"Léxico del neoliberalismo. Las palabras del enemigo"* analiza la terminología que el neoliberalismo ha acuñado o apropiado mediante una operación de resemantización. Es decir, manipular el significado de cada palabra, para así construir una superestructura que sea percibida como única, dada, no discutible.
El neoliberalismo, a través de esta operación sociolingüística, ha creado un sustrato cultural, percibido como transversal a toda la clase social, universal y libre del peligro de ser cuestionado.
Mediante esta operación debe resultar imposible para el hombre medio siquiera concebir una alternativa al sistema neoliberal y, por tanto, siquiera imaginar una oposición. Esta gran manipulación semántica abstrae el término etimológico de su función operativa real.
La paz se convierte en guerra, la democracia en dictadura. De la misma manera, el progreso es algo bueno; Su significado de evolución positiva debe parecer un axioma. Sin embargo, sabemos bien que históricamente este no es el caso. El concepto mismo de "economía social de mercado" presupone que el objetivo debe ser satisfacer las necesidades de toda la sociedad. Y es precisamente en la base de las diferencias socioeconómicas, de la explotación, de una competitividad carente de todo escrúpulo ético. Sin embargo, competir significa correr juntos y no contiene la función del conflicto. Más bien, debería excluir la competencia desenfrenada en detrimento del ciudadano reducido a mero consumidor al que se puede engañar y en detrimento de producciones más sanas y menos agresivas.
Es precisamente la filosofía política y económica que ha desarrollado el liberalismo, el positivismo, que excluye cualquier regulación del mercado por parte del Estado.
El capitalismo no quiere obstáculos, en nombre de un concepto distorsionado de “libertad”, término también funcional a la narrativa neoliberal.
El progreso debe ser ilimitado, global y globalizado: es este concepto el que ha absorbido y desviado el anhelo de internacionalismo, que indicaba en cambio solidaridad entre las clases explotadas de todo el mundo.
Dos conceptos completamente antitéticos, contrapuestos, uno la negación del otro, y sin embargo la estigmatización de los movimientos no-globales se basó en esta manipulación semántica y el soberanismo se transformó en un término negativo, asociado al nacionalismo de una derecha racista y xenófoba.
La dialéctica desaparece de la coexistencia de la contradicción, lo dado se vuelve absoluto, no hay alternativa posible.
Sólo una cosa es verdadera y absoluta: el sistema neoliberal.
Hay que convencer a la gente de que siempre ha sido así y siempre será así.
No se permiten dudas ni herejías: se convierte en una fe.
Y así es como la competitividad, asumida como axioma, se vuelve endógena al servicio público. Las empresas son escuelas y centros sanitarios, sus objetivos son empresariales, atraer clientes bajando los niveles de calidad. La eficacia y la eficiencia ya no se evalúan en función de los resultados obtenidos para los usuarios ni siquiera de la prevención, cuyo seguimiento específico se ve dificultado. La evaluación se refiere por un lado al ahorro y por otro a la cronicidad del cliente usuario.
El principio de competencia y competitividad y la hibridación entre lo público y lo privado no conducen a una carrera por la mejora cualitativa para todos, sino sólo a la optimización de la fragmentación individualista. La transparencia es otro método sutil de manipulación. A través de Internet y las redes sociales aparentemente lo sabemos todo, un escaparate que cambia constantemente y ofrece una experiencia mediada.
Es decir, una no-experiencia.
Aprendemos a través de la mediación y ya no adquirimos herramientas experienciales para reflexionar y desarrollar el pensamiento crítico. Todo nos lo sirven ya cocinado y comido. Esto nos impide dedicar tiempo y energía a estudiar, a profundizar, a intentar indagar aquello que se nos oculta. Esta dialéctica de autoridad y libertad no permite el control. Cada uno de nosotros se expone, se ofrece a la mirada de los demás: es una violencia que impide la discreción, la intimidad, la privacidad. Bauman dijo que Facebook es el escaparate de la soledad. Sólo conocía el íncipit de ese pasaje fundamental entre la relación directa y la virtual, pero comprendía perfectamente el peligro de una sociedad líquida incapaz de comunicar y socializar el malestar. A través de la autoexposición uno afirma la propia existencia, sin que ésta tenga que corresponder necesariamente a la realidad cotidiana. En efecto, el eterno doble pirandelliano se crea y se alimenta, como autoterapia individual e improductiva para alienar el miedo a vivir y rebelarse contra una condición de mero portador de datos para las multinacionales.
Nos cancelamos nosotros mismos.
Otro engaño se refiere al concepto de capital humano. La escuela ya no forma, produce competencias que ya no apuntan al conocimiento, a la comprensión, sino sólo a la resiliencia ante las exigencias del mercado de trabajo. No a la colaboración, sino a la competencia por la competencia misma, a la evaluación cuantitativa de cuánto beneficio se puede producir. Y así es como las escuelas ofrecen experiencias digitales y cursos de formación en inteligencia artificial, en lugar de filosofía, historia, latín.
Desde la revolución industrial, el mercado se presenta como una realidad independiente, con sus propias leyes, incluso una ciencia. Eso es lo que te importa. "Es el mercado..." Y en el altar del mercado debemos sacrificar la antropología social. "Será el propio mercado —nos llevan diciendo dos siglos— el que conducirá automáticamente al bienestar colectivo. Así que celebremos la competitividad si al final sobrevive el mejor o el más adaptable".
Y con este pequeño cuento hemos sacrificado nuestra humanidad al dios del mercado.
Los precios también deberían ser más accesibles gracias a la competencia y las leyes del mercado.
¿Pero es así?
No.
La distribución del ingreso no está mediada por el llamado mercado social, que debería evitar los cárteles entre empresarios y garantizar la transparencia competitiva.
Otro componente es la utilización de la deuda para introducir el crédito social, la fiabilidad del deudor, que debe ajustarse al orden establecido si quiere ser evaluado positivamente.
Y aquí está el pacto de estabilidad, la restricción externa, la imposibilidad de un Estado o de un individuo de escapar de las cadenas de la deuda.
Recordemos a Grecia o a Berlusconi: la deuda medida en relación al PIB es un chantaje. Yo diría que hoy ya ni siquiera se utiliza: basta con declarar nulas las elecciones y declarar inelegible a un rebelde...
Otro término es transición ecológica, impuesta desde arriba siempre como una forma de culpa.
Coches eléctricos en el centro de la ciudad, por supuesto sólo para beneficio de los ricos. ZTL [“Zonas de Tráfico Limitado”, en alusión a los lugares elitistas de las ciudades, donde vive la “izquierda caviar”. N. del T.] en Calenda.
Una táctica de manipulación, el greenwashing, que hoy está en crisis, dado que una sola bomba envía al infierno años de diligente separación de residuos o gasto de kilómetro cero. Otros dos términos relacionados son frontera y límite, términos asimilados con el objetivo de justificar la frontera móvil, la colonización de asentamientos más allá de fronteras trazadas sólo temporalmente y, de hecho, móviles.
Desinterés, como estamos viendo, por la cultura, por la historia, por el derecho de autodeterminación de los pueblos, por las raíces de la identidad en su propia tierra.
Otro término distorsionado por el léxico del neoliberalismo es woke, nacido como una recomendación a las personas discriminadas de las comunidades afroamericanas.
Significa mantenerse despierto y prestar atención.
Y se ha convertido en la defensa de unas cuantas minorías identitarias en oposición a la reivindicación de derechos sociales colectivos.
De ahí los asteriscos, las opciones publicitarias de los empresarios tecnológicos para congraciarse con quienes creen que la inclusión puede limitarse a cuotas rosas o arcoíris.
Estimular el conflicto horizontal es, en la práctica, el objetivo del neoliberalismo para evitar que surja el conflicto vertical.
*Editada por La Fionda, se presentó en Roma el martes 8 de abril en la librería y café literario Errante.
Traducción: Carlos X. Blanco