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Muerte del Papa Francisco

Por Zanatta/Zhok

 

Loris Zanatta, estudioso del peronismo argentino y de la Iglesia católica: "La idolatría de Bergoglio como Papa revolucionario es ridícula"

El historiador italiano, que próximamente publicará en español su retrato político del Pontífice, denuncia que éste "representa una tradición antimoderna del catolicismo" y que "consideraba la tradición ilustrada como un enemigo histórico"

Maite Rico, 24 abril 2025 El Mundo España

Loris Zanatta (Forlí, Italia, 1962) anda horrorizado por el despliegue "de idolatría" hacia el papa Francisco que ve en estos días. Catedrático de Historia de América Latina en la Universidad de Bolonia, estudioso del peronismo argentino y de la Iglesia católica, acaba de publicar en Italia Bergoglio, una biografía política, que saldrá en español próximamente. Lejos de ser un Pontífice progresista, dice, Bergoglio encarnó un catolicismo antimoderno, enemigo del pensamiento ilustrado.

Jesuita, argentino, peronista... ¿Cuál es el perfil de Jorge Bergoglio?

Bergoglio siempre fue un hombre de confundir huellas, de decir y desdecirse. En eso fue muy jesuítico. Hay una frase que decía a sus alumnos que lo pinta de cuerpo entero: hablar oscuro y pensar claro. En términos históricos, es un representante típico del populismo latinoamericano, de un catolicismo heredero de la Contrarreforma. El catolicismo europeo terminó por hibridarse con las corrientes ilustradas, o sea, con la revolución científica, el racionalismo, el liberalismo. En cambio, el catolicismo argentino al que pertenece Bergoglio, y que encontró en el peronismo su confluencia política, considera una traición el entendimiento con el liberalismo. Es un catolicismo de cristiandad: por encima de las instituciones seculares, de la democracia, de la separación de poderes, está la catolicidad del pueblo. Y ese pueblo está representado en primer lugar por la Iglesia, que tiene un derecho implícito a tutelar el orden político y social.

¿Cómo se ha traducido esto en el Pontificado?

Ese rechazo a la herencia de la Ilustración se tradujo en su geopolítica, en su visión tercermundista. En los viajes por el Sur global, que fueron la mayoría, Bergoglio se dedicó, primero, a oponer el sur religioso y sus pueblos, pobres, puros y virtuosos, al norte irrecuperable, descristianizado, secularizado, pecaminoso. Y en segundo lugar, a advertir a esos países del sur en contra del progreso, que implicaría sucumbir al canto de sirena de la colonización ideológica, como decía él, del norte desarrollado. Era la misma denuncia que han hecho siempre en Argentina el nacionalcatolicismo y el propio Bergoglio: la clase media, los intelectuales, los laicos, todos aquellos contaminados por la tradición ilustrada, no eran verdaderos argentinos. Eran la clase colonial, nada menos. Y en el Pontificado proyectó esa misma visión

La Iglesia nunca ha sido devota de la economía de mercado, pero el discurso de Bergoglio era especialmente rudimentario, con esa concepción de la economía como un juego de suma cero.

Rudimentario es la palabra. Una de las grandes influencias de Bergoglio fue Hernán Benítez, un jesuita argentino que le escribía los discursos a Eva Perón. Benítez decía que el peronismo era un comunismo de derechas, por su rechazo visceral de la economía de mercado. Y claro, la Biblia está llena de citas que pueden servir para esto. El Sermón de la montaña, por ejemplo, parece un manifiesto anticapitalista. La idea es que el mercado alimenta el egoísmo, la codicia, y la pobreza es virtuosa y preserva de la corrupción. Es un pobrismo radical. Y era la visión de Bergoglio, aunque sus consejeros economistas en el Vaticano le suavizaron los últimos discursos, porque era demasiado primitivo. No es casual que Argentina, donde esta ideología terminó siendo hegemónica a partir del peronismo, haya sido un caso mundial de decadencia económica.

Es curioso que tenga fama de progresista y es sintomático que haya sido adoptado como ídolo por la izquierda más reaccionaria: comunistas, bolivarianos, etc.

Un fenómeno extraordinario de nuestra época es el cambio del significado de las palabras. En realidad, Bergoglio representa una tradición antimoderna del catolicismo, que en otra época se llamaba conservadora y que hoy se la llama progresista. Por otra parte, aquéllos que menciona son también antimodernos: tienen una visión apocalíptica del mundo y sus desafíos, del cambio climático a la revolución tecnológica. Así que no es casual que vieran en Bergoglio un progresista. Marx por lo menos creía en el progreso, tenía cierta base ilustrada de la que carecen sus herederos. Son católicos antiguos, cristianos antiguos, de aquéllos que combatieron la Reforma protestante. Ahí se quedaron.

"La astucia de los símbolos y de la palabra de Bergoglio es suprema"

Juan Pablo II fue un revulsivo pastoral y político. Y Ratzinger, un gran teólogo e intelectual. ¿Cree que el papado de Francisco va a dejar alguna huella?

En Italia asistimos en estos días a una especie de idolatría de masas que me asquea. Supongo que en España pasará lo mismo. La idolatría por Bergoglio como Papa revolucionario me parece hipócrita y ridícula. En términos de reforma de la Iglesia, no ha habido ninguna revolución, y sí muchas palabras y mucha astucia, porque siempre fue un hombre extraordinariamente astuto. Pero la huella que él deja, que considero preocupante, es haber acelerado la desvinculación del catolicismo de sus raíces culturales europeas. Un catolicismo antiilustrado, que apunta para su futuro a la religiosidad popular, pongamos africana o latinoamericana, amenaza con ser un catolicismo empobrecido y mucho más permeable a formas políticas irracionalistas. Veremos qué hará el próximo Papa.

Usted define a Francisco como un Papa político. También lo fue Juan Pablo II.

El catolicismo polaco y el catolicismo argentino son muy parecidos. Son nacional-catolicismos. Polonia era una nación católica entre una nación protestante y otra ortodoxa; Argentina encontró en la catolicidad el vínculo nacional que tanto necesitaba un país migratorio. En ambos casos terminó triunfando la identificación entre nación, religión, pueblo. La noción de pueblo como pueblo de Dios. De manera que el catolicismo de Juan Pablo II y de Bergoglio tiene una raíz popular y populista. Para Juan Pablo II, la amenaza a la catolicidad de la patria polaca venía de Rusia soviética, y en el caso de Argentina, el enemigo de la nación católica siempre había sido el protestantismo anglosajón. Juan Pablo II combatía el comunismo, Bergoglio combatía el liberalismo. No es casual que Ratzinger nunca fuera popular entre los católicos argentinos, porque era demasiado intelectual, demasiado europeo, y en cambio Juan Pablo II les encantaba, porque era como el clero argentino, o sea, reivindicaba la unión entre Dios, patria y pueblo, la tríada maravillosa.

Al contrario que Juan Pablo II, Bergoglio viajó a Cuba y no recibió a ningún disidente y ni habló de derechos humanos. Atacó a la oposición venezolana. Justificó la invasión de Ucrania, aunque luego matizara. Esa connivencia con regímenes autocráticos, ¿puede interpretarse como un intento de jugar un papel mediador o se deriva también de sus raíces peronistas?

Se deriva totalmente de sus raíces. El pueblo puro son los movimientos nacional populares, así los llamaba él, y enfrente están las élites corruptas, las clases coloniales, vendidas al protestantismo anglosajón. Y en esta visión del mundo, el peronismo, el castrismo, el indigenismo, el chavismo, y otros muchos ismos, son de su cuerda. Por malos que sean, han nacido de la raíz nacional católica. Los otros no. Los opositores venezolanos, los disidentes cubanos, son cipayos, como se dice en Argentina. Son el caballo de Troya de la modernidad liberal. Bergoglio ha tenido una responsabilidad enorme. En Venezuela, le salvó la vida política varias veces a Maduro. Y nunca lo vi exponerse tanto políticamente como con Evo Morales: luego, cuando se supo lo que era, no lo criticó, simplemente dejó de mencionarlo. Para Latinoamérica este Papa ha sido nefasto.

Usted señala su injerencia política en Argentina, para intentar reorganizar la oposición y rescatar el peronismo.

Fue una injerencia gigantesca, desde siempre. Su juego político era una lucha en dos frentes. Primer frente: reunir el campo nacional popular contra los cipayos, cuando gobernaron aquellos que él consideraba no argentinos, clases coloniales, como Macri o antes Raúl Alfonsín. Segundo frente: cuando ganaba el peronismo, jugaba por dentro, de puntero, para reunir al peronismo histórico, o sea, el peronismo nacional católico, contra las corrientes más izquierdistas, muchas veces secularizadas, que se habían infiltrado.

Se destaca su sencillez y su austeridad. Gestos como no llevar zapatos de Prada, ni usar el apartamento papal, etc... ¿Ve una ruptura con la tradición?

Con la tradición del Pontificado, en cierta medida sí. Con la tradición argentina, no, para nada. Si uno se fija, hay en Bergoglio una exhibición de la pobreza, una exhibición de la modestia, una exhibición de la humildad. Y eso es muy típico del catolicismo argentino, donde la idea, que viene de la Sagrada Escritura, es que para ser fuerte, para dominar, hay que hacerse pequeño. Evita Perón alardeaba de humildad, en los discursos que le escribía el jesuita Benítez, y era la persona menos humilde de la tierra. Entonces toda la vida de Bergoglio está centrada en hacerse pueblo. Por ejemplo, él era un gran aficionado a la música clásica. Pero en la liturgia o en las celebraciones no quería que se escuchara y se hacía pasar por un admirador de la música popular, que en realidad no le interesaba.

Tenía un componente exhibicionista.

Sí, totalmente. Y un poco narcisista. Pero su afán era la exhibición de la humildad. Ya el nombre de Francisco, si lo piensa, es muy arrogante. El máximo de la humildad para expresar el máximo de la arrogancia. Solo llamarse Cristo lo hubiera superado. Porque lo que nos está diciendo con ese nombre, que ningún Papa tuvo, es que él es el más pobre de los pobres. Él es el fundador de una nueva religión o al menos vuelve a las raíces que todos los otros se supone que han abandonado. La astucia de los símbolos y de la palabra de Bergoglio es suprema.

A Francisco se le adjudica un papel transgresor, con respecto al papel de la mujer o los homosexuales. Pero descartó el diaconado femenino y vetó a un embajador homosexual en el Vaticano. ¿Más gestos que realidades?

Sin duda. Mucha cosmética. Cuando en Argentina se planteó el matrimonio igualitario, él habló directamente de una guerra de Dios. ¡Guerra de Dios! Parecía la Reconquista española. Ese fue siempre fue Bergoglio. Pero claro, como Pontífice en el corazón de Europa sabía que no podía mantener esta posición. Y jugó la carta peronista: pequeñas cesiones para evitar cambios mayores: incluir algunas mujeres en el gobierno de la Iglesia, dedicar algunas palabras sin ningún compromiso hacia la comunidad homosexual... En los episcopados europeos, especialmente el alemán, hay fuertes presiones a favor de cambios más sustanciales. Y él trató de mantenerse en equilibrio, como hizo toda su vida, caminando entre dos aguas para flotar.

¿Ha sido un Papa divisorio internamente, dentro de la Curia?

Bergoglio siempre dejó las instituciones partidas en dos, comenzando por los jesuitas argentinos: una parte era devota a él y la otra lo odiaba a muerte, porque siempre muy autoritario, muy verticalista, como dicen los peronistas. Así que acá hizo lo mismo. Su política de nombramientos fue poco respetuosa del pluralismo en la Iglesia, metió a sus hombres en todos los lugares. Y cuando no cumplían, los echaba de mala manera. Cuando pasen estos días de idolatría, en los próximos meses y años, comenzarán a salir a flote las broncas que han quedado dentro de la Iglesia, que está profundamente dividida tanto en términos doctrinarios como de estilo de gobierno.

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“La principal herencia del pontificado de Francisco es la desvinculación del catolicismo de sus raíces europeas”

 

El ensayista italiano  L. Zanatta analizó la labor del líder de la Iglesia Católica, que murió ayer a los 88 años, y ahondó sobre su legado y su relación con el peronismo

Alejandro Caminos infobae 22.04.25

“La principal herencia de este pontificado es de tipo cultural-histórico muy profundo, que implica la desvinculación creciente y muy acelerada del catolicismo de sus raíces europeas”, consideró.

En comunicación con CNN Radio, Zanatta explicó el catolicismo europeo: “Es uno de hibridización a lo largo de los siglos entre el cristianismo y la ilustración. Bergoglio, en cambio, se formó en un catolicismo anti ilustración, que vio siempre en la ilustración y sus consecuencias, como la economía de mercado y la liberal democracia. Vio siempre los factores que habían destruido la cristiandad americana”. Y señaló que el cambio de paradigma puede tener consecuencias de gran alcance en el futuro.Sobre dichos efectos, el historiador indicó que el pontificado de Francisco ya tuvo “consecuencias geopolíticas importantes”, porque pensó el mundo como uno post-liberal y post-occidental.

“Si su muerte puede determinar otro cambio geopolítico, es imposible decirlo porque dependerá de quién saldrá papa y cuál mayoría lo sostendrá en el cónclave”, comentó. En este sentido, resaltó que los nombramientos hechos por Francisco pueden hacer pensar que la Iglesia seguirá una línea.“Será muy importante ver si es un papa europeo o no porque un europeo, aun en la línea de Bergoglio, matizaría mucho el anti-occidentalismo que Francisco tuvo”, apuntó.

En tanto, Zanatta determinó que los 12 años del papado del religioso argentino fueron muy intensos. Y subrayó: “No fue ningún pontificado de transición como muchos imaginaron en sus comienzos”. Sin embargo, tampoco lo calificó como revolucionario, ya que hubo intentos de reformas dentro de la Iglesia “que se quedaron a mitad de camino”.

Francisco y el peronismo

Por otro lado, Zanatta se refirió a la forma de hacer política de Bergoglio y su relación con el peronismo. En este punto, recordó que el movimiento nació “como efecto secular y político del gran rescate nacional y católico que se dio en los 30″. Y que es imposible concebir al peronismo “sin el triunfo de la nación católica contra la argentina liberal”.

“A partir de ese momento, el nacional-catolicismo, del cual Bergoglio formó parte, reivindica al peronismo como un peronismo nacido de la nación católica, como expresión de la identificación entre religión, nación y cultura popular”, instituyó el historiador.

En este punto, Zanatta se explayó sobre las controversias que mantuvo Jorge Bergoglio con Carlos Menem y Néstor Kirchner: “Si estaba en contra de Menem era porque Menem, al adoptar una política de libre mercado y de alianza con Estados Unidos, ya no era un verdadero peronista. Lo mismo con Kirchner, en el momento que él se mandó la alianza con movimientos o con tendencia culturales post-modernas, la acusación de Bergoglio no era de ser peronista, sino de haber traicionado al pueblo peronista”.

Y finalmente definió: “Cuando Bergoglio era joven decía que el peronismo era la encarnación del pueblo creyente, del otro lado estaba el antipueblo y las clases coloniales”

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Sobre la muerte de Bergoglio

por Andrea Zhok

 

Creo que los últimos veinte años de pontificado han delineado un cuadro en el que es evidente el declive de la influencia internacional del papado romano.

Los dos últimos pontífices han intentado caminos complementarios, en parte opuestos, para dar una nueva centralidad a la Iglesia católica.

El Papa Benedicto XVI, en su pontificado de ocho años (2005-2013), intentó recorrer un camino de consolidación doctrinal con la restauración de algunos factores tradicionales. En este camino “tradicionalista” encontró tal resistencia en el entorno vaticano que lo llevó al inaudito paso de abandonar el trono papal durante su vida. El gesto de Benedicto pretendía ser emblemático y de advertencia.

La referencia al fundador de la principal orden monástica, San Benito, fue concebida por Ratzinger como un deseo e inspiración para un “renacimiento” del mundo occidental, así como los monasterios benedictinos habían sido su matriz tras el colapso del Imperio romano (la deposición del último emperador occidental, Rómulo Augústulo, se remonta al 473 d. C.; la composición de la regla benedictina se remonta al 525 d. C.). Esa esperanza y esa inspiración han fracasado. Los Papas, como los soberanos del pasado, nunca gobiernan solos, sino que necesitan un ambiente funcional, un “tribunal”, un “aparato” eficaz y adherente a la “misión”, para traducir su enseñanza en costumbres e instituciones. Y ese ambiente resultó inadecuado para la tarea de traducir la enseñanza de Ratzinger.

El Papa Bergoglio había ascendido al trono papal remitiéndose a otra figura emblemática, menos decisiva a nivel institucional, pero poderosa a nivel ideal: San Francisco de Asís.

La figura de Francisco, ascético, místico, con rasgos casi panteístas, expresaba una esperanza y una inspiración diferentes a las de Benedicto, pero igualmente caracterizadas por el signo de una renovación radical. El ideal del Papa Francisco era apoyar a los humildes, a los “perdedores” del mundo moderno. Quería criticar la explotación del hombre por el hombre y del hombre por la naturaleza.

La encíclica “Laudato Si” sigue siendo un texto ejemplar, una encíclica de gran fuerza analítica y de rara profundidad de mensaje. A menudo se cita “Laudato Si”, calificándola de “encíclica ecológica”, como si fuera una de las muchas muestras de lavado verde que plagan el discurso público actual. Pero quien se tome la molestia de leerlo encontrará una extraordinaria riqueza analítica, una integración del tema ambiental en el tema de la explotación económica general, una crítica de los mecanismos del capital, del predominio de la economía financiera sobre la economía real, de la dominación tecnocrática, una crítica de las supuestas "soluciones de mercado" a la degradación ecológica (como los "créditos de carbono"), y mucho más.

Pero a pesar de las grandes esperanzas iniciales, los doce años de pontificado de Bergoglio han demostrado una vez más la enorme dificultad del papado actual para proponer con éxito un mensaje autónomo.

Los rasgos del magisterio de Bergoglio que han sido retomados y promovidos han sido todos y sólo aquellos pocos de "liberalización de costumbres" (por ejemplo: las aperturas LGBT con la carta al Padre Martín) y la amplificación de la narrativa actual (por ejemplo: la adhesión a la lectura dominante sobre el Covid) que se ajustaba a una imagen de "modernismo" estereotipado. Muchas otras posiciones incómodas sobre el capitalismo financiero o sobre cuestiones internacionales, desde Israel hasta Libia, desde Irán hasta Rusia, han sido silenciadas, a veces incluso censuradas.

La impresión general es que los dos últimos pontificados han mostrado dos intentos –intelectualmente sólidos y espiritualmente elevados– de dar una nueva centralidad al catolicismo romano y su mensaje histórico.

El primer intento, con una connotación más “conservadora”, rápidamente encalló en la parálisis.

El segundo intento, de connotación más “progresista”, se vio reducido a una impotencia sustancial en todos los terrenos en que no remó en la dirección de la corriente –donde la “corriente” indica la moda ideológica favorecida por las oligarquías financieras angloamericanas.

De Ratzinger y Bergoglio se puede decir cualquier cosa, pero ciertamente no que fueron papas sin inspiración, preparación y carácter. De nada.

Sin embargo, es difícil decir que dos décadas después el estatus ideal y operativo del cristianismo católico haya adquirido alguna centralidad o autoridad.

Lo que traerá la próxima fumata blanca del cónclave es, por supuesto, una incógnita, pero creo que es prudente mantener bajas las expectativas.

Las condiciones históricas no parecen ser tales que permitan a un nuevo pontífice, cualesquiera sean sus cualidades sobresalientes, revertir una tendencia estancada. Y el problema no es que “el Papa no tenga divisiones militares”, como dijo Stalin en Yalta: las “palancas espirituales” pueden hacer cosas extraordinarias. Pero las palancas espirituales son esa “fuerza débil” que sólo funciona cuando descansa sobre un punto de apoyo espiritual dentro de las personas. Y hoy no apostaría por la difusión de tal punto de apoyo ni siquiera entre aquellos que viven en las salas de los palacios vaticanos...

https://www.sinistrainrete.info/articoli-brevi/30343-andrea-zhok-in-morte-di-bergoglio.html

Traducción: Carlos X. Blanco


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