Ningún espectador y/o ciudadano se entera mucho de lo que pasa en ese mundo secreto de la antimateria financiera que gobierna desde las sombras. E incluso si te enteras y denuncias lo que pasa, serás acusado de ser un “complotista”…, “eso de que los bancos controlan todo… es una idea de derechas” …, es “populismo”, eso de la “plutocracia” también ¡Miré que imaginarse que vivimos bajo la dictadura del dinero falso!¡Se traga la flexibilización cuantitativa como sabiduría de economista! ¡Como se traga el antiinflamatorio que te da el medico confiando en la ciencia, sin siquiera saber lo que contiene, ni comprender que te revienta! ¡Te están matando, están genocidando a la humanidad y a todo lo vivo del planeta entero…y seguís tragando antiinflamatorios…y “flexibilizaciones bancarias” …, también por nuestro bien!
Revista Comunismo 68 -2019
1) Toda la historia de la humanidad es falsa, falsos sistemas, falsos progresos, falsas explicaciones, falsos líderes, falsos dioses, falsos santos, falsos enemigos, falsas guerras, falsas victorias, falsas víctimas…
“La historia la hacen los ganadores” dice el refrán popular y se confirma por todas las puntas.
Por ello, basta con preguntarse,” ¿quiénes son los ganadores?”, para saber quién fue construyendo esa historia falsa, durante miles de años, para poder responder no solo al “quien”, sino también al sentido de esa falsificación. Los ganadores de la historia, son quienes tienen todo el dinero del mundo y todo el poder del mundo.
Dinero y Poder son en realidad el mismo ser histórico, visto desde ángulos diferenciados (económico/ideológico, militar/represivo…) y que no es otro que lo que históricamente se ha llamado capital. La historia se ha falsificado, invariantemente, en función de los intereses del capital y el Estado, del desarrollo mismo de la opresión y de la explotación de los humanos.
2) Es como aquello, de que “Dios creó al hombre a su imagen y semejanza”. En realidad, fue al revés, siempre es y fue, al revés: “fue el hombre que creó a dios a su imagen y semejanza”.
Pero, incluso esta última afirmación, tiene mucho de falsa. Pues, el hombre en general no existe, es una idealización del individuo concreto hecha por sí mismo (narcisismo). El hombre es en realidad una idealización del individuo de la sociedad burguesa, depurado de su miseria real. Más todavía, es una construcción ideológica de las religiones y/o ciencias sociales hecha a partir del “hombre” capitalista, que es el único que tiene el libre albedrío y toda la mierda destilada por la ciencia oficial sobre la libertad, igualdad y fraternidad.
En realidad, lo que se llama “hombre” es un producto histórico muy posterior al invento de dios y la realidad del dinero (dios=dinero) y, por lo tanto, también resulta absurdo decir, con el materialismo vulgar, el hombre creó a dios. Como ha demostrado la crítica proletaria de la economía política, el hombre de la igualdad, libertad y fraternidad, es a la vez un fruto histórico social de la destrucción de la comunidad humana, de la separación del hombre de la naturaleza, de la explotación, opresión y despotismo seculares.
¡Hasta la “libertad” tiene en la historia, un significado totalmente diferente a la falsedad que hoy nos cuentan! La “liberación”, la creación del hombre libre de comprar y vender, es producto de un largo proceso histórico de terrorismo de estado para separar a los seres humanos de su comunidad y de la naturaleza, que conduce a la privación de los humanos de todo medio de subsistencia. Solo así el capitalismo fue creando el individuo libre, desposeyéndolo, proletarizándolo, y que, por eso, no tiene más remedio que vender su fuerza de trabajo para subsistir.
¡Cuánto más desposeído es, más libre de vender su vida al capital para subsistir! ¡En realidad es un esclavo, que se ignora! Su situación ha empeorado tanto que se muestra mucho menos consciente de su esclavitud, por su sumisión a la ideología democrática, que el esclavo a secas.
Pero la trampa ideológica es todavía más perversa. Cuando se habla del hombre y ciudadano libre, sin comillas, no se está hablando del esclavo (asalariado o no), sino que, al contrario, se está hablando del burgués, del hombre adinerado, del poder, del que tiene la libertad real de comprar y vender cosas y gente y no del que es vendido como una cosa.
Es la ideología mercantil que, sobre la base de que el explotado, también puede comprar y vender y es “libre” de elegir siempre que, por supuesto, como desposeído, haya vendido bien lo único que tiene (sea el producto de su trabajo, sea su fuerza de trabajo).
La falsificación está en la realidad social y hace del derecho la cínica falsificación de lo que sucede en la vida real. La igualdad, libertad y fraternidad que se establecen como formalización de la generalización mercantil, hace abstracción de la explotación y dominación de clase, existente en la historia real y establece como ley de la igualdad, libertad y fraternidad, lo que, en realidad es explotación, opresión, dominación.
Más, cuando el historiador, el economista… habla del “hombre”; no piensa nunca en el esclavo, sino en el capitalista, en el plutócrata. Las leyes del mercado perfecto de la economía política (competencia perfecta, tanto en la economía política clásica como en la vulgar) y en particular la ley del valor trabajo, se basan exclusivamente en ese hombre libre, que solo existe en la ideología de la clase dominante.
Se hace abstracción de la vida social real, de la verdadera historia de la humanidad. En el mercado ideal, el esclavo no existe, los tres palos de la tortura del trabajo tampoco, por eso la actividad productiva de los humanos puede presentarse como fuente del valor, no solo de uso, sino del valor a secas.
De ahí viene la absurda idea de que, en el origen el dinero era una mercancía como todas las otras, como si el valor hubiese surgido del intercambio de iguales y su desarrollo. En vez de la historia real, la economía política construye una religión de la historia (cuya máxima expresión será luego el marxismo leninismo) en donde el mercado de iguales sería el sujeto de todo y el dinero fuese solo el equivalente general que ese mercado produce para el cambio. De verdadero sujeto de la historia, el valor, el capital pasa a ser así, en ese reino de los cielos, el resultado del cambio de iguales.
Se esconde así totalmente que, el dinero, desde su origen, no es solo medio (de pago, de cuenta, de circulación…), sino fin en sí mismo (objetivo), una relación social, una “falsa” comunidad entre los seres humanos y verdadero sujeto de la historia. La historia no es únicamente la historia de la lucha de clases como dijeron los clásicos, sino la historia de la sumisión de la humanidad a dicho sujeto: el capital y a su poder organizado (el Estado, en el sentido profundo de dicho concepto).
Todo ese cúmulo de mentiras se reproduce en forma ampliada, como punto de arranque de la economía política y del intercambio mercantil capitalista, en donde, según dicen, la mercancía tendría un doble aspecto (como por casualidad igualitario), valor de uso y valor de cambio basado en el trabajo.
Nosotros no partimos de la existencia de dios creando al hombre, por lo que rechazamos igualmente ese punto de partida del intercambio de iguales de la mercancía y la confusión deliberada y fetichista de lo que es el intercambio de cosas el que produce el dinero.
Bien por el contrario, es el dinero, el valor valorizándose, el capital qué, oprimiendo y esclavizando a la humanidad que creará el mercado ficticiamente de iguales. El valor valorizándose secularmente es el que impondrá la dictadura del “libre cambio”, dominando al mundo entero, utilizando, para ello. la guerra, la masacre y el genocidio de toda población humana que no acepte esa dictadura del librecambio imperial.
Incluso partiendo de los objetos mismos que se presentan como mercancías en este putrefacto siglo XXI, podemos descubrir que lo que se valora en esta sociedad no es en absoluto función de las necesidades humanas, sino de la dictadura histórica del valor. Todos absolutamente todos los valores de uso que llegan al mercado hoy no son producidos en función de las necesidades humanas, ni tampoco en base a la producción libre de los humanos, sino por el despotismo absoluto del valor valorizándose, es decir del capital. En cada artículo, objeto o servicio que, dicen ser “útiles” para la humanidad, la realidad mercantil de la dictadura del valor sobre el valor de uso se revela en todo su esplendor y alcance histórico: desde los medios de destrucción masiva, a la comida basura, desde la fabricación de tóxicos al envenenamiento generalizado del medio ambiente, desde Hollywood a Netflix…, hasta en la “cosa misma” …(valor de uso), solo vemos relación de opresión, dominación y esclavitud (valor de cambio, dinero, capital). Todo en la igualdad mercantil es mentira porque el mercado, el valor de uso y el valor de cambio…, no es el principio de nada (más que de la ideología burguesa), sino el resultado de miles de años de dictadura del valor contra los seres humanos, de la opresión histórica de la comunidad del dinero destruyendo toda forma de comunidad realmente humana.
3) Volvamos a la sentencia oficial (“Dios creó al hombre”) y afirmamos claramente que la misma: es pura propaganda. Para decirlo en términos actuales: “fake” puro, pura propaganda para dominar: como crearon la mentira del Diablo (hoy se diría “el relato de”) que te poseía o el virus que te contagiaba.
La función histórica de la creación de los dioses (y sus colegas: diablos y demonios) fue obra del poder y el dinero durante toda la historia de la humanidad.
Claro que, incluso para llegar a esta conclusión, se requiere dejar claro que, los “dioses” de las sociedades de clases, no tienen nada en común con las energías y fuerzas históricas (como la energía cósmica, la tierra, el fuego, el agua, lo femenino/masculino…) que las comunidades humanas “primitivas” (en donde no existían ni las clases, ni el dinero, ni el Estado hacían referencia) “ritualizaban” y qué, los mismísimos poderosos de hoy llaman “dioses de las sociedades primitivas”.
No, esas comunidades, no tenían dioses, no imponían creencias en potencias ajenas a la experiencia de la comunidad, como son los dioses en las sociedades de clases y principalmente el dinero en el monoteísmo. Sino qué, constatando prácticamente qué, esas fuerzas eran los grandes sujetos que regulaban la vida de las comunidades ancestrales, las personificaban (pero no “endiosaban”) para afirmar conscientemente el papel que realmente tenían como sujetos, en la vida en común.
En realidad, los dioses y las religiones en el sentido histórico de las palabras, como poderes superiores y todopoderosos, son creaciones de quienes concentran dinero y poder en todo tipo de sociedades y su función central es encumbrar a esas clases y esos poderosos. Más todavía, el Dinero mismo es invariantemente el Dios de las minorías que se consideran “elegidas por dios” para ejercer su función de aristocracia opresiva. El dios único, el monoteísmo, solo existe adonde el dinero como comunidad se ha hecho dueño de todas las relaciones sociales y que, por consiguiente, la verdadera comunidad humana se encuentra afuera de la misma, en el exterior.
La personificación en las sociedades “anteriores” o “primitivas” qué, la burguesía secular considerará como “religiones primitivas” e identificará con “los dioses paganos” o “barbaros”, no son “dioses”, ni diablos, ni tampoco serán en sí “religiones”. Dichas personificaciones obedecen, por el contrario, a la hermandad, a la familiaridad que sentían y vivían los humanos con las energías del cosmos: madre tierra; comunidad/madre/mar; sol/fuego/hermano/padre; comunidad ancestral (mar/Iemanjà), espíritu común, del mar, del bosque, agua/tierra/hermana fertilidad… Se tratan de las energías y fuerzas naturales que rigen la vida humana y su relación con el micro y el macro cosmos, cuando los humanos no estaban sometidos al dinero, ni al poder de los autoproclamados como “pueblo elegido”, qué invariantemente se trata de la aristocracia, aunque sea presentado secularmente como religión (opio) de todo el pueblo (elegido).
Los “hombres” que crearon a los dioses son exactamente los que habían concentrado el dinero y el poder para eso y pudieron presentarse luego, como semidioses o como representantes de dioses en la tierra: como las leyendas fundadoras de todas las sociedades de clase de la historia. Por lo que aquellos “hombres” no eran tampoco cualquier hombre, sino clases propietarias, plutocracias, déspotas, príncipes o faraones… todos esclavistas y explotadores.
Lo mismo sucede con “el pueblo elegido por Dios”. En todas partes del mundo, NO fue Dios que eligió a ningún pueblo para oprimir a los otros. La cuestión fue al revés, un grupo de hombres de dinero, una clase social, o la organización de un grupo de oligarcas, organizados para imponer su poder, creó un dios (idealización de la relación misma del Dinero) para autoasignarse el título de “elegido”.
Esa plutocracia consolida su poder siempre y cuando pueda disimularse y asimilarse con un “pueblo”, una “raza”, una “religión”, un “país” ... También aquí se trastoca el sujeto y el predicado. En realidad, tampoco hay un “pueblo elegido”, sino que esa aristocracia producto de la mismísima comunidad del dinero, se abandera con el “pueblo” que va siendo sometido a su comunidad del dinero y, de esa manera, presenta el resultado (racista, nacionalista, sectario, supremacista …) como si fuera el origen secular de toda la vida; el primer motor de la existencia.
Quienes se han ido encumbrando como dinero y representantes de los dioses, o como semidioses, como nombrados y elegidos por los dioses, son exactamente quienes necesitaron falsificar la historia en ese sentido. La historia real es al revés. Son las clases dinerarias (los déspotas y sus cortes, los curas, sacerdotes y monjes, los emisores de dinero, los usureros, los traficantes, los militares y todos sus servicios de inteligencia y represión, …) que inventaron ese dios, que los define a ellos, como pueblo o raza elegido, por ese invento. La sangre azul de la aristocracia es solo un detalle más de lo FALSO erigido en potencia real.
Esta falsificación básica de la historia de la humanidad, por la que se cambia el sujeto de esa historia y se la sitúa en el mundo de los dioses y de los cielos, comienza con la sociedad de clases misma, y sirve, siempre, al dinero y el poder, al capital para consolidarse.
El opio de los pueblos tiene como fundamento, esa trastocación, entre sujeto y predicado; solo así, el sujeto de la opresión se puede esconder como causa divina o de la “naturaleza humana”. Por eso miles de años después, la misma clase explotadora y dominante puede esconder sus crímenes contra la humanidad diciendo que la culpa de la catástrofe que viven los humanos tiene causas “naturales” (“la culpa la tiene el egoísmo de los hombres”) o,” el diablo” (y/o los microorganismos, los agresores que vienen del espacio, o el contagio…). O incluso peor: presentar la lucha histórica de clases contra los usureros, comerciantes y banqueros como luchas racistas y hasta “antisemitas”. Es exactamente así qué, la aristocracia y el Estado mundial del capital en el siglo XX/XXI reinventa en su beneficio toda la historia de la lucha de clases: la resistencia histórica contra la usura, los tributos, la explotación y opresión no serían más que luchas “terroristas”, “racistas”, “antisemitas” …
Con esa misma lógica culpan al “hombre” en general (como con el fake del “calentamiento global”), de “la crisis”. Y, cuando declaran la guerra contra la humanidad para reducir la población mundial, esconden su culpabilidad directa en el crimen y el genocidio culpando a diablos, virus, y pandemias, al mismo tiempo que sus protocolos de dominación aconsejan la creación “cósmica” del “enemigo común” del que vendrá la “unificación de los terrícolas”: proyecto Blue Beam (o proyecto de Iluminación divina del Gobierno mundial instrumentalizado por los gobiernos de las potencias algosajonas e intrumentalizados por la NASA)
4) El verdadero sujeto de la historia de las sociedades de clases ha sido el dinero, el poder que, son dos caras de la misma entidad histórica, el mismo ser común qué (históricamente hemos llamado, también, capital), esclaviza a los humanos.
Claro que, dicho sujeto, juega su papel histórico encarnado en personajes de carne y hueso, que se dicen “humanos” y qué, al mismo tiempo se consideran superiores por su sangre, su raza o por haber sido elegidos por el dinero, es decir su Dios.
¡Como si hasta con eso, se pudiera esconder la explotación y la opresión, verdaderas potencias seculares, como una cualidad humana!
“El poder es dinero, el dinero es poder “. Esta es una máxima válida hoy, como en el inicio mismo de las sociedades de dominación y explotación de clases hace miles de años. En todas partes, quien tiene poder apropia dinero, quien tiene dinero acumula poder. El mundo entero está dirigido por el capital, es decir por el dinero y su poder.
En realidad, el sujeto histórico de la dominación/explotación de todo el género humano, es uno solo, el dinero/poder. La historia de la humanidad es la historia del valor imponiéndose a la enorme variedad de modos de producción locales y, sometiéndolos a todos a la producción de dinero, al capital mundial. Ese despotismo mundial secular se concluirá en los últimos 500/600 años con la dictadura universal del dinero subsumiendo a todas las formas locales de producción, es decir con la subsunción de toda la humanidad en el capital.
Desde el principio de las sociedades de clases, las “cosas” producidas han cambiado muchísimo, la producción material se ha revolucionado cada vez más, pero las relaciones sociales de explotación, opresión y dominación no solo se han mantenido, sino que se hicieron cada vez más esclavistas, tiránicas y despóticas. Más aún, la dictadura del valor contra las necesidades humanas se ha hecho tan despóticas que los “bienes” y servicios, producidos y determinados por esa dictadura son cada vez más ajenos a las necesidades humanas: hoy se producen más medios de intoxicación, envenenamiento, destrucción que medios de vida humana. Peor, los “bienes” (como le gusta llamar a las cosas y servicios los economistas burgueses) no tienen nada de “bienes” para los humanos sino que, son fundamentalmente “males”, medios de destrucción humanos como lo son las armas, las funciones represivas, la industria alimenticia, la agricultura tóxica, la industria química de medicamentos…o más en general todavía medios de deshumanización y domesticación como lo son los ejércitos, las policías, las escuelas, las estructuras estatales de lavado del cerebro, la industria del espectáculo…
GRUPO COMUNISTA INTERNACIONALISTA (GCI) 2024/25
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