21.DIC24 | PostaPorteña 2448

MANGIONE: el “VENGADOR” solitario que DIO DE BAJA a Brian Thomson

Por Benelli

 

En Colombia y desde hace tiempo, los organismos represivos que actúan en nombre del estado utilizan un cruel eufemismo para dar a conocer cuando acaban con la vida de una o más personas: “dar de baja”. Se aplica indistintamente, tanto si la víctima es integrante de un grupo guerrillero, como si revista en las filas de una organización dedicada al tráfico de drogas, o ejerce otro tipo de actividad considerada ilícita. Naturalmente, cuando la cuestión se plantea a la inversa -o sea que la persona abatida pertenece al ejército o a la policía-, la forma de comunicar cambia radicalmente humanizando el discurso.

Y justamente, por considerar que estoy situado en la otra vereda, opuesta a la que transitan los cuerpos represivos de cualquier país y a los efectos de abordar el tema que me ocupa, elijo aplicar el mismo eufemismo.

Brian Thompson, CEO -o director ejecutivo- de United HealthCare, la aseguradora de salud más grande de los Estados Unidos recibió tres disparos letales a las 6:45’ del día 4 de diciembre cuando se dirigía a una conferencia de inversores en pleno centro de Manhattan. Los casquillos de los proyectiles encontrados en el lugar tenían grabadas las palabras que representan las tres reglas fundamentales aplicadas por este tipo de corporaciones dedicadas al negocio de la salud: “NEGAR, DEFENDER, POSPONER”.

Un par de días más tarde, la policía de Pensilvania detuvo al sospechoso dedar de bajaa Thompson, Luigi Mangione, un joven de veintiséis años perteneciente a una influyente y adinerada familia de Baltimore dedicada al negocio inmobiliario y a la administración de centros residenciales para ancianos. Por otra parte, Mangione cuenta con un historial brillante como estudiante en un colegio de elite y en una prestigiosa universidad.

Más allá de las razones de índole personal que lo motivaron a actuar así -se dice que, desde hace algún tiempo, el joven venía sufriendo de severos dolores en su espalda-, lo cierto es que ese acto suyo sirvió para desencadenar una catarata de reacciones a nivel popular entre las que predominaba muy claramente la rabia acumulada en contra de las aseguradoras de salud.

 No es para menos si se considera el accionar de este tipo de organizaciones como la United HealthCare que ofician de intermediarias o, si se quiere, de reguladorasde todo lo que el profesional médico prescribe y lo que el paciente recibe -o no-.  Justamente, la base de las enormes ganancias que generan reside, primero, en la negación-muy especialmente de aquellos medicamentos de alto costo-; luego sobreviene la segunda premisa:defenderse legalmente de los eventuales juicios iniciados por los perjudicados -a cargo, claro está, de los importantes estudios de abogados que les representan-, por lo que esas dos etapas conducen a una tercera y definitiva que consiste en darle largas al asunto sin considerar los aspectos humanitarios de quienes padecen una dolencia.

Sin dejar de considerar las características que diferencian al sistema de salud que rige en los Estados Unidos de Norteamérica de los de otros países -en particular de nuestra región-,bien puede afirmarse que las políticas de los administradores de salud tienen mucho en común. Tanto allá como aquí -con mayor o menor participación del estado en conjunción con lo privado-, la negación de insumos vitales para preservar la salud de los ciudadanos es lo que prevalece. En el largo proceso al que se ve enfrentada la paciente víctima, su condición se deteriora dramáticamente al punto que, en muchísimos casos, deja de existir.Y así, para los mercaderes de eso que llaman Salud, “colorín, colorado, este cuento se ha acabado”.

Tal la siniestra lógica de un negocio que involucra tanto a funcionarios de gobierno, como a empresarios médicos, burócratas y despiadados leguleyos; para todos, el dolor de otros no tiene rostro y, en cambio, supone engordar el bolsillo. Y por si existieran dudas de lo expuesto, me remito a un extenso artículo que, concerniente al caso que nos ocupa, publicó por estas horas el renombrado cineasta y activista Michael Moore. En su agudo e inteligente análisis, Moore se encarga de exponer una serie de cifras que resultan elocuentes; por ejemplo, al decir pagamos más gente para negar atención médica que para brindarla; contamos con un millón de médicos para encargarse de la salud de nuestra gente y, por otro lado, financiamos a un millón cuatrocientos mil individuos insensibles que, desde sus cubículos, se encargan de negarla.”

Está claro que esta infame ingeniería de nuestro tiempo también aplica para otros rubros y actividades, como ser el darle largas a los reclamos laborales por haberes generados -en especial cuando finaliza un vínculo laboral-. En eso, a la cabeza, están las que en Uruguay son denominadas empresastercerizadas”, pero eso bien puede ser motivo para otro artículo; hoy decidí concentrarme en el acto consumado por ese joven que, de acuerdo con un manifiesto que portaba y en el que criticaba a la industria de la atención médica, eligió ejecutar una venganza en representación de millones de compatriotasdando de baja” a un asesino serial como, sin dudas, era Thompson.

Naturalmente que en las altas esferas del sector empresarial al que pertenecía ese empresario se reaccionó con dolor y afectación;“un padre ejemplar, amoroso y dedicado, buen colega y amigo, mejor esposo...” Bla, bla, bla… Lo de siempre.

A decir verdad, esas muestras sentimentales no dan para conmoverse. Lo mismo podría haberse dicho -en cualquier época de la Historia- de cualquier profesional dedicado a administrar la muerte.¿O, acaso, el frío uniformado encargado de aplicar la inyección letal para un condenado no continúa con su existencia de manera normal? ¿Y qué decir de los verdugos de la antigüedad o de quienes eran los responsables de manejar la guillotina o el garrote-vil? Seguramente, también podían ser padres y esposos amorosos o buenos amigos. Esa gente -si así se le puede llamar- hacía su trabajo de manera casi mecánica y ni ellos ni nadie se los cuestionaba.

Y continúo citando a Michael Moore: Luego de la muerte de este CEO de la United HealthCare -la más grande de todas esas compañías aseguradoras que superan, cada una, el billón de dólares- se produjo una explosión de ira para con la industria de las empresas aseguradoras de la salud. Entonces, aparecieron algunos que se ocuparon de condenar esa rabia incontenible. Yo no soy uno de ellos. Esa rabia es 1000% justificada y hace rato que está hirviendo. No es nueva y debería ser tarea de los medios de prensa ocuparse de la misma. No voy a ser yo quien la desactive ni voy a pedirle a la gente que se calle. Al contrario, quiero volcar gasolina en el incendio de esa ira.”

Si bien se debe admitir que la eliminación de un CEO -o de cualquier otro jerarca de la industria de la salud- no basta para solucionar el infame funcionamiento instalado sin ningún pudor tanto en los Estados Unidos como en el resto del continente, al menos sirve como toque de alerta para los mandamases de los servicios médicos, así como también para exponer -una vez más-la grave problemática que a todos afecta y que, por lo que se ve, ningún gobierno está dispuesto a modificar y mucho menos a dar de baja a los efectos de instrumentar un servicio de salud eficiente, equitativo y que, en lugar de beneficiar a quienes integran la corporación médica, esté verdaderamente comprometido con servir a la comunidad.

Benelli


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