La reciente cumbre de los BRICS en Brasil podría haber sido un hito. Un hito geopolítico. Después de todo, el bloque ya tiene más producción económica que el G7, y la tendencia va en aumento. Y, sin embargo, la impresión permanece: los grandes números contrastan con la baja efectividad. La ausencia simbólica del presidente de China, Xi Jinping, lo dice todo. Lo que falta no es el potencial económico, sino la coherencia política. Y sobre todo: la estructura.
La hegemonía occidental no solo se basa en las armas, sino también en las instituciones: FMI, Banco Mundial, OMC, SWIFT, tribunales de arbitraje, sistemas de calificación, una red de control global que filtra el acceso al mercado, las inversiones y las sanciones de acuerdo con intereses geoestratégicos. Esta infraestructura es la columna vertebral de la Pax Americana. Cualquiera que se oponga a ellos no está necesariamente aislado militarmente, sino sistémicamente.
Rusia ha reconocido esta conexión desde hace mucho tiempo. Por lo tanto, las propuestas rusas en el seno de los BRICS no apuntaban a resoluciones simbólicas, sino a un verdadero poder institucional compensatorio:
Pero las propuestas cayeron en saco roto.
Por qué los BRICS no funcionan (todavía)
Lo que a primera vista parece una inercia es en realidad sistémica: los países BRICS no están unidos por una visión común. China se beneficia enormemente del orden mundial existente, India está estrechamente entrelazada con el mercado estadounidense, Brasil maniobra, Sudáfrica sigue dependiendo de las materias primas y Rusia está cada vez más aislada. Las propuestas de Moscú se consideran "no sus guerras", y ahí radica el problema.
En la actualidad, los BRICS no son un sistema, sino un espejo de intereses divergentes.
La soberanía que defienden todos los Estados miembros se convierte en la mayor debilidad estructural. Después de todo, el poder no surge de la autosuficiencia nacional, sino de la acción coordinada y de reglas comunes. Y son precisamente estos los que no están a la vista.
El vacío geopolítico y la ilusión de neutralidad
El mundo se encamina hacia la formación de un nuevo bloque. Occidente está consolidando su orden, mientras que el "Oriente" -si es que surge- sigue dividido. En esta constelación, la neutralidad se convierte en una ficción geopolítica. Aquellos que no crean orden están subsumidos en un orden ajeno.
Rusia reconoce esta dinámica, no por idealismo, sino por necesidad. Moscú es la primera nación importante que se separa de Occidente no solo militarmente, sino también sistémicamente. Pero sin socios dispuestos a compartir la responsabilidad institucional, los BRICS no se convertirán en un contrapolo, sino en un grupo de discusión.
Resultado
La cumbre de los BRICS no fue un fracaso, sino un juramento de revelación.
Mientras los BRICS no construyan sus propias estructuras, el bloque seguirá siendo una fuerza económica sin impacto geopolítico. Los que critican al dólar, pero no crean alternativas, permanecen en el sistema que quieren superar.
No basta con estar en contra del orden occidental, hay que crear el suyo propio.