02.MAY25 | PostaPorteña 2476

Uruguay: Por cuatro días locos Te tenés que divertir

Por varios

 

 La crisis es cultural

 
Alfredo Lara, @Alfredolara, 29 abril 30 2025

 

 Una vez más, según las encuestas, parece que a la mitad de los ciudadanos de Montevideo no les interesa la gestión y la eficiencia de su gobierno. Los sondeos indicarían entonces que a la mayoría de los montevideanos no les preocupa la basura, ni el tránsito caótico, ni la falta de iluminación, ni las calles y veredas deshechas o inexistentes, por las que deben circular. No les interesa la ausencia de transparencia y cristalinidad en el uso del dinero público por parte de las autoridades de la intendencia, ni las compras directas a empresas "amigas", o la contratación de militantes con altos sueldos y privilegios. No se indignan por las "ventajas" que tienen los funcionarios municipales, en razón de su filiación política, desde hace 35 años, con absoluta impunidad y descaro.

En resumen, podría deducirse que los dirigentes políticos que confían en realizar las obras necesarias y gestionar con diligencia los recursos públicos, para obtener votos, tienen un profundo desconocimiento de la realidad social. En el Uruguay actual, con prácticas y costumbres que recuerdan al siglo 19, esas "pequeñeces" no interesan a vastos sectores de la población.

La Coalición Republicana apostó a una gestión de obras, puentes y carreteras en todo el país, apuntó a modernizar y preparar el futuro para las inversiones y emprendimientos, pensando que la población valoraría el esfuerzo y respondería a ello en las elecciones. No fue así. Nunca ha sido así en las últimas décadas, si se estudian los resultados electorales en nuestro país y se analizan a través de la gestión realizada por los gobiernos.

El gobierno de Lacalle Herrera (1990-1995) fue, para muchos analistas, el mejor desde el retorno de la democracia, en materia de gestión y legado. Sin embargo, una concertada operación de prensa de adversarios políticos y otros poderes, deslegitimó y opacó para la historia a ese gobierno que impulsó la mayor agenda de cambios reales en el país en décadas. Tras el gobierno de Lacalle Herrera, los blancos perdieron la elección en 1995 a manos de Julio Sanguinetti, uno de los ideólogos de dicha operación, según recuerdan dirigentes políticos de la época, por apenas 23 mil votos. La posterior ofensiva feroz de adversarios y prensa, denominada por Lacalle Herrera: "la embestida baguala", tuvo una pobre defensa de su propio Partido y sepultó para siempre sus expectativas de regreso al poder.

En los gobiernos del FA, en cambio, sucedieron hechos gravísimos que terminaron con un vicepresidente de la República, ministros, legisladores y otros principales jerarcas, condenados por la justicia, pese a lo cual no hubo afectación en los resultados electorales de dicho partido. El FA continuó ganando elecciones sin inconvenientes a nivel nacional, en Montevideo y Canelones.

¿Cambió la sociedad y su valoración sobre hechos cuestionables de los gobiernos? ¿Cambió el tratamiento de los hechos por parte de la prensa? ¿Incidió en ello la defensa cerrada de cualquier hecho de corrupción o presunta corrupción que ha hecho el FA de cada uno de sus dirigentes denunciados? Cuanto más se deteriora la formación ciudadana y su educación, menos capacidades y criterios tienen los pueblos para analizar críticamente a sus gobiernos.

Las dádivas del Estado, clientelismo y populismo de la izquierda, han sido elementos que han incidido en forma determinante en los resultados de las elecciones en 2009 y 2014, mientras que en 2019 casi alteran el resultado del balotaje (la remontada de Martínez), que no ganó por poco.

El reparto del botín estatal, la creación de empleos públicos, el "favor" a las empresas amigas, se convirtieron en las claves del acceso al poder, especialmente en los países de América Latina. La llegada de la izquierda al gobierno en la región a principios del siglo 21, empeoró los indicadores sociales, empobreció intelectual y económicamente a las poblaciones y las hundió en el deterioro moral y la ignorancia, caldo de cultivo ideal para ese populismo socialista. Las ingentes cantidades de dinero que manejan y distribuyen a su antojo, a través de los recursos que vuelca el Estado para su funcionamiento y los métodos de recaudación compulsiva con legisladores y cargos en los gobiernos, también son un impulso muy fuerte a las políticas de asistencialismo y populismo para la conquista de votos en los sectores más humildes.

El MPP, de Mujica y Orsi, es un claro ejemplo de ello. Al límite de la ley obtienen grandes recursos para impulsar sus políticas de distribución económica a distintos sectores de la población, lo que pone en entredicho las sanas prácticas republicanas y democráticas en la sociedad. Según explican analistas a nivel regional, es el partido empresa, con propiedades, emprendimientos comerciales, que realiza inversiones en distintas áreas y se organiza como una empresa, se fortalece en recursos para sus fines electorales pero se debilita en la falta de capacidades y preparación para realizar una gestión de gobierno que favorezca a la población del país, lo cual debería ser su tarea principal. Se llega entonces a un sistema político en una aparente contradicción que marca nuestro tiempo: partidos políticos fuertes, pero populistas y clientelistas, con democracias débiles, que profundizan la ignorancia y la desigualdad en el tratamiento de los ciudadanos ante la ley, con una justicia que privilegia a los políticos y a los sectores más poderosos de la sociedad.

 

Evasión de impuestos y liderazgos 

 

 "En apenas 60 días ha colapsado la confianza pública en un gobierno surgido del malhumor de los partidarios del gobierno anterior"

Graziano Pascale, Contraviento 1° mayo 2025

El presidente Orsi se ha encontrado con dos problemas inesperados, que son el reflejo de la actitud propia de quienes creen en el fondo que los impuestos los deben pagar «los ricos», o, más específicamente «la derecha», para financiar la vida de «los pobres», es decir, de «la izquierda».

Es probable que el lector encuentre que el párrafo precedente es una simplificación grotesca de la realidad. En parte tiene razón. Pero, como toda caricatura, no hace más que resaltar la esencia del objeto de la misma.

Si no fuera porque el relato hegemónico de los medios y de otros actores relevantes de la sociedad se inclina desde hace años hacia el Frente Amplio, hoy el país real estaría sacudido por una crisis de confianza inédita en la historia reciente.

El hecho de que una ministra de Vivienda resida en una casa construida en forma ilegal, sin pagar los impuestos cuyo pago exige al resto de los ciudadanos, y que el responsable de planificar el presupuesto del Estado no cumpla con sus obligaciones tributarias, sería el argumento perfecto de una comedia de Hollywood sobre un gobierno bananero.

Pues bien. De eso se trata esta crisis: de la abrupta caída de los estándares éticos para gobernar un país, en medio del estupor de una sociedad que no termina de asimilar ni la gravedad de esta crisis de confianza, ni la falta de liderazgo para encarar el problema.

«No estaban preparados»

Esta crisis, como ninguna otra producto de los factores típicos del conflicto social, es la radiografía perfecta del vacío político que hoy se hace evidente en el país. Los defensores del gobierno han quedado sin argumento, balbuceando explicaciones absurdas que no hacen otra cosa que alimentar la indignación popular. Y la oposición no reacciona con la rapidez que la situación exige. La sociedad se expresa hoy en las redes sociales, el convidado de piedra de un sistema que hasta no hace mucho se manifestaba casi exclusivamente en las instituciones de la República. Hoy las redes son el equivalente a «la calle», es decir, a la multitud que antes de congregaba en la vía pública para hacer oír sus reclamos.

El presidente Orsi enfrenta un calvario para el cual sin duda no estaba preparado. Y no es un reproche, porque a nadie se le puede reprochar la falta de ciertos talentos o virtudes. Cada uno es como es. Lo demostró hace pocos días, cuando esperó impasible la evolución del «caso Cairo», hasta que la presión de los propios partidarios llevó a la ministra a hacer lo que no estaba dispuesta a hacer ni el propio gobierno le exigía.

El «caso Arim», aunque se le asemeja, tiene otras connotaciones que lo convierten en un problema político diferente al anterior. Mientras Cairo había llegado al gobierno como parte de la «cuota» de ministros que le correspondían al MPP por el peso de su caudal electoral, y por tanto su permanencia o no dependía de su grupo político, o específicamente de la decisión de Mujica, la designación de Rodrigo Arim no responde a un grupo político en particular sino a la decisión personal del presidente Orsi, seguramente en consulta con el ministro Oddone, otra figura sin respaldo sectorial.

La evasión de impuestos por parte de un gobernante, que ha quedado de manifiesto a través de una investigación periodística, es un asunto muy grave. Pero más grave aún puede ser para el país la evasión del liderazgo de quien hoy tiene en sus manos la posibilidad de restaurar, con una decisión personal -dolorosa, sin duda- la confianza ciudadana en la rectitud de sus gobernantes, los hayan votado o no.

La oportunidad que el presidente Orsi desaprovechó hace pocos días, se le vuelve a presentar de un modo imprevisto. Puede ser una señal del destino, porque difícilmente se le presentará una tercera oportunidad para mostrar lo que el país espera del jefe de su gobierno.

Sueño Con Serpientes

Sakmela1poquito Facebook mayo 1 2025

Les pido mil disculpas, he estado tan ocupado esquivando obligaciones y eludiendo compromisos, que no he podido dedicarles el tiempo que merecen para transformar, como una suerte de alquimia escatológica, todo el análisis político en una sonrisa. Pero no hay mejor momento que este, el día de la gloria del mediotanque y el puño crispado, para rendirme a los brazos de la musa, con la inspiración de una noche singular.

Esta mañana desperté abruptamente con manos temblorosas y las sábanas empapadas de sudor. Morfeo me visitó anoche, y me sumergió en una de las visiones más vívidas de mi vida. Soñé con un futuro distópico donde gobernaba la ultra mega híper derecha, en dónde el 1°. de mayo había sido renombrado como el "Día de los Tributadores", y así comenzó mi periplo onírico.

El festejo oficial era un desfile por 18 de Julio, a la sazón rebautizada como Av. Romina Celeste. En ella, legisladores, funcionarios y cargos de confianza se autoflagelaban a cada paso de su procesión, desde la Plaza Independencia (ahora Pza. Javier Milei) hasta el Gaucho (actual cruce de Av. Romina Celeste con Zurdos Empobrecedores), al pie de los ruinas de la Intendencia, para mayor referencia.

El desfile no era más que un gesto voluntario de duelo por el sufrimiento de los contribuyentes, llevado adelante anualmente por los avergonzados victimarios. Pero no todo era sufrimiento, había carros alegóricos que competían por el premio a la "Mayor decepción electoral", mientras cabezudos con el rostro de un exlegislador aterrorizaban a los niños entre risas, gritos y billetes.

Tras la marcha, se organizaban competencias en las que participaban los sangrantes políticos y militantes financiados con dinero público. Todo era risas y alegría. Las “carreras de ensobrados” arrancaban carcajadas del público, con comunicadores y periodistas llevándose los primeros puestos por su destreza en el arte, algunos tenían "la tapadita", y ganaban con facilidad.

Pero el evento estelar era la “construcción del castillo de naipes”, donde el desafío consistía en guardar una carta en la manga, sin colocarla, para que la obra nunca se terminara… y así evitar pagar impuestos y contribuciones. No menos divertida era la “rayuela legislativa”. Políticos, burócratas, y cada tanto alguna persona honesta, dibujaban un tablero lleno de regulaciones y, con su característica agilidad, debían saltar por los pocos cuadros vacíos, esquivando las trabas que ellos mismos habían creado.

Algunos, más osados, jugaban al Monopoly, pero en lugar de tirar dados, lanzaban leyes al tablero. Sí, así como lo leen. Uno compró una cadena de supermercados, y con un decreto que aumentaba los laudos, potenciado por la carta del consejo de salarios, mandó a todas las cajeras a ser reemplazadas por robots. La multitud estalló en vítores, celebrando la pericia destructiva de aquel legislador.

Fue un sueño impactante, entre premonitorio y ordinario. Tal vez, en su delirio, Morfeo me mostró la verdadera lucha de clases: no la que enfrenta a trabajadores y empresarios, sino la que los une en el mismo bando, el de los que pagan impuestos, contra la inmoralidad de quienes los inventan con la misma facilidad con que los evaden y viven de ellos con descarada destreza. ¡Feliz día de los tributadores para todos ustedes!


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