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¿Estaba Manipulado el Terrorismo de Izquierdas? (II)

Por Regine Igel/AyR

 

Regine Igel, Revista Amor y Rabia,  (AyR) jun 26, 2025
 

Primera entrega AQUÍ

 

El terror como producto de la cooperación entre servicios secretos

Hoy día muchos policías italianos, investigadores e historiadores están de acuerdo en que, si se hubiese querido, se habría podido acabar con el terrorismo a comienzo de los 70, cuando ya se conocían los nombres de cada miembro mediante infiltrados. Pero los servicios secretos del este y el oeste han cubierto y manipulado el terrorismo. Ni en el caso de la CIA ni en el del KGB tuvo lugar la manipulación exterior del terrorismo de izquierdas en Italia de manera directa sino, siguiendo las reglas de actuación de los servicios secretos, de manera encubierta, es decir de manera indirecta y muy ingeniosa y sofisticada. El legendario juez investigador Giovanni Falcone hablaba continuamente de “cervelli raffinati” (cerebros refinados) cuando se refería a las acciones subversivas de los servicios secretos contra sus revelaciones del trabajo conjunto de la Mafia y la política.

Ya en la década de los 70 se sospechaba de numerosos brigadistas, que se creía habían sido infiltrados en su organización como agentes provocadores y que eran dirigidos por servicios secretos (9). Los infiltrados de la Verfassungschutz alemana descubiertos más conocidos son Peter Urbach, Ulrich Schmücker y Volker von Weingraber. No estaban infiltrados para evitar actos criminales e identificar a los miembros de sus organizaciones. Más bien actuaban –y eso está documentado- como agentes provocadores que debían provocar actos violentos, incluso con armas y explosivos. Valga como un ejemplo entre muchos el caso de Valerio Morucci, líder de las Brigadas Rojas en cuya agenda telefónica se encontraron los números de teléfono de dos importantes generales de los servicios secretos. Lo que se sabe seguro es que Giovanni Sentani era a partir de 1975 el “cerebro político” de las Brigadas Rojas, y al mismo tiempo mantenía “estrechas relaciones con los servicios secretos” (10)

El general Gianadello Maletti, número dos del servicio secreto militar italiano en los 70, confirmó en 1997 a la comisión de investigación parlamentaria sobre los atentados que los servicios secretos habían jugado un papel importante en el terrorismo. Respecto a la actitud de la política italiana hacia el terrorismo declaró: “recibimos la orden de dejar hacer”. Al hacerlo Italia debía subordinarse a los intereses políticos de los americanos. Al ser preguntado sobre Alemania, Maletti dijo que en esa cuestión no había diferencias con la situación en Italia, excepto que la República Federal Alemana tenía mucha más importancia que Italia de cara a la política de seguridad americana y el trabajo de los servicios secretos. El general Maletti fue condenado a elevadas penas de prisión por encubrir a terroristas y ayudar a la realización de atentados, como muchos otros funcionarios de los servicios secretos. Pero no tuvo que cumplir su pena. Cuando se empezó a destapar todo en 1980, se trasladó a vivir a Sudáfrica. Ya en 1976 dijo que las Brigadas Rojas se habían reorganizado en 1975, con el objetivo de ser más violentas y secretas. Para ello se contrataron terroristas de todas partes, quedando ocultos en las sombras los que los habían reclutado. Y concluía: “Yo no diría que se las pueda calificar de ‘izquierdistas’ ” (11)

Para muchos de los antiguos miembros del antiguo PCI que siguen activos hoy día en la política esa manipulación sigue siendo un tabú. A eso ha de añadirse que a lo largo de la historia italiana, durante mucho tiempo el periodismo y la justicia han considerado que la manipulación del terrorismo era una cuestión exclusiva de la CIA (Esto se refleja en el libro “Terrorjahre” de la autora). Se aceptan con desgana los conocimientos que se tienen actualmente sobre los servicios secretos del este de Europa, es decir, que no sólo la CIA sino ambos bloques “dejaron hacer” a los terroristas, y que más allá de ello incluso les impulsaron a actuar de manera activa (A esto puede que se deba que muchos intelectuales de extrema izquierda como Rossana Rossanda y otros agrupados en torno a ‘Il manifesto’ se nieguen tozudamente hasta nuestros días a aceptar una manipulación de las Brigadas Rojas por los servicios secretos pese a la información de que se dispone). Los motivos de la incomodidad respecto a esa manipulación están a la vista: porque, a diferencia de Alemania, en Italia el extremismo de izquierdas tenía una fuerte implantación entre los intelectuales de izquierdas de Italia. Muchos calificaban de traición la evolución del PCI, de tener la revolución como objetivo a pasar al parlamentarismo occidental. En ese contexto, un apoyo de la Unión Soviética a una lucha armada vista como revolucionaria sólo podía ser favorecida, sin ni siquiera manipularla desde el exterior.

Lo cierto es que el terrorismo de izquierdas fue apoyado de manera directa desde Berlín oriental -y no sólo el de la RAF. Hoy día se conocen –de manera casual y no como resultado de investigaciones- acciones de apoyo evidente de la RAF por parte de la Stasi, como el dar refugio en la RDA a diez de los terroristas más buscados en Alemania occidental y la ayuda directa para obtener formación militar y organizar envíos de armas a comienzo de los 80. Entre tanto ya se sabe de importantes terroristas de izquierda que trabajaron de la manera más estrecha posible con la Stasi, entre ellos Klaus Croissant, Brigitte Heinrich, Werner Lotze, Till Meyer y Inge Viett. A diferencia de lo que se ha descubierto en Italia, la justicia alemana ha investigado poco incluso tras la caída del muro sobre la cuestión del apoyo del terrorismo de izquierdas por la DDR. En círculos de antiguos miembros de la Stasi se dice que eso no se lleva a cabo porque desde muy temprano en círculos de mando de la República Federal Alemana, es decir, antes de la caída del muro, se sabía de la conexión Stasi-RAF (12) Esto coincidiría con la opinión citada anteriormente del presidente de la comisión parlamentaria de investigación, Giovanni Pellegrino, que considera plausible la existencia de un pacto secreto entre el este y el oeste en el tema del terrorismo.

Pero, ¿qué habla a favor de esa tesis espectacular de una manipulación común del terrorismo de izquierdas por la KGB y la CIA? Sobre todo los hallazgos del caso Moro nos dan datos a este respecto.

El caso Moro como lección

El juez Imposimato resume sus hallazgos graduales del caso Moro de la siguiente forma: “Y yo me pregunté entonces, ¿es posible que dos servicios secretos enfrentados puedan estar interesados en el mismo resultado? Sí, es posible, porque ambos están interesados en librarse de Moro”

El caso Aldo Moro es el atentado del terrorismo italiano de los años 70 y 80 que tuvo más repercusión. Entre tanto se ha convertido en una lección de las intrigas de los servicios secretos. La situación política italiana se tensaba cada vez más a mediados de los 70. Esto intensificó los planes para formar un gobierno compartido por parte del líder de los demócrata cristianos de izquierdas, Aldo Moro, y el jefe del PCI, Enrico Berlinguer, que estaba apoyado por al menos un tercio de los votantes –una situación única en occidente. Ese llamado “compromiso histórico” tenía una amplia aceptación entre la población italiana, pero el ala izquierda comunista, los demócratas cristianos de derechas y los socialistas se oponían. En Washington también se desconfiaba profundamente de los planes de Moro y Berlinguer, que se veían como una amenaza a las relaciones de poder establecidas. Moscú tampoco estaba interesado en cambiar el equilibrio del orden mundial, repartido en un hemisferio oriental y otro occidental, como se acordó en Yalta. Políticos, investigadores e historiadores italianos ven en ese pacto entre Washington y Moscú la llave decisiva detrás de las especialmente intensas actividades de los servicios secretos interiores y extranjeros en el mundo clandestino italiano.

Y es que el fomento y control del terrorismo permitía a las estrategias secretas de occidente y el este el poder desestabilizar el orden político vigente y evitar los cambios políticos que se avecinaban. El objetivo de Washington con los atentados de falsa bandera (false flag), que se endilgaban a la extrema izquierda pero habían sido ejecutados por la extrema derecha, era desprestigiar y así debilitar a la izquierda, y de esta forma mantener abierta la posibilidad de emplear la violencia militar en el interior del país contra una izquierda liderada por el PCI que era cada vez más fuerte. El este buscaba en general al fortalecer el terrorismo el debilitar las democracias occidentales –pero sin pretender debilitar con ello el equilibrio de fuerzas que estaba por encima entre occidente y el este. Por ello no es sorprendente que diversos círculos políticos estaban perfectamente informados por anticipado de la existencia de planes secretos para secuestrar a Aldo Moro. A este respecto testificó Pierliugi Ravasio, un miembro de la organización secreta Gladio, que el general Pietro Musumeci, importante funcionario del SISMI y miembro de la P2, tenía un infiltrado en las Brigadas Rojas y gracias a él estaba informado sobre lo que iba a ocurrir antes del secuestro de Moro. También está documentado que tanto la BKA (Bundeskriminal Amt, Departamento Criminal Federal, el FBI alemán) y la Verfassungsschutz sabían por anticipado del ataque contra Moro, a través del agente Weingraber, infiltrado en el “Movimiento 2 de junio” que cooperaba con las Brigadas Rojas. En las actas de la comisión de investigación parlamentaria se encuentra el informe del servicio secreto civil italiano SISME sobre la situación previa al ataque contra Aldo Moro, según el cual esas informaciones se transmitieron a las autoridades alemanas encargadas de investigar. También estaban informadas del ataque a Moro previamente las autoridades francesas, como pudo saber el juez investigador en sus pesquisas en París. Esa profunda implicación de los servicios secretos ayuda a entender por qué casi ninguno de los atentados de la “Fracción del Ejército Rojo (RAF)“ o del “Movimiento 2 de junio” han sido correctamente investigados, y por qué graves incoherencias y contradicciones en la gestión de los procesos han dado lugar a sospechas recientemente.

Agentes de “nuevo tipo”

Las autoridades italianas responsables de destapar las actividades de los servicios secretos están muy por delante, en comparación con Alemania. Ya en el marco de la investigación del primer gran atentado del 12 de diciembre de 1969 en el Banco de agricultura de la Piazza fontana de Milán, el juez investigador Guido Salvini encargó en 1996 a un reconocido experto que examinase los documentos no catalogados del   “Ufficio per gli affari riservati” (Oficina de Asuntos reservados) del Ministerio del interior [Dicha oficina está vista como la central de la CIA en Italia] El resultado causó sensación, ya que a través de los documentos quedó clara la profunda injerencia de los servicios secretos en las organizaciones terroristas de izquierda en los años 70 (13) Y esto no sólo ocurría en Italia. Ya a finales de los años 60 empezaron a reunirse de manera regular los directores -o sus lugartenientes- de los servicios secretos de los seis países de la CE de antaño (Alemania, Italia, Francia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo) así como de Irlanda, Inglaterra, Dinamarca y los EEUU (Es interesante señalar que a partir de 1979 el servicio secreto rumano también participó en las reuniones del “Club de Berna”). El tema a tratar: la actuación coordinada de cara a las organizaciones políticas que no forman parte del parlamento. En las actas resumidas de la reunión del 19 de febrero de 1969 señalaba el participante alemán Günther Nollau que “un servicio secreto americano” había financiado elementos extremistas en el entorno universitario. Esto es comentado por el examinador del documento como una referencia a la “operación Chaos” (14) Allí también el Field Manual 30/31 del General Westmoreland La Operación”Chaos“ fue destapada por la Comisión Rockefeller de investigación), que aparentemente no es responsabilidad de los representantes allí reunidos. Se trataba de un plan desarrollado en EEUU en 1967, en el que destacaba la importancia de los agentes provocadores en grupos de extrema izquierda.

El “Club de Berna” (Idem, p. 281), así llamado a partir del nombre de la localidad en la que se fundó ese ilustre gremio (que al mismo tiempo es donde la CIA tiene su sede central en Europa), discutía y plasmaba en las actas cuatro años después, el 19 de enero de 1973 en Colonia, los problemas relacionados con la infiltración de grupos de organizaciones de la izquierda no parlamentaria por agentes de los servicios secretos   (15) Günther Nollau, desde el 1 de mayo de 1972 presidente de la   Verfassungsschutz  alemana, tenía la presidencia de la reunión. El participante italiano Francesco D’Agostino se quejó de que las estrecheces de la legislación, ya que un agente debía violar la legislación como muy tarde al lograr formar parte de la dirección de una organización. La propuesta de más alcance que se dio en esa reunió provino de Hans-Josef Horchem, de la Verfassungsschutz de Hamburgo, y posterior director del “Instituto para la investigación del terrorismo” (Instituts Terrorismusforschung) de Bonn. Se trata de crear un “nuevo tipo” de agente para llevar a cabo la infiltración. Para poder ser aceptado y ser creíble de cara a la organización el “agente activo”  necesita más “cultura y formación”. Estas han de cubrir al menos las siguientes áreas:  “La ideología y los diversos comportamientos de los grupos terroristas; el conocimiento de todos los medios de los servicios secretos y las técnicas que pueden ser empleadas; el manejo de explosivos y armas”. Además ha de asegurarse “que se pongan a su disposición medios materiales y ayudas para su futura vida”. El experto italiano Aldo Giannuli comentó: ”lo cierto es que las medidas propuestas no se corresponden con la imagen de una actividad simple de información. Aquí se diseña la imagen de un agente que se infiltra en el los grupos dirigentes de la extrema izquierda, para de esa forma manipularlos“.

En la comisión parlamentaria no hay la menor duda de que Umberto Federico d‘Amato, el iniciador del “Club di Berna”, era El hombre de la CIA en Italia, y que sus hombres empezaron pronto con la infiltración de pequeños grupos del movimiento estudiantil. Cuando, en el contexto del secuestro del juez Sossi, se permitió el lapsus de decir “conocemos a cada uno de los brigadistas” –y la opinión pública italiana se preguntó por qué no les había detenido-, poco después su oficina fue disuelta. El general de los servicios secretos Giovanni Romeo, responsable durante muchos años de la Gladio y que era responsable de la seguridad interior en el servicio secreto militar SISMI durante el secuestro de Moro, reconoció al ser su interrogad en 1990 por la comisión de investigación parlamentaria sobre los atentados que había habido infiltrados de los servicios secretos desde el principio. Gracias a ellos se pudo saber todo sobre las actividades y objetivos de las Brigadas Rojas (16)

Dudas sobre el deseo de investigar de la justicia alemana

Mientras en Italia fiscales y comisiones parlamentarias de investigación son muy productivas en descubrir cosas, en Alemania domina el tabú y se tapan las cosas. En Alemania los que destapan las omisiones graves o las justificaciones carentes de lógica y las contradicciones y apuntan a los motivos de la justicia, la política y los servicios secretos. A menudo han de aguantar calumnias por ello.

Debido al debate sobre el indulto a Chistian Klar se pusieron de manifiesto flagrantes omisiones y contradicciones en lo referente al proceso y condena por el asesinato del fiscal federal Siegfried Buback. Así fue fácil reconocer que no sólo se había hecho de manera chapucera, sino que se habían ocultado hallazgos de manera consciente. Debido a ello el hijo del asesinado, Michael Buback, declaró públicamente a los medios de comunicación que dudada que la justicia alemana quisiera investigar. Para el los servicios secretos estaban implicados, veía “indicios de un secreto”, y deseaba que las autoridades competentes dieran “respuestas satisfactorias y comprensibles”   (17) Se le unió Corinna Ponto, una hija del presidente del consejo de administración del Dresdner Bank Jürgen Ponto, asesinado por la RAF en julio de 1977. Ella habló de un “esclarecimiento grotesco” (18)

Lo cierto es que fue necesaria una dura lucha en la conferencia de prensa judicial en Karlsruhe para lograr que finalmente se hiciese público el veredicto judicial del asesinato de Buback. Primero se dijo que una investigación en marcha impedía su publicación, para seis semanas después ser hecho público –eso sí, con partes tachadas de negro para “proteger la personalidad de los afectados”

La manipulación del terrorismo por los servicios secretos sigue siendo tratada hasta hoy como un tabú por las autoridades alemanas, debido a lo cual la investigación que quiera aclararlo depende de otras fuentes no judiciales. Así nos enteramos de algunas cosas sobre la conexión con la Stasi en las memorias de la ex-terrorista Inge Viett. Pero esos contactos supuestamente se establecieron sólo a finales de 1978 durante un viaje de tránsito. En la investigación histórica actual alemana no se encuentra casi ninguna pista sobre las conexiones comprobadas entre el terrorismo de izquierdas alemán y los servicios secretos.

Así, en los dos tomos monumentales editados recientemente por el Hamburger Institut für Sozialforschung (Instituto Alemán de Investigación Social), en el que a lo largo de 1.400 páginas con muchas palabras se intenta explicar el tema “La RAF y el terrorismo de izquierdas”, se evita hablar en lo posible de las actividades de los servicios secretos. En lo que respecta al tema “La RAF y el terrorismo internacional”, se afirma que la RAF ha “mantenido una variedad de contactos internacionales diversos, que por lo general fueron difíciles y no especialmente exitosos” (19) Al lado de frases de este tipo de encuentra uno también numerosas afirmaciones sin documentar. Así se dice, por ejemplo, “que (la RAF) pudo mantener durante su existencia relaciones internacionales durante mucho tiempo, pero de manera simultánea tuvo que asumir problemas específicos relacionados con la cooperación que llevaron a su fracaso político”. No se explica de qué “problemas específicos relacionados con la cooperación” se trata. No se puede decir precisamente que los autores tengan un interés criminalístico o una habilidad para tratar este tema.

En lo que respecta a la conexión Stasi-RAF, un experto en la materia nos sugiere que “es seguro que no hay que esperar nada nuevo” más allá de lo ya conocido (Tobias Wunschik, “Baader-Meinhofs Kinder” (20) Pero es extraño que el especialista encargado del tema y empleado del departamento de los documentos de la Stasi lo sepa hoy día “con seguridad”, a pesar de que actualmente aún se estén reconstruyendo los documentos que la Stasi trituró en 1989. Por ello puede uno suponer, que los documentos destruidos nada más caer el muro deben de ser los más explosivos de todos, debido a que pueden dar indicios de crímenes cometidos por cómplices en el este y el oeste, que tras el fin de la RDA podrían ser castigados.

Dárselas de sabelotodo en temas de organizaciones secretas sólo vale para obstaculizar una investigación integral de ese apartado decisivo de la historia de la postguerra de Alemania y Europa. Especialmente porque la falta de descubrimientos por parte de la justicia no significa en absoluto que no haya nada que descubrir. Quien hoy día se esfuerce en investigar el terrorismo, choca de manera repetida con un muro enorme de silencio. Esto está en la naturaleza misma del tema, ya que uno tiene que confrontar organizaciones secretas a ambos lados, ya sean los terroristas, ya sean los miembros de la Verfassungsschutz. Tan solo de vez en cuando se tiene la suerte de que un antiguo miembro está dispuesto a colaborar total o parcialmente con los investigadores estatales o los que indagan en el asunto, y de esa forma aparece un poco más de luz se proyecta sobre los sucesos no aclarados. Pero el que antiguos líderes terroristas, especialmente cuando se sospecha de su colaboración con los servicios secretos, no digan toda la verdad o algunas verdades al menos, y que los servicios secretos difundan desinformación, para lo cual creen incluso departamentos propios –aparentemente todo eso es, para la mayoría de los investigadores, demasiado explosivo.

Pero las contradicciones evidentes y las incoherencias demuestran que hasta nuestros días hay numerosas cosas que no deben ser destapadas. El fomento del terrorismo en los años 70 y 80 por los servicios secretos sigue siendo un tabú. Hasta hoy día la justicia y la historiografía esquivan este tema, y podría decirse que lo hacen con una obediencia por anticipado. Cuando incluso las instituciones estatales están involucradas en acontecimientos ilegales, el deseo político de aclararlo es evidentemente limitado. Especialmente porque detrás del “top secret” de los servicios secretos a menudo se ocultan cosas contrarias a los principios más elementales de la democracia parlamentaria. Que la justicia sometida a las órdenes de sus superiores no haga nada para descubrirlo es comprensible. Pero, ¿qué ha pasado con el espíritu crítico e investigador de la ciencia y los periodistas? El tema de la RAF es también a ese respecto cualquier cosa menos una página gloriosa –y falta mucho aun para que el tema esté cerrado

Notas

 (9) Regine Igel, “Terrorjahre”, op. Cit., p. 242 ss.

(10) Fasanella, Sestieri y Pellegrino, op. Cit., p. 228.

(11) Il Tempo, 20.6.1976; Regine Igel, “Terrorjahre”, op.cit. p. 218.

(12) Michael Müller y Andrea Kanonenberg, “Die RAF-Stasi-Connection”(La conexión RAF-Stasi), Berlin 1992; Gerhard Wisnewski, Wolfgang Landgraeber y Ekkehard Sieker, “Das RAF Phantom” (El fantasma RAF), Munich 1992.

(13) Tribunale di Milano, Ufficio istruzione. Relazione di Perizia. Proced. Pen. N.2/92F R.G.G.I., N.9/92ª R.G.P.M. Reperti ”Via Appia“ perito Aldo Giannuli, S.27, y en el anexo 18 (traducciones propias de los originales italianos).

(14) Regine Igel, “Terrorjahre”, op.cit., p. 128 ss.

(15) Tribunale di Milano. Op.cit., p. 34 ss, y Anexo 18.

(16) Regine Igel, “Terrorjahre”, op.cit., p. 242.

(17) Süddeutsche Zeitung, 30.4.2007; tageszeitung, 15.8.2007; Passauer Nachrichten, 8.9.2007.

(18) Die Welt, 28.7.2007.

(19) Christopher Daase, “Die RAF und der internationale Terrorismus”, en: Wolfgang Kraushaar (Ed.), “Die RAF und der Linke Terrorismus”, Hamburg 2006, p. 905 ss.

(20) Los hijos de Baader-Meinhof), Opladen 1997; idem, “Das Ministerium für Staatsssicherheit und der Terrorismus” (El Ministerio para la Seguridad del estado y el Terrorismohttp://www.extremismus.com).


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