Frente a tal realidad y verdad, debemos preparar una contrahegemonía. Ésta es la tarea de nuestro tiempo. La contrahegemonía no es comunicación sino información y cultura política
Contra la hegemonía
El silencio sobre los referendos [1] confirma, una vez más, la deriva conservadora de los partidos del espectro parlamentario unidos en la reacción. En una realidad dominada por la comunicación, la información sobre los referendos podría fluir con eficiente abundancia, pero en cambio reina el silencio. El totalitarismo liberal demuestra una vez más su existencia. Sobre el patriarcado que no existe o sobre el fascismo cuya historia real terminó en 1945, informaciones, imágenes y consignas siguen ocupando espacios y debates, mientras en el trabajo la gente muere, enferma y se vive como una prisión sin perspectivas. En el trabajo uno se vuelve pobre materialmente y en espíritu. El totalitarismo liberal tiene rasgos psicóticos y espectrales para desviar la atención de la realidad-verdad de la explotación, condición ahora extendida a todo el día, empujando a la gente hacia falsos objetivos que sirven al liberalismo para autolegitimarse. La explotación en el tiempo libre está condicionada por la presencia obsesiva de la publicidad y de modelos sociales que transforman a la persona en un consumidor compulsivo.
Los anuncios muestran a hombres lavando y planchando, mientras las mujeres cantan y bailan. Tras un mínimo examen crítico, queda claro que lo que en realidad se está haciendo es introducir una nueva forma de “patriarcado” en la que hombres y mujeres están unidos por la adoración idólatra del poder. Las mujeres liberadas del “patriarcado” pueden dominar, se les ofrece “poder” y ciertamente no la emancipación.
La nueva igualdad (falsa, por supuesto) es el libre acceso a la dominación independientemente del género y la orientación. Las nuevas estrategias de condicionamiento pretenden salvaguardar la supervivencia del mal: la lógica maestra. En este clima de “igualdad de género” basado en la naturalización del poder, no importa si eres hombre o mujer, lo fundamental es poseer el poder y ser “dueños”. Esta perspectiva hace que hombres y mujeres sean igualmente perdedores, porque donde domina la lógica del amo todo ser humano es humillado en su naturaleza racional y solidaria. Así, el liberalismo, adaptándose a las nuevas contingencias históricas que ha planteado, se afirma entre los explotados de una manera nueva. Mientras necrotiza la dialéctica democrática, reafirma la lógica de los amos a través de la "lucha artificial contra el patriarcado y el fascismo".
El poder de la comunicación, que hoy es la base del capitalismo, no produce cultura y no deja espacio para la política. Esta última es la razón pública, es el debate crítico en el que las conciencias tienen la posibilidad de practicar la emancipación de las visiones ideológicas que el sistema produce. En un clima de reducción cada vez más avanzada del debate político, la comunicación manejada y propiedad de los potentados capitalistas es parte de la práctica de la desinformación. La imagen está vacía de concepto y las palabras están vacías de significado. La racionalidad no produce conceptos ni rompe la “corrección política”, sino que erige barreras engañosas tejidas con falsos problemas y perspectivas perturbadoras nunca examinadas por el debate público. La discusión también ha sido reemplazada por su forma degenerada de charla e insultos. Naturalmente, en un contexto como este los referendos sobre el trabajo (cuatro de ellos lo son, mientras que el quinto es sobre la ciudadanía) encuentran oposición.
El trabajo es explotación, los dos términos son ahora inseparables, la gente muere en el trabajo (casi todos hombres) y no hay salida del trabajo, cuando la hay, porque la edad de jubilación es aberrante (67 años) y cuando se llega a ella se es "premiado con una pensión de hambre que decreta que el pensionista ya no es ciudadano sino plebeyo". Los servicios sociales están privatizados, por lo que el acceso a ellos se basa en la riqueza. El sistema liberal, observado con atención y sin necesidad de gran capacidad intelectual, revela su verdad: la violencia.
Frente a tal realidad y verdad, debemos preparar una contrahegemonía; Ésta es la tarea de nuestro tiempo. La contrahegemonía no es comunicación sino información y cultura política. Para ello es necesario utilizar los canales de comunicación como medios para transmitir información que pueda servir de ayuda a una nueva conciencia colectiva sin la cual ninguna oposición puede formarse en las organizaciones partidistas, cuya raíz viva es el pueblo en movimiento que como magma toma forma y conciencia en la organización. En este momento histórico en el que “la comunicación ideológica y el silencio de la razón política” se enfrentan, los hombres y mujeres de buena voluntad deben actuar para informar críticamente.
Todos pueden participar en la contrahegemonía, para tal trabajo del espíritu no se necesitan grandes medios sino voluntad y sentido ético. En privado, en el trabajo, en las familias y en la red, debemos informar, debemos abrir espacios de debate para que el malestar, hoy difundido, encuentre formas de expresión y de compromiso sin los cuales nada es posible y nada sucederá. La contrahegemonía pretende humanizar las relaciones introduciendo palabras en el nihilismo crematístico y magistral que pueden convertirse en “acciones” y “proyecto político”.
Informar sobre los referendos, mientras los partidos y la TV guardan silencio, puede ser el camino para iniciar un nuevo proceso de concienciación, pues ahora es claro y evidente que el poder quiere y exige que los trabajadores sufran trabajo y explotación y sean sólo herramientas cosificadas para ser usadas, consumidas, desgastadas y descartadas. Depende de cada trabajador y de cada joven ser portavoz de la contrahegemonía. La dominación quiere que seamos “ciegos” con el deslumbramiento del espectáculo y de las palabras que nos llevan a la desrealización.
La contrahegemonía tiene la difícil tarea de devolver a la mirada la capacidad de mirar a la “Gorgona del capital” sin sentirse impotente y aplastada por fuerzas fatales. En cualquier momento podemos recuperar nuestra mirada y dársela a otros para que la historia retome su camino. Se puede ser derrotado, pero eso es irrelevante, porque la contrahegemonía requiere tiempo y determinación y una vez puesta en marcha sólo puede fortalecerse, porque el desvelamiento de las mentiras sólo puede ser el catalizador para hombres y mujeres, porque los seres humanos siempre han buscado la verdad aunque sea dolorosa, porque sólo en la verdad somos libres y humanos.
Informemos, pues, sobre los referendos y que sean el inicio de un nuevo camino de socialización de la verdad. Para socializar los destinos, las existencias y los modos de producción, es necesario ante todo socializar la verdad. Ningún camino de diseño sobrevive sin el espíritu de la verdad pensada, discutida y vivida.
La primera verdad, obvia pero oculta, es que el trabajo es explotación y esto no debe ocultarse. El trabajo es explotación tanto en Italia como en Europa. El liberalismo hegemónico global ha desacralizado el trabajo y lo ha convertido en una mercancía. El chantaje del desempleo a base de avances tecnológicos es un medio inteligente para asustar y silenciar. Hoy todos somos proletarios, porque no decidimos nada e, independientemente de los ingresos, sólo somos ejecutores pasivos de un sistema irracional que nos chantajea, porque somos reemplazables por máquinas. También hay que informar sobre esto y los referendos pueden ser una oportunidad política óptica.
Estamos en la cueva platónica de la desinformación y no podemos salir de ella solos, sino sólo con la práctica común y encontrando las palabras que la hegemonía capitalista nos ha robado, reconquistar las palabras es la forma más verdadera de salvar nuestra existencia en su totalidad individual y social.
https://www.girodivite.it/Come-funziona-l-egemonia-dominante.html
Traducción: Carlos X. Blanco.
[1] Los días 8 y 9 de junio se celebrarán en Italia cinco referendos derogatorios sobre cuestiones laborales y de nacionalidad. El país corre grave peligro de hundir en la precariedad e indigencia a millones de personas. El autor denuncia el silencio orquestado en torno a estas convocatorias [N. del T.].