brasileño no puede indicarle a Google ni a Apple que se expongan a demandas de todas las empresas de VPN que usan esas plataformas. Segundo recule: el poder viejo no puede saber quién accede a X usando VPN. Simplemente, no tiene los medios técnicos para ello.
El poder viejo -el poder que cree que el mundo se maneja interviniendo satélites y cortando cables en nombre de la “soberanía nacional”- se dio cuenta, en la madrugada del 1 de setiembre de 2024, que no tenía el poder que cree. Que la gente ha decidido comunicarse y pensar por sí misma, y que los intentos de control narrativo e informativo, y que la imposición de las viejas narrativas -la narrativa del cientifismo, la narrativa de las ideologías binarias de la modernidad y de que “todo es ideológico”, la narrativa del mundo reducido a materia y economía, y la narrativa de la hipercorrupta y devaluada “democracia occidental” como único sistema de gobierno respetable-, tienen ya las medidas tomadas para sepultura.
El 1 de setiembre de 2024 es pues una fecha histórica para quienes celebramos la venida de lo nuevo bajo forma de tecnología de comunicaciones que libera y abre la comunicación -y el futuro de la sociedad- más allá del poder viejo y su obsesión con el control.
Nadie ha analizado más y mejor que eXtramuros los problemas de la nueva tecnología. Eso no implica que no la defendamos por encima de las viejas formas de control centralizado. La clave de nuestra toma de posición tiene que ver con el control centralizado. Las formas viejas, en nuestra opinión, favorecen más el control centralizado que las nuevas, si bien hay en curso una batalla en este sentido. Esto ocurre porque, si bien las tecnologías viejas parecen más materialmente libres -un periódico o libro en papel parece más libre que un texto en formato digital- la vieja tecnología estaba ligada a una economía -material y simbólica- más limitada y limitable, que permitía que el estado controlase las narrativas y versiones de la realidad a través del control económico / territorial. Esto, en virtud del costo y adopción masiva de las nuevas formas de comunicación, ya no es posible. La información no tiene fronteras, y la “soberanía nacional” no tiene control sobre ella. Lo cual, en nuestra visión, es todo para bien.
Los indicios de que la posición que mantenemos es correcta son múltiples, y la realidad nos regala ejemplos cada día. Basta con estar abiertos a esta nueva perspectiva, para verlos. Por ejemplo, lo que se ven obligados a hacer hoy los gobiernos de Francia y Brasil. Por ejemplo, lo que dijo Barack Obama en su discurso de abril de 2022 en Stanford, que en esencia explica que, si el poder no puede controlar el discurso, el poder no puede gobernar. Y que, por ende, el poder debe impulsar la censura, si es preciso.
Habría muchísimos indicios y ejemplos más. En general, lo que estamos presenciando es la disputa y el ajuste mutuo entre formas viejas y nuevas de comunicación y -por ende- de organización del poder en la sociedad. Quienes piensan que todo es economía -los marxistas y materialistas en general- siguen sin entender estas cosas, y piensan que basta con cortar los cables para imponer de nuevo el poder centralizado de lo viejo, y volver a meter a la gente en el corralito de las viejas ideologías, ‘izquierda y derecha’.
El poder viejo seguirá intentándolo. Ya he visto cómo ahora intentan decirle a la gente que el fracaso de Brasil fue un éxito y, además, es bueno. He visto varias notas en los sospechosos usuales –The Guardian y similares, o sea, los intentos de dictadura global cool– preparadas por algún poder, probablemente algún hábil y melancólico burócrata en alguna triste oficina en el Departamento de Estado norteamericano, porque las notas son todas iguales, diciendo que es una maravilla que los brasileños ahora no entren más a X (en realidad, siguen entrando a millones), e introduciendo algún testimonial de un brasilero de ficción que habría declarado “qué bueno, me di cuenta de que estaba adicto a X/Twitter. Ahora me siento mucho mejor”, y sugiriendo que los brasileños se pasaron masivamente a otra red social que ni recuerdo como se llama, y que comparada al alcance de X es como comparar la hinchada de Miramar Misiones con la del Flamengo.
¿Cuál es el argumento principal de los censuradores viejos? Que Elon Musk es “de ultra derecha” y que el tipo de “libertad de ultra derecha” que propone no hay que aceptarlo. Y en cambio, hay que defender la “soberanía nacional” del Brasil.
Otra vez: “la derecha es mala, la izquierda es buena”, y todo ciudadano obediente, globalista o no, debe repetir ese mantra hasta el fin de los tiempos. ¿Entiende usted?
Yo, personalmente, no sé qué será “libertad de ultra derecha”, como tampoco sabría qué es “libertad de ultra izquierda” o “libertad de centro”. Obviamente, la libertad de expresión es una sola, y es la que De Moraes y el deep state norteamericano, y sus paniaguados en el gobierno de Francia, están atacando. Porque clausuran y meten presos a los dueños solo de las redes sociales que no censuran a la gente, mientras que está todo bien con las demás, con Google, con Meta, e incluso con TikTok.
De mi parte, con mis ínfimos medios, defiendo la libertad interior y la soberanía individual, y defiendo las posibilidades de apertura que da la nueva tecnología, a sabiendas de que es un asunto político que se definirá en la medida en que la conciencia de cada ciudadano crezca para defender sus posibilidades de, insisto, libertad y soberanía individual. Para mí, la única soberanía que existe y por la que vale la pena luchar es la soberanía que escucha la autoridad interior, y que está dispuesta a mantenerse fiel a esa autoridad interna, oponiéndose si hace falta a los poderes externos que trabajan para controlarla y borronearla. Si eso crece, la sociedad que venga será distinta a la que está de salida. Hay muchas formas de hacer esta defensa de la libertad interior, y casi infinitas opciones externas de vivirla. Pero defender al dictadorzuelo De Moraes en nombre de la “soberanía nacional” -cuando además se llama así a la actitud según la cual, si Brasil le hace los mandados al estado profundo norteamericano, está siendo “soberano”- no es una.
En fin, para mí todo está bastante claro. El poder viejo y sus rutinas emocionales, siguen intentando oponer al “súper rico ultraderechista Elon Musk” y al “estado soberano defensor del pueblo brasileño”, encarnado en Lula, un político “de izquierda” que encabezó un régimen tan corrupto y ladrón como los anteriores “de derecha”, y tan débil por ello, que no tiene más remedio que hocicar. Para eso robaron las elecciones y lo pusieron ahí: para que se calle la boca y haga el payaso bananero en The Guardian, obedeciendo a los que tienen las pruebas de la corrupción de su gobierno. El verdadero mandamás de Brasil, correa directa de transmisión de las órdenes del estado profundo norteamericano, es De Moraes. Así le va.
Sorprendentemente -y de un modo que me provocó tristeza- en lugar de retroceder -como De Moraes- y reconocer que el estado no es el defensor de la libertad, y que la soberanía nacional no existe, el Dr. Sarthou vuelve a la carga para explicarnos lo que todos vemos en Brasil, de modo de tranquilizar a quienes aún quieren seguir negando lo nuevo y esperando que lo viejo vuelva a controlarlo todo.
La esencia de su última nota es inventar un agente misterioso que lo explica todo. Ese agente -nadie lo conocía ni lo había mencionado, hasta que Sarthou es el único en el mundo que se dio cuenta del truco- es una tal fundación Atlas. ¿Qué papel cumple la tal “fundación Atlas” en el argumento de Sarthou? Muy simple. Es la que nos explica que los malos de la ultraderecha son muy distintos a los malos de la izquierda en el poder globalista, y que lo que vemos en Brasil se reduce a una lucha de dos bandos, que sería entre “la izquierda” y “la derecha”. No digo que simbólicamente mucha gente no siga expresándose y pensando así. Y mucho menos digo que no haya bandos entre los ricos -y mucho más que dos bandos. Lo que digo es que proponer de nuevo esa explicación es superimponer la mirada vieja a problemas nuevos, es seguir evitando el problema interesante, es volver a la visión banal de que los que tienen plata siempre lucharon por el poder… Efectivamente, los materialistas del mundo, y los que piensan que para entender algo solo deben reducirlo a sus componentes económicos, pensarán que todo lo que está pasando se explica porque hay dos bandos de ricos (la “fundación Atlas” contra el “foro de Davos”, según el Dr. Sarthou), que usan las ideologías para echarle polvo en los ojos a la gente y de ese modo repartirse el mundo.
En suma, lo que hace Sarthou es cambiar el eje de este intenso presente, y volver a ponerlo donde estaba antes. En lugar de entender que esta es una disputa por cómo se canalizan los poderes de la nueva tecnología, y que si se permite que se despliegue su potencial liberador la gente terminará llevándose puestos a todos estos poderosos según el orden viejo de control, Sarthou quiere que leamos todo lo que pasa en el estilo viejo: como una lucha entre una “derecha” y una “izquierda” dentro del “poder global”.
No creo que lo piense, pero su mencionada nota última -que va y que viene, y oscila, y dice pero no dice- sirve a lo viejo. Bajo su aspecto hiperracional y mesurado, es una nota esencialmente tranquilizadora. Sigue ocultando el problema nuevo, en nombre de problemas y lecturas viejas. Conceptos como “soberanía nacional” son un insulto, cuando se nos presenta a De Moraes, cuando hace lo que le manda el deep state, como un soberanista con un “buen argumento”. ¿Es en serio esto?
¿Cerrar X, y que ni una voz de protesta se levante en todo el mundo “oficial” norteamericano cuando Brasil confisca las cuentas de Starlink, una empresa norteamericana ligada al complejo militar industrial con activa participación, por ejemplo, dando cobertura satelital a la inteligencia ucraniana en la presente guerra?
Antes, cuando un gobernante latinoamericano confiscaba bienes de corporaciones norteamericanas muchísimo menos importantes que Starlink, había un portaaviones en la costa al rato. Ahora el poder real en Estados Unidos aplaude. POR SUPUESTO que la discusión está en Estados Unidos, y en la próxima elección, inminente.
El Dr. Sarthou no sabe o no recuerda que la elección de 2020 en EEUU fue un fraude inmenso, y que la de Brasil en 2022 también lo fue. Mi lectura es muy distinta a la del Dr. Sarthou. Él cree que todos los ricos son lo mismo, por el mero hecho de serlo, y que la libertad de expresión en internet es un tema menor, que responde a discusiones ideológicas clásicas (ricos vs pobres, estado nación vs. globalismo, izquierda vs. derecha). Yo, en cambio, creo que las opciones de sociedad y libertad de conciencia y expresión que la nueva tecnología posibilita cambiarán todo ese mapa. Sin hacer desaparecer la riqueza, ni su concentración, permiten al mismo tiempo una constante descentralización y emprendedurismo alternativo que no puede ser controlado por los mastodontes hiperconcentrados. Y yo creí que Rusia, en este diferendo, se iba a poner del lado de De Moraes y Lula, del lado de la censura. ¿Por qué? Porque el estado es estado, con independencia de los intereses geopolíticos que defienda. Y aunque Rusia tenga intereses geopolíticos opuestos a los de Estados Unidos, y los defienda con las armas, no va a defender fácilmente ninguna forma en que lo nuevo domine sobre lo viejo -y el estado ruso sigue siendo un estado viejo, por supuesto. Por eso, vi confirmada mi posición cuando leí alguna nota de RT que defiende a De Moraes y habla boludeces sobre la soberanía nacional de Brasil -sin olvidar, además, que Musk es un enemigo de Rusia por haber apoyado a Ucrania con Starlink.
En fin, nuestras diferencias con el Dr. Sarthou son de mucho volumen, y no tienen por qué asombrar a nadie, pues vienen de distintas filosofías y lecturas de las cosas. Cuando en una discusión privada hace unos días -no creo cometer una grave infidencia aquí- le mencioné al Dr. Sarthou, como mero ejemplo de lo que puede propiciar la nueva tecnología de información en relación a los negocios, que la concentración del negocio del café en grandes cadenas como Starbucks había propiciado, en Montevideo, la aparición de más cafeterías de calidad que nunca antes (le dije: “Por cada Starbucks surgen 10 cafeterías chiquitas de buen café“), él me respondió: “Lo de las 10 cafeterías chicas es ilusión“. Yo le respondí que podía invitarlo a tomar un café en cualquiera de las nuevas…
Quizá, en esencia, esa es la clave de mi diferencia de visión con el Dr. Sarthou. Esta diferencia de visión sobre el futuro, implica a no dudarlo una diferencia de visión sobre el pasado también. Podría entrar en largas contestaciones y recontestaciones sobre muchos otros aspectos de lo que cree el Dr. Sarthou -sobre que el estado es “una mera herramienta” que no tiene ninguna voluntad ni agenda propia; sobre que el estado actual es algo totalmente distinto e independiente estructuralmente del gobierno, y que bastaría elegir mejores políticos para cambiarlo; sobre que, dice el Dr. Sarthou, yo me dejo confundir por los términos, y que el estado profundo no es estado, así como el agua Jane no es agua… (*)
En su penúltima y trabajosa réplica, el Dr. Sarthou se burla de mi visión sobre el rol de la escala en la posibilidad de establecimiento de una ética comunitaria auténtica, y dice que nada vendrá, en materia de cambio social, de “rezar ni meditar” ni de ninguna buena voluntad espiritual. En fin, es respetable todo, y nunca he dudado en público ni en privado de la buena voluntad de Hoenir Sarthou. Incluso, es respetable no entender una jota de lo que intenta decir el otro. Estamos en un momento donde todo está cambiando, y todos nos equivocaremos mucho sobre el futuro. Mi visión es que cambiará -más temprano o más tarde- en el sentido de generar una sociedad distinta, más libre, más atomizada para bien, y esto ocurrirá en contra de todos los supuestos de organización del poder en base a información centralizada, que han sido una de las marcas de la modernidad.
Otras cosas de la modernidad persistirán, porque han sido avances que la humanidad ha adoptado y quiere. Pero no ese. Nadie quiere que un Alexandre de Moraes le diga lo que puede leer, hacer, o decir. A Sarthou le parece que quizá sí, puesto que se trata nada más que de una disputa lejana entre poderosos donde lo esencial es la plata, y la libertad de expresión es instrumental a eso. Yo digo que no, y que lo esencial no es la plata. Lo mismo dice Durov, que tiene toda la plata que hay para tener, y yo le creo totalmente a Durov. Seré un romántico, quizás…
En todo esto hay mucho dinero en juego, qué duda cabe. Quizá el plan de Musk al proponer y defender la libertad de expresión sea ganar un amplio sector del mercado para, luego, hacer de X una red social como la china WeChat, donde no solo se habla sino que se hace todo lo demás. Si ese fuera el plan, en su momento discutiríamos la forma concreta que tome. Quizá una red global con tecnología blockchain para finanzas, y libertad de expresión garantida del mismo modo (si los problemas de energía con el blockchain se superasen), sea exactamente todo lo que la sociedad occidental necesitaría para comerciar y organizarse al margen del control impositivo y censorial de los estados. ¿Alguien cree que esa sería una alternativa peor a lo que tenemos hoy?
El problema no es el dinero y su concentración, como sigue creyendo todo materialista viejo. El problema es la conexión entre poder material y control del discurso. Porque la libertad reside en la posibilidad interior de comprender por uno mismo y operar socialmente en consecuencia, cosa que está conectada a la libertad de contenidos públicos. Hasta ahora el poder económico ha controlado con bastante eficiencia la conciencia de la gente, manipulando su sentido de la realidad. Liberarse de esa manipulación es la única lucha que tiene sentido, y ni siquiera -como lo digo siempre- se reduce a la política, y mucho menos a la ideología, sino que es una lucha por el poder fundamental de la humanidad, que está en la potencialidad de su interior consciente, y de su autoridad interior.
* nota bene: en el agua jane hay normalmente un 4% más o menos de cloro activo, en forma de hipoclorito de sodio. El resto, efectivamente, es agua. Agradezco el gol en contra del Dr. Sarthou en bien de la brevedad argumental, y respondo que la proporción de agua en el agua jane es igual, más o menos, a la proporción que hay de estado en el estado profundo. Recomiendo leer Peter Dale Scott, Aaron Good, Sheldon Wolin o aun el ya muy antiguo y siempre excelente C. Wright Mills para esto que digo).
Todos, mal o bien, somos un poco románticos. Es así que de inmediato surgieron análisis que abanderaron a Elon Musk como paladín de la libertad de expresión, y al Juez Alexandre De Moraes (y a Lula, que lo respalda) como un dictadorzuelo cagatintas, autoritario a golpes de sentencia. También surgieron otros análisis, que ven a Musk como un derechista reaccionario, racista, discriminador y misógino, y a De Moraes (y a Lula) como izquierdistas- progresistas que protegen a la sensibilidad diversa e inclusiva.
¿Qué hay de cierto en esos enfoques maniqueos? ¿Sirven para entender realmente lo que está pasando entre Brasil y la red “X”?
Es cierto que, por su omnipresente presencia en los medios masivos y en los discursos públicos, uno tiende a asociar al poder económico de alcance global con el Foro Económico Mundial y su agenda 2030. Sin embargo, no todos los poderosos ni todos los think tanks de este mundo entonan ese discurso. De hecho, hay organizaciones, como la fundación o red “Atlas”, o “Atlas Network” (su nombre en inglés), que entonan uno en apariencia bastante distinto.
Atlas Network fue fundada en 1981 en EEUU por el inglés Sir Anthony Fraser, en su momento propulsor de Margaret Tatcher, y aparece muy ligada financiera e ideológicamente al grupo económico de los hermanos Koch, millonarios ultraliberales en economía y archiconservadores en todo lo demás.
Atlas está concebido como un tanque de ideas y una red destinada a promover en el mundo las políticas de libertad de mercado y de limitación de la intervención estatal. Su estrategia es conectar y financiar grupos y personas capaces de replicar nuevas fundaciones y tanques de ideas de corte ultra liberal. También ha financiado a líderes políticos como Javier Milei, Mauricio Macri y Sebastián Piñera. Y es notorio, observando las publicaciones directas y de medios conectados con Atlas, su aliento a Elon Musk, quien a su vez ha respaldado a Donald Trump, y aparentemente contribuido a financiar a Milei, a Piñera, a Erdogan, y no ha ocultado su simpatía por Bolsonaro.
¿Puede decirse que la élite económica global tiene ahora una pata izquierda y una derecha?
Desde que Musk se hizo con el control de Twitter, fue evidente que había atrás de esa decisión una intencionalidad política, en particular respecto a la política estadounidense. Musk avaló esa impresión publicando todos los mensajes que la anterior conducción de Twitter había censurado, empezando por los de Donald Trump, que, siendo presidente de los EEUU, había sido bloqueado en Twitter.
¿Estoy sosteniendo que Musk es un liberal a ultranza y un partidario de la libertad irrestricta de comunicación?
No, no me atrevería. Musk es un gran empresario. Es probable que haya detectado un nicho bastante abandonado en el mercado del tráfico de influencias políticas. El Foro Económico Mundial y sus figuras visibles, Schwab, Soros, Gates, y sus voceros políticos, como Barack Obama y los Clinton, patentaron la estrategia de operar en el mundo a través de partidos, gobiernos e instituciones supuestamente “de izquierda”. Toda su agenda está diseñada para captar esa sensibilidad, seguramente porque es más fácil operar y hacer negocios avalados por fuerzas pretendidamente críticas del capital. Como consecuencia, es común que los gobernantes económicamente liberales y políticamente conservadores se presenten como distantes de la agenda del Foro. ¿Es muy loco suponer que Musk haya detectado esa veta y busque adquirir influencia sobre esos gobernantes medio huérfanos?
Su trato con Milei parece indicarlo. Lo apoyó, lo financió, lo visitó y le propuso comprar el litio argentino. No lo digo yo. Lo dijo el propio Milei. O sea, distinto discurso y distintas alianzas, pero un mismo objetivo: recursos naturales valiosos.
Aun en caso de que Musk, por la razón que sea, haya resuelto explotar ese nicho del mercado, no hay que creer que él y sus rivales de la pata global “progresista” se dejan llevar por locas pasiones. Basta ver la lista de aportantes a Atlas y la integración del capital accionario de Tesla, para percibir que Musk, sus patrocinadores y sus supuestos rivales, incluida Mark “Metaberg” son socios. Podrán competir y disputar sobre Trump, sobre el calentamiento global, sobre la censura y sobre los viajes al espacio, pero son socios de negocios y tienen intereses similares, como lo deja en claro lo planteado a Milei.
Vuelvo al tema inicial. ¿Qué llevó al juez De Moraes (y a Lula) a bloquear a Musk-X?
Formalmente, De Moraes tiene un buen argumento. La ley brasileña obliga a las empresas extranjeras que operan en Brasil a tener representantes responsables en el país. Y Musk retiró los que tenía y se niega a nombrar nuevos. Pero cualquiera comprende que esa no es la verdadera razón del conflicto.
Si De Moraes quisiera garantizar la libertad de expresión y de información de los brasileños, tendría que apretar y bloquear a YouTube, a Facebook, a TikTok y a cuanta red social anda por allí. Ya que todas ellas censuran contenidos o eliminan a sus usuarios si insisten con temas álgidos, como la pandemia, las vacunas o el cambio climático. Paradójicamente, De Moraes no se metió con ninguna de ellas, sino que bloqueó a X por permitir la difusión de “discursos de odio”, o nazis, o de “atacantes virtuales”.
Curiosa noción de la libertad de expresión la de De Moraes, que tolera el derecho de las redes a bloquear a sus usuarios y se preocupa porque una de ellas no los bloquea. Entiéndase bien, no niego que tenga el derecho a exigir que X tenga responsables en Brasil. Digo que sorprende que no mueva un dedo cuando otras redes sociales vulneran descaradamente la libertad de expresión y de información de los brasileños.
Insisto: ¿qué mueve realmente a De Moraes- Lula a la guerra contra Musk X? ¿Creen ustedes en ellos como una especie de Don Quijote (y Sancho Panza) que embisten contra los molinos de viento globales y contra los 22 millones de usuarios de X en Brasil? ¿Por qué no temen que, la prensa, los organismos de derechos humanos, los relatores de la ONU y las cortes internacionales intervengan y los pulvericen preventiva e internacionalmente? ¿Actúan por su cuenta o tienen algún respaldo y estímulo detrás?
Señalo algunas coincidencias. Este año hay elecciones en los EEUU. En las pasadas elecciones de los EEUU hubo boicot empresarial generalizado contra Facebook, porque Zuckerberg se negaba a censurar los “discursos nazis y de odio” de los partidarios de Trump. Zuckerberg se aflojó y censuró, y después siguió censurando a quien cuestionara la pandemia. Trump perdió. Musk anunció que compraría Twitter. Trump anunció que volvería a postularse. Obama y los Clinton hicieron extrañas advertencias sobre el peligro de la “desinformación” y de “discursos de odio” en las redes sociales y propusieron censura. Trump volvió a postularse. Musk desproscribió a Trump. De Moraes-Lula bloquean a Musk-X y lo acusan de tolerar contenidos “nazis y discursos de odio”. Ni la ONU, ni las cortes internacionales, ni el gobierno de EEUU, ni la prensa, ni los organismos de derechos humanos dicen una palabra crítica.
¿Pueden sacar ustedes alguna conclusión?
Yo saco algunas: 1) En el Olimpo económico global, sobre todo entre los dioses menores, puede haber algunas diferencias y alguna que otra cornada, aunque la sangre no llegue al río. 2) Los Estados sí tienen los medios técnicos para bloquear a las redes, incluso por satélite, y podrían imponerles el respeto a la legislación nacional, en especial la prohibición de eliminar unilateralmente contenidos y usuarios. 3) La mayoría de los gobernantes no usan ese poder, salvo cuando hacen mandados y tienen algún colchón importante de respaldo. 4) Por alguna razón, hay intereses poderosos que no quieren a Trump en el gobierno de los EEUU, ni a Musk-X haciendo campaña por él. 4) Lo de Brasil puede ser apenas la inauguración de un campeonato que se jugará y se definirá en otras canchas.