Cinco días después del balotaje, los uruguayos nos enteramos que la Intendencia de Montevideo está fundida. No hay plata para pagar los sueldos ni a los proveedores, en el corto plazo. Un día antes del balotaje, el 23 de noviembre, la comuna otorgó una partida excepcional por única vez a cada uno de sus funcionarios presupuestados por 25.000 pesos. El pago surge del convenio entre el organismo y ADEOM, firmado en abril de 2021.
Respecto a la difícil situación económica de la intendencia, gobernada por el Frente Amplio desde hace 35 años, se ha informado que sus principales jerarcas, solicitaron ayuda a su partido político y en especial al MPP, para obtener los recursos necesarios. La Intendencia de Montevideo recauda más de 2 millones de dólares por día. Distintas fuentes estiman que un 90 % de sus ingresos se va en salarios y gastos de funcionamiento. Las fuentes también indican que sería inminente un nuevo aumento de impuestos para poder financiar dichos gastos, así como una reducción en los servicios de limpieza y recolección de residuos. Cinco días después del balotaje, el futuro ministro de Economía, Gabriel Oddone, dice que se va a mantener la edad para jubilarse en los 65 años, lo que fue aprobado en la ley de reforma de la seguridad social elaborada por el actual gobierno y ratificado por la ciudadanía al oponerse un 61,2 % a su derogación, en el plebiscito.
El Frente Amplio y el PIT CNT prometieron derogar dicha ley y, contra todo lo que sucede en estos tiempos en el mundo, mantener la edad en los 60 años. El presidente electo, Yamandú Orsi, había viajado a Brasil a agradecer el fuerte apoyo del presidente Lula Da Silva durante la campaña electoral, coincidiendo justo con la peor crisis económica del vecino país en décadas. Orsi, en conferencia de prensa al regresar, desmintió lo dicho por su ministro designado, manifestando "yo soy el presidente", para luego agregar que "lo deseable es que la edad de jubilación, tal como establece el programa del Frente Amplio, sea a los 60 años".
Lo deseable.
Si hay una fórmula verdaderamente triunfadora en el periplo electoral de este año, no es la de Orsi-Cosse, ni, por supuesto, la de Delgado-Ripoll.
La realmente ganadora es la dupla Mujica-Lacalle.
Presentarlos como fórmula electoral es un chistecito. Lo que no es chiste es el efecto que sus respectivas estrategias y el resultado han tenido sobre la imagen y el poder político de uno y otro.
El caso Mujica no requiere mucha explicación. Se dio el gusto de proponer el candidato del FA, lograr que ganara la interna, armar la fórmula con o sin “repuesto”, lograr que el MPP arrasara en la elección parlamentaria y finalmente que Orsi fuera electo presidente. No cabe duda de que, mientras Mujica viva, su opinión no podrá ser desoída por nadie.
El caso Lacalle es un poco menos evidente, pero no menos rotundo.
Muchos podrán creer que la derrota de su partido, luego de los cinco años de su gobierno, es una derrota también para Lacalle. Están equivocados. Basta ver que los índices de aprobación a su persona no siguen el descenso de los de su partido. Al contrario.
Leyendo políticamente los resultados, que es como los leerán las dirigencias intermedias de todos los partidos de la Coalición Republicana, el Partido Nacional y la Coalición ganaron con Lacalle y perdieron sin Lacalle. Todo lo demás es literatura. Esa base es una plataforma más que suficiente y casi segura para la candidatura 2029 del propio Lacalle.
Imaginen la situación si hubiesen ganado Delgado-Ripoll. Cinco años de Lacalle como primer senador oficialista, formalmente sometido al Presidente, obligado a defender al gobierno pase lo que pase, sin posibilidad de criticar ni de distanciarse, pagando en definitiva el desgaste acumulado de diez años de gobierno.
En cambio, miren el escenario que se avecina. Cinco años en que Lacalle oficiará como senador y jefe indiscutido de la oposición. Sin ataduras, con las manos y la lengua libres para negociar cargos y políticas, y para criticar todo lo que quiera, con las cámaras y micrófonos a disposición. Es difícil imaginar una situación más cómoda para cualquier político, ni una desde la que sea más fácil y natural postularse para un nuevo período presidencial.
Percibiendo eso, uno se explica un poco mejor cosas inexplicables. Como que Delgado fuese el candidato señalado por el dedo presidencial desde hace varios años. O la inverosímil designación de Ripoll (ex comunista, sindicalista, advenediza recién convertida en blanca) como candidata a vice. Y la postulación del propio Lacalle como senador con cargo seguro.
Hasta aquí lo anecdótico del período electoral. Porque, si vamos un poquito más a fondo, el resultado de la elección puede resumirse en una muy breve frase: un país sin proyecto, o, aún peor, un país con proyectos ajenos. Pero a eso hay que sumarle el “factor Mujica”, cosa que puede ser importante, o al menos espectacular (aunque no en el mejor sentido de la palabra).
El futuro ministro de Economía, Gabriel Oddone, asesor del BID y del Banco Mundial, socio del Estudio CPA Ferrere, tiene experiencia y está consustanciado con el asesoramiento a los principales “inversores” extranjeros que medran en nuestro país.
Nada sorprendente hay en lo anunciado por Oddone. La política económica de los próximos cinco años será la misma que tenemos hoy y la que sufrimos desde hace décadas. Tendrá como Norte la expectativa de “atraer inversión extranjera”, expresión que, como lo indica la experiencia de las últimas décadas, debe leerse como “entregar gratis recursos estratégicos sin cobrar ni siquiera los impuestos”. La ausencia de un proyecto económico ´propio es la contracara de ese condicionamiento a la inversión extranjera, que en definitiva le deja a esos inversores la iniciativa económica, y por ende la política y social.
Incluso en los planes para la enseñanza se percibe lo mismo. La manida idea de “coordinar” la enseñanza con las necesidades empresariales equivale a condicionar todo, incluida la cabeza de los niños y jóvenes, a las demandas de intereses externos.
Sin embargo, el Frente Amplio ganó las elecciones bajo la convicción popular de que su gobierno sería de mayor atención a las necesidades de los trabajadores y de los sectores sociales sumergidos. El discurso programático del FA justifica esa creencia con un paquete de medidas asistencialistas que, obviamente, en la medida en que no hay un proyecto propio de generación de riqueza, se financiará con mayor endeudamiento público. En suma, pan para hoy, y hambre para mañana. Pero, claro, para el que tiene hambre hoy, no hay mañana. Y eso explica en buena medida el resultado electoral.
Lo verdaderamente sorprendente es que un gobierno dominado por el MPP, heredero de la tradición de “liberación nacional y popular” del MLN, postule a alguien con el perfil de Oddone para regir la economía. Porque a nadie escapa que el nombre de Oddone tuvo que pasar por el filtro de Mujica antes de ser hecho público.
Bueno, sorprendente hasta por ahí nomás.
¿Se acuerdan del famoso relato del “gobierno en disputa” que se estableció cuando Mujica era presidente y Astori y su equipo dirigían la economía? ¿Recuerdan lo de los “equipos económicos paralelos”, que supuestamente funcionaron en esa época?
A Mujica eso le rindió, porque le permitió que el programa económico fuera el de Astori, que contaba con la confianza del sistema financiero nacional e internacional, en tanto él, siendo presidente, oficiaba de “rebelde y popular”, y hasta de opositor a la política económica, diciéndoles a los directores de entes y servicios del Estado que “gastaran más”.
¿Intenta Mujica reeditar con Orsi y Oddone ese relato esquizofrénico, del ministro de economía malo-reaccionario, y el presidente bueno-popular, que tanto le rindió durante su gobierno y que todavía hoy le permite seguir ganando elecciones?
Conociendo el paño, no sería raro.