Graziano Pascale 14 mayo, 2025 Contraviento
Al tomar distancia de sus compañeros que, según dijo su esposa Lucía Topolansky en un reciente libro, habían acusado con falsos testimonios a varios militares que participaron en la lucha contra el Movimiento de Liberación Nacional y otras organizaciones de izquierda durante la dictadura militar, José Mujica había iniciado la última fase de una maniobra que tenía como objetivo lograr la anulación de los procesos iniciados por la justicia contra ellos, y por esa vía lograr la libertad de quienes están cumpliendo penas de prisión en la cárcel de Domingo Arena. Su muerte, ocurrida ayer, una semana antes de cumplir los 90 años de edad, dejó inconclusa esa última operación política, de la que se tenían claros indicios desde fines del año pasado, cuando Mujica y el general Guido Manini Ríos -que se desempeñó como Comandante en Jefe del Ejército durante su presidencia- mantuvieron encuentros reservados luego de confirmarse la victoria de Yamandú Orsi.
Mujica ya había adelantado en otras oportunidades su aspiración a que finalizaran esos juicios, como modo de cerrar definitivamente la herida abierta en el país tras el alzamiento armado del MLN contra las instituciones democráticas y la dura respuesta de las Fuerzas Armadas, primero durante la aún tambaleante democracia y luego ya sin freno alguno, durante la dictadura. Un acuerdo no escrito entre militares y tupamaros, pactado antes de la aprobación de la ley de amnistía de 1985, permitió que el país retomara la vida democrática sin la amenaza de hechos de venganza o la continuación de la cacería contra miembros del MLN que habían cometido delitos de sangre y no habían sido apresados y condenados durante aquellos años.
La salida de la cárcel le dio a José Mujica una segunda oportunidad para ser retratado por la historia. Y supo aprovecharla usando las herramientas que la Constitución otorga al ciudadano que aspira a tomar parte de la lucha por el poder político respetando las reglas del sistema democrático. Pero antes se aseguró de cumplir su parte del acuerdo no escrito, oponiéndose a quienes, ya en libertad, pensaban seguir actuando en la clandestinidad, sin renunciar a la violencia, en la que seguían creyendo como el camino más apropiado para imponer sus ideas en el país.
Luego vino la etapa de ser aceptados en el Frente Amplio, cuyo nacimiento en 1971 el MLN acompañó sin mayor convicción, aunque lo aprovechó para ganar influencia en el Parlamento, apoyando candidatos y grupos que le eran afines. Esas diferencias del pasado, y los enfoques no siempre coincidentes sobre la agenda política a impulsar, además de la resistencia que entre otros oponía el general Líber Seregni, fueron postergando el ingreso, hasta que finalmente el día de su 54º cumpleaños, el 20 de mayo de 1989, se le abrieron las puertas del partido que lo llevaría a la cúspide del poder político 20 años después.
El viejo MLN se transformó en el Movimiento de Participación Popular (MPP), y actuaría desde entonces como un sublema más del Frente Amplio. Primero diputado, luego senador, ministro durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez, y finalmente Presidente de la República, Mujica fue subiendo peldaño a peldaño la escalera que había despreciado en su juventud, cuando desdeñó el camino democrático.
Alejado Seregni del liderazgo del Frente Amplio, la coalición se apoyó en un triunvirato de hecho compuesto por Tabaré Vázquez, Danilo Astori y José Mujica, que a pesar de no haber funcionado en armonía plena durante los 15 años de gobierno del Frente Amplio, acordó que serían las urnas las que decidirían la rotación de los tres en la Presidencia de la República. Mujica se hizo fuerte en ese terreno en el que resultaba imbatible, de la mano del personaje del «Pepe» (nacido seguramente de sus contactos con delincuentes comunes en su paso por la cárcel), hasta alcanzar en el año 2009, contra todos los pronósticos, la candidatura presidencial del Frente Amplio, que había arrasado en las elecciones del 2004 y se encaminaba a una segura victoria ese año. Astori hizo a un lado las rencillas que lo distanciaron de Mujica, y aceptó ser su compañero de fórmula.
Su llegada a la Presidencia lo catapultó al mundo entero, al que sedujo con un estilo de vida sencillo y austero, y una retórica que hacía olvidar por completo al hombre que había abrazado la violencia en su juventud. Su gobierno, en cambio, fue una prioridad de segundo orden. Influido al mismo tiempo por los intereses argentinos y brasileños, a los que trató de complacer bajo la coartada de la afinidad ideológica, su administración fue sembrando proyectos y obras inconclusas, rodeadas todas ellas de las sospechas que llevaron a la cárcel en Brasil y Argentina a quienes las inspiraron y promovieron.
Las paces con Estados Unidos
El hombre que se alzó contra el capitalismo y la hegemonía estadounidense fue recibido con honores en la Casa Blanca e incluso en la casa de Rockefeller, donde supo abandonar el personaje irreverente y desprolijo, para estar a tono con el protocolo ante el que se rindió sin mayor rebeldía.
Vuelto al Uruguay, trató de vender a la opinión pública, empezando por la que le era más adicta, un deshonroso acuerdo que convirtió al país en el destino final de terroristas presos en Guantánamo, que Obama ya no quería en mantener, presentando ese entendimiento como un canje por la venta de naranjas
Con la astucia ancestral del criollo, Mujica jugó la carta del viejo revolucionario que había finalmente aceptado las reglas de la democracia, a sabiendas de que con ello iba a silenciar las voces que, incluso dentro de sus propias filas, ponían en duda su capacidad para gobernar el país.
A veces con insultos a sus adversarios, críticas ácidas a sus propios compañeros, y siempre con una llegada cómoda a los medios de comunicación, rendidos a su imagen de estrella de rock de la política mundial, Mujica marcó una época en la política del Uruguay, cuyos hilos manejó desde su chacra de Rincón del Cerro. Cerró su ciclo imponiendo a Yamandú Orsi en la Presidencia de la República, y dejando el camino abierto para una reconciliación con las Fuerzas Armadas. Lo hizo abusando de la generosidad del pueblo uruguayo, frente al cual siempre rehusó el gesto que lo hubiera reconciliado con el país entero.
En su partida, Mujica deja un país aún dividido sobre su paso por la historia uruguaya, un gobierno que queda huérfano de su principal inspirador y carta de triunfo, y un partido que más temprano que tarde abrirá una fase tormentosa en busca de un nueva liderazgo, sin un heredero a la vista capaz de mantener unido al gobierno y a la coalición.
Tal vez sea la oportunidad del Presidente Orsi, si es capaz de entender la importancia de la última maniobra inconclusa de Mujica, y honrar así su memoria.
Lunes y Jueves 19.30 hs. https://www.youtube.com/@elpulsometrotv
Horacio Lampariello, Héctor Amodio Pérez y Álvaro Alfonso
Información varias de actualidad y del pasado
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Cernidor 190, correspondiente al día 8 de mayo de 2025
AMODIO: El 7 de mayo de 1972, en el local de Pablo Y Sofía, sito en la calle Juan B Morelli 3727, se produjo la entrevista entre Sendic, Marenales, Alicia Rey y yo, para discutir la carta que a iniciativa de Henry Engler, yo había enviado al Ejecutivo, carta que les leí en El Cernidor 181, del día 27 de marzo pasado.
En dicha reunión, Marenales, que días antes había coincidido conmigo y con el resto del Comando general de Montevideo en paralizar las actividades de Sendic en el interior, había cambiado su opinión y manifestó que estaba de acuerdo en proseguir las acciones de represalia contra las FF.AA., aunque fuera a los ponchazos. Al finalizar la discusión, Sendic me manifestó que las acciones de represalia habían sido sugeridas por los ex militares que en su momento habían sido conectados por mí, a través del Cnel. Pedro Montañés.
Dichas represalias se materializarán el 18 de mayo, con la muerte de los cuatro soldados en la calle Abacú.
Tiempo después se sabrá que dichos militares formaban parte de la logia 1815, vinculados al Gral. Seregni, el que no quiso a los tupamaros en el FA pero que mantuvo relaciones con ellos cada vez que le convino.
El 8 de mayo, de 1972, fue traído desde Buenos Aires, el integrante del MLN José Ruben Botaro Giordano, alias Martín, periodista de El País, que oficiaba de correo entre Montevideo y Buenos Aires. Por sus declaraciones fueron confirmadas las conexiones entre el MLN y las organizaciones argentinas.
El 9 de mayo fue detenido en Paso de los Toros Mario Arquímedes Píriz Budes, y puso a disposición de las FF.AA. mediante un acuerdo con el Cnel. Trabal, a toda la organización en el interior. El MLN lo había hecho responsable de la muerte del peón Pascasio Báez, acusación falsa, motivada por las diferencias que Píriz Budes, conocido como Tino, había mantenido con los comandos del interior acerca del segundo frente.
Fueron días cruciales para el MLN, que mostraron a las claras los errores que en materia de seguridad se habían cometido y cómo los planes que tanto Huidobro, con el Plan Hipopótamo, que dimos a conocer en los Cernidores 183 y 184 AQUÍ y el Segundo frente o plan Tatú, que les dimos a conocer en el Cernidor 186, AQUÍ fueron los causantes de la debacle del MLN.
Quienes falsearon la historia y quienes les dieron validez, a través de libros que por ejemplo dicen que la cárcel del pueblo fue entregada por Amodio Pérez, pese a que el mismo Marenales lo desmintió públicamente, siempre han dicho que las diferencias entre las direcciones del MLN, personalizadas entre Sendic y yo, han dicho que ellas fueron de tipo personal, motivadas por razones de liderazgo. Nunca nadie ha mencionado las diferencias con Huidobro, que fueron tantas como con Sendic.
Incluso el MLN y quienes les hicieron coro, fundamentalmente a partir de 2013, han tratado de desvalorizar mis dichos, acusándome de ser un militante sin capacidad política alguna sin poder explicar cómo ellos, dotados de una capacidad que a mí me faltaba, pudieron equivocarse tanto que consiguieron que las FF.AA. destrozaran en tres meses a una organización que ellos, en sus desvaríos, habían calificado de indestructible y sin tener en cuenta el papel que cada uno había desempeñado para su desarrollo entre 1968 y 1970.
Todo esto viene a cuento porque creo conveniente darles a conocer otro de los planes elaborados por Huidobro en Punta Carretas, el Plan Cacao, y que dará pie, en octubre de 1970, a una de las instancias que con carácter de comedia tragicómica se desarrollará en ese mes en el Penal.
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Horacio Lampariello, Héctor Amodio Pérez y Álvaro Alfonso
Desaparecidos en Uruguay cuantos son realmente, como se cuenta esta realidad. Elecciones municipales sorpresas varias. Lo mal que se eligen al personal de confianza por parte de algunos políticos.
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Perciballe también pidió la imputación de otros tres integrantes de esa fuerza por su accionar en operativo contra militantes de la UJC y el PCU en 1977.
La diaria 12/5/25
El fiscal especializado de Delitos de Lesa Humanidad, Ricardo Perciballe, pidió el procesamiento con prisión y el cierre de fronteras para el excomandante en jefe de la Armada Tabaré Daners y los marinos Nelson Wander Olivera, Raúl Fernando Lecumberry y Eduardo José Mendoza por su participación en la causa que investiga las torturas cometidas a diez integrantes de la Unión de la Juventud Comunista (UJC) y el Partido Comunista del Uruguay (PCU) en agosto de 1977.
En el documento, el fiscal Perciballe señala que fueron detenidos en Fusileros Navales (FUSNA), “interrogados y torturados para que admitieran su vinculación a las referidas estructuras, así como para que proporcionaran el nombre de otros integrantes”. Los distintos testimonios recogidos por el fiscal dan cuenta de las torturas que sufrieron mientras estuvieron recluidos en el FUSNA. “Hay dos formas de torturas, física (picana, colgadas, submarino, garrotazos, patadas) y después está la psicológica, que no lo tocan. [...] Todos éramos sometidos a los mismos tratos, todo esto ocurrió en el FUSNA”, relató uno de los testigos.
El fiscal pidió el procesamiento de Daners por delitos de lesiones graves, privación de libertad y violencia privada contra los detenidos. Se remarca que “Daners, en su condición de Oficial S 3 y 2° jefe del FUSNA, fue responsable de las privaciones ilegítimas de la libertad de los detenidos y sometió, ordenó o habilitó someter a estos a diversos apremios físicos y tratos crueles inhumanos o degradantes no permitidos por la Constitución, las leyes ni los reglamentos”. También se puntualiza que en “un número importante de dichos tormentos (golpizas, plantones, caballete, picana eléctrica y colgamientos) se excedió ostensiblemente el abuso de autoridad contra los detenidos para lesionar y/o poner en riesgo la propia vida de las víctimas”.
Por otra parte, Daners figura en muchos casos como juez sumariante. En la causa, muchos de los denunciantes terminaron siendo procesados por la llamada “justicia militar” que dispuso “sentencias absolutamente espurias por la ilicitud sobre la que se asentó y moralmente reprochables, por privarse de libertad a un conjunto muy relevante de ciudadanos, por la mera pertenencia de los condenados a organizaciones sociales, sindicales o políticas y, en definitiva, por su resistencia a la feroz dictadura”.
Se agrega que mediante estas sentencias “fraudulentas”, que violaron “en forma ostensible las más elementales reglas de un debido proceso”, ya que se sustentaron sobre confesiones “arrancadas” de la tortura, se dispuso la “privación de libertad por largos años” para los detenidos.
Este pedido de procesamiento contra Daners se suma al que hizo la fiscal de Flagrancia de 12° turno, Sabrina Flores, en setiembre del año pasado, quien también pidió como medida cautelar el cierre de fronteras y la retención de sus documentos de viaje, por la causa que investiga torturas en el FUSNA entre 1970 y 1980.
El rol de Olivera, Lecumberry y Mendoza
En tanto, el fiscal pidió el procesamiento de Olivera por delitos de privación de libertad, abuso de autoridad contra los detenidos, lesiones graves, privación de libertad y violencia privada. Se señala que “debe responder” por las torturas y privaciones de libertad a militantes de la UJC en 1978, así como a militantes que fueron coaccionados para colaborar en “La Computadora”, una oficina donde se recopilaba información sobre las organizaciones políticas, se procesaba material y se realizaba trabajo administrativo y de inteligencia. También por su participación en operativos contra los Grupos de Acción Unificadora entre 1977 y 1978.
Para Lecumberry, quien admitió que en agosto de 1977 era segundo comandante del FUSNA, se pidió el procesamiento con prisión por delitos de privación de libertad, abuso de autoridad, lesiones graves y violencia privada.
El fiscal señaló que Mendoza debía ser procesado con prisión por delitos de privación de libertad, abuso de la autoridad, lesiones graves y violencia privada. Mendoza, quien reconoció haber sido juez sumariante ente 1977 y 1978, “fue una pieza clave en la represión desplegada” en el FUSNA porque, “estando en posición de garante de los detenidos, permitió que se les aplicaran apremios físicos y tratos crueles, inhumanos o degradantes no permitidos por las leyes, la Constitución ni los reglamentos”. Asimismo, se señala que “al consolidar las confesiones obtenidas bajo tortura” como juez sumariante “permitió que los jueces militares de instrucción inicialmente y los de primera instancia después ordenaran la reclusión de los detenidos” por años.