22.MAY25 | PostaPorteña 2481

Programa El Cernidor lunes 19.05.2025

Por posta

 

Lunes y Jueves 19.30 hs. https://www.youtube.com/@elpulsometrotv

Horacio Lampariello, Héctor Amodio Pérez y Álvaro Alfonso

Las energías renovables lo buenas que son pero los negocios que realizan algunos políticos en el mundo. bajalibros.com para obtener libros de Álvaro Alfonso.

Las chacras del MLN. El Presidente del Instituto de Colonización no tiene en regla su vivienda que construyo con préstamos del INC. UTAA denuncia trabajadores que les pagan con pasta base en Artigas.

https://www.youtube.com/live/3xbGb_-nTb4?si=AJA4a4hfCqE8BMZh

Cernidor 194, correspondiente al día 19 de mayo de 2025.

AMODIO : El pasado día 10, PostaPorteña publicó un artículo titulado España - Apagón: el fiasco de las renovables,  AQUÍ firmado por Fernando del Pino Calvo-Sotelo, un Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos por la Universidad Politécnica de Madrid y varias titulaciones extranjeras. Fue presidente de Ferrovial, una empresa con intereses económicos en varios sectores, entre ellos el energético, lo que me lleva a no tomar sus opiniones como la verdad absoluta, ya que pueden estar influidos por los intereses económicos que defiende.

En este caso se refiere al uso de las energías llamadas renovables, eólica y solar, hace unos años consideradas la panacea para reducir costos y la contaminación ambiental y ahora cuestionadas.

Me resulta interesante su opinión porque personalmente he asistido a la puesta en marcha y posterior cuestionamiento de dos panaceas que tenían el mismo fin en relación al medio ambiente, como fueron el papel ecológico y los tejidos de lino y algodón.

Lo traigo a consideración porque estos planteos ecológicos, reales o no, han dado pie a fabulosos negocios llevados adelante por empresarios que solo buscan su interés económico y dieron pie a grandes negociados privados en contra de los intereses de los países. El caso de nuestra UTE es uno de ellos.

Dice el artículo: La incompetencia del actual gobierno quedó al desnudo hace unos días cuando el país sufrió un apagón total y se sumió en un caos sin precedentes. Afortunadamente ocurrió en un templado día de primavera y no en medio de una helada o de una ola de calor.

La población no fue informada y nadie sabía lo que estaba ocurriendo ni cuánto iba a durar. Las luces se extinguieron; los ascensores se pararon atrapando a sus ocupantes; los trenes y metros se detuvieron en mitad del campo o de oscuros túneles; las gasolineras dejaron de bombear; las comunicaciones enmudecieron y los medios electrónicos de pago se convirtieron en chatarra inútil. Lo peor de todo es que los enfermos cuya vida depende de ventiladores mecánicos vivieron horas angustiosas. Hubo muertos.

¿Qué ocurrió? Para comprenderlo debemos dejar de distraernos con el incidente primario que dio lugar a la desestabilización del sistema (una avería, una desconexión…), que resulta irrelevante. En efecto, un sistema eléctrico robusto debería haber podido encajarlo con daños limitados en tiempo y alcance. De hecho, la red eléctrica sufre centenares de averías cada año que pasan desapercibidas para el consumidor.

El problema es que nuestro sistema eléctrico ha perdido su robustez y se ha convertido en inestable y frágil por culpa del exceso de energías renovables. Ésta es la causa remota del apagón, como enseguida identificó la prensa extranjera.

Por lo tanto, la responsabilidad del apagón recae en la incompetencia y fanatismo verde de Sánchez y su exministra Ribera, y, anteriormente, en la política energética seguida desde 2004 por el tándem Zapatero-Rajoy. Hoy, un desproporcionado 54% de la potencia eléctrica instalada en nuestro país corresponde a energía eólica y solar, porcentaje que sigue creciendo por ideología y electoralismo, y no por el interés general. Esto implica que nuestro sistema eléctrico descansa sobre fuentes intermitentes y poco fiables, lo que lo ha convertido en un sistema frágil.

La fragilidad es un concepto difícil de asimilar Si usted conduce sin cinturón, aumenta su fragilidad, pero puede que durante mucho tiempo no lo note. Sin embargo, si un día tiene un accidente, ir sin cinturón puede causar un daño irreparable en vez de quedarse todo en un pequeño susto.

Del mismo modo, puede que las renovables tengan mucho peso en el mix de generación y durante mucho tiempo nada ocurra, pero si se produce un incidente serio, la probabilidad de que se sufra un apagón total aumenta exponencialmente. La ignorante presidente de REE, que ni dimite ni se disculpa, parece no comprender un concepto tan sencillo, pero, claro está, no está en su cargo por su currículum, sino por su afiliación política.

Esta es una opinión del autor sobre la responsable de Relaciones Exteriores Europeas, Teresa Ribera Rodríguez, una jurista, profesora universitaria y funcionaria española, que se desempeña como vicepresidenta primera y comisaria de Competencia de la Comisión Europea desde el 1 de diciembre de 2024. Está situada en las antípodas políticas de Calvo Sotelo.

Continúa el artículo. ¿Por qué aumenta la fragilidad del sistema con las energías renovables? Explicarlo en tres párrafos no es sencillo, pues la física no es intuitiva, lo cual contribuye a la confusión de la población, para alegría de Sánchez.

Se está refiriendo a Pedro Sánchez, Pte. Del gobierno de España, correligionario de la Sra. Ribera, por tanto, rival político del autor.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que la producción y el consumo de electricidad deben estar siempre en equilibrio. Este equilibrio mantiene el ritmo cardiaco del sistema eléctrico (la frecuencia) constante.

Pero cuando producción y demanda se desequilibran la frecuencia deja de ser constante: si se genera más electricidad de la que se consume, la frecuencia sube; si la generación cae por debajo de la demanda, la frecuencia baja.

El problema es que, a diferencia del corazón (que puede latir a 60 pulsaciones por minuto y también a 120), el sistema eléctrico sólo tolera pequeñas oscilaciones de frecuencia en un rango muy estrecho.

Cuando las oscilaciones superan esos umbrales, ni los elementos de producción de electricidad (una central) ni los de consumo (su nevera) pueden funcionar correctamente.

Así, si se desestabiliza el sistema se produce una especie de arritmia que puede llegar a causar un paro cardiaco (el apagón), que es la desconexión en cascada por autoprotección de las fuentes de generación. Para evitarlo, toda buena red eléctrica posee un eficaz sistema doble de autorregulación que recupere la frecuencia (el pulso) normal.

Primero, las fuentes de energía que tienen inercia mecánica dotan de estabilidad al sistema ante pequeños incidentes. Es la misma inercia que hace que un coche o un barco continúen avanzando, aunque se haya parado el motor. La inercia resiste cambios rápidos en la frecuencia y da tiempo al operador a responder a contingencias, y se ha aprovechado para estabilizar las redes eléctricas desde 1882.

Segundo, si la fuente de energía es controlable y regulable, el operador podrá aumentar o disminuir a voluntad la producción eléctrica del mismo modo que subimos o bajamos el volumen de una radio. Las fuentes de energía que lo permiten se denominan regulantes, e incluyen la hidráulica, el ciclo combinado, el carbón y el gas.

Pues bien, las renovables no son regulantes ni poseen inercia utilizable. Por tanto, cuanto más peso tengan estas energías en la generación de electricidad, menos armas tendrá el sistema para corregir desequilibrios y mayor es la probabilidad de un apagón general.

Pero aún hay más. Las energías renovables son intermitentes, pues dependen de que sople el viento o luzca el sol, y pueden producir cuando haya poca demanda o dejar de hacerlo cuando haya mucha. En el pico de demanda eléctrica invernal la fotovoltaica apenas produce, pues hay pocas horas de sol, mientras que en el pico de demanda veraniega (por los aires acondicionados), la eólica produce menos, pues sopla menos viento.

De hecho, la producción eólica y solar varía de minuto en minuto debido a las rachas de viento o a nubes pasajeras, lo que lleva a preguntarnos qué sentido tiene utilizar fuentes volátiles para hacer frente a una demanda de electricidad que es mucho más estable.

El problema de la falta de rendimiento de las renovables se ha agravado conforme ha ido aumentado la capacidad instalada, pues las primeras plantas eólicas y fotovoltaicas ocuparon los lugares con mayor viento y radiación solar mientras las demás han ido ocupando zonas con condiciones técnicamente menos idóneas. La eficiencia del conjunto sólo puede ir a peor si siguen sumando nuevas centrales.

Además, el contraste entre la estabilidad de la demanda eléctrica y la inestabilidad e intermitencia de la producción de renovables exige que haya siempre fuentes de apoyo de generación tradicional para cuando el viento no sople y el sol no luzca (para empezar, de noche). Por ello, la expresión «100% renovables» supone una engañifa. Siempre hay detrás fuentes tradicionales.

Las renovables encarecen la factura eléctrica por una doble vía. Por un lado, exigen duplicar o sobredimensionar la potencia instalada. Por otro, exigir a las fuentes tradicionales arrancar y parar continuamente al capricho del sol y del viento (en vez de funcionar a su régimen normal de trabajo) aumenta su coste de mantenimiento y acorta su vida útil, al igual que un coche consume mucho más en ciudad —arrancando y parando constantemente— que cuando circula por carretera a velocidad constante. En definitiva, todo el sistema debe forzarse para acoplar artificialmente unas fuentes ineficientes que están ahí por razones fundamentalmente políticas.

Por último, los daños medioambientales que causan las renovables son evidentes: desde el punto de vista del terreno que ocupan, las plantas eólicas o fotovoltaicas exigen 28 y 18 hectáreas, respectivamente, por MW instalado, frente a las 5 Ha/MW de una central nuclear o de gas.

En definitiva, las energías renovables han sido menos un avance de la ciencia que el resultado de una moda política regada con generosas subvenciones a costa del consumidor y contribuyente, y más tarde vía tarifa. Si en nuestra política energética hubieran primado razones técnicas, las energías renovables podrían constituir un complemento, pero jamás se habrían convertido en la base de nuestro sistema eléctrico.

Las tecnologías eólica y fotovoltaica y el mito del coche eléctrico que acompaña a la misma ideología, no nos acercan al futuro, sino que nos retrotraen a un pasado tecnológicamente superado.

En efecto, obligar a iluminar un país con luz solar y molinos de viento es como volver a iluminar las casas con candelabros o volver a la máquina de vapor en los trenes o a la vela para al transporte marítimo. Se trata de energías que, en general, poseen características que las hacen inferiores a las fuentes de generación tradicionales.

El avance tecnológico de la civilización siempre ha respondido al intento del ser humano de controlar su destino sin depender de la tiranía de la naturaleza, de los elementos, de las estaciones, de la hora del día o de la geografía. Considerar un avance volver a depender de ellos dice poco de la inteligencia colectiva de las sociedades del s. XXI.

El gobierno ha aparentado sorprenderse ante un apagón que califica de imprevisible. Sin embargo, no faltaron voces que lo vieron venir.

Por ejemplo, un informe enviado a la Comisión Europea en 2020 advertía con claridad de los peligros de la excesiva penetración de energías renovables: Se espera que los problemas relacionados con la inercia puedan provocar inestabilidad del sistema, incluyendo desconexiones de carga o incluso un apagón.

Este informe no es una excepción, pues expertos de todo el mundo lo venían advirtiendo desde hace tiempo. En 2018, el último expresidente de REE con perfil técnico prevenía de los apagones que produciría la obsesión por las renovables.

Este apagón también tenía precedentes internacionales similares, aunque de menor alcance y duración. Todos ellos tuvieron como factor común un desproporcionado peso de energías renovables en el momento en que se produjo el incidente primario, lo que impidió que la red lograra estabilizarse. Es el caso del apagón de Chile hace sólo tres meses, con las renovables constituyendo el 80% del mix de generación, (ligeramente superior al que teníamos en España el 28 de abril, o el del sur de Australia en 2016, cuando sólo la eólica proveía el 50% de la generación.

Además del fiasco de las energías renovables y de la incompetencia gubernamental, el apagón ha puesto de manifiesto el preocupante estado de postración en que se encuentra nuestro país. Causa estupor la falta de indignación de parte de la opinión pública, que parece disimular su aborregamiento tras una máscara de humor fatalista.

Finalmente, el apagón ha sacado a la luz la colonización institucional de nuestra clase política, que ha alcanzado con Sánchez un paroxismo parasitario. Parece que el Estado de se creó para los partidos, y no los partidos para el Estado.

El gobierno ya ha anunciado que continuará con su fanatismo verde, lo que garantiza que el apagón se repita en el futuro de forma imprevisible. ¿Tan difícil es comprender que el sistema eléctrico no tiene que ser verde, sino fiable? La sociedad entera se apoya en la electricidad, como pudimos comprobar el otro día, y verde y fiable son incompatibles, pues la electricidad no obedece a las leyes del Parlamento, sino a las leyes de la Física.

El único modo de evitar «una vida vivida ente apagones intermitentes, es paralizar la construcción de nuevas plantas eólicas y solares y asegurar en todo momento una base sólida de fuentes síncronas, inerciales y regulantes. También resulta crucial mantener las actuales centrales nucleares e incluso construir más, pues dotan de enorme estabilidad al sistema. Recuerden que en Francia casi el 70% de la electricidad producida procede de la energía nuclear. 

Una reflexión final. No olviden que el dinero en efectivo que la UE nos quiere arrebatar les salvó cuando las tarjetas no funcionaban, y que fueron los viejos y fiables motores de combustión de los generadores, alimentados por los extraordinarios combustibles fósiles a los que la humanidad tanto debe, los que permitieron a los hospitales salvar vidas.


Comunicate