(1) LA GLOBALIZACIÓN AL ATARDECER
El largo ciclo conocido como «globalización», que alcanzó su punto álgido con la disolución de la URSS y la transformación de China en una gran potencia capitalista, se acerca a su fin. Si el proceso de globalización ha logrado extenderse a nuestro país [el artículo se refiere a Italia específicamente pero el artículo es aplicable también a cualquier país hispánico, N. del T.], es porque las élites han logrado ocultar su naturaleza liberal y clasista tras la máscara del progresismo cosmopolita. Una de las piedras angulares de esta narrativa ideológica es, de hecho, la distopía de una república mundial capitalista pacífica. La superación de los estados nacionales no solo era y es esperada, sino considerada inevitable. La propia Unión Europea se presentó y se presenta a la ciudadanía como un paso en esta dirección.
(2) LA PRINCIPAL CONTRADICCIÓN DE ESTA FASE
¿Qué sucedió realmente con la globalización? Mediante un proceso desigual pero combinado, nos encontramos con un orden imperialista policéntrico en el que un puñado de potencias no solo han preservado, sino que también han fortalecido, sus prerrogativas soberanas, mientras que la gran mayoría de los Estados nacionales han perdido progresivamente su soberanía, cediéndola a los primeros y/o, como en el caso de la Unión Europea, a organismos oligárquicos supranacionales. De ahí la principal contradicción de esta fase: la que se da entre el puñado de países dominantes y las naciones dependientes y semidependientes, cuyas fuerzas productivas sociales ya no pueden crecer debido a las ataduras que las encadenan. Esta dinámica, dentro de la UE, presenta contrastes entre los países "centrales" y aquellos ya tildados de "periféricos" y, por el BCE, llamados "vulnerables". Esta principal contradicción conlleva un segundo aspecto: la oposición, dentro de los propios países subyugados, entre la gran mayoría de los ciudadanos y las fracciones más poderosas y globalistas de las burguesías nativas que, como nuevas burguesías compradoras, actúan como intermediarias en el robo a costa de las naciones.
(2) UNIÓN EUROPEA Y GRAN ALEMANIA
La Unión Europea, construida con la ambición de dar vida al principal polo imperialista del mundo (con la ilusión de que Estados Unidos habría aceptado dividir el mundo in more uxorio ), se tambalea por diversas razones, una de las cuales es que ha incrementado los desequilibrios entre los estados, entre el centro alemán y sus diversas "periferias", que, privadas de su soberanía, solo pueden desarrollar las fuerzas productivas sociales que son funcionales a la maquinaria mercantilista alemana y a los conglomerados financieros carolingios. El predominio de la Gran Alemania reunificada, el Estado-potencia hegemónico de la UE, dado que tiende por naturaleza a germanizar, a subyugar a las demás naciones, es una causa que contribuye al declive de la UE y acentúa el contraste entre las fuerzas centrífugas y centrípetas. Por último, pero no menos importante: el predominio alemán se encuentra falto de aliento porque Alemania, hoy como ayer, es incapaz de transformar su predominio en una verdadera hegemonía continental.
(4) EL DESTINO DE ITALIA
Italia también ha experimentado este proceso de desoberanización y desposesión, posibilitado por la abdicación de nuestras élites intelectuales y la aceptación del mando externo por parte de la gran burguesía italiana. Han cedido las palancas decisivas del mando a Alemania y sus agencias eurocráticas. El Parlamento se ha convertido en un simulacro, los políticos del régimen de los Gaulaiters [mandos nazis, N. del T.], mientras que el Estado, antaño superintendente territorial del espacio jurídico imperial bajo la guía geopolítica estadounidense, se ha convertido en el custodio local del protectorado alemán. En estas condiciones, si no rompe la cadena euroliberal, Italia corre incluso el riesgo de desintegrarse como nación unitaria, con un Norte enganchado a la locomotora alemana y un Sur abandonado a la deriva, en manos del capitalismo mafioso.
(5) EL REGRESO DE LOS ESTADOS NACIÓN
El declive de la globalización no solo frena las ambiciones imperialistas alemanas, sino que alimenta el impulso opuesto, que ve a los Estados nacionales recuperar su soberanía y erigir sus propias barreras defensivas contra el libre comercio desenfrenado y el mercantilismo, vectores de la dominación de los grandes conglomerados financieros. Cuando un edificio se derrumba, sus cimientos permanecen. La disolución de la UE demostrará que los Estados nacionales sobre los que se asienta siguen siendo la única base para que las personas reconstruyan sus sociedades. El regreso de los Estados nacionales a la escena tiene múltiples razones, ¡ay de quienes no las comprendan! Son múltiples: económicas, geopolíticas, histórico-culturales, religiosas y psicológicas. Dos destacan sobre todas: por un lado, las fuerzas productivas de los países dependientes (excepto aquellos que progresan y obtienen beneficios gracias a la globalización) tienden a defenderse invocando la protección estatal; por otro, las masas populares (excepto los sectores que a su vez se benefician al estar al servicio de las fracciones globalistas de la burguesía) reclaman seguridad, trabajo, dignidad y un Estado de bienestar.
(6) EL DESPERTAR DE LOS NACIONALISMOS
Este conflicto, manifestación de la contradicción de la fase principal, explica el resurgimiento de los nacionalismos, tanto en su versión fascista como en la liberal, todos unidos por denominadores comunes de revanchismo, autoritarismo y xenofobia. El nacionalismo avanza porque une y ofrece un horizonte de significado a estas dos pulsiones. De esto se fortalece aún más gracias a una narrativa opuesta a la cosmopolita: frente a la humillación, exhibe la voluntad de redención; frente a la atomización social, se opone a la identidad colectiva; frente a la desorientación globalista, insiste en el sentido de pertenencia a la patria; frente a la sociedad multiétnica, se opone al mito de la nación como comunidad; frente al desorden, se opone al orden. La obstinación de las élites eurocráticas por continuar la centralización y la demolición de los Estados nacionales, lejos de debilitar los nacionalismos, los alimenta. Como en toda gran crisis, en toda fase de transición de un régimen a otro, se aplica el principio de que las energías desatadas por los intereses sociales y de clase están condenadas a evaporarse si no se canalizan y dirigen estratégicamente. Aquí es donde entran en juego las ideologías, las cosmovisiones y las ideas fuertes, ya sean religiosas o secularizadas. El nacionalismo, en sociedades dominadas por el nihilismo basado en valores, es una idea fuerte destinada a afianzar su influencia sobre las amplias masas, sobre todo sobre los sectores sociales más débiles, precisamente aquellos que deberían actuar como motor de la transformación socialista de la sociedad. Entonces, ¿cómo podemos contrarrestar el avance de los nacionalismos?
(7) SEPARAR Y LUEGO UNIR
La izquierda occidental, sistémica y radical, tras haber respaldado o incluso apoyado la globalización y el plan euroliberal, ha contribuido a allanar el camino para estos nacionalismos y se verá acorralada. Con su internacionalismo doctrinal, con su lucha de clases prepolítica, la extrema izquierda también se ha hecho corresponsable Los nacionalismos no se combaten con exorcismos, demonizándolos, convirtiendo el internacionalismo en un tótem y la nación en un tabú. Una forma segura de dejar el campo libre a la derecha nacionalista es otorgarle el monopolio de la batalla patriótica, encogiéndose de hombros ante el regreso de los estados nacionales a la escena, o peor aún, apareciendo subordinados a las élites neoliberales, que siguen siendo el principal enemigo del pueblo. Por lo tanto, es un grave error condenar como unívocamente reaccionarios los impulsos sociales e ideales que alimentan los nacionalismos. En cambio, debemos distinguir y separar el combustible, los impulsos sociales e ideales que alimentan los nacionalismos —la defensa de las fuerzas productivas nacionales frente a la depredación imperialista externa y el deseo de sentirse parte de una comunidad solidaria— de las formaciones nacionalistas que aspiran a convertirse en el combustible. Por lo tanto, debemos mantener unidas la cuestión nacional, la cuestión de clase y la cuestión democrática, insistiendo en el principio de que no habrá emancipación social sin liberación nacional.
(8) PATRIOTISMO REPUBLICANO
Para contrarrestar los nacionalismos, es necesario desafiarlos en el terreno de la hegemonía: mitos positivos contra mitos negativos, raíces revolucionarias contra las reaccionarias, narrativas sanas contra narrativas tóxicas, identidad étnica contra identidad política, comunidad fuerte contra comunidad débil. Al mito negativo de una Italia guerrera, anexionista, fascista e imperial, oponemos el mito positivo de Italia como faro de civilización universal, un papel que nuestro país ha sabido desplegar en los momentos más álgidos de la historia mundial. A las raíces reaccionarias del nacionalismo, propias de la derecha que prevaleció tras el Risorgimento y que las clases dominantes utilizaron para justificar, además de los innumerables crímenes contra el pueblo, sus propios apetitos imperialistas, oponemos las raíces revolucionarias y democráticas de los nobles padres y los mártires de la patria. A la narrativa nacionalista que exalta las hazañas de la Italia monárquica y fascista, con todo su corolario de maldad, oponemos el patriotismo popular que, de las corrientes democráticas del Risorgimento, pasa al movimiento obrero, y de este a la Resistencia antifascista que redimirá el honor de la patria y que se plasmará en la Constitución republicana. A la identidad étnica fundada en la sangre, la tierra y el destino, oponemos la de la Patria como asociación política de personas libres e iguales, independientemente de su raza, origen, confesión ideológica o religiosa. Débil y falaz es la comunidad desgarrada por contrastes sociales, de casta, de clase y étnicos, y donde élites limitadas monopolizan el poder. Fuerte, en cambio, es la patria donde el pueblo es soberano, donde los más fuertes no oprimen a los débiles, donde no hay privilegios ni conflictos sociales, donde el Estado garantiza la seguridad general y defiende como inviolables los derechos de libertad del individuo y de las minorías.
(9) REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA
No pasará mucho tiempo antes de que el futuro del país se decida por el choque entre dos frentes opuestos: el del nacionalismo reaccionario e imperialista (ya sea dominado por neoliberales o neofascistas) y el del patriotismo republicano e internacionalista. Por lo tanto, es necesario construir un gran partido (con sus diversos instrumentos) que intercepte el resurgimiento del sentimiento nacional en el pueblo y logre dirigirlo hacia el único resultado que puede determinar el gran punto de inflexión: el levantamiento popular. Hemos destacado los dos aspectos de la contradicción: la derecha querrá mantenerlos separados de forma opositora, aprovechando el primero en detrimento del segundo. En cambio, debemos mantenerlos vinculados: el levantamiento para liberar al país de la dominación externa y la lucha para arrebatar el poder a las élites dominantes, sin cuya colaboración activa este dominio no existiría. Por lo tanto, la revolución italiana será democrática y patriótica. ¿Surgirá a tiempo un nuevo Comité de Liberación Nacional, antes de otro 8 de septiembre? ¿Podremos evitar caer, como ocurrió en Grecia, en un régimen de protectorado? Quizás no, quizás, como ha sucedido en nuestro país en otras ocasiones, la sublevación seguirá a la catástrofe nacional y el pueblo tendrá que reconstruir el país sobre sus ruinas. Sea como sea, debemos dar el paso estratégico del que depende todo lo demás: convertirnos en los campeones de la batalla patriótica contra la aristocracia financiera depredadora externa y las élites económicas y políticas italianas subordinadas a ella. Solo con esta condición podremos garantizar que la revolución democrática y constitucional constituya el punto de apoyo de la revolución socialista, dado que solo un país socialista puede ser verdaderamente soberano.
https://www.sollevazione.it/2019/06/tesi-per-una-sinistra-patriottica.html
Traducción: Carlos X. Blanco