Publicado originalmente en el periódico alemán Berliner Zeitung/BZ (24.09.2024).
La acumulación de las incoherencias del período del Coronavirus, ya documentadas desde hace mucho, clama al cielo para quienes quieran tenerlas en cuenta. Esto es aplicable a la dudosa eficacia de las medidas (1), la supuesta falta de alternativas a medidas tan drásticas como los confinamientos (2) y los “daños colaterales”, que eran previsibles desde el principio (3).
Pero también se aplica a la influencia política sobre un discurso científico supuestamente neutral (4), al papel vergonzoso del Robert Koch Instituto/RKI (5) y a las muy cuestionables decisiones legales tomadas a continuación (6). Y se aplica a los debates sobre la vacunación (7) y la vacunación obligatoria (8), así como al aún no explicado exceso de mortalidad desde el inicio de la campaña de vacunación (9). También es irritante la agresiva actitud defensiva y el desinterés ignorante con el que reaccionaron, y en gran medida siguen reaccionando hasta hoy tanto el estamento médico (10) como los medios de comunicación (11), (12). Y lo más incomprensible es la absoluta frialdad con la que la izquierda sigue ignorando los efectos desastrosos de los confinamientos para el sur global (13).
Quien ante esta lista escandalosamente larga afirmé que se trata de una serie de coincidencias desafortunadas, que la política se vio abrumada por una situación completamente nueva por razones comprensibles, que todo carece de sentido y que el mundo es sencillamente complejo, no debe sorprenderse del impulso que ha recibido la extrema derecha, cuya interpretación consiste fundamentalmente es que esas supuestas incoherencias tienen sentido en su contexto.
Aún peor son la acusaciones de ser de “extrema derecha” y “creyente de teorías conspiranoicas” contra quienes no son de derechas en absoluto pero insisten en aclarar las contradicciones e inconsistencias de lo ocurrido, al sugerir que se trató de algo más que una serie de errores debidos a estar desbordados por la situación, o contra cualquiera que afirme siquiera que la supuesta falta de alternativas fue en realidad una decisión política y de ningún modo una necesidad basada en motivos científicos.
Una alternativa fuera de lugar
Pero, ¿existe realmente sólo esta falsa alternativa con la que actualmente nos chantajean? ¿Sólo se puede creer en una coincidencia o en una teoría de la conspiración?
Quien quiera contrarrestar este chantaje debe rechazar ese falso dualismo y luchar por una tercera posición independiente. Pero si la crisis del Coronavirus no fue ni una conspiración de unos pocos hombres malvados y poderosos ni una coincidencia, ¿qué fue entonces?
A continuación sostendré que las respuestas estatales a la aparición del Coronavirus han de verse en el contexto de un dispositivo global de bioseguridad, de naturaleza militar. Esto significa asumir una visión de seguridad militar, que la analiza principalmente desde la perspectiva de las amenazas biológicas. De este dispositivo forman parte no sólo una determinada forma de pensar y de percepción el problema, sino también todos los instrumentos prácticos necesarios para aplicarla en el mundo real.
Yo diría que este dispositivo de bioseguridad tiene la tendencia a convertirse en el nuevo modo de gobierno de las sociedades capitalistas tardías occidentales. Esto continúa las tendencias autoritarias del neoliberalismo, pero al mismo tiempo las lleva a una forma completamente nueva y compatible con los valores de izquierdas mediante conceptos como la "protección de la vida", ayudando a que este autoritarismo tenga un grado de aceptación sin precedentes.
La sanidad como dispositivo militar
Decir que las llamadas medidas contra el Coronavirus sirvieron para proteger la vida tiene tanto sentido como decir que el Pentágono sirve para proteger la vida. La afirmación no es del todo errónea y, partiendo de la lógica de sus inventores, es incluso correcta. Esta lógica proviene de una forma de pensar de carácter militarista (14), que se ha desarrollado en el marco de un complejo de redes supranacionales que apenas conocemos y a las que prestamos muy poca atención. Estas redes reúnen a organizaciones internacionales como la OMS , GAVI , CEPI o la Eco Health Alliance, megafundaciones como la Fundación Rockefeller o la Fundación Bill & Melinda Gates e instituciones de investigación a menudo enlazadas al estamento militar, como el Center for Health Security de la Universidad Johns Hopkins, una maraña de conexiones al que de manera habitual y un tanto eufemística se califica de "asociación público-privada" y que yo, como Simon Elmer, califico de Estado de Bioseguridad Global (15). Pero es importante entender que los estados nacionales no son los actores mismos, sino meramente los ejecutores de los conceptos del Estado de bioseguridad global.
Según el concepto de sociedad de este dispositivo militar, los problemas sociales no tienen naturaleza política, sino que deben verse como cuestiones de seguridad que requieren soluciones exclusivamente tecnológicas. Las amenazas que hay que afrontar son el malestar social, los virus o el bioterrorismo, y no se diferencia entre conflictos sociales y sucesos de carácter natural, ya que según este sistema ambos requieren las mismas respuestas.
Independientemente de si se trata de contener virus o disturbios, en el lenguaje de la bioseguridad se habla de All-Hazard Approach (16) y One Health (17): ambos son riesgos para la seguridad que amenazan la cohesión de la sociedad. Pero como se quieren prevenir riesgos (el concepto clave aquí es All-Hazard Preparedness (estar preparado para todo tipo de peligros) y por definición los riesgos siempre existen, este paradigma está destinado a convertirse en permanente. No hay un “después” porque éste se considera un “antes”: “Después de la pandemia es antes de la pandemia”, y así debe ser. One Health, la idea de que la bioseguridad tiene que preocuparse por la interacción entre humanos, animales y el medio ambiente de manera unificada, es una nueva versión biotecnológica de lo que una teoría social ya obsoleta llamó "sociedad" desde la perspectiva de “seguridad sanitaria”. La bioseguridad es militarismo camuflado de sanidad.
El concepto de bioseguridad tiene sus raíces en el Center for Civilian Biodefense Studies (Centro de Estudios de Biodefensa Civil) de la Universidad Johns Hopkins, fundado en 1998 y rebautizado como Center for Biosecurity en 2003 antes de adoptar en 2013 su nombre actual, Center for Health Security. La idea subyacente de seguridad se remonta al final de la Guerra Fría. Como ha explicado Paul Schreyer (18), en el entorno militar estadounidense se acordó que los peligros futuros no tendrían su origen tanto en guerras emprendidas por países enemigos de EEUU sino de peligros internos como ataques terroristas, epidemias o incluso accidentes biológicos que podrían considerarse catástrofes sanitarias capaces de amenazar la seguridad nacional. Esta peculiar combinación de política militar y sanitaria que hemos conocido durante el período del Coronavirus tiene sus raíces en la ideología de la bioseguridad, que pretende proteger a la población y al mismo tiempo la considera la fuente de todos los males.
La bioseguridad como gestión de la crisis de acumulación de capital
Al parecer el dispositivo de bioseguridad proporciona al capitalismo actual, sumido en una crisis, lo que necesita en varios niveles. O, para decirlo de otra manera: este dispositivo encaja en cierta medida con las estrategias de gestión de crisis del capitalismo tardío. Esta crisis tiene muchos aspectos, pero todos giran en torno a un problema principal: el capitalismo lleva sumido en un estancamiento desde hace tiempo, cuya consecuencia es la dificultad del aparato productivo de generar ganancias de manera continuada. Como el beneficio obtenido por número de unidades producidas disminuye constantemente debido a la racionalización de la producción, la única opción es ampliar el volumen de producción. Pero como con el tiempo ya tendremos suficientes smartphones y tal vez habrá un uso para un segundo freezzer, pero no para siete, este aumento de la producción acabará alcanzando un límite que no es sólo ecológico. Marx lo llamó “tendencia a la caída de la tasa de beneficios”.
Desde la década de 1960, hemos estado viendo una caída creciente de la productividad, sólo interrumpida por cortos períodos de tiempo en los que los dueños de capital pueden obtener ganancias gracias a aumentos de productividad. La llamada Industrialización 4.0 no cambia esta falta de crecimiento. Por el contrario, acelera esta tendencia porque, al reemplazar rápidamente la mano de obra con tecnología, agotará el potencial de mayores aumentos de la productividad aún más rápidamente.
El efecto de este estancamiento de la productividad social general es que, en realidad, sólo se pueden lograr beneficios significativos en el altamente especulativo sector financiero, lo que desde la crisis financiera de 2008 se refleja en una gigantesca expansión de la masa monetaria, que ya no tiene ninguna base en la economía real. Esta burbuja especulativa tiene el precio de provocar un número creciente de crisis financieras cada vez mayores, que a su vez requieren una gestión autoritaria para ser superadas.
Sin embargo, es crucial comprender que las crisis son útiles para los dueños de capital: al ser devaluaciones controladas (de propiedad pública, pero también de propiedad privada más pequeña) permiten nuevas y lucrativas oportunidades de inversión. En este contexto, David Harvey habla de una economía real de expropiación, a la que llama “acumulación mediante expropiación” (19). Por lo tanto, también es un gran malentendido creer que la contracción económica global inducida por los confinamientos es una amenaza para el modo de producción capitalista; en realidad es justo al revés.
Para la población, sin embargo, todo esto tiene como consecuencia básicamente una caída del nivel de vida. Y aquí es donde sirve el dispositivo de bioseguridad, al gestiona las protestas que se esperan como resultado de tal empobrecimiento. Pero lo más importante es que nos brinda una nueva forma de vida al acostumbrarnos a la pobreza digital, punto central de los confinamientos. Con esto no quiero decir que los pobres del Sahel carezcan de acceso a Internet. Todo lo contrario, creo que el modo de vida digital representa una forma de empobrecimiento, que no se reconoce como tal porque al mismo tiempo sirve para aplicar los conceptos moralistas-ecológicos de la izquierda: paseos digitales para proteger la naturaleza, ciudades de 15 minutos para proteger el clima, nadar en la pantalla para proteger las playas. La digitalización es principalmente una forma de empobrecimiento que tiene lugar en el Sur Global desde hace décadas y que ahora está llegando al Norte Global: lo que en los países del sur global la gente nunca pudo permitirse: viajar, ir al médico, acceso a la educación, la fisioterapia, serán reemplazadas por una versión barata mediante una App.
Caída del nivel de vida en el norte global
Se puede resumir en cuatro puntos lo que el enfoque de bioseguridad logra en términos de reducir los niveles de vida en el Norte global:
PRIMERO: como concepto sanitario, la bioseguridad consiste básicamente en reemplazar el sector de cuidados, de bajo valor añadido, con productos industriales de alto valor. Los cuidados humanos de trabajo intensivo se sustituyen con productos fabricados industrialmente o un servicio digital -como una App terapéutica- para contrarrestar la crisis de productividad: mediante estos aparatos aún es posible obtener beneficios, al menos a corto plazo, mientras que es difícil ganar dinero con el trabajo humano. De hecho, el sector de cuidados en constante expansión es el responsable del estancamiento de la productividad general de la sociedad. Y por eso, según esa lógica, hay que sustituir en este sector los trabajos físicos y de cuidados, que requieren mucha mano de obra y tienen poco valor añadido, por procesos de alta tecnología.
Esto también explica por qué, al comienzo de la crisis del Coronavirus, no se hizo lo más obvio, que habría sido la protección más eficaz para la población: una inversión masiva en personal de enfermería, duplicando por ejemplo las partidas presupuestarias para cuidados de enfermería en todos los establecimientos sanitarios (20). Pero se hizo justo lo contrario: durante el Coronavirus se cerraron hospitales, se redujo el número de camas y se fusionaron departamentos. Se llevó a cabo una reducción activa del personal del sistema sanitario, no hubo sólo una escasez de personal. En este sentido, se puede decir que las medidas contra el Coronavirus siguiendo la lógica de la bioseguridad fueron una reestructuración tecnológica selectiva del sector asistencial, por no decir un ataque.
SEGUNDO: A continuación podemos interpretar la bioseguridad como Andrea Komlosy (21), que la ve como un intento de establecer las tecnologías MANBRIC (22) como tecnologías punta, y la salud como un sector líder de un nuevo ciclo de acumulación. Las MANBRIC (Medical, Additive, Nano-, Bio-, Robo-, Info- and Cognitive technologies) son tecnologías médicas, aditivas, nano, bio, robótica, informática y cognitivas, es decir, las que se prefieren para su uso en el contexto de la bioseguridad. Aunque no son una solución permanente a la crisis de productividad, sí permiten obtener ganancias en ciertas industrias durante un período de tiempo determinado.
TERCERO: En este contexto están los nuevos productos creados por el Complejo de bioseguridad que se necesitan para la prevención y control de la pandemia. Amrei Müller ha puesto de manifiesto que ese Complejo va también de la mano de la invención de nuevos productos, que en la jerga de la OMS se denominan productos PHEIC (Public Health Emergency of International Concern, Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional) (23). La gama de productos para dicha PHEIC abarca desde pruebas y materiales de protección hasta medicamentos, pero sobre todo incluye vacunas. Lo importante es que de ello deben mantenerse siempre reservas, adaptándolas continuamente y produciéndolas para toda la población mundial. Un enorme programa de estímulo económico.
CUARTO: Creo que lo más importante de este dispositivo es que representa una forma muy específica de Contrainsurgencia mediante el aislamiento y la manipulación de la percepción de la realidad. En particular, se trata también de prevenir disturbios: aislados frente a la pantalla y completamente confundidos, como todos lo estamos debido a la constante avalancha de información (que al mismo tiempo nos hace cada vez más ignorantes), no somos capaces de formular cuáles son realmente nuestras preocupaciones y nuestros intereses. Esto ya no es necesario, porque hace tiempo que un grupo de trabajo y un equipo de crisis se han hecho cargo de la articulación de nuestras necesidades en nuestro lugar. Si ya no hay esfera política y la sociedad representa sólo un problema biotecnológico, entonces ya no hay necesidad de articulación política.
Capitalismo autoritario aceptado por la izquierda
De esta forma, la bioseguridad parece marcar la transición de un modelo liberal de capitalismo a uno restrictivo. De este modo, y esto es lo nuevo de la constelación actual, se puede garantizar que el autoritarismo implícito a esas restricciones será ampliamente aceptado en el seno de la sociedad.
Teniendo en cuenta este dispositivo global de bioseguridad y el apoyo incondicional que su ideología recibe de la abrumadora mayoría de la izquierda, una preocupación ante los "impactantes" resultados electorales de la extrema derecha parece de alguna manera pasar por alto el verdadero problema: el peligro que representa esta combinación de mentalidad militar, paradigma proteccionista/paternalista y la suspensión de la política.
Me parece que hoy el verdadero peligro no viene tanto de la derecha que de esta combinación, difícil de entender y por ello apenas tangible, de valores de la izquierda, intereses del Capital y redes capitalistas occidentales de carácter supranacional que actúan unidas bajo el mecanismo de la bioseguridad: un peligro capaz de disfrazarse de proyecto de izquierda con el pretexto de “proteger la vida” y sus llamamientos a la solidaridad, aunque en realidad se trata quizá de la mayor injerencia del Capital en nuestras vidas de la historia del capitalismo.
Volvamos al comienzo: describir el surgimiento de una nueva forma de gobierno no es una teoría de la conspiración. No cometamos el error de privarnos de desarrollar una teoría de crítica social por miedo a que sea calificada de conspiracionismo, porque eso significaría adoptar una mentalidad basada en bioseguridad que la sociedad había reemplazado hace mucho tiempo por otra meramente biotecnológica.
NOTAS
1) Detlev H. Krüger, Klaus Stöhr (BZ, 10.08.2024): Etliche Corona-Maßnahmen entweder unnötig oder schädlich.
2) Bastian Barucker (BZ, 21.07.2024): Staatliche Maßnahmen haben Corona-Belastung “wenig bis gar nicht verändert”.
3) Andreas von Westphalen (BZ, 11.05.2024): Depression, Triage, Pflegekollaps: Man wusste, was die Corona-Maßnahmen anrichten.
4) Bastian Barucker (BZ, 17.08.2024): RKI-Files zu Corona-Gefährlichkeit: Wie Jens Spahn die Pandemie herbeigetestet hat.
5) Bastian Barucker (BZ, 02.07.2024): Irreführende Aussagen von RKI-Chef Schaade: Verschärfung der Corona-Politik bleibt rätselhaft.
6) Friedrich Pürner (BZ, 07.09.2024): Steilvorlage für die Corona-Aufarbeitung: Richter in Osnabrück würdigen RKI-Protokolle.
7) Bastian Barucker (BZ, 02.07.2024): Beruhte die Corona-Impfkampagne auf der Vorspiegelung falscher Tatsachen?.
8) Camilla Hildebrandt (BZ, 23.07.2024): Gefängnis für Soldaten: Wer bis 13 Uhr nicht geimpft war, galt als Befehlsverweigerer.
9) Günter Kampf (BZ, 27.08.2024): Übersterblichkeit: Warum die Corona-Impfstoffe als Ursache nicht auszuschließen sind.
10) Erich Freisleben (BZ, 13.07.2024): Berliner Hausarzt über Corona-Aufarbeitung: “Stellt sich die Mainstream-Medizin dumm?”.
11) Ruth Schneeberger (BZ, 25.07.2024): Neue RKI-Files: Was ist los mit den deutschen Leitmedien?.
12) Bernhard Müller (BZ, 24.08.2024): RKI-Files: Künstliche Skandalisierung? Dieser Beschwichtigungsversuch überzeugt nicht.
13) Toby Green / Thomas Fazi (203): The Covid Consensus. The Global Assault on Democracy and the Poor—A Critique from the Left.
14) Amrei Müller, Silvia Behrendt (BZ, 04.05.2024): WHO-Pandemievertrag: Schleichende Militarisierung der Pandemiepolitik.
15) Simon Elmer (2022): The Road to Fascism: For a Critique of the Global Biosecurity State.
16) Müller, Behrendt: WHO-Pandemievertrag...
17) Dr. Amrei Müller (Global Health Responsablit Agency/GHRA, 11.2023): Die Pandemiegesetzgebung der WHO: Besorgniserregende Verhandlungen von internationaler Tragweite.
18) Paul Schreyer (2020): Chronik einer angekündigten Krise. Wie ein Virus die Welt verändern konnte.
19) Corinna Land (2020): “Akkumulation durch Enteignung”, en PERIPHERIE, 39(2), 292-295.
20) Drehli Robnik (Der Standard, 14.04.2021): Intensivbetten: Versorgen muss man wollen.
21) Andrea Komlosy (2022): Zeitenwende. Corona, Big Data und die kybernetische Zukunft.
22) L. Grinin, A. Grinin, A. Korotayev: “The MANBRIC-Technologies in the Forthcoming Technological Revolution”, en T. Devezas et al. (eds.) (2017): Industry 4.0.
23) Jean Merlin von Agris (BZ, 27.04.2024): Pandemievertrag: Übertreiben WHO, Weltbank und G20 die Pandemiegefahr?.