f) Las ideas en el campo de las concepciones sistémicas.
En el campo de las ideas sistémicas cabe destacar la personalidad y genio de Francisco de Arango y Parreño que, aunque cierta historiografía en España, por un lado, unos ideologizados contrarrevolucionarios cubanos, por el otro, y algún aislado historiador marxista de la Isla también, lo consideren, respectivamente, parte de los “suyos” (español y/o cubano) no era ninguna de las dos cosas; pese a que la Wikipedia le otorga la nacionalidad española, a lo sumo fue un criollo, que es el hijo de españoles o por extensión europeo nacido en las Américas.
A su accionar y bregar corresponde haber captado como nadie que, después de la destrucción de la colonia azucarera de Haití que provoca la más extraordinaria alza de precios azucareros de la historia, ninguna región reunía las condiciones y estaba en posibilidad de poder sustituirla, como la Isla de Cuba capaz de convertirse en la primera productora de azúcar de caña del mundo. Norteamérica lo intentó con el azúcar de arce, España e Italia con el azúcar de uva, pero ninguna como Cuba fue capaz de dar en poco tiempo y con enorme salto la respuesta precisa: el azúcar de caña.
“No hay que dudarlo la época de nuestra felicidad ha llegado”, llegó a decir Arango; el azúcar, y es preciso reiterarlo, era el primer y más rentable producto del mercado a nivel de toda la economía-mundo capitalista. Lo que se necesitaba era realizar un conjunto de cambios y ejecutar una serie de acciones capaces de aprovechar la nueva ventaja comparativa que la división internacional del trabajo abría sus puertas a Cuba.
Correspondió a Arango y Parreño encabezar y dirigir hacia buen puerto aquella gigantesca y magna tarea, estuvo a la altura de la misma y mejor no pudo hacerlo. Preconizó que para lograrlo se necesitarían entre 500 mil y 600 mil negros esclavos y, no solo viviría lo suficiente para ver realizado su sueño, sino que se ejercitó trayéndolos. Fue un pionero que predicó con el ejemplo.
Organizó un viaje y el mismo lo encabezó para robar conocimientos (hoy se llamaría espionaje industrial) de las regiones más avanzadas en la producción de azúcar, que eran en aquel entonces las colonias inglesas del Caribe; visitó Inglaterra, de la que trajo y aplicó a la producción de azúcar (hasta donde fabricarla con esclavos lo permitía) la máquina de vapor, dándose cuenta que no era un invento con fines específicos, sino un agente general de aplicación múltiple.
Poseía el ingenio más grande del mundo en su tiempo (La Ninfa) de 350 esclavos, pocas empresas en el mundo empleaban tanta cantidad de trabajadores.
Tenía una enorme visión económica, llegó a plantear que de Cuba no debía salir un grano de azúcar que no fuera refino. En la oratoria rompió con todos los cánones vigentes, la época exigía otro genio: el económico práctico. Estas palabras suyas son un botón de muestra: “El cielo no me dotó del talento de la palabra y por grandes que hayan sido los esfuerzos de mi genio no pudo salir de su esfera ni penetrar jamás los respetables lugares en que la admiración y el aplauso reciben al orador. Lejos de la tribuna y lejos a mi pesar de la sublime complacencia de gobernar a los hombres por el encanto de mis frases, no me atrevería a hablar delante de esta asamblea si la constitución fuese otra, pero destinada para ser la escuela del patriotismo y para obrar si es posible sólo por sentimiento no puede pedirme cuenta de la escasez de figuras y agradables epigramas que se nota en mis discursos. Al contrario, conceptúo que somos responsables a la Patria de todos aquellos momentos que robamos a su servicio y empleamos en nuestro lucimiento. Exijo de vuestro deber una declaración formal para que aquí no se hable sino el lenguaje simple del agricultor corriente y que excusando preámbulos y digresiones ociosas nos acercamos al hecho sin el menor rodeo y entramos a su análisis sin otro acompañamiento que el de la buena lógica y el exacto raciocinio”. Tenía mucha razón Félix Varela cuando años después dijo que “aquí sólo hay amor a las cajas de azúcar y a los sacos de café”. Lenin un siglo más tarde lo resumiría con una frase para todos los tiempos: “en materia de negocios los sentimientos sobran”. Esta era el alma y el corazón de los hombres que algunos añoran en Cuba hoy.
Hay un dato que demuestra el elevado nivel cultural y de información que tuvieron los que encabezaron las transformaciones que, en estos años, llevaron a Cuba a estándares mundiales y que, acaso, dentro de los marcos del capitalismo mundial, tal vez nunca más tuvo. Habiendo conocido la experiencia de Edward Jenner sobre la vacunación antivariólica, dado que a fines del siglo XVIII la viruela era la epidemia que más devastaba las dotaciones esclavas (un negro muerto por esta causa era un capital perdido sin haberse amortizado), antes que ningún país en el mundo y mucho antes que la misma se difundiera en Europa, con asombrosa eficiencia procedieron a aplicarla a los negros esclavos, llevando a cabo la primera campaña de vacunación masiva que haya conocido nunca antes el mundo, aunque no se hacía con fines humanitarios, sino económicos. Cuando el 26 de mayo de 1804 arribó al puerto de La Habana la real expedición a cargo del cirujano y médico militar español, doctor Francisco Javier Balmis, para difundir en América las técnicas antivariólicas, se sorprendieron al advertir que éstas ya estaban ampliamente difundidas y practicadas en la colonia de Cuba, algo que la historiografía burguesa española oculta.
Fue tanta las riquezas que generó el azúcar, que alcanzó hasta para el derroche suntuoso, algunos miembros de la clase pudiente se vanaglorian de tener cosas que en España no había, como fue el caso de los watercloset automático que llegaron a instalarse en Cuba antes que estos sanitarios fueran conocidos en Europa. Este ejemplo de ostentación demuestra, no solo que Cuba adelanta a España en la recepción de muchos inventos modernos, sino retrata psicológicamente a una clase social que está en la cima de la división internacional capitalista del trabajo por el nivel de ingresos y apropiación de excedente, además de reforzar su prestigio y crédito porque, como dice Marx, “El lujo pasa a formar parte de los gastos de representación del capital” /5
Dicho lo anterior queremos llamar la atención sobre un aspecto que en ocasiones la literatura marxista no se ha dado cuenta. Por una lado, hay una exaltación, velada o no, de la figura de Arango, al tiempo que se critica el degradado pensamiento de la burguesía (sacarocracia) cubana de fines del siglo XIX, alguno de cuyos miembros (el conde de Pozos Dulces) entusiasmado sobre el sistema Chollet para deshidratar (“desecar”) la caña llega a decir que añoraba “la venturosa época en podamos exportar la caña en trozos”. Arango era alabado pese a ser un redomado esclavista, contribuyó a traer cientos de miles de esclavos (el mismo y su familia fueron activos negreros), pero gracias a eso Cuba llegó a ostentar la posición que tuvo, nunca se le criticó que no lo lograra con obreros asalariados porque, además, no los había; lo que ocurre es que hasta 1820 la producción de azúcar en Cuba, que se hacía con esclavos y una productividad al nivel de los toscos instrumentos de trabajo empleados, no tenía competidor, se realizaba con esclavos pero a tenor con los estándares mundiales de productividad. La situación a partir de mediados de siglo era distinta, la mitad de la producción mundial se hacía con trabajadores asalariados, por ello sobre la base de una más alta tecnificación. Cuba ante la imposibilidad de realizar todas las fases de la producción con obreros asalariados, no podía equipararse técnicamente a la región remolachera europea, la producción cubana se realizaba por debajo de las condiciones normales de producción y con niveles de productividad inferiores a la media mundial del sector. Sin embargo, no tenía ante sí otra opción posible; las mismas cosas que para Arango eran buenas para Morales Lemus 70-80 años después ya no lo eran.
Y no es que esta burguesía que sustituía generacionalmente a la de la época de Arango no lo intentase, por deseos no se paró, y acciones realizó varías, pero no pudo, las condiciones objetivas no le permitieron más, porque las leyes del capitalismo actúan inexorablemente. En ese sentido hicieron muchísimos intentos por desprenderse de la esclavitud, favoreciendo una inmigración para utilizarla como trabajadores asalariados. Emblemático fue el caso de un grupo de catalanes contratados para trabajar en un ingenio en la zona de Camagüey, proyecto que finalmente fracasó; los catalanes encontraron ocupaciones mucho mejor remuneradas en la Villa-ciudad de Puerto Príncipe, otros se transformaron en campesinos por cuenta propia y el resto en artesanos. La intuición de los burgueses cubanos y su olfato para adecuarse a los tiempos era de elogio, pero faltaba lo más importante, el régimen coercitivo militar que obligase a los catalanes a trabajar por un salario “como esclavos” o, para decirlo con lenguaje marxista, se precisaba la existencia de una superpoblación relativa que mantuviese la ley de la oferta y demanda de trabajo, a tono con las necesidades de explotación del capital y eso era lo que no había y no pudieron recrear. Tuvieron que esperar al siglo XX para ello, pero ya era tarde, acaso siempre fue tarde, porque competir con el capitalismo norteamericano en plena pujanza de su poder que lo llevaría a competir años después y ganar la hegemonía en el sistema-mundo capitalista, era francamente una batalla perdida. En ese empeño solo tuvo éxito Fidel Castro, casi un siglo después, aunque favorecido por la existencia de la Unión Soviética y las relaciones no estrictamente capitalistas que estableció con ella.
El mérito de Arango está en que no dejó sin hacer nada de aquello que las condiciones históricas objetivas le permitieron realizar. En cambio, los que le reemplazaron, para haber sido glorificados también tenían que hacer lo que las constricciones objetivas le impedían ejecutar. Por eso Arango fue aclamado y los otros vituperados. Desde el punto de vista anticapitalista ambas generaciones eran deplorables, porque todo tuvo una contrapartida bárbara e inhumana. Quienes vivan en La Habana o la visiten y tengan el gusto de contemplar la majestuosidad del Palacio de Aldama, deben saber, cuando se queden vislumbrados y atónitos al apreciar la belleza de tan resplandeciente edificio, que detrás de la preciosidad de su arquitectura neoclásica, hay algo muy cruel y atroz, el sufrimiento y la muerte de cientos de miles de negros esclavos africanos.
A partir del último tercio del siglo XIX y durante todo el siglo XX hasta la llegada de Fidel Castro al poder, la burguesía cubana tuvo poco margen de maniobra, el accionar implacable de las leyes del capitalismo a nivel de la economía-mundo le dejó poco espacio. La época dorada de Cuba a inicios del siglo XIX en la que llegó a contar con el sector burgués de más alto nivel cultural, consciente, agresivo y moderno (en el sentido capitalista) que conociese América Latina se terminó en el primer tercio de dicho siglo y no volvió jamás.
Alguna literatura marxista ha dicho que la burguesía cubana de etapas posteriores no cumplió con su “misión histórica”; si por ello se entiende que el “desarrollo nacional” independiente es posible en los marcos del sistema-mundo capitalista están equivocados, porque eso es imposible, lo que se desarrolla no son las naciones, sino la economía-mundo. Lo más que puede lograrse en los marcos del capitalismo es mejorar la posición estructural dentro de la división internacional del trabajo reinante, porque los movimientos de ascenso de la periferia a la semiperiferia o de ésta la zona central de la economía-mundo han sido pocos, excepcionales y en algunos casos aislados en el siglo XX motivado por causas geopolíticas.
El otro actor clave en el ámbito de las ideas sistémicas en este periodo fue una figura institucional: la Iglesia católica. Como ya se vio en la entrega anterior, desde el mismo inicio de la conquista/colonización estuvo alineada con los explotadores, justificó el robo de sus tierras y defendió la conversión de los nativos en esclavos amparando todos los crímenes de los explotadores.
Ahora cuando los campos de Cuba se convirtieron en gigantescas plantaciones de caña, sobre la base del trabajo esclavo, la Iglesia católica puso al servicio de la plantocracia esclavista hasta las campanas de las capillas de los ingenios, cumpliendo con ello una doble función religiosa y profana, los complejos y variados toques de la rica liturgia católica se adaptaron a las necesidades de la producción esclavista de azúcar /6
La Iglesia Católica pasó por alto el menosprecio que los productores esclavistas hicieron de la semana de siete días, donde el domingo se destinaba al descanso y asistencia a misa, algo que la liturgia religiosa exige respetar en toda la cristiandad. Pues en las plantaciones de caña de Cuba, la Iglesia Católica consintió un domingo cada diez días, donde la parada no obedecía a una razón religiosa, sino estaba determinada por las condiciones de la producción, que eran aquellos casos en que los instrumentos de producción requerían mantenimiento.
De la misma forma que la Iglesia Católica lo hizo con los indios en la encomienda, para justificar la explotación de los mismos por los encomenderos, ahora lo repitió con los negros esclavizados en las plantaciones, construye un cuerpo de doctrinas justificadoras de la esclavitud. Parte del concepto de que la razón principal por la cual se trae el negro salvaje de África es para redimirle por el trabajo y enseñarle, a través del mismo, el amplio camino de la salvación cristiana, con lo cual el ingenio adquiría un cierto sabor de “templo salvador” y la trata pasaba a ser una bella sociedad misionera. Los capellanes, más que miembros del clero, vinieron a ser asalariados del ingenio.
Para enseñar a los esclavos la religión católica y los preceptos bíblicos no había para los clérigos cubanos, ejemplos más claros que los que el mismo ingenio ofrecía.
“Por ejemplo, la vida es un diario quehacer, un trabajo continuo como el de los negros hacheros que van al monte a cortar leña. La leña cortada se mide en tareas, de las cuales el mayoral lleva cuidadosa cuenta. Jesucristo es así como el mayoral: todo lo apunta, nada se olvida. Un día se acabará el mundo y será como el día de la semana en que se acaba el corte de la leña. Y del mismo modo que el mayoral nos castiga si no hemos hecho las tareas de leña necesarias, Jesucristo nos condena si no hemos cumplido con nuestro deber espiritual”
Pero más gráfico que el Jesucristo-Mayoral anteriormente descrito por lo relumbrante que resulta son las Almas-Azúcar.“El alma limpia, pura, del hombre bueno, del esclavo bueno, es como la azúcar blanca, con sus granos relucientes, sin mezcla de impureza. Pero ninguna alma es así. Todas tienen impureza como la raspadura, o esa azúcar verde que sale de los tachos. Para limpiarla deben ir a la Casa de Purga, como las almas que van al Purgatorio. Las almas totalmente sucias se pierden para siempre, se condenan, como el azúcar quemada que se bota. Pero las buenas van a purgarse, hasta que no quede en sus almas señal alguna de sucio o de pecado, y van al cielo, que es como ir al secadero. ¡Ah!, si hubiese almas tan limpias que no necesiten purgarse, es como si se obtuviera azúcar blanca sin pasar por la Casa de Purga. Esa iría directamente al Secadero-Cielo” /7
Al leer estos argumentos esgrimidos por la Iglesia Católica, para justificar ante los explotados la aceptación racional y/o divina de las bárbaras condiciones a que eran sometidos, en las plantaciones e ingenios de azúcar en la isla de Cuba, estoy tentado a afirmar que los marxistas cuya teoría, no olvidemos, es solo una guía para la acción, deberían estudiar esta funesta aplicación práctica de una teoría reaccionaria, como ejemplo de lo que deberíamos hacer todos en la aplicación de los preceptos marxistas y anticapitalistas, a las condiciones histórico concretas del lugar donde llevemos a cabo nuestra lucha. Está claro que “sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario” (Lenin), pero eso solo no basta, los revolucionarios tenemos que ser creativos, imaginativos e ingeniosos. Parafraseando al Che Guevara y a George Santayana: solo los enemigos han aprendido las lecciones de la historia, nosotros no, y quien no aprenda las lecciones de la historia está condenado a repetirla.
Esas plegarias de la Iglesia Católica, originales sin duda alguna, no fueron “peccata minuta”, realizadas teniendo en cuenta el nivel cultural de aquellos a quienes iban dirigidas y considerando el entorno donde se realizaban para la elección del vocabulario apropiado, contribuyeron durante todo el periodo de barbarie esclavista (jornadas de 16 e incluso 20 horas diarias, 20% de tasa anual de mortalidad, etc.) a mantener controladas las dotaciones esclavas. Dos datos muestran la enorme efectividad de aquellos sermones, que vistos a 200 años de distancia pueden causar risa.
En primer lugar, las rebeliones esclavas fueron mínimas y, si exceptuamos la Conspiración de la Escalera (1843-1844), cuando las hubo fueron aisladas, sin coincidencia entre ellas en espacio y tiempo y, lo más importante, jamás pusieron en peligro la producción de azúcar en la zona del planeta que abastecía al conjunto de la economía-mundo capitalista.
En segundo lugar, hay otra forma de medir la enorme eficacia de aquellas homilías, si tomamos en cuenta que el machete era el instrumento de trabajo que más proliferaba, consideramos que el mismo fue el arma de combate fundamental en la primera guerra de independencia de Cuba (la “carga al machete” fue de las principales formas de lucha de los combatientes cubanos), la relación de fuerzas numérica en los campos desfavorable a los explotadores esclavistas (200-300 esclavos machete en mano vs 2-3 mayorales que los vigilaban) y, ni siquiera aquella correlación adversa puso nunca en peligro aquel sistema bestial de explotación basado en el empleo extremo de la violencia, nos damos cuenta de la enorme importancia del papel de la Iglesia Católica en el acompañamiento de los explotadores, al crear las condiciones óptimas para mantener sumisos, dóciles y obedientes a los explotados.
g) Las ideas en el campo de las concepciones no sistémicas.
Aquí sobresalen dos grandes figuras: José Martí y Antonio Maceo.
Cuando decimos que sus concepciones son no sistémicas en lugar de antisistémicas, la explicación es relativamente sencilla: ninguno de los dos luchaban ni exponían ideas que propusiesen la superación del capitalismo, algo que podía pedírseles, resultaría exagerado y ahistórico; ello no demerita tampoco la dimensión histórica de sus actos, la grandeza de los mismos y la trascendencia de su ideario que ha llegado hasta nuestros días, acompaña al pueblo cubano en la batalla de hoy y son una fuente inagotable de ejemplo e inspiración para futuros combates en la lucha anticapitalista.
La figura más importante del siglo XIX en las ideas progresistas y posiblemente de toda la historia de Cuba junto a Fidel Castro es sin lugar a dudas José Martí, “De América soy hijo, a ella me debo, deme Venezuela en qué servirla, ella tiene en mi un hijo” y “hasta que no se haga andar al indio, no andará bien América”, demuestra que fue incluso mucho más, fue un pensador latinoamericano.
A América Latina le dejó dicho los deberes que aún tenía sin hacer, lo que todavía faltaba o había quedado trunco: “¡Pero así está Bolívar en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado aún en la roca de crear, con el inca al lado y el haz de banderas a los pies; así esta él, calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy; porque Bolívar tiene que hacer en América todavía!”, o aquello que “De la tiranía de España supo salvarse la América española; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia”, alerta que realiza desde su puesto de cronista del diario La Nación, para el que reportaba, desde la primera Conferencia Internacional Americana de Washington.
“Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas”y plantear que lo que había hecho y haría era para “impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”, demuestra que fue un visionario.
“El hombre no tiene ningún derecho especial porque pertenezca a una raza o a otra: dígase hombre, y ya se dicen todos los derechos”y “Todo hombre verdadero debe sentir en su mejilla el golpe dado a cualquier mejilla de otro hombre”, indica que estamos ante un hombre excepcional, que sobrepasa su época, llega a la nuestra y sirve de guía para cualquier empeño futuro en la construcción de una sociedad anticapitalista.
“Y si Cuba proclama su independencia por el mismo derecho que se proclama la República [española], ¿cómo ha de negar la República a Cuba su derecho de ser libre, que es el mismo que ella usó para serlo? ¿Cómo ha de negarse a sí misma la República?”, preguntaba en plan retórico a los republicanos españoles de entonces, una interrogante que conserva toda su vigencia, ante la mal llamada y timorata izquierda republicana española inmanente de hoy.
En discurso en el Liceo Cubano en Tampa, el 26 de noviembre de 1891, uno de los más bellos salidos de su fluido verbo, dejó tal vez su gran ideal, que suena tan bien que más de 130 años después los cubanos la han colgado en su actual Constitución: “Y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: ‘Con todos, y para el bien de todos”. La utopía de su sueño (por la imposibilidad de lograr dentro de la división internacional capitalista del trabajo algo “con todos y para el bien de todos”) no desluce para nada su excelsa figura, que merece la misma consideración que él tuvo para alguien (Carlos Marx) con quien no compartió su mismo punto de vista en ocasión de su muerte “Como se puso del lado de los débiles, merece honor”.
Fue un profeta que sacaba de la historia las lecciones para actuar en el presente y no repetir los errores del pasado: “Pizarro conquistó al Perú cuando Atahualpa guerreaba a Huáscar; Cortés venció a Cuauhtémoc porque Xicoténcatl lo ayudó en la empresa; entró Alvarado en Guatemala porque los quichés rodeaban a los zutujiles. Puesto que la desunión fue nuestra muerte, ¿qué vulgar entendimiento, ni corazón mezquino, ha menester que se le diga que de la unión depende nuestra vida?”.
Imposible de agotar la obra martiana en el exiguo espacio que nos permite un pequeño ensayo, la obra de quien quería echar su suerte “con los pobres de la tierra” podría quedar resumida con ayuda de dos grandes: “el mejor hombre de nuestra raza” (Gabriela Mistral) y “fue sin duda el más genial y el más universal de los políticos cubanos” (Fidel Castro).
El alcance de este hombre es tan grande que su ejemplo ha perdurado y llegado a las generaciones futuras como martirio para los poderosos. El 21 de septiembre de 1953 en el juicio por los sucesos del Moncada fue llamado el doctor Ramiro Arango Alsina, un joven abogado del Partido Auténtico a quien se acusaba de haber sido enlace o contacto entre el expresidente Carlos Prío Socarrás y el doctor Fidel Castro. Para defenderse de la imputación, el señor Arango Alsina solicitó la palabra, y preguntó al abogado Fidel Castro si él (Arango Alsina) era, como se decía, y por lo que se le acusaba, el autor intelectual del asalto al Moncada.
Fidel Castro solicitó de nuevo la palabra y una toga para responder, desde la tarima de los abogados, la pregunta que para exculparse le había hecho el Sr. Arango Alsina: “Nadie debe preocuparse de que lo acusen de ser el autor intelectual de la Revolución, porque el único autor intelectual del asalto al Moncada es José Martí, el Apóstol de nuestra independencia” /8
La otra figura emblemática del siglo XIX cubano fue Antonio Maceo. Siempre se ha pensado en este general de las guerras de independencia de Cuba por su genio, como un gran estratega militar, y sin dudas lo fue, pero José Martí que tenía una gran visión, expresó de él: “Y hay que poner asunto a lo que dice, porque Maceo tiene en la mente tanta fuerza como en el brazo” /9
Su percepción sobre un posible arreglo con España o las intenciones verdaderas del gobierno de los EE UU, no dejan lugar a dudas de la altura de su pensamiento.
“De España no espere nada; siempre nos ha despreciado y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos.
Tampoco espero nada de los americanos; todos debemos fiarlo a nuestro esfuerzo: mejor es subir o caer sin su ayuda, que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso” /10
Sin embargo, lo que lo hace tal vez inmortal para todos los tiempos, fue su actitud el 15 de marzo de 1878, en la entrevista sostenida con el general español Arsenio Martínez Campos debajo de una arboleda de frutales de mangos en Baraguá, allí el general también conocido entre los cubanos como el Titán de Bronce, expresó al pacificador peninsular que no estaba de acuerdo con la Paz del Zanjón, porque en la misma no se plasmaban los dos objetivos por los cuales los cubanos hacían la guerra: la independencia de Cuba y la abolición de la esclavitud, por tanto, la lucha continuaba. Ese hecho histórico se conoce como la Protesta de Baraguá. Martí, como siempre, recogió su verdadero significado y se lo hizo saber en carta dirigida al propio Maceo, el 23 de mayo de 1893: “Precisamente tengo ahora ante mis ojos la Protesta de Baraguá, que es de lo más glorioso de nuestra historia”. Más de un siglo después, aún la épica actitud de Maceo estaba presente en las nuevas generaciones de revolucionarios cubanos, cuando ante el derrumbe del mal llamado sistema socialista en la Unión Soviética y Europa del Este /11, la Cuba socialista ni se rendía ni se doblegaba y se disponía a defender hasta donde pudiera las conquistas del socialismo; Fidel Castro, quien será la figura más importante de Cuba en el siglo XX y comienzos del XXI, redimía el legado histórico del extinto general cubano de Baraguá cuando expresó en aquellas dramáticas circunstancias que “el futuro de Cuba será un eterno Baraguá”
La Protesta de Baraguá puso fin al Pacto del Zanjón. Cuenta la leyenda y la historiografía cubana (no por ello hay que considerarla falsa que, el general Martínez Campos sacó el folleto que contenía las cláusulas de lo pactado en el Zanjón, a lo que el general cubano ripostó “guarde usted ese documento no queremos saber de el”, ante cuya negativa Martínez Campos preguntó “¿Entonces, no nos entendemos?”, terminando la entrevista con la icónica frase de Maceo “No, no nos entendemos”
Quiero dejar aquí constancia que el autor de este trabajo cuando recibió en la escuela (en España) estos contenidos, le preguntó a la profesora de Historia porque no se daba nada sobre la Protesta de Baraguá, de la que conocí por lecturas auxiliares de complementación, a lo cual me respondió: “es que no es un hecho histórico de relevancia”. Profundizando en el tema para este trabajo me doy cuenta por qué la burguesía española, ante la imposibilidad de borrarla, oculta y relega de su historia, como un hecho no significativo a la Protesta de Baraguá protagonizada por Antonio Maceo.
Rodolfo Crespo rodohc21@gmail.com
Notas.
5. Carlos Marx. El Capital. T. I, cap. XXII, epígrafe 3.
6. Al Ave María, a la hora de vísperas y a la hora de oración, se tocaban nueve campanadas. Una campanada o un breve repiqueteo, convocaba al medio día al trabajo al campo. Una sola campanada en la noche era señal de silencio y recogimiento. Dos campanadas era llamada al boyero; tres, al mayoral; toques a rebato indicaban sublevación o incendio en los cañaverales. Moreno Fraginals, Manuel. El Ingenio. Tomo II. Pág. 32.
7. Moreno Fraginals, Manuel. El Ingenio. Tomo I. Pág. 138.
8. El único autor intelectual del asalto al Moncada es José Martí. Marta Rojas. Diario cubano Granma, 20 septiembre 2020. https://www.granma.cu/cuba/2020-09-20/el-unico-autor-intelectual-del-asalto-al-moncada-es-jose-marti-20-09-2020-23-09-34
9. Martí, José. Antonio Maceo, periódico Patria, 6 de octubre de 1893.
10. Maceo, Antonio. El Roble, Pinar del Río, 14 de julio de 1896. Carta al Señor Coronel Federico Pérez.
La primera parte de este ensayo disponible en:
La próxima y última parte abordará el periodo histórico desde 1900 hasta la actualidad