Qué curioso que el eslogan del programa Séptimo Día (canal 12) aquí analizado, que enuncia con bríos su conductor sea “la mesa de debate más grande de la tele uruguaya.” Aparentemente, ni siquiera ese descomunal tamaño mediático alcanza para que pueda debatirse sobre algo tan vital como la emergencia sanitaria del pasado tan reciente.
Propongo aquí la existencia del Efecto Truman-Fantino (de aquí en adelante: ETF) cuya designación evoca el Efecto Dunning-Kruger, a saber, el sesgo a sobreestimar el conocimiento propio en un ámbito del que no se sabe mucho o lo suficiente.
El ETF alude a dos momentos mediáticos. En el film El Show de Truman (Weir, 1998), el protagonista Truman Burbank ha vivido una mentira desde su nacimiento hace 30 años, lo rodean actores y extras, en un mundo creado como un Reality show para filmarlo 24 horas 7 días por semana. En el ficticio pueblo isleño de Seahaven – literalmente refugio marino – la vida entera transcurre en torno al único ser genuino, quien ignora que vive una trama diseñada para entretener con su periplo vital constantemente guionado. Un momento decisivo de su descubrimiento de la falsedad de su vida ocurre cuando frustrado Truman confronta a quien actúa como su esposa, mientras ella publicita la cocoa que le ofrece, y la mujer aterrada grita al techo, donde hay cámaras ocultas: “¡Socorro!” Así llega el fin del descomunal engaño de tres décadas, el tiempo de su paso por ese vasto estudio de televisión que Truman confundió con la Tierra. La parte ‘Fantino’ del efecto ETF refiere a una reacción similar pero de cancelación que se originó en un programa periodístico en vivo de la televisión argentina. Escribí en 2021 en eXtramuros sobre el impacto que sufre el conductor del programa Intratables, cuando el epidemiólogo invitado a esa amable y previsible tertulia a fines del segundo año de N.S.P, Nuestra Sacrosanitaria Pandemia, no le responde al conductor, Fantino, como éste junto a todo el sistema mediático esperaban. El médico articula con claridad meridiana basada en datos una contundente crítica de la política sanitaria – “es peor que la pandemia” – desde el lugar del saber, y saca de quicio al pobre Fantino. Se crispa y en un momento, mientras mira hacia el cielo televisual, exclama: “¡Yo lo quiero dejar al aire establecido que estoy totalmente en contra de lo que está diciendo!” No hace falta imaginar una orden fulminante que le habría llegado al conductor por su discreto audífono: ¡Tenés que hundir a ese impresentable! Alcanza y sobra con ver a esta criatura de la fauna comunicadora luchar con ahínco por su sustento al aire, en vivo y en directo. Por eso, acto seguido, Fantino eleva la apuesta e increpa al epidemiólogo invitado: “¡Yo lo quiero condenar, perdón doc, te respeto eh!” Como le señala el médico Mario Borini, es una extraña clase de respeto la que lo desacredita y hasta abomina de él, como si fuera un revival de la Santa Inquisición.
Pocos episodios mediáticos revelan con tanta nitidez el régimen de cancelación instantánea y la sumisión absoluta del cuerpo periodístico, en el tiempo pandémico. La analogía con el efecto Dunning-Kruger se basa en el vivir en un universo cognitivo ajeno a lo real, que exige la supresión de cualquier hecho o evidencia que cuestione sus creencias, difundidas por la máquina mediática. Veremos en un programa periodístico reciente, la defensa dogmática de un supuesto saber experto unida a la cancelación inmediata de voces disidentes. Los periodistas hablan desde un saber a prueba de dudas y de críticas; ellos creen saber mucho más de lo que efectivamente saben. Y por eso no dudan en arremeter con vigor contra quienes traen una información discordante con el dogma pandémico. Que eso ocurra en un contexto político-electoral marginal aporta un interés adicional a este fenómeno. El mensaje pospandémico es que todos deberíamos disfrutar sin chistar de la vida apacible e incuestionada en el apacible refugio marino de Seahaven, una extensión a todo el planeta del estudio camuflado diseñado para engañar a Truman, quien como lo indica su nombre es el (único) hombre verdadero. Toda protesta será sofocada por el agente (des)informativo Fantino de turno, como se constata en un momento del programa televisivo Séptimo Día, del domingo 22 de setiembre de 2024 (Teledoce, 21.45).
Nanopartidos del mundo sean bienvenidos -o cómo diluir la disidencia pospandémica
En otra elección presidencial, le dediqué una columna a las agrupaciones políticas marginales, que acumulan el número mínimo suficiente de votos para poder estar, muy al costado, de los partidos que cuentan con masivo apoyo y la visibilidad que les da una costosa campaña electoral como los medios mandan. Así como las nanopartículas – miden apenas la millonésima parte de un milímetro – partidos como los cinco convocados esa noche al periodístico televisivo (1), son invisibles e inaudibles para la mayoría de la opinión pública, sus propuestas sólo llegan a un muy pequeño grupo. Están allí porque en la elección interna han conseguido al menos 500 votos, el mínimo exigido por la ley electoral para que integren el universo de lo elegible en octubre de ese año. Lo que justifica la presencia de los protagonistas de lo que el programa tituló “Debate con los presidenciables por fuera de los bloques principales” aparece tempranamente en una proyección donde vemos el conteo de votos que recibió cada uno de estos nano o microcandidatos (2). Nada pone más en evidencia su condición de extrema marginalidad que el pedido inicial del conductor, Mariano López, a los dos periopanelistas presentes, quiere que ellos “expliquen por qué llegaron (ellos) hasta acá”. Un signo espacial que ratifica el carácter excéntrico de los invitados es que Leonardo Haberkorn y Natalia Uval fueron ubicados en el medio de la mesa en herradura donde se sientan los cinco nanocandidatos. Parece que fueran los intérpretes necesarios para traducir algo casi incomprensible: su existencia tan lejos de la presidencia y tan cerca de lo inverosímil, como titulé mi análisis de ese curioso microcomponente de la campaña electoral de 2019.
Cinco años después sobreviven dos de los integrantes de la nanopolítica de aquel momento, C. Vega y G. Salle, los otros tres son nuevos y es claro que no ha cambiado su retórica contestaria y periférica. Uno de ellos encarna a la perfección la intemperie drástica de su propuesta, mientras que el nombre del partido del otro revela lo esencial de un impedimento político o contrariedad no sólo cuantitativo sino cualitativo. Empiezo por el segundo: Partido Ecologista Radical Intransigente (PERI). En 2024, los tres periodistas de Séptimo día reiteran todo lo posible ese atributo anti-parlamentario: lo intransigente. Ellos preguntan o mejor comentan que se llevaría muy mal con la disposición negociadora para contar con el apoyo legislativo necesario para aprobar una ley. También cabe mencionar que en el único aviso que encontré del PERI, su candidato pedía el voto por la “lista de la hormiga”. A lo intransigente hay que sumar lo insólito de la petición. Ser legislador intransigente es un oxímoron, es decir, la reunión de términos opuestos, incompatibles. Sobre el primero, Gustavo Salle (Partido Identidad Soberana) hace tiempo escribí un ensayo aquí donde lo describo como un bonzo, alguien que decide autoinmolarse, y filmar ese acto para difundirlo en sus redes sociales. Esa su forma tan peculiar de atacar el sistema es la que anima todas sus intervenciones ante las cámaras de Séptimo Día. Parecen estruendosos golpes de timbal lanzados con la máxima amplificación, como si este candidato quisiera asegurarse de que su posición marginal en el mapa electoral resulte aún más excéntrica. Este es un botón de muestra:
G. Salle: “¡Porque si tenemos un presidente de la república que debería estar preso, y tenemos un candidato a la presidencia de la república que debería estar entre rejas, si tuvimos gobiernos del Frente Amplio que los denuncié, y que deberían haber terminado presos, y no terminaron presos por el golpe de Estado técnico que oportunamente dio toda la clase política, para poder saquear todo el país y entregarlo a las grandes corporaciones extranjeras como está entregado, allí tenemos los problemas fundamentales!”
En contraste, el proyecto de cerrar el Senado, una medida extrema y seguramente no grata para los actores principales de la contienda electoral, algo así como repartir agua bendita entre vampiros, es extremo y marginal, pero lo apoyan los cinco nanopartidos presentes en la televisión ese día. Su sueño los ratifica como sólo pasibles de conseguir una ínfima representación en el Parlamento, nada más. Sirve evocar un análisis de Foucault (1970) sobre los límites del discurso verdadero: “Se puede decir la verdad siempre que se diga en el espacio de una exterioridad salvaje; pero no se está en la verdad más que obedeciendo a las reglas de una ‘policía’ discursiva que se debe reactivar en cada uno de sus discursos.” Estos cinco ejecutantes de un muy pequeño pero estruendoso tambor, pueden decir la verdad, pues su espacio, en efecto, es un páramo. Aunque los obliga una regla electoral a presentarse como imposibles e irrisorios candidatos a presidente, a sabiendas de que arañando podrían conseguir un diputado, ese requisito los vuelve ante la opinión pública en seres exóticos, y les facilita enunciar sin temor esos signos verdaderos. Se debe terminar con el gasto del Senado, porque no es más que un inútil y pomposo legado del tiempo de los lores y los comunes en Gran Bretaña, afirma uno de los micropolíticos presentes. La policía discursiva no puede detenerlos, porque su trayectoria ya está detenida por su casi invisible ubicación en la cartografía del poder político real. Mi comentario no debería interpretarse como de rechazo o desdén hacia estas figuras. Por el contrario, desde su espacio inverosímil, los nanopartidos encarnan lo que perdió la izquierda, la derecha, o el centro, en su desmedido afán por lograr y perdurar en el poder, por obtener el mayor poder electoral posible. Desde el descontento o la ira, el cinismo o la pureza ideológica, a los nanopartidos no los une el amor a sus convicciones, sino el espanto ante el sistema. Y es desde su condición excéntrica, quimérica que cada intervención suya haría persignarse asustado al espectador mesocrático promedio, si la nuestra fuera una nación religiosa.
Hasta ahí nada nuevo con respecto a lo que analicé en 2019 sobre el nanopartidismo en aquella elección. Pero hubo una novedad fuerte en el medio, y eso irrumpió como un imparable torrente en medio del desarrollo esperable y casi anodino del programa, por el carril tan obvio de su conducción. Una de las dos periopanelistas de la mesa se lanzó de modo inesperado e involuntariamente genuino a salir al cruce, de forma casi airada, a una afirmación de Salle. Citaré el intercambio que condujo a ese explosivo quiebre de lo inverosímil tedioso por previsible, que dejó entrar una ráfaga de verdad, que de inmediato se intentó sofocar, reprimir, cancelar. El tertuliperiodista L. Haberkorn procuró sacar el mayor rédito del uso de la expresión “la casta” por parte de varios de los candidatos. Nada más oportuno, él debe haber pensado, que “MILEIFICAR” a los nanocandidatos, para que su condición de freaks o seres raros del universo electoral quedase aún más en evidencia para el público televisivo:
G. Salle:“¡La operación más importante de dominación y de exterminio y de genocidio que se llevó adelante en este país, que fue la vacunación criminal e ilegal tuvo en Identidad Soberana el único partido que llevó adelante un procedimiento judicial! ¡Y obtuvo una sentencia maravillosa comentada en el mundo entero que fue la sentencia de Recarey, que salvó a miles de niños uruguayos ante un procedimiento de la elite perversa que trajo inoculaciones ilegales para matar gente, como está matando!”
Así, sin previo aviso asoma su nada bienvenida figura la (pos) pandemia, el convidado de piedra que sólo Vega había mencionado de modo crítico antes, sin que hubiera eco alguno, como “LA PLANDEMIA”. Inevitablemente, el periodista percibe que es el momento oportuno para asestar una estocada que reduzca aún más la dimensión real de los nanocandidatos, y también asumir con tranquila comodidad el papel de phrónimos, de la persona que encarne la prudencia (phrónesis), una virtud vecina de la sabiduría, según lo explica Aubenque (1999), en ese bizarro intercambio con los marginales de la política electoral:
L. Haberkorn:“Veo una crítica furibunda contra el elenco político, la casta como la llaman varios de Uds. Ahora… es lo que la gente vota! El 90% de los votos van a la suma de la coalición…”
Le responde Salle con más vehemencia, si cabe imaginar esa intensidad retórica, y habla de la “manipulación, los medios hegemónicos” que en su totalidad “estuvieron de acuerdo con el genocidio de las vacunas”. Su nueva intervención opera como la batiseñal para que haga su entrada como prudente la otra tertuperiodista:
N. Uval: “Perdón, Mariano, pero tenía que hacer dos acotaciones porque fuimos aludidos de alguna manera los medios hegemónicos, y en realidad lo que hubo acá fue muchas personas que difundieron desinformación en la pandemia, desinformación y que eso afecta la salud de las personas, y me parece que… no puedo dejarlo pasar simplemente, ¿no? Y en segundo lugar también hay un discurso antipolítica, estamos acá ante personas que quieren llegar al parlamento, o sea, quieren formar parte de la casta política. Hago simplemente estas acotaciones.”
Y ya se escucha la voz de Vega que tampoco “puede dejarlo pasar simplemente. La única mujer presente ese día había permanecido casi en silencio hasta entonces, y ahora profirió dos cosas: una obvia, en lo que no me detendré, porque ya lo había usado su colega de mesa – la acusación de incurrir en vil mileísmo de la mayoría de los invitados, con su crítica al sistema político. Me interesa más, en cambio, su primera denuncia, en la que no nombra a los responsables, pero cuya identidad es fácil detectar. Quienes serían culpables, según Uval, de desinformar y dañar el bienestar de “las personas” serían Vega y Salle, porque fueron los únicos que hablaron del asunto. La actitud de quien los acusa oscila entre una visible satisfacción de lo que anticipa es un golpe letal contra lo que está convencida fue considerado exorbitante por el público, y la severidad que conviene a la grave acusación que hizo. A pesar del muy visible cartel que desde el fondo de la escenografía anuncia DEBATE TOTAL, como la característica del programa, considero que sólo los cuatro huracanados minutos que sobrevienen a la acusación merecen ese calificativo. A partir de ese momento, se vuelve casi imposible oír y seguir los dichos de los dos políticos aludidos por la mujer, porque a la cacofonía del decir simultáneo, se suman los vehementes esfuerzos por defender el periodismo de López y Uval. Es entonces que podemos contemplar en todo su maléfico esplendor la acción del Efecto Truman-Fantino.
Voy a concentrarme en las intervenciones de los periodistas heridos en el honor, porque ilustran el ETF, pero además porque a duras penas se puede escuchar las intervenciones de Vega y Salle, quienes lanzan datos de muertes por vacunación de muchísimos efectos secundarios de las vacunas de Pfizer contra la Covid-19, y otros argumentos. El conductor, con tono indignado replica que “están diciendo cosas sin pruebas”. Quien tiró la piedra pandémica, la mujer del grupo, hace un curioso aviso. “no vamos a poder hacer un debate sobre (la pandemia), este no es el tiempo ni el espacio”. López vuelve a la carga: “¡Pero los periodistas entrevistamos a científicos durante toda la pandemia!”. Procura así negarle el derecho a Salle de criticar la política sanitaria en ese tiempo, cuando quiere justificar el hecho innegable de que todo disidente estaba excluido de los medios dominantes. Dice que los invitados “eran médicos y Salle es abogado”. Todo indica que el conductor de Séptimo Día encontró perfecta su defensa acérrima de la cancelación por el bien de la población, pues retoma el ataque amparado por la entrada masiva de la ciencia al estudio de televisión: “¡Durante la pandemia entrevistamos a inmunólogos, virólogos, epidemiólogos! ¡A los científicos más respetables de Uruguay! ¡Por favor!” Su airada intervención recibe el apoyo incondicional de la periodista: “¡A gente que estudia!”. Ella aprovecha para reiterar su acusación, pero ahora sí la dirige a Vega: “¡Ud. está desinformando frente a la comunidad científica, la mayoría de los científicos!”. Ante lo que evidentemente consideran los tertuperiodistas es una batalla ganada, L. Haberkorn decide asestar el remate a los vencidos: “Sin embargo todos los pronósticos catastrofistas de Uds. no se cumplieron.”
Tal como lo expresó Uval, en nombre de la corporación informativa seria y sabia, ella “no pudo dejarlo pasar simplemente”. Toda disidencia del relato oficial pandémico será castigada y estigmatizada con el rótulo de disparate desinformativo. Cuando esa palabra perturbadora del orden público y de la buena salud colectiva proviene de los nanopartidos, el ETF es mucho más potente. Aunque sólo dos de los cinco micropolíticos invitados hicieron duras críticas de las medidas tomadas en pandemia, el aura negativa, marginal del conjunto les sirvió para estigmatizar y negar datos y juicios sobre los errores cometidos por el gobierno durante la emergencia sanitaria. Apenas un vigésimo de la duración total de Séptimo Día, más de ochenta minutos de aire, fue el dedicado a una actividad que se asemeja a un verdadero debate. En ese muy breve tiempo, fueron cancelados por marginales los juicios, datos y evaluación que provino de dos representantes de la nanopolítica electoral. Invito a los lectores a contemplar no sólo el contraataque y las palabras defensivas del periodismo presente, sino los signos elocuentes de sus cuerpos, la notoria crispación que les produjo esa salida del guion previsto y seguramente imaginado por los responsables del programa. Una cosa es criticar el sistema político del modo más virulento, y otra muy distinta es aprovechar esa rara oportunidad de aparecer en el tiempo central, durante el prime time de la televisión, para hablar de lo que fue suprimido por ese medio tan celosamente desde marzo de 2020 hasta hoy.
En el final del brevísimo debate con los minicandidatos, el exasperado conductor le espetó a Salle, cuando éste impugnó las virtudes del asesoramiento científico oficial (“Una ciencia comprada! Una ciencia mercenaria!”): “¡No! ¡No! ¡Lo de Ud. es una opinión!” Y en ese instante, sin quererlo, él consiguió la quizás más justa intervención del microcandidato de Identidad Soberana: “Una opinión que por primera vez que puedo dar (esa opinión) aquí, eh?”. No es lo mismo enunciar esas ideas en el horario central de la televisión uruguaya, que decirlas para un pequeño grupo de convencidos desde un rincón recóndito de las redes sociales.
En eso consiste, precisamente, el Efecto Truman-Fantino: la estrategia de fomentar y prolongar la ilusión de que vivimos en el mejor – o el peor – mundo posible, que es el que nos brindan generosa y desinteresadamente los medios macizos, con el potente respaldo del gobierno y de la Ciencia Oficial. Es un mundo del que se ha extirpado toda posible duda sobre la excelencia ajena a toda crítica de la política sanitaria el que de forma unánime el universo mediático se encarga de representar y de difundir sin pausa. Por supuesto, lo hacen en una modalidad autoritaria, monológica, es decir, no sólo sin que exista un solo debate, sino con un enorme esfuerzo para que esa flagrante ausencia de diálogo democrático, libre no se perciba. Por el contrario, formaría parte de las bondades del control gubernamental, basado en un férreo control globalizado, el evitarnos la intranquilizante tarea de pensar demasiado en las múltiples interrogantes pandémicas sin respuesta, y entregarnos sólo la información que nos sirve para que podamos sortear un desafío tan tremendo como el satánico SARS-CoV-2.
Epílogo: por qué es tan aborrecible el Efecto Truman-Fantino
¿Y tendrán razón estos tres prudentes profesionales representantes del periodismo nacional en ese programa dominical? ¿Será todo un delirio, un síntoma de la extrema marginalidad de estos dos agentes del nanopartidismo electoral, lo que se dedicaron a criticar tan vivamente sobre la política sanitaria?
Nada mejor que alejarse de las orillas del Río de la Plata, y aterrizar en un país serio, formal, insospechado en lo que a corrupción o desinformación gubernamental se refiere. A raíz de la tenaz y siniestra persecución de un escritor satírico norteamericano que vive hace muchos años en Berlín, salió a la luz, por fin en un medio de comunicación hegemónico, normal, impreso y leído por buena parte de la población alemana, como el Berliner Zeitung, la injusticia de ese ataque jurídico fuera de la ley. Y también, en esa nota, hay mención de grandes irregularidades, de abusos y mentiras cometidas de modo sistemático por el Estado alemán durante la pandemia en lo que a información sanitaria se refiere. Esa novedad –divulgada también por eXtramuros hace un mes– ocurrió gracias a la fuga de información de un funcionario del prestigioso Robert Koch Institut, una agencia científica estatal dedicada al control y prevención de la enfermedad. Dado que ésta se encuentra bajo la órbita del Ministerio de Salud, lo que fue revelado en gran cantidad de documentos es que mandatos como el del uso obligatorio de la máscara o tapabocas no sólo carecía de todo fundamento científico, sino que incluso los expertos de esa agencia no lo aconsejaban por diversos motivos. Pero el gobierno alemán decidió que lo volvería obligatorio y para eso en diversas oportunidades, a su antojo, calló la voz de la ciencia. Y ese fue el motivo por el cual un ex funcionario de dicha agencia, filtró esa información al público, para que la desinformación infligida a la población alemana se conociera.
Esa información es parte de una interesante columna de la jueza Dra. Clivia von Dewitz, que fue publicada en el diario Berliner Zeitung el 21 de setiembre de 2024, con el título “Jueza sobre el caso de CJ Hopkins: usar comparaciones nazis contra la política Covid ¿es eso permitido? Nuestra autora escribió su doctorado sobre la prohibición de las insignias nazis”. La palabra de esta jueza no sólo tiene el respaldo de su conocimiento experto de la ley, sino que se nos informa que su tesis doctoral trata sobre la prohibición del uso de las insignias o banderas nazis en Alemania. Tras haber sido declarado inocente en un juicio que el Estado alemán le hizo al escritor Hopkins por haber enviado dos tuits en los que había una ilustración donde se vía debajo del tapabocas una esvástica, otra corte más severa aún, que juzga casos de terrorismo, lo enjuiciará nuevamente el día 30 de setiembre, de este año. Transcribo un par de comentarios de la jueza von Dewitz que explican lo que debería ser obvio y de sentido común, pero que ella demuestra en base a la constitución de su país, a las leyes relacionadas con la libertad de expresión y la libertad de criticar al gobierno.
Me limitaré a citar aquí uno de los argumentos que la jueza alemana esgrime para señalar la injusticia cometida:
“La crítica del Estado expresada en los dos posteos mediante el uso de la esvástica claramente no glorifica al régimen nazi. Por el contrario, el acusado está usando el simbolismo nazi para advertir contra un estilo totalitario de gobierno. Esto puede parecer extremo, pero si se considera las acciones del gobierno durante el período Corona, la muy severa crítica es por lo menos comprensible.”
A continuación, la autora se refiere al contenido de los informes del Robert Koch Institut que fueron filtrados a la prensa, en los que se puede saber “que el gobierno ordenó una parte considerable de las restricciones a los derechos fundamentales entre 2020 y 2022, no en la base de datos científicos, sin por cálculo político.”. Esto haría necesario, en la opinión de la jueza, “una nueva evaluación de las acciones del gobierno” en la pandemia. Y las publicaciones del escritor norteamericano residente en Berlín CJ Hopkins son una relevante contribución a ese debate incipiente en Alemania.
Ninguna de esas oscuras nubes en el límpido cielo pospandémico perturba la absoluta confianza y seguridad del cuerpo periodístico local, como podemos apreciarlo en las intervenciones de los tres representantes que actúan en el programa Séptimo Día aquí analizado. Afortunadamente, los medios en los que ellos y todos los demás trabajan no han dedicado espacio alguno a estas revelaciones, ni a la interpelación del Dr. Fauci, zar norteamericano de la salud pública en EEUU durante la pandemia. Si lo hubieran hecho, el público general hubiese conocido de primera mano confesiones no muy diferentes a las que se conocieron en Alemania de este importante operador pandémico. En eso consiste pues el Efecto Truman-Fantino, en el trabajo incesante del sistema mediático local y global por negar y suprimir a como dé lugar toda irrupción informativa que atente contra la narrativa consolidada por esos medios sobre la pandemia. Qué curioso que el eslogan del programa Séptimo Día que enuncia con bríos su conductor sea “la mesa de debate más grande de la tele uruguaya.” Aparentemente, ni siquiera ese descomunal tamaño mediático alcanza para que pueda debatirse sobre algo tan vital como la emergencia sanitaria del pasado tan reciente.
Notas
(1) Por orden de aparición los candidatos a la presidencia invitados son: Guillermo Franchi, partido Por los Cambios Necesarios, Gonzalo Martínez, del lema Asamblea Popular, partido Unidad Popular Frente de Trabajadores, Martín Pérez Banchero, partido Avanzar Republicano, Gustavo Salle, partido Identidad Soberana, y en último lugar el único que ya ocupa un espacio en el sistema político, “el diputado César Vega, Partido Ecologista Radical Intransigente”. Se nos informa que faltó con aviso Eduardo Lust, el candidato del Partido Constitucionalista.
(2) La cantidad oscila entre 4732 para Identidad Soberana y 577 de Avanzar Republicano. El mínimo necesario para competir en octubre son 500 votos.
Referencias y Material de los medios
Aubenque, P. (1999/1963). La prudencia en Aristóteles. Barcelona Grijalbo/ Mondadori.
Foucault, M. (1970). El Orden del Discurso. Barcelona: Tusquets
– Programa Séptimo Día (Teledoce, 22.09.2024, 21.45) “Debate con los presidenciables por fuera de los bloques principales”:
– La 1ª. parte dura aproximadamente 16’ y está disponible en: (https://www.youtube.com/watch?v=2-HvyqRZW3s);
– La 2ª. parte es en la que ocurre el Efecto Truman-Fantino, dura aproximadamente 53’: https://www.youtube.com/watch?v=xN6VWjKSDlA&t=1s
-La 3ª. y última parte dura casi 15’: https://www.youtube.com/watch?v=9_Qf6Y9O_cI&t=1s
– “Tan lejos de la Presidencia y tan cerca de lo inverosímil (o los pequeños partidos hacia Octubre 2019). Columna de análisis electoral, Programa radial En Perspectiva, 24.10.2019 (https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/entrevistas/la-mirada-semiotica-la-campana-politica-iii-tan-lejos-la-presidencia-tan-cerca-lo-inverosimil/)
– Columna de CJ Hopkins en Substack (22.09.2024): “Political Justice in New Normal Germany” Disponible en:
https://cjhopkins.substack.com/p/political-justice-in-new-normal-germany
– “Judge on the CJ Hopkins Case: Using Nazi Comparisons Against Covid Policy – Is That Allowed? Columna de la Dra. Clivia von Dewitz publicada en alemán, en el diario berlinés Berliner Zeitung, (21.09.2024)