16.MAR25 | PostaPorteña 2465

Los (NO) referentes de una disidencia incontrolable cinco años después

Por Mariela Michel

 

El 13 de marzo de este año se cumplen cinco años (en el Uruguay) de aquel día difícil de olvidar. ¿Es este un día conmemorable? Es cierto que el momento en que se declaró la emergencia sanitaria por Covid 19 quedó nítidamente impreso en la memoria explícita de casi todos los habitantes de este país.

Mariela Michel eXtramuros 09/03/2025

Digo que esa declaración quedó guardada en la memoria explícita, porque en general todos tenemos consciencia de ese recuerdo, lo podemos evocar y comunicar con palabras. Pero también es cierto que en muchas personas quedó una inscripción en la memoria implícita, es decir, a nivel corporal, como un temor vago o difuso; algo que en general nos ocurre a partir de un hecho traumático. En muchos casos, se manifiesta como una reticencia al acercamiento físico. Aún hay personas que saludan con puñito. 

También es fácil notar que la amplitud de circulación del otrora movedizo mate por los salones de clase se redujo a un rango muy reducido, a nivel individual, o a muy pequeños subgrupos de la ya no tan despreocupada juventud estudiantil. Es fácil percibir una sutil reducción de los saludos “con beso”, antes dados de modo generoso y algo desproporcionado en todo encuentro y despedida entre conocidos y desconocidos. Pero lo que marcó un antes y un después no fueron esos pequeños cambios en los rituales sociales, sino el hecho de que en la base de esos micro distanciamientos sociales cotidianos se puede entrever el mismo miedo al contacto de aquella época oscura, aunque algo atenuado o mantenido a raya. Una suerte de desconfianza ubicua se ha vuelto parte de una nueva normalidad que preserva los mismos sentimientos, pero de modo menos estridente.  Aún hoy puede ser detectado ese temor a la cercanía física en los espacios abiertos de un tejido social menos apretado. 

Por eso, la fecha que se acerca no parece digna de ser conmemorada, aunque sea inolvidable. Sin embargo, existe un aspecto que, para muchos, la vuelve celebrable, festejable. La contracara de ese temor inducido con prepotencia en ese momento oscuro fue el surgimiento espontáneo de una resistencia a aceptar de modo acrítico una serie de mensajes literalmente terroríficos.  El discurso amedrentador que se disparó desde los medios de comunicación, como una metralleta verbal ilustrada, imparable y avasalladora, no fue totalmente eficaz. En medio de esos mensajes lúgubres que tiñeron el entorno social de un tono plomizo, empezaron a surgir palabras insólitamente vitales. Como en la canción de Leo Maslíah, esas insumisas palabras eran emitidas desde lugares distantes y disimiles. Quizás también salían “de recónditos altillos, de paredes, de silencios” o de teclados con inquietos nudillos. En este caso, no eran el producto de poetas escribiendo con biromes en servilletas, pero sí eran signos que cumplieron una función similar a la de “pintarte las ojeras y pedirte que no llores”. Al menos pedían que no te asustes, porque nunca aceptaron de modo acrítico la afirmación de que el contacto humano era insalubre o mortal.  

La poesía/espontaneidad está en nosotros

Para seguir evocando la letra de Biromes y Servilletas, podemos asimilar las palabras lanzadas como cometas de los poetas montevideanos, con las que fueron escritas en los muros virtuales ese año, para abrir la posibilidad de retornar hacia la cercanía social tan denostada en la época “delapandemia”. Esos mensajes enviados al espacio dieron también un rodeo hacia las calles de Montevideo, y siguieron su viaje aéreo por el espacio virtual, sin fronteras de las redes sociales. 

En medio de un encierro asfixiante, abrir la pantalla de la computadora fue, en un primer momento, equivalente a dejar entrar bocanadas de aire con trinos de pájaros, más o menos afinados, pero difíciles de callar. Si algo cambió para bien a partir de ese día fue la constatación de que no era tan fácil controlar el pensamiento de la gente. Al menos no de toda la gente. Tampoco lo era determinar de modo inexorable sus sentimientos.  Y ese pequeño porcentaje fue al menos suficiente para abrir la posibilidad de dudar, de desoír las palabras oficiales y su discurso paralizante.  

Lo que caracterizó la palabra disidente fue su surgimiento espontáneo y ese elemento creativo: transformó esa prosa sin rima ni armonía en poesía para algunos oídos.  Uso el término ‘espontaneidad’ con apoyo en la definición del psicodramatista Jacob Levi Moreno como un concepto que está en la base de ‘la teoría de roles’, que sirvió como fundamento para la psicoterapia de grupos y la sociometría que él fundó. De acuerdo con esa definición, ‘la espontaneidad’ difiere del ´espontaneísmo´ por ser “la capacidad de dar una respuesta adecuada frente a una situación nueva o una respuesta nueva frente a una situación conocida”. La palabra “adecuada” indica que cualquier respuesta no puede ser considerada espontánea solo por el hecho de ser nueva. En el caso de la “emergencia sanitaria”, hubo en las voces disidentes menciones de  evidencias apoyadas en la ciencia, por lo tanto no se trató de una respuesta desconectada de la realidad, delirante,  ni de una oposición de rebeldía por la rebeldía misma. 

Pero además de ser adecuada, una respuesta espontánea se caracteriza por su novedad, porque no tiene precedentes, porque surge en una situación inédita esa única, vez desde el interior de cada ser humano de modo individual e intransferible en su fase inicial. Una prueba irrefutable para Moreno de que todos tenemos esa capacidad es que ya respondimos de modo adecuado a la situación más nueva que probablemente vayamos a enfrentar en la vida.  Ese cambio de entorno tan abrupto es, sin lugar a dudas el nacimiento, el pasaje de un medio acuático a uno aéreo requiere de un sinnúmero de modificaciones que deben ser realizadas en pocos minutos sin ensayo previo. Nadie nos enseñó ni modeló para nosotros esa respuesta vital y necesaria. 

Y aquí surge la pregunta: ¿De dónde salió esa voz disidente en cada uno de nosotros? Pienso que salió del mismo principio vital del que brotó el impulso inicial en el momento del nacimiento. Una vez más, se abrió en nosotros la posibilidad de respirar un necesario oxígeno discursivo. 

Por esa razón, pienso que una celebración es necesaria para reconocer el valor del pensamiento no guiado. También es bueno agradecer y honrar a quienes como los poetas de Maslíah, salieron de “agujeros mal tapados” para expresar ese pensamiento con valentía y para encontrarse en los espacios abiertos de una red mal controlada. 

La infértil búsqueda de referentes

La observación de la ‘emergencia’ de lo que se llamó “la disidencia”, en la época de la otra emergencia, la oficial, la “sanitaria” en 2020, está basada en mi experiencia personal, y en la de varias personas con las que conversé sobre este tema. En general, sus relatos siempre incluían la frase: “algo no me cerraba y un sentimiento urticante me llevó a dudar”. Y “la duda es el disparador del pensamiento” (C. S. Peirce). Es por eso que considero que cualquier celebración debe destacar esa característica peculiar, la espontaneidad, porque determinó su génesis. 

Sin embargo, existe en quienes tienen la necesaria función de organizar algún evento conmemoratorio una tendencia a ofrecer el espacio de oratoria a “los referentes del movimiento disidente”.  Por supuesto que ha sido imprescindible contar con el aporte de científicos, médicos, abogados, académicos, profesionales, dentro y fuera del país que, en base a su conocimiento específico, contribuyeron argumentos contundentes y evidencias sólidas. Sin desvalorizar esos fundamentales insumos, considero que el término referentes aplicado a un movimiento espontáneo provoca confusión y desvirtúa algo de su esencia. Sin duda, todos tenemos personas que influyen fuertemente en nuestro pensamiento. Unos párrafos más arriba mencioné a J. L. Moreno y la influencia que tuvo su concepción de la espontaneidad en mi visión de la naturaleza humana y en mi desempeño como psicodramatista. La relación establecida con los maestros no es simétrica. Con el tiempo y el crecimiento personal, un alumno puede establecer otro tipo de relación con su maestro, una que tienda a poseer las características de un vínculo entre pares.  Uno de sus alumnos directos, el psicoanalista argentino Dalmiro Bustos, una vez justificó alguna de sus discrepancias con el maestro a través de la espontaneidad: “Moreno nunca me dijo ‘sé yo’, sino ‘sé tú’.” 

Es cierto, esa frase tiene la apariencia de una paradoja o contradicción. ¿Cómo no seguir al maestro en su consejo de no seguir al maestro? Aún en aquel movimiento no dirigido que parece haber nacido de personas indómitas, de quienes no estuvieron dispuestos a dejarse influir por el discurso más influyente de los últimos tiempos, aparecían citas, menciones a personas con las suficientes credenciales como para ser consideradas referentes

La resolución de esta paradoja podría estar en el hecho de que es posible seguir la palabra de un maestro para apropiarse de su discurso, es decir, luego de encontrar las coincidencias y también las divergencias, imprimir en lo ‘a-propiado’ una inconfundible huella digital. 

En el caso del movimiento disidente, resulta contradictorio el referirse a algunos integrantes como “los referentes.  Por un lado, no se trata de un grupo homogéneo, sino de un conjunto de personas diferentes que coincidieron en algunos aspectos de una postura crítica a un discurso masivo, hegemónico. En ese sentido, puede haber “referentes” para algunos que no necesariamente lo sean para otros. No estamos ante un grupo compacto, sino ante un conjunto de seres humanos que por haber recibido ataques verbales, no verbales, epítetos patologizantes como “negacionistas”, “conspiranoicos”, terminaron por desarrollar un sentimiento de hermandad entre personas disimiles, como lo somos todos, y cuyo agrupamiento fue realmente “autoconvocado”.

Por otra parte, el término “referente” descrito en el diccionario como “término modélico de referencia”, no parece adecuado para referirse a quienes rechazaron seguir un modelo de pensamiento, uno que justamente fue impuesto por “referentes”. Hablo de las autoridades, que también nos fueron impuestas, como por ejemplo, los miembros del GACH.  El rechazo a un modelo fue la fuerza impulsora de una postura apoyada no en un “negacionismo”, sino en una firme negación.  Ese brote espontáneo fue la negativa tenaz a seguir el discurso imperante, el discurso de referentes sociales, académicos, mediáticos.  Cada una de las voces sin rostro visible que se materializó en frases, palabras y posteos en las redes, provenía de un sonoro “no” en el interior de cada persona que se resistió al aislamiento, al silencio, y a ser acallada, desvalorizada, avasallada por las mayorías locuaces de sus grupos de pertenencia. Brotaron esas voces en las redes sociales como expresión difícil de controlar de quienes antes de formar parte de ‘un movimiento’ fueron actores sociales individuales en busca a tientas de algún interlocutor perdido en la nube dentro del inmenso espacio virtual. La necesidad de ser escuchado, y su contracara, la de escuchar, fue lo que nos movió hasta llegar al foro de un debate neosocrático que tomó forma en la plaza pública de la era actual, en el ámbito virtual. Y en todo foro, el diálogo debe ser rey.  A partir de aquel día en el que la conversación social se convirtió en el aplauso de una sola mano, algo nos impulsó hacia la búsqueda de un dialogismo perdido. Fue la dificultad de esa empresa la que llevó a asumir un compromiso para con quienes vivieron una peregrinación semejante: el de defender la escucha mutua con perseverancia. 

Mi objetivo al escribir este texto es destacar el único elemento que considero celebrable hoy, 2025, de la fecha 13 de marzo a partir del 2020. Ese elemento es el que desde mi punto de vista marca un antes y un después, un giro positivo en el entorno social en el que estamos inmersos. Ese hito fue marcado por el descubrimiento de ese germen de pensamiento libre e insólito que emerge desde el interior de cada uno hacia el espacio común. Probablemente muchos descubrimos ese día al referente interior iluminador que nació de las tinieblas, y en el encuentro con otros, ratificamos su existencia.  Ese brote inicial de esperanza fue personal e intransferible. Por eso, el hablar de “los referentes de la disidencia” desnaturaliza algo esencial de eso que queremos celebrar y fortificar. Una disidencia que funciona siguiendo el discurso de los referentes se transforma por ese hecho solamente en ‘disidencia controlada’. No importan las buenas intenciones de quien es investido con los ropajes de ese admirado rol. El solo hecho de nombrarlo   referente  lo transforma en una figura paterna que marca los pasos a seguir. Y precisamente el no seguir fue lo que dio a luz a esta nueva forma de vínculo social, la que nació ese día. Ese vínculo puede ser descrito como una forma de militancia, pero esta otra es diferente e incluso opuesta al vínculo de militancia política al que estamos acostumbrados. En aquella otra militancia política, los referentes delinean con voz autorizada y autoritaria el camino a seguir. En este caso, el camino no está delineado.  

Por ese motivo, el nombrar referentes grupales, a pesar de cada uno de nosotros pueda tenerlos de modo puntual, desnaturaliza la esencia de un movimiento social que surgió para defender la autonomía y el pensamiento libre a todo costo. Para ello, todos pagamos un altísimo costo social y personal. Lo bueno de tanto esfuerzo es que de la autonomía no se puede volver atrás.


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