12.FEB25 | PostaPorteña 2458

Cuba en el sistema-mundo capitalista/moderno. tercera parte A

Por Rodolfo Crespo

 

 Una mirada de la economía y la política de la Isla desde la visión anticapitalista de la “perspectiva de análisis de los sistemas-mundo”

 

A los jóvenes cubanos del sitio web anticapitalista La Tizza Cuba y a todos los anticapitalistas cubanos Al Sr Ulises Guilarte de Nacimiento, jefe máximo de los sindicatos cubanos.

Por Rodolfo Crespo febrero 2025

Periodo 1900-1958

Sería muy reduccionista afirmar que un periodo de guerra tan rico y extenso de treinta años, como el que se produjo en Cuba entre 1868 y 1898, tiene solamente un basamento económico, pero hay una serie de datos que demuestran que la “ventaja comparativa” de la Isla como productora de azúcar para la economía-mundo capitalista, pese a haber perdido la condición monopólica que tuvo en la primera mitad del siglo XIX, con la aparición de nuevos competidores y tipos de azúcar, estaba lejos de estar agotada en su crecimiento.

En el período correspondiente a los treinta años de guerra que van de 1868 a 1898 la producción de azúcar creció un 30%, pero al concluir la contienda la proporción entre regiones seguía siendo aproximadamente la misma, demostración que el crecimiento en la parte occidental de la Isla estaba prácticamente agotado y que, el vertiginoso crecimiento que podría producirse en el tercio más oriental de Cuba (Camagüey y Oriente), como de hecho se produjo tan pronto se obtuvo la independencia de España, eran las trabas que imponía el colonialismo español el principal obstáculo para lograrlo.

Desde este punto de vista las guerras de independencia del siglo XIX en Cuba, que tienen su epicentro en la región oriental, constituyeron la vía de actualización de la “ventaja comparativa” (fabricación de azúcar para el mercado mundial) que la división internacional capitalista del trabajo había impuesto a Cuba desde inicios del siglo XIX.

Obtenida la independencia después del periodo de ocupación/intervención norteamericana (tras la primera guerra imperialista, según Lenin), Cuba firma con EE. UU. en 1903 un tratado comercial mal llamado de reciprocidad, pero que abría de par en par las puertas del mercado norteamericano para el azúcar cubano, a la sazón el principal y casi sin ninguna otra opción único mercado, algo que era un hecho desde el último cuarto del siglo XIX.

El significado del fin del colonialismo español, como principal impedimento a la expansión del azúcar en Cuba, se revela en el descomunal crecimiento azucarero que tuvo lugar, hasta casi los extremos factibles, una vez obtenida la independencia y firmado el Tratado de Reciprocidad de 1903 con EE. UU.

Si tomamos como punto de partida 1903, al ser el primer año del siglo XX en que se iguala el mayor volumen de producción de azúcar alcanzado en el siglo XIX y momento en que se firma el Tratado de Reciprocidad Comercial con EE. UU., 10 años después se había más que duplicado la producción y 12 años más adelante casi volvió a duplicarse, obteniendo más de 5 millones de toneladas métricas de azúcar, la misma cifra que se obtiene como norma en la década de 1950. Los datos anteriores confirman el hecho que, la plantación cañera y el desarrollo fabril en la producción de azúcar en Cuba, alcanzan su punto de máximo desarrollo en el primer cuarto del siglo XX; la integración de Cuba en la división internacional capitalista del trabajo, básicamente como productora de azúcar y en menor medida de tabaco, estaba consumada.

La totalidad de las tierras aptas para el cultivo de la caña, por la constitución físico-química del suelo que requiere esta planta y la capacidad de importación de EE. UU. (casi el único mercado, como se ha dicho), estaban agotadas; un desarrollo (crecimiento) ulterior, por cuestiones espacio-geográficas y de mercado, era imposible.

La siguiente tabla, que compara las leyes azucareras de 1952 y 1956 demuestra que, el crecimiento cuantitativo, única opción posible dentro de los marcos capitalistas de solucionar la crisis estructural en la que se encontraba la industria azucarera cubana estaba cerrado.

Ley azucarera de 1952

Ley azucarera de 1956

Por cada 100 libras que aumentase el consumo de azúcar de EE. UU. le corresponde suministrar

Por cada 100 libras que aumentase el consumo de azúcar de EE. UU. le corresponde suministrar

A Cuba

96 lbs

A Cuba

29.5 lbs

A otros países

4   lbs

A otros países

15.5 lbs

A productores domésticos de EE.UU

0   lbs

A productores domésticos de EE.UU

55    lbs

Fuente: Pino Santos, Oscar. Los años 50. En una Cuba que algunos añoran, otros no quieren ni recordar y los más desconocen. Instituto Cubano del Libro. Editorial Arte y Literatura. Proyecto editorial Jorge Ibarra Cuesta. Pág. 153.

A lo anterior se suma que la participación del azúcar cubana en el mercado norteamericano, no solo se reduce drásticamente a partir de 1930, sino que el valor de la misma se reduce en relación al valor de los productos que importa de Norteamérica, con lo cual se produce a través de esa vía una succión de excedente por parte de la economía de EE. UU., fenómeno propio del proceso de periferialización del que era objeto la economía cubana. Las siguientes dos tablas, confeccionadas a partir del artículo La cuota azucarera de Cuba en EE. UU. del libro de Oscar Pino Santos, Los años 50. En una Cuba que algunos añoran, otros no quieren ni recordar y los más desconocen,  lo corrobora.

Cuba se consolida y afianza a mediados del siglo XX, en un proceso que viene desarrollándose desde el último tercio del siglo XIX, en monoproductor y monoexportador de azúcar que tiene para la misma un monomercado (EE. UU.) de donde multimporta todo lo demás que necesita. Cualquier desarrollo industrial nacional presente o futuro estaba totalmente clausurado, no sé a cuenta de qué los enemigos de Cuba de dentro y de fuera gritan, ladran y vociferan, porque los hechos demuestran otra cosa, no la Cuba idílica, encantadora y paradisíaca que solo está en sus cabezas.

 

1936

1953

Precio del arroz procedente de EE. UU.

2 ¢

10.40 ¢

Precio promedio del azúcar cubano en el mercado de EE. UU.

2.69 ¢

5.42 ¢

 

Año

Participación del azúcar cubana en EE. UU.

(%)

Participación de EE. UU en el mercado cubano (%)

1929

52

58

1953

32

76

En apoyo de nuestra tesis, que un crecimiento posterior era imposible, acudimos a uno de los más de 200 reportajes, ensayos y artículos que, entre 1954 y 1958, escribió Oscar Pino Santos para la revista Carteles, la más importante de Cuba en aquel entonces junto con Bohemia:

“Si Cuba deseara mantener sus actuales niveles de vida -no muy altos por ciento- durante los años próximos y teniendo en cuenta que la población crece constantemente, tendría que ir expansionando su producción azucarera a un ritmo tal, que de aquí a diez años estuviera llevando a cabo zafras de ocho millones de toneladas.

Si Cuba no deseara mantener su nivel económico actual, sino que también deseara obtener en ese mismo periodo de diez años cierto grado de desarrollo que produjera equivalente elevación en los niveles de vida de su población creciente, tendría que ir incrementando su producción azucarera a una tasa tal, que al finalizar ese periodo de tiempo (es decir, 1956 a 1966) estuviera realizando zafras de trece millones de toneladas.

¿es factible ese progreso azucarero? Los hechos indican que no. Los hechos indican, por el contrario, que aún para mantener en los próximos años zafras a niveles de cinco millones de toneladas, Cuba va a encontrarse con innúmeras dificultades”1

Son las condiciones creadas por esta crisis estructural imposible de resolver como se había hecho hasta ahora, expandiendo la producción ininterrumpidamente, la que está en el origen de lo que se conoce en la historia de Cuba como Revolución del 30.

¿Por qué La Revolución Cubana logró solucionar esa contradicción, llevando la producción a límites extremos después de 1959 y los gobiernos cubanos de turno no pudieron de 1930 a 1958, será abordada en la última parte de este ensayo correspondiente al periodo de 1959-actualidad?

Todo el vertiginoso y acelerado incremento de inversiones en la producción azucarera, tanto en tierras como en industrias, tuvo lugar hacia el tercio oriental de la Isla, las regiones de Camagüey y Oriente que disponían de feraces y fértiles tierras, casi vírgenes, cuyos propietarios durante la guerra se habían arruinado, marchado al exterior, perecido en la contienda o las dedicaban a actividades menos rentables, como la ganadería. Fue en esa zona donde se reeditó, en cuanto a inversión azucarera se refiere, lo que había tenido lugar un siglo atrás en la región centro-occidental de Cuba.

En la tabla de abajo, confeccionada a partir del Anexo: Centrales azucareros de Cuba de la Wikipedia cubana Ecu Red, puede observarse que de 169 centrales azucareros compendiados, el 42%  (71 centrales) se construyeron en el primer cuarto del siglo XX, una impresionante cifra, si se considera que Cuba ya venía de ser el mayor productor de azúcar del mundo durante casi todo el siglo XIX, correspondiendo a Camagüey y Oriente el 60% (43 centrales) de todos los nuevos centrales construidos, entre ellos los más grandes de Cuba y el mundo: Brasil, Ciro Redondo, Antonio Guiteras, Jesús Menéndez. 

Centrales Azucareros de Cuba existentes en 1959

Provincias

Antiguas

Provincias

Actuales

Centrales construidos

Siglo

XIX

1900/1910

1911/1920

1921/1930

Años 1980

P. del Río

P. del Río

2

 

2

1

1

P. del Río

Artemisa

2

1

1

1

 

Habana

Habana

 

 

 

1

 

Habana

Mayabeque

10

1

2

1

 

Matanzas

Matanzas

18

3

2

 

1

Las Villas

Cienfuegos

11

2

 

 

1

Las Villas

Villa Clara

22

1

2

2

1

Las Villas

S. Spíritus

5

1

3

1

 

Camagüey

C. Ávila

 

1

8

 

 

Camagüey

Camagüey

2

 

5

4

2

Oriente

Las Tunas

1

1

4

1

 

Oriente

Holguín

2

2

5

1

 

Oriente

Granma

8

1

1

1

1

Oriente

S. de Cuba

2

5

1

 

 

Oriente

Guantánamo

6

1

1

 

 

 

Total   169

91

20

37

14

7

 

 

91

71

7

                   

Fuente: Wikipedia Cubana Ecu Red. https://www.ecured.cu/Anexo:Centrales_azucareros_de_Cuba

En lo económico, aquello por lo que habían peleado los cubanos durante tres décadas, 25 años después de arriada la bandera española lo habían obtenido, y muchos de los principales jefes de aquellas contiendas, ahora eran los presidentes de turno, los nuevos terratenientes o sencillamente testaferros del capital norteamericano en el lucrativo negocio azucarero. Los primeros siete presidentes de Cuba salieron de la manigua2 o fueron ayudantes cercanos de sus principales jefes e ideólogos, como fue el caso de Tomás Estrada Palma, colaborador cercano de José Martí y designado por éste como Delegado del Partido Revolucionario Cubano en EE. UU. durante su ausencia. El pensamiento martiano y su prometida república de “con todos y para el bien de todos” quedaron olvidados y/o traicionados.

La siguiente cita extraída de una entrevista concedida a Pedro Pablo Rodríguez por el erudito historiador cubano Jorge Ibarra Cuesta, ya fallecido, que aparece en el libro Los variados caminos de la historia, titulada Ibarra: la pasión por la historia (2001 ampliada en 2009), que compendia entrevistas y artículos de dicho autor puede apreciarse, la relación directa que hay entre la clase política que adviene, los nuevos ricos que surgen después de obtenida la independencia de España, y la alta oficialidad del Ejercito Libertador en las guerras de independencia de Cuba de fines del siglo XIX.

“Me di a la tarea de buscar en las relaciones del Archivo que preparó el general Carlos Roloff, los nombres y apellidos de los oficiales del Ejército Libertador, a los efectos de cotejarlas con relaciones de colonos cubanos, que aparecían en una revista estadounidense de la época, y con listas de los candidatos electos para los cargos de senadores, representantes, alcaldes y concejales que aparecían en el libro de Mario Riera Cuba política 1899-1955”

“Pronto me di cuenta que había localizado cerca de cuarenta oficiales del Ejército Libertador, que eran al mismo tiempo terratenientes medios o colonos, a la vez que senadores, representantes o alcaldes. Proseguí la búsqueda en otras fuentes y, al cabo de un tiempo, reuní cerca de ciento veinte oficiales”

“Pude ampliar las relaciones de oficiales del Ejército Libertador, cuando, años después, en pos de una referencia bibliográfica de Rebecca Scott, me encontré en el Archivo Nacional de Washington con los informes secretos del Ejército de Ocupación estadounidense durante la Segunda Intervención”

De retorno al tema, diré que en esos informes, elaborados por oficiales de la Inteligencia estadounidense, se caracterizaban en pequeñas biografías a más de doscientos personajes de las élites rurales cubanas, por el hecho ser, a la vez, oficiales del Ejército Libertador, políticos locales y terratenientes medios”3

Las ideas antisistémicas en la llamada Revolución del 30

Las ideas revolucionarias y antisistémicas en este periodo dieron un salto hacia adelante cualitativamente superior: sus principales figuras no proceden de la generación anterior, vinculadas a las luchas contra el colonialismo español porque, como ya se ha dicho, sus principales cuadros y mandos se transformaron en acaudalados propietarios o funcionarios al servicio del capital extranjero.

En estas condiciones el relevo en las ideas revolucionarias, con inspiración en el espíritu del pensamiento de Martí y Maceo, provendrían de nuevas generaciones de cubanos. Las personalidades más destacadas en este periodo nacen todas con el siglo: Rubén Martínez Villena (1899-1934), Julio Antonio Mella (1903-1929) y Antonio Guiteras Holmes (1906-1935) y ninguno logra sobrevivir más allá de 1935, cuando Guiteras es abatido en la bahía de Matanzas en el momento que intentaba abandonar la Isla. Este fue uno de los motivos por los que casi no hay relación alguna entre los revolucionarios cubanos de la conocida como Revolución del 30 y los de la década de 1950 encabezados por Fidel Castro, la llamada Generación del Centenario. Los veinte años que separan las dos etapas revolucionarias (Revolución del 33 y Asalto al Cuartel Moncada en julio 1953) no fueron del todo perdidos, las fuerzas progresistas presionan y lograron promulgar una nueva Constitución, la de 1940, democrático-burguesa, pero que derogaba la de 1901, manchada en origen por haber tenido adjunta la ominosa Enmienda Platt. Esta Constitución, por lo menos en el papel, proscribía el latifundio, la discriminación racial, etc.

Y lo otro, cualitativamente nuevo en este periodo, es la fundación del primer partido comunista de Cuba en 1925, del cual tanto Mella como Villena formaron parte y se retoma la lucha armada como forma fundamental de lucha (en el caso de Guiteras).

Periodo 1959-1990

La Revolución Cubana triunfó el 1 de enero de 1959, emblemática son aquellas palabras de Fidel Castro ese día cuando, muy cerca de Santiago de Cuba desde la localidad de Palma Soriano, dirigió una alocución al pueblo de Cuba a través de la emisora de los guerrilleros, Radio Rebelde (fundada por el Che Guevara en la Sierra Maestra) y expresaba “¡Esta vez los mambises entrarán en Santiago de Cuba! ¡La historia del 95 no se repetirá!” y entraron en Santiago de Cuba, la primera gran ciudad tomada, el 8 de enero llegan a La Habana en caravana y el 17 de enero visita a Pinar del Río, última provincia en visitar.

Cuatro meses y medio de estar en el poder toma la medida más importante desde el punto de vista económico, la Reforma Agraria (17 de mayo de 1959); no era una medida socialista, pero si muy popular: le entregaba la tierra en propiedad a quien la trabajaba y en el caso de los latifundios limitó la extensión máxima de los mismos a 30 caballerías, el resto era nacionalizado pasando a propiedad estatal. Dado que había latifundios de miles de caballerías de tierra, muchos en poder del capital norteamericano o a través de testaferros cubanos, como ya se ha dicho en otro lugar, el choque con la oligarquía latifundista cubana y el gobierno de EE. UU. estaba servido, pero el líder guerrillero de Sierra Maestra y su principal asesor económico el argentino-cubano Ernesto Guevara no los amedrentó nada. Como ya se ha dicho, la crisis estructural en la que se encontraba la economía cubana precisaba una salida revolucionaria y la tuvo, correspondió el mérito histórico a estos jóvenes barbudos y vestidos de verde color olivo, que acababan de bajar victoriosos de Sierra Maestra, después de vencer a uno de los ejércitos mejor armados de la región y con el apoyo de la potencia capitalista más poderosa del mundo en el cénit de su hegemonía, sin experiencia en el manejo de las cuestiones económicas, pero que aprenderán rápido y sobre la marcha.

La primera reacción norteamericana, estupefacta ante lo sucedido, ni siquiera fue la de sobornar a aquel grupo de guerrilleros, pues eran incorruptibles, acudieron a lo que siempre habían recurrido en América latina, aplicar la política del “gran garrote”. Lo primero que hicieron fue reducir la cuota de azúcar cubana en el mercado norteamericano a solo 700 mil toneladas, de unos 3 millones de toneladas métricas que le compraban a Cuba; el golpe, como puede verse por la cifra, fue demoledor, en un país donde desde hacía 160 años el azúcar era la columna vertebral de su economía, no se olvide la popular frase, atribuida al hacendado cubano dueño del central Orozco (rebautizado por la Revolución Cubana con el nombre del legendario héroe de las brigadas internacionales que combatieron contra el franquismo en España, Pablo de la Torriente Brau), que “sin azúcar no hay país”; posteriormente cerraron completamente el mercado norteamericano para todo: importaciones y exportaciones, combustibles incluido, así como viajes de turismo de sus ciudadanos a la Isla; es lo que se conoce como bloqueo económico.

Por primera vez, desde su ingreso a la fuerza en 1510 en la economía-mundo capitalista, Cuba era excluida de la misma y nada menos que por la potencia hegemónica de esa economía-mundo, los EE. UU.; más grave aún si tenemos en cuenta que el vínculo económico natural de Cuba, incluso desde que era colonia de España, se realizaba con EE. UU.; gravedad a la que se suma el hecho que la principal producción de la Isla, el azúcar de caña, tenía a EE. UU. como único destino y origen de prácticamente todo lo que procedía del exterior.

En cuestión de dos, tres años se cerraban las puertas de Cuba, abruptamente de todo. Semejante golpe a la economía de un país no se producía desde el cerco a la que fue sometida la joven república soviética tras su triunfo en octubre de 1917, pero lo agravante en el caso de Cuba era que, a diferencia de la Rusia Soviética, un país semiperiférico, semi industrial y con recursos naturales de todo tipo, Cuba no contaba con nada de eso; Cuba era un país dependiente absolutamente de un solo producto (monoproductor), que abastecía a un solo mercado (monomercado), del que obtenía todo lo restante (multimportador), y éste era precisamente el país que le bloqueaba y le cerraba las puertas.

A tamaña crueldad, sin parangón en la historia, se sumaba el hecho que EE. UU. presionó al resto del mundo para que cortara los vínculos económicos con Cuba. El entorno de la región latinoamericana se sumó en bloque como lacayos de EE. UU., con la única excepción de México.

Ante esas circunstancias la Unión Soviética decidió comprar a Cuba toda el azúcar que EE. UU. dejaba de comprar y dispuso también abastecerla con todo el combustible (petróleo) que necesitaba la Isla.

La actitud soviética quedaría como un buen y humano gesto solidario, si no tomamos en cuenta que, las relaciones económicas con la Unión Soviética extensivas luego (aunque en menor medida) al resto del bloque socialista en Europa del Este, significaron no solo la recuperación del mercado perdido, sino que fueron relaciones económicas establecidas sobre bases no estrictamente capitalistas, donde la ley del valor, ley rectora del mundo capitalista y esencia de ese sistema, que presupone que en un intercambio entre dos partes una de ellas siempre sale perdiendo, al entregar productos con una mayor cantidad de trabajo contenido a cambio de mercancías con una menor cantidad del mismo4, debido a la diferente productividad del trabajo en su fabricación, no actuaba a ciegas, libre y espontáneamente, sino de forma orientativa y sobre todo planificada.

La literatura económica revolucionaria y los economistas oficiales de Cuba, han vuelto la cabeza para el otro lado de un hecho económico que no hay que esconderlo porque, además, es evidente. Después de 1959 Cuba siguió siendo un país monoproductor de azúcar (al que se agrega el níquel, del que ya existía una planta antes de la llegada de Fidel Castro al poder), tabaco y productos agropecuarios; es decir, en cuanto a mercancía física Cuba entre 1959 y 1990, el periodo que pudiéramos considerar de integración con el campo socialista, producía lo mismo que antes de 1959, y similar a lo que fabricaba la amplia y extensa área periférica de la economía-mundo capitalista: productos primarios de bajo valor agregado desde el punto de vista de la ley del valor.

Lo que ocurre es que Cuba en sus relaciones con el campo socialista y la URSS no funcionaba sobre la base de la ley del valor, como si lo hacía el resto de la periferia del mundo capitalista en sus relaciones con la zona central y semiperiférica de dicha economía-mundo, de ahí que el significado de los conceptos monoproducción, monomercado y productos de escaso valor agregado que para esas zonas tenían una repercusión diferente que para Cuba. A Cuba el bloqueo económico impuesto por EE. UU., la había privado de conexión con las economías de la única división internacional del trabajo existente, la capitalista, pero a cambio entabló una relación con la Unión Soviética que la acogió en su seno hasta su desaparición en 1990 y con la cual estableció un vínculo sobre bases no capitalistas durante 30 años, periodo al que los cubanos denominan y no siempre con razón socialismo. 

Cuba recibía (sin entrar en detalles) por su producto estrella (el azúcar) dos, tres y hasta cuatro veces más ingresos (según el año que se tome de referencia) que los que hubiese obtenido a los precios que regían en ese entonces en el mercado mundial, que eran los precios a los que se conveniaba con los productores del mundo en el llamado sistema de cuotas donde el precio era muy inferior. Por eso la producción  cubana, lejos de disminuir o estacionarse como ya era un hecho en la década de 1950, aumentó. Hay un dato que inobjetablemente lo confirma: durante las primeras tres décadas de la Revolución Cubana se alcanzaron 20 de las 21 zafras más grandes de la historia de Cuba.

Durante los anteriores 160 años la Isla no solo se había especializado en la producción de azúcar (para la que tenía una sólida experiencia, conocimientos y tradición), sino que con el triunfo de la Revolución, el bloqueo norteamericano y su integración en el sistema económico soviético esa especialización no desapareció, sino se reforzó y aumentó con creces, llevando la producción hasta el extremo posible en Cuba, con zafras de 7 y 8 millones de toneladas métricas de azúcar. En la década de 1980 se llegaron incluso a construir 6 nuevos centrales azucareros y un séptimo a partir de uno viejo ya existente.

Las 13 millones de toneladas métricas que Pino Santos ponía como condición en 1956 en la revista Carteles, si Cuba deseaba aumentar su estándar de vida en 1966, no se lograron, pero si zafras de 8 millones de toneladas métricas que era al parecer el límite máximo posible y, si tenemos en cuenta que la URSS pagaba esa azúcar tres y cuatro veces más caro que lo que hubiese obtenido vendiendo esa misma cantidad a EE. UU.; entonces se pude afirmar que Cuba estaba obteniendo por concepto de ingresos una cifra que, incluso sobrepasaba los cálculos que se obtendrían vendiendo los 13 millones de toneladas métricas que hablaba Pino Santos.

Al llegar a este punto el lector puede hacerse una lógica pregunta:

¿Fue acertada la política económica de la Revolución Cubana en sus primeras tres décadas de existencia, al no diversificar la economía y seguir dependiendo no solo de un producto y para colmo primario, sino reforzando la producción del mismo?

La primera respuesta es obvia, no había otra opción; desarrollar una sólida y variada planta industrial en Cuba hubiese sido posible, si la Unión Soviética habría podido contar con una cuota del mercado de Latinoamérica y el Caribe, pero esa no era la situación de la época en plena guerra fría, además, la industria soviética, como se demostró después, no era competitiva más allá de su esfera de influencia.

Producto al bloqueo los mercados del resto del mundo estaban prácticamente cerrados para Cuba, de ahí que la única forma de sobrevivir en aquellas condiciones era integrarse con el bloque soviético, en lo que podría ser complementario con el mismo que era especializándose en lo que ya Cuba era buena, no tenía que aprender y contaba con estructura productiva para ello: producir azúcar.

Pero si lo anterior aún no fuera un argumento más que convincente hay otra razón de mucho más peso.

El precio que recibía Cuba por el azúcar no era el precio basura que recibían por el mismo producto el resto de los países productores del mundo, que daba para poco más que cubrir los costos. Las relaciones de Cuba con la Unión Soviética eran relaciones justas, equitativas, el modelo de vínculo que debe existir en un mundo no capitalista, al que la humanidad tiene todo el derecho de aspirar y no renunciar nunca; eran el ejemplo del nexo económico que debe prevalecer en un mundo donde todos los seres humanos tengan los mismos derechos, con independencia del color de la piel, lugar donde vivan, cultura que posean o productos que la naturaleza del clima donde vivan y fertilidad de la tierra le permitan hacer, fabricar o elaborar.

Fidel Castro tenía razón cuando afirmaba que Cuba vendía alimentos para 40 millones de personas: “Nuestra agricultura exporta alimentos para 40 millones de personas en el mundo, ¡exporta alimentos para cuarenta millones de personas! Exporta calorías para 40 millones de personas en sus producciones azucareras, de cítricos y de otros cultivos”5

Las calorías que contenían los 7 millones de toneladas métricas de azúcar que Cuba vendía a la URSS y al campo socialista era el equivalente energético anual, medido en calorías, de 40 millones de personas.

En unas relaciones no capitalistas como las que Cuba tenía establecida con el campo socialista era totalmente normal, lógico y además justo, intercambiar calorías en azúcar por calorías contenidas en cereales, piensos, leche, carne, combustibles, equipos y piezas.        

Entre los años 1989 y 1991 se produce el derrumbe del campo socialista y de la propia Unión Soviética (que de 15 repúblicas quedó reducida a solo Rusia) incorporándose plenamente al capitalismo mundial y, como es lógico abandonó los principios de equidad y justicia que había primado en las relaciones económicas entre sus miembros evitando el empleo de los elementos salvajes y bárbaros de la acción de la ley del valor, donde se tenía además una consideración con aquellos miembros que habían ingresado con niveles de desarrollo más bajos (caso de Cuba, Vietnam y Mongolia).

En esta difícil y peligrosa coyuntura Cuba se vio abruptamente, de golpe, sin aviso ni preparación, sola y aislada en un mar capitalista, sometida esta vez a un doble bloqueo6; por una parte, el bloqueo de siempre el voluntario (norteamericano) arreciado ahora con nuevas leyes (Torricelli, 1992 y Helms-Burton, 1996) que buscaban el puntillazo final y, por otra parte, el involuntario producto al virtual corte de relaciones con la URSS y el antiguo campo socialista, cuyas economías bajaron hasta el infierno y tardarían en recuperarse casi una década. Fueron los años negros y difíciles que Fidel Castro bautizaría como “periodo especial en tiempo de paz”.

En estas condiciones con una hipertrofiada economía basada en producir básicamente azúcar, que en los treinta primeros años de Revolución lo que había hecho era crecer hasta el punto máximo en que ésta podía hacerlo físicamente en la Isla, sobrevino ante los cubanos la disyuntiva de qué hacer.

Encontrar mercado para 6-7 millones de toneladas métricas de azúcar era imposible, además, EE.UU. arreció, como se ha dicho, la política de bloqueo presionando a todo aquel que se relacionara con Cuba, cerrando a “cal y canto” todo posible vínculo de la Isla con el exterior, una política criminal, de guerra económica contra un país con el que oficialmente no se estaba en guerra. La contrarrevolución cubana de Miami compró hasta las botellas de champán para celebrar el final de la Revolución Cubana, han de haberse echado a perder porque, aunque maltrecha la Revolución Cubana aún sobrevive 35 años después.

En esta situación volvió a brillar el genio de Fidel Castro. El Che Guevara expresó en una ocasión (refiriéndose a Fidel) que nunca un estadista brilló tanto como en los días luminosos y tristes de la crisis del Caribe, pero el también genial estadista cubano-argentino no tuvo el privilegio de valorar la figura de su compañero de armas en Sierra Maestra ante esta excepcional coyuntura histórica, donde la extraordinaria capacidad e inteligencia de Fidel Castro volvió a deslumbrar.

Lo primero a destacar es que ante tan dramática coyuntura, optó por no rendirse, haciendo célebre más de un siglo después la actitud de Antonio Maceo en Baraguá, ante el general español Arsenio Martínez Campos, planteando que “el futuro de Cuba será un eterno Baraguá”. Esa actitud suya constituyó, y aún constituye, un ejemplo para todos los anticapitalistas del mundo, entre los cuales modestamente me cuento, por no cejar en el empeño de alcanzar una nueva sociedad distinta al capitalismo, por muy difícil y adversa que sean las circunstancias en la que nos encontremos; como expresara Martí “la pobreza pasa: lo que no pasa es la deshonra que con pretexto de la pobreza suelen echar los hombres sobre sí”7

En tales circunstancias Fidel Castro optó por aquella enseñanza del Che Guevara, cuando moviéndose entre opciones, todas igualmente riesgosas, decidió ni retroceder ni detenerse, sino seguir hacia adelante8, diseñando un cambio drástico y total en la inserción de Cuba en la única (porque no había ni hay más opciones disponibles para elegir) división internacional capitalista del trabajo, para lo cual contaba con varias cosas importantes:

1. Un capital humano que la Revolución había creado a lo largo de tres décadas: capaz, inteligente y muy preparado, yo diría que entre los mejores del mundo.

2. Arena y playas prácticamente vírgenes (algunas totalmente vírgenes como la extensa cayería al norte de Cuba).

3. Un clima de seguridad como no hay en ningún lugar de América Latina, ni siquiera en los propios EE. UU.

Con esos tres sólidos pilares Fidel Castro se dio a la tarea de posicionar a Cuba nuevamente en la selva capitalista, de la que parcialmente estuvo proscrita durante 30 años, dirigiendo el esfuerzo hacia tres áreas:

1. Desarrollo de la industria turística.

2. Desarrollo de la actividad de prestación de servicios médicos en el exterior.

3. Desarrollo de la industria farmacéutica y biotecnología.

Por primera vez en 200 años se cambiaba la matriz de la inserción de Cuba en la división internacional capitalista del trabajo, abandonando para siempre el papel rector que durante dos siglos había tenido el azúcar en la economía cubana. Ante este hecho y de forma gradual y por etapas se fueron cerrando más de dos terceras partes de los centrales azucareros existentes.

La magnitud del cambio estructural era de tal dimensión que, unido a las dificultades que imponía el bloqueo, no podía dar los resultados esperados en tan breve periodo de tiempo, pero hacia comienzos del nuevo siglo se podría decir que Cuba había pasado exitosamente de ser una economía consagrada a la producción de azúcar de caña, a ser una economía de prestación de servicios en el interior (por medio del turismo) y exterior (con su personal médico-sanitario), y contaba con una incipiente industria farmacéutica y biotecnológica que orgullosamente exhibía sus primeros resultados: vacuna antimeningocócica, la primera en el mundo eficaz contra el meningococo tipo B (1989); vacuna contra la hepatitis B (1992); Ateromixol o PPG (1991); etc.

El turismo fue creciendo casi desde cero y ya en 2018, el año que más visitantes arribaron a Cuba, sobrepasaba la cifra de 4 millones 732 mil turistas.

Los servicios médicos, para lo cual no se necesitaba crear una estructura previa, pues lo más importante que era el personal, Cuba lo venía formando desde la década de 1980 también daba sus frutos: galenos cubanos trabajaban en muchos países sin hacerle competencia a nadie, pues prestaban servicios en aquellos lugares donde nadie iba, de ello no se escapaban ni siquiera áreas del primer mundo como Italia y Portugal.

A estas alturas, 35 años después que se echara a andar la nueva estrategia de política económica diseñada por Fidel Castro en los años 1990, cabe hacerse varias preguntas:

¿Ha sido correcta). Totalmente sí.

¿Ha funcionado? Si, incluso brillantemente, pese a que la incidencia del criminal bloqueo no ha permitido siempre su mejor despliegue.

¿Cuál es el mayor obstáculo que enfrenta la misma? El bloqueo norteamericano, más bien el bloqueo propiciado por el grupo de facinerosos cubanos de Miami y quienes allí le apoyan, que desafortunadamente son la mayoría. Personas que ya no tienen arraigo en la Isla, no van a vivir jamás para allí y paradójicamente muchos con familiares y amigos en la isla, se empecinan en matar de hambre, enfermedades y carencias materiales a 10 millones de personas, esperanzados en que lo que ellos no hicieron, lo hagan los que se han quedado: se rebelen ante tal situación y derroquen a Díaz-Canel Bermúdez.

¿Cuántos millones de turistas norteamericanos visitarían la Isla si no fuera por el bloqueo?

¿Cuántos miles de médicos cubanos prestarían servicios en el mundo, si no se persiguiera esa actividad por el grupo de contrarrevolucionarios cubanos que mueven los hilos de la política de Washington en relación a Cuba?

¿Cuántos productos farmacéuticos y biotecnológicos cubanos se consumirían en el mundo, si no fuera por la persecución y guerra económica que se lleva a cabo contra toda actividad comercial del tipo que sea desarrollada por Cuba en el mundo?

EE. UU. y el grupo criminal de cubanos de Miami saben bien que si no existiera el bloqueo Cuba fuera uno de los mejores lugares del mundo para vivir. Da sencillamente risa, por lo burdo del argumento, como los medios anticubanos acusan al gobierno cubano, por una parte, de los apagones en la Isla (por el déficit de oferta) mientras, por el otro, persiguen para frustrar toda operación del gobierno cubano para adquirir combustible en el exterior. Es no solo absurdo el argumento, sino sencillamente una ofensa a la inteligencia humana.

Notas.

1. Pino Santos, Oscar. Los años 50. En una Cuba que algunos añoran, otros no quieren ni recordar y los más desconocen. Instituto Cubano del Libro. Editorial Arte y Literatura. Proyecto editorial Jorge Ibarra Cuesta. Pág. 152. (El artículo se titula ¿Zafras de 13 millones de toneladas?) El libro consultado para este ensayo lo adquirió el autor en una librería cubana en uno de sus viajes a la Isla. Subrayados son de Pino Santos.

2. El término se atribuyó en la historiografía cubana, al lugar donde los luchadores anticolonialistas cubanos desarrollaron su actividad militar en las guerras contra España. Como la toma de ciudades fue algo muy aislado, el medio rural, zona boscosa, arbolada o impenetrables constituyeron el sitio natural por excelencia para montar sus campamentos.

3. Jorge Ibarra Cuesta. Los variados caminos de la historia. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 2011. Pág. LIV-LV.

4. “Partiendo de una diferencia real en el mercado, debido a la escasez (temporal) de un proceso de producción complejo o a escaseces artificiales creadas manu militari, las mercancías se movían entre las zonas de tal manera que el área con el artículo menos «escaso» «vendía» sus artículos a la otra área a un precio que encarnaba un factor de producción (coste) real mayor que el de un artículo de igual precio que se moviera en dirección opuesta. Lo que realmente sucedía era que había una transferencia de una parte de la ganancia total (o excedente) producida por una zona a otra. Era una relación de centricidad-perifericidad. Por extensión podemos llamar «periferia» a la zona perdedora y «centro» a la ganadora. Estos nombres reflejan de hecho la estructura geográfica de los flujos económicos”. Wallerstein, Immanuel. El Capitalismo histórico. Editorial Siglo XXI. Primera edición. 1988. Pág. 22.

5. Discurso de Fidel Castro Ruz en el Acto Central por el XXX Aniversario del Triunfo de la Revolución, el 4 de enero de 1989. http://www.fidelcastroruz.name/fr/node/1768?width=600&height=600

6. “Es preciso que nos demos cuenta de que estamos sufriendo un doble bloqueo: un bloqueo voluntario, el de los imperialistas, y un bloqueo involuntario, el de la URSS; ya no menciono ni el campo socialista que desapareció, debo mencionar lo que queda de la URSS. Es decir que tenemos un doble bloqueo, este país está bajo un doble bloqueo en este momento: uno voluntario y otro involuntario. Esa es la realidad y esos son los problemas que tenemos que enfrentar” Discurso de Fidel Castro Ruz en la clausura del V Congreso del Sindicato de Trabajadores Agropecuarios y Forestales, 22 de noviembre de 1991. http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1991/esp/f221191e.html

7. José Martí. La Delegación del Partido Revolucionario Cubano a los Clubs.

8. “…estábamos frente al dilema que ustedes tendrán muchas veces en el curso de su vida revolucionaria: Una situación en la que avanzar es peligroso; detenerse, más peligroso aún; y retroceder, la muerte de la Revolución”. Che Guevara. Primer seminario sobre planificación en Argelia. 16 de julio de 1963. https://lapupilainsomne.wordpress.com/2020/09/23/la-planificacion-en-los-inicios-de-la-revolucion-cubana-contexto-errores-desafios-por-comandante-ernesto-che-guevara/


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