02.MAR25 | PostaPorteña 2462

TESIS sobre el ARCO HISTÓRICO del VALOR y del ESTADO

Por GCI

 

LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD: (II)

El éxito de la mentira, es lo que permite que lo falso se constituya como valor, que la mentira sea hoy la única verdad del capital global y del poder gubernamental mundial. Y como se dice popularmente la mentira trae otra mentira…, hasta que todo es mentira…Salvo honrosas excepciones, nadie denuncia el dinero falso como falso y la falsificación monetaria como la más importante estafa de la historia de la humanidad. Tampoco se habla de la consecuente disminución relativa de la producción material en esa masa de falso (como porcentaje del PBI) y menos,de la reducción de la producción de valores de uso que tanto necesitan los seres humanos

Revista Comunismo 68 -2019

5) El dinero es sustancialmente el desarrollo del valor constituido en granero o tesoro. Su proceso de crecimiento y afianzamiento como “comunidad” diferente y contrapuesto al resto de las comunidades tiene, como único objetivo, “más dinero”, acumulación del capital y el Estado. El dinero es, desde su origen el valor en proceso de imposición comunitaria, de crecimiento y concentración, destrucción de toda comunidad humana.

Como valor mismo, no surge de la cosa misma, ni del “trabajo” para producir esa cosa, como sostiene la economía política burguesa, sino de la apropiación, de la privación, de la violencia concentrada en un polo diferente al de la producción de lo necesario para la reproducción de la especie humana. En ese sentido, el valor es propiedad privada, expropiación de un grupo social frente a otro que produce (tributo, usura, esclavitud…), o bien, se desarrolla como valor y poder en la intermediación entre diferentes grupos humanos (deuda, emisión, destrucción de la producción local, “intercambio forzoso”, comercio de “iguales”…)

La usura, el tributo, el comercio, la esclavitud, la emisión monetaria… son las formas por excelencia de acumulación originaria del valor durante miles y miles de años. En todos los casos siempre existe el componente de guerra y represión como condición esencial a la acumulación del valor, del capital.

Nunca se encontró una civilización basada exclusivamente en el poder de una clase y el Estado, sin acumulación de valor, sin su concentración y centralización por el poder.

No existe trono sin tesoro. Además, el centro en donde se acumula el valor es siempre el centro del poder. El origen de la centralización de la autoridad y el despotismo antiguo es el tesoro, el templo, el trono, que en su proceso de empoderamiento será banco, gobierno, potencia armada, imperio, aristocracia imperial plutocrática dirigiendo el mundo…

El “hombre” de la clase dominante, es decir el burgués, el esclavista y más particularmente el plutócrata, creó a dios y lo fue modelando en función de sus intereses, por eso el centro del tesoro fue el Ministerio de Relaciones con el “más allá”. El templo se fue haciendo banco, la concentración del tesoro fue subsumiendo a través de la esclavitud, la usura, la guerra y sus derivados (el tributo, el comercio…) …hasta que puede emitir certificados de depósito, de deuda y de cambio, para extender territorialmente su dominación por el mundo. El dinero Fiat y los bancos centrales serán los instrumentos superiores de esa subsunción generalizada del ser humano en el dinero y al capitalismo que someterán a toda la humanidad.

El valor, el dinero, el capital, tres “conceptos” para designar un único y mismo sujeto durante toda la historia de la humanidad. El mismo, es el sujeto secular del despotismo y la explotación. Viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos lados. La explotación y la dominación se imponen invariantemente por la violencia, la guerra, la esclavitud, el tráfico, la tortura…

6) La historia oficial, la ciencia económica y política, la religión, el derecho, la iglesia, los gobiernos, las escuelas y universidades… tienen como proyecto nodal de su fundamento ocultar ese proceso, desarrollando la mitología de que el valor y el dinero provendría del idílico mundo del intercambio de seres iguales.

En su versión eurocentrista (y racista del “pueblo elegido”), el capitalismo vendría del feudalismo, afirmando simultáneamente que el capitalismo no es esclavitud, sino un enorme progreso con respecto a todos lo que definen como “modo de producción anteriores” o precapitalistas”. Claro que ello contiene la mentira de qué ese supuesto capitalismo incipiente dentro del feudalismo europeo, no se basaba en la esclavitud en el mundo entero que imponía ese mismo capitalismo.  Toda la falsificación esconde la realidad esclavista del capital y muestra al capitalismo como producto de un sistema idílico de paz, igualdad y prosperidad.

En la historia real, el capital no viene del feudalismo sino del dinero (qué se desarrolla afuera y en contra el feudo mismo), del capital dinero subsumiendo al mundo, por la usura, por el la extorsión y el tributo, por la guerra, la esclavitud y en última instancia, por la destrucción terrorista de las comunidades originarias en todo el mundo.

7) La construcción ideológica de todas las ciencias sociales, desde la economía política a la sociología o las ciencias políticas, y hasta la propia Historia Universal, se basa en ese FALSO punto de partida, de que el “capitalismo” viene del feudalismo y qué, ese cambio de “modo de producción” (sic), se opera por las contradicciones internas al feudalismo que limitaba el progreso de la humanidad.

El sanguinario papel del capital a través de la historia de la humanidad, se lo oculta sustituyéndolo por el del “trabajo” que, aparece como héroe del progreso, del desarrollo de las fuerzas productivas y el enorme desarrollo de los valores de uso humano, buscando por esa vía suscitar el apoyo popular y presentar al capitalismo mismo como un gran beneficio para la humanidad misma.

Con eso se cierra el círculo de la historia de la barbarie y se consagra el mundo idílico del trabajo, es decir de la tortura y la esclavitud como culminación positiva de la vida y de la actividad humana.

Con bombos y platillos se anuncia: ¡ese progreso permanente y bueno para todos, es el Modo de Producción Capitalista! Un verdadero circulo vicioso de progreso, igualdad y felicidad en el cual la conciliación de clases explotadas y explotadoras es el programa único del Estado, como proclama la civilización judeocristiana europeísta (racista), el “modo de vida americano” (yanqui) y/o el leninismo en el poder.

Pero, desengáñese amigo, la economía y la historia burguesa cuando dicen que el valor de cambio se debe al trabajo, no se refieren tampoco al “trabajo” real, concreto e histórico, productor de objetos para el consumo humano, sino a la imagen idílica del mismo. No están hablando de la historia real del trabajo, es decir de la tortura secular y de los 3 palos (trabajo viene etimológicamente de “tres palos”) en los que se colgaba a los que se los sometía a la opresión y la explotación, no está hablando del tráfico de esclavos real qué permitió toda la acumulación histórica de 50 o 100 siglos de capital esclavista consolidados en los imperialismos seculares europeos y/o asiáticos.

Cuando la economía política burguesa proclama que “la fuente del valor de todas las mercancías producidas es el trabajo”, lejos de pensar en los esclavos (asalariados o no, como actividad productiva humana) y la transformación real de las cosas, está pensando en la valorización del capital, en la subsunción de esa actividad humana en la creación de valor. Pues, para la economía política el capital es solo “trabajo acumulado” y apropiado legítimamente por quienes trabajaron antes. El trabajo es capital y el capital es trabajo es la máxima histórica fundamental de toda la ciencia económica.

Es decir, la economía política es la justificación misma de la burguesía como clase representante del Trabajo, del Tercer Estado. La burguesía es desde el punto de vista de la ciencia económica la clase trabajadora por excelencia, como elemento dinámico del Tercer Estado que se opone a los parásitos, es decir al clero y la nobleza, a los propietarios de la tierra y a la burocracia “no productiva”. Toda la economía clásica que afirmará que el valor lo produce el trabajo está pensando en la clase que representa al trabajo, tanto a todo el trabajo acumulado como al trabajo vivo que compra gracias a su trabajo histórico.

La burguesía se autodefine en base a todas esas mentiras de la historia, como clase propietaria del trabajo pasado, del trabajo que aporta valor y dirige productivamente todo el proceso de valorización.

Como dice Marx en el capítulo sobre la “acumulación originaria” inventado por la economía política:

Hemos visto cómo se convierte el dinero en capital, cómo sale de éste la plusvalía y de la plusvalía más capital. Sin embargo, la acumulación de capital presupone la plusvalía; la plusvalía, la producción capitalista, y ésta, la existencia en manos de los productores de mercancías de grandes masas de capital y fuerza de trabajo. Todo este proceso parece moverse dentro de un círculo vicioso, del que sólo podemos salir dando por supuesto una acumulación «originaria» anterior a la acumulación capitalista («previous accumulation», la denomina Adam Smith), una acumulación que no es fruto del régimen capitalista de producción, sino punto de partida de él.

Esta acumulación originaria viene a desempeñar en la Economía política más o menos el mismo papel que desempeña en la teología el pecado original. Adán mordió la manzana y con ello el pecado se extendió a toda la humanidad. Los orígenes de la primitiva acumulación pretenden explicarse relatándolos como una anécdota del pasado. En tiempos muy remotos —se nos dice—, había, de una parte, una élite trabajadora, inteligente y sobre todo ahorrativa, y de la otra, un tropel de descamisados, haraganes, que derrochaban cuanto tenían y aún más. La leyenda del pecado original teológico nos dice cómo el hombre fue condenado a ganar el pan con el sudor de su rostro; la historia del pecado original económico nos revela por qué hay gente que no necesita sudar para comer. No importa. Así se explica que mientras los primeros acumulaban riqueza, los segundos acabaron por no tener ya nada que vender más que su pelleja. De este pecado original arranca la pobreza de la gran masa que todavía hoy, a pesar de lo mucho que trabaja, no tiene nada que vender más que a sí misma y la riqueza de los pocos, riqueza que no cesa de crecer, aunque ya haga muchísimo tiempo que sus propietarios han dejado de trabajar. Estas niñerías insustanciales son las que al señor Thiers, por ejemplo, sirven todavía, con el empaque y la seriedad de un hombre de Estado a los franceses, en otro tiempo tan ingeniosos, en defensa de la propriété [propiedad]. Pero tan pronto como se plantea el problema de la propiedad, se convierte en un deber sacrosanto abrazar el punto de vista de la cartilla infantil, como el único que cuadra a todas las edades y a todos los grados de desarrollo. Sabido es que en la historia real desempeñan un gran papel la conquista, el esclavizamiento, el robo y el asesinato, la violencia, en una palabra. Pero en la dulce Economía política ha reinado siempre el idilio. Las únicas fuentes de riqueza han sido desde el primer momento el derecho y el «trabajo», exceptuando siempre, naturalmente, «el año en curso». En la realidad, los métodos de la acumulación originaria fueron cualquier cosa menos idílicos.

8) Como decíamos al principio de estas tesis, toda la historia oficial es falsa, todo está trastocado deliberada y científicamente. La economía política clásica es la ciencia social determinante de toda la falsificación histórica burguesa, aunque evidentemente está basada en todas las religiones, dogmas y ciencias seculares.

Lo que aparece como actividad humana progresando por producir más cosas y permitir un mejor bienestar material, es lo que nos quieren mostrar.  Es el lado “positivo” qué, esconde profundamente el crimen histórico del capital avanzando a costa de la guerra, la esclavitud, la tortura, el despotismo…

Esconden sobretodo que el valor, el capital…es despotismo y esclavitud y nos muestran, como vendiendo espejitos de colores a los ignorantes, indios y negros, los objetos, los valores de uso, las tan mentadas “fuerzas productivas” … Y, por supuesto en toda esa carta de presentación y propaganda del capitalismo, ponen en el centro al “valor trabajo”, como si pudiera ser equivalente a la producción y reproducción humanas.

Históricamente, esa apología del trabajo como valor, fue la obra histórica de los “partidos burgueses para los obreros” (como los designaron los revolucionarios de los siglos XVIII al XX), los partidos sociales, los partidos socialistas, comunistas, socialdemócratas…

En realidad, aunque todas las cosas, sean el producto de la actividad humana productiva, en el intercambio de mercancías, en el “capitalismo”, eso solo atañe al valor de uso, a la cosa misma y al “trabajo” útil para producirla. Nada de eso es valorado en el capitalismo. En la producción capitalista de mercancías, las mercancías no se cambian según el “trabajo” incorporado, (como creen, o hacen que creen, los economistas burgueses); sino por el contrario, según la asignación de capitales a la producción de cada mercancía, lo que implica la tendencia a la igualación de la tasa de ganancia y lo que todos los economistas, incluido Marx, designan como costo o precio de producción. ¡Qué incluye, desde su origen el capital invertido y la plusvalía/ganancia correspondiente a la tendencia a la perecuación de la ganancia misma! El mercado de las cosas, muestra así, hasta qué punto, está sometido a la valoración del valor y que el valor de cambio de las mismas solo contiene capital valorizándose, independientemente si este obedece o no, a una necesidad de los humanos.

La economía política burguesa, tiene precisamente como fundamento, hacer esa trastocación generalizada presentando lo real e histórico como la violencia y la esclavitud como ajeno al capitalismo, para así afirmar al capitalismo y el “trabajo libre” como fase indispensable en el progreso de la humanidad. Ese es el método general de la economía política, que luego asumirá la socialdemocracia en general y el marxismo leninismo como ideología del trabajo y religión de Estado. El origen idílico del capital es la primera piedra de todo el edificio ideológico de la economía política, es decir de la biografía apologética del capitalismo.

GRUPO COMUNISTA INTERNACIONALISTA (GCI) 2024/25

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