El líder espiritual y político de Alternative für Deutschland ha declarado recientemente, en una entrevista con el multimillonario transhumanista Elon Musk, que su partido no tiene ninguna relación con Adolf Hitler, quien, además, era «comunista» (¡sic!). Se trata de una consideración surrealista, digna de la agenda orwelliana de reescribir la historia para uso y consumo del presente. Sin embargo, la consideración surrealista y también demencial del líder de Alternative für Deutschland merece una consideración crítica, aunque telegráfica, de doble naturaleza. En primer lugar, quod erat demonstrandum, Alternative für Deutschland se confirma una vez más como lo que es: un partido de la derecha neoliberal y atlantista, que hace suyos los teoremas del orden capitalista dominante, en primer lugar el mercado soberano como absoluto e incuestionable y, en segundo lugar, el imperialismo atlantista como su complemento necesario.
Por otra parte, las posiciones de Alternative für Deutschland en relación con la política sanguinaria y genocida de Israel son bastante conocidas: apoyo total, no sólo a la patética subalternidad al Occidente imperialista, que mejor debería llamarse asesinato liberal-atlantista, sino también a la típica aversión del partido teutón al mundo islámico (sin entender, por supuesto, que el enemigo no es el Islam, una religión que resiste, sino el nihilismo capitalista). Además, el líder de Alternative für Deutschland lo ha explicitado sin perífrasis: el suyo es un partido liberal y conservador, por tanto totalmente orgánico a la civilización del capital y a su demencial esquema de oposición entre la derecha neoliberal y la izquierda neoliberal, con la victoria igualmente garantizada para el orden capitalista dominante.
La segunda consideración se refiere a la demonización del comunismo colocado al mismo nivel que el nazismo, hasta el punto de identificar al propio Hitler con el comunismo: esto no es simplemente una falsificación completa de la historia, considerando el hecho de que los comunistas también acabaron en los campos de concentración nazis, y considerando también el hecho de que Hitler nunca ocultó su feroz anticomunismo. Además de esto, hay otro elemento que merece ser considerado críticamente: hace unas semanas, la tecnocracia represiva de la Unión Europea propuso por enésima vez equiparar los símbolos del nazismo y los del comunismo, bajo el signo del totalitarismo ideológico liberal, que pretende demonizar toda visión del mundo que no sea la liberal, convertida en la única posibilidad política permitida y concedida. Esto contribuye a que el orden liberal sea intrínsecamente totalitario, dada su incapacidad estructural, a estas alturas evidente, para admitir la posibilidad de alternativas a su propio orden, elevado a único orden posible. Todo lo que no entra dentro de los parámetros del orden liberal es eo ipso condenado al ostracismo como totalitario, nazi y comunista. Ya lo hemos subrayado varias veces: los símbolos comunistas no son sólo los del deplorable Polpot, sino que son también y sobre todo aquellos en torno a los cuales se organizaron las batallas de millones de mujeres y hombres en Europa que exigían más justicia social y la emancipación de la dominación y la explotación capitalistas. Y es precisamente contra este deseo de emancipación contra el que se lanzan ahora los heraldos de la globalización neoliberal, con el claro y contundente imperativo dirigido a las clases dominadas: ¡nunca más intentéis sublevaros, nunca más os sirváis de vosotros mismos para buscar la justicia social y la dignidad! Alternative für Deutschland es parte integrante de este proyecto de clase dirigido por las clases dominantes. Quien piense que el partido teutón representa la alternativa, o es un capullo demente o, lo que es peor, tiene mala fe.
Traducción: Carlos X. Blanco