25.JUL25 | PostaPorteña 2495

Cuando uno se traga su propia propaganda

Por Hellmut Hoffmann/AyR

 

Hellmut Hoffmann, Revista Amor y Rabia 22 jul 2025

 

El ex embajador Hellmut Hoffmann, nacido en 1951, sirvió en el Servicio Diplomático de la República Federal de Alemania de 1982 a 2016, participando en las negociaciones sobre fuerzas armadas convencionales en Europa, y de 2009 a 2013 como jefe de la misión de desarme alemana en Ginebra.

“¡Ucrania nos pertenece!", declaró abiertamente el presidente ruso, Vladímir Putin, aseguraba el canciller Merz en su declaración gubernamental, pronunciada en el Bundestag alemán hace unas semanas, antes de la cumbre de la OTAN en La Haya. El mensaje que el jefe de gobierno alemán quería transmitir es claro: no se puede negociar con quien habla así. Quien habla así solo entiende el lenguaje de la fuerza. ¡A quien habla así solo se le puede contrarrestar con el envío de aún más armas a Ucrania y con un rearme masivo! ¿El 2% de la producción económica para defensa? ¡Qué va! Debe ser el 5% para los 32 estados de la OTAN si se quiere disuadir a Rusia de su futuro ataque imperialista contra todos nosotros, que se espera en cinco años como máximo.

¿Alguien se preguntará todavía si tal suposición resiste un análisis para ver si ese supuesto ataque es plausible? ¿Se preguntará alguien aún si enviar más armas para Ucrania cambiará el hecho de que su posición negociadora no ha mejorado, sino que ha empeorado tras más de tres años de guerra, a pesar de las constantes promesas de lo contrario? ¿Se preguntará alguien aún si Merz citó correctamente a Putin y en qué contexto debe entenderse esa declaración?

Resolución de conflictos mediante negociaciones

Existe consenso generalizado en que la guerra de Rusia contra Ucrania finalizará mediante negociaciones, pero aún se desconocen el momento y las condiciones bajo las cuales tendrán lugar. El objetivo mínimo es un alto el fuego; el objetivo ideal sería un acuerdo de paz duradero. Un alto el fuego puede fácilmente transformarse en un conflicto estancado y prolongado que podría desencadenar una importante carrera armamentística, mientras que un acuerdo de paz duradero ofrecería la oportunidad de crear un orden renovado, cooperativo y de paz y seguridad en Europa.

Un requisito fundamental para lograr ambos objetivos es crear una visión realista de la situación, así como de las posturas y opciones de todos los actores relevantes. Quienes se dejen llevar por percepciones erróneas o sean víctimas de su propia propaganda no saldrán adelante.

Ambigüedad y vaguedad

El discurso occidental sobre los objetivos de todos los actores implicados en el Conflicto ucraniano y muchos otros más se caracteriza por un grado enorme de ambigüedad y vaguedad. Se presta muy poca atención a que esto puede conducir a malentendidos, errores de cálculo y diálogos de besugos; en el peor de los casos, a la ruptura de toda comunicación, la intensificación de la hostilidad y la imposibilidad de una resolución negociada del conflicto es algo que se toma muy poco en cuenta.

¿Paz victoriosa o compromiso?

¿El objetivo de la lucha defensiva de Ucrania, librada con el masivo apoyo occidental, es asegurar que pase a formar parte de la OTAN, recuperar todos los territorios ocupados, que Rusia pague reparaciones y juzgar a Putin mediante un tribunal de crímenes de guerra? ¿Debe Ucrania continuar persiguiendo estos objetivos a riesgo de sufrir aún mayores costes y daños, incluso con el peligro que una derrota total tenga profundas consecuencias? ¿Debería la coalición occidental de apoyo seguir alentando a Ucrania a continuar ese rumbo?

¿O están considerando Ucrania y sus partidarios una paz de compromiso en la que se abandonen total o parcialmente dichos objetivos?

Mientras no esté claro de qué manera deben responderse estas preguntas, es improbable que la guerra termine mediante negociaciones. Resulta revelador que muchos de los que creen en una "paz victoriosa" en Ucrania, o al menos afirman creerlo, tras recordarles que sus posibilidades de éxito son escasas, reconocen que es inevitable una solución de compromiso, pero se nieguen a comentar sus detalles. La razón es obvia: salvo el presidente de la superpotencia estadounidense, quien puede permitirse ciertas extravagancias, sobre todo si se trata de Donald Trump, nadie quiere ser acusado de haber apuñalado a Ucrania por la espalda al anunciar posibles concesiones. Prefieren aferrarse a afirmaciones de apoyo incondicional, con la expectativa de que, ante un desarrollo crítico de la situación, Ucrania ya no podrá evitar decir que está dispuesta a aceptar una paz de compromiso.

¿Disuasión u orden de paz cooperativa?

Tras el ataque ruso a Ucrania, el concepto de seguridad surgido de la política de la distensión, que exigía que se llevase a cabo con Rusia, ha sido sustituido por el de una seguridad frente a Rusia, lo que deja sin responder la pregunta fundamental para el futuro de Europa: el resurgimiento de un sistema de armamento de confrontación y disuasión mutua, comparable a la Guerra Fría, ¿debe convertirse en un estado permanente, o debería impulsarse un orden de seguridad europeo cooperativo, aunque solo a largo plazo? Es evidente que ambos enfoques requieren estrategias muy diferentes.

Visión occidental de las posiciones y objetivos rusos

Desde el comienzo de la guerra de agresión rusa, en Occidente han competido dos interpretaciones muy diferentes:

1. Agenda revisionista-imperialista

Putin no solo quiere restaurar la esfera de influencia soviética, sino también establecer la hegemonía rusa en toda Europa, para lo cual también empleará medios militares. La destrucción de Ucrania como estado-nación y su incorporación al Estado ruso es solo el primer paso: "¡Rusia no se quedará de brazos cruzados después de Ucrania!", afirma el canciller Merz. El sistema autocrático de Putin, insensible a la política racional, se basa en la confrontación permanente en política exterior para mantener el poder.

2. Ninguna “anti-Rusia” en su frontera

Debido a su firme rechazo a un bastión occidental fuertemente armado a las puertas de Rusia, Putin optó por una intervención militar tras quedar claro que este objetivo no podía lograrse mediante negociaciones. Rusia aprovecha la oportunidad para hacerse con territorios en el este de Ucrania que cree poder reclamar debido a que su población es predominantemente rusa y a las arbitrarias regulaciones fronterizas de la era soviética.

No requiere mucha experiencia reconocer que ambas perspectivas tienen consecuencias muy diferentes de cara a la resolución del conflicto. Sin embargo, es cuestionable que se perciben y analizan con precisión la posición que realmente adopta el liderazgo ruso y los instrumentos de poder que tiene a su disposición para imponerla.

¿Podría ser que los europeos estén bloqueando su propia salida de la debacle de esta guerra, que les está causando daños masivos, al construir un fantasma ruso en su deseo de mantener un amplio apoyo para más envíos de armas a Ucrania, un fantasma del que, como el aprendiz de brujo, nunca podrán deshacerse?

Por lo tanto, una investigación y un análisis exhaustivo de las posiciones de los dirigentes rusos no es “ser comprensivo frente a Rusia” (Russland-Versteher, un apodo despectivo que en la política y medios de comunicación alemanes se da a quien se niega a condenar por principio y en todo momento a Rusia, AyR), al contrario, es algo que nos conviene, porque quienes actúan basándose en ideas de propaganda inexactas, falsas o autogeneradas pueden causarse graves daños.

¿Declaró Putin una “nueva guerra fría” en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2007?

Desde el inicio del ataque ruso, se ha afirmado repetidamente que se enmarca en la "nueva Guerra Fría" declarada por Putin en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2007. Esta contundente interpretación fue introducida en el debate por el periodista Josef Joffe. Habría sido más preciso teniendo en cuenta los hechos, y políticamente más productivo, interpretar la intervención de Putin como una llamada de atención sobre las consecuencias a largo plazo de los problemáticos enfoques occidentales, y especialmente estadounidenses, de resolver los conflictos por medios militares violando el derecho internacional, como en Kosovo e Irak; la falta de voluntad en participar en la resolución conjunta de conflictos; la creación de nuevas líneas divisorias mediante la expansión de la OTAN; la rescisión de los acuerdos de control de armamentos; la construcción de un sistema de defensa antimisiles que amenaza la estabilidad; la negativa al control de armas en el espacio, etc. Tales acusaciones fueron especialmente mal vistas en Estados Unidos, donde la visión relativamente positiva de la nueva Rusia, existente desde principios de la década de 1990, ya se había ensombrecido notablemente tras la gestión del caso Jodorkovski por parte de Putin (oligarca jefe del gigante energético Yukos asociado a Rothschild, acusado de corrupción y asesinatos, que fue detenido y su empresa confiscada cuando quería venderla a la EXXON estadounidense, AyR). ¿Cuál habría sido el resultado si Occidente hubiera tomado en serio las críticas de Putin?

En los debates sobre la guerra de Ucrania suele surgir la afirmación de que, en un texto publicado en 2021, Putin negó el derecho a la existencia no solo al Estado ucraniano, sino incluso de la nación ucraniana, de donde se desprende el objetivo de su "operación especial". Es cierto que, según la visión histórica de Putin, rusos y ucranianos forman una unidad histórico-política, lo cual no debería sorprender dada la coexistencia secular de ambos pueblos dentro de la misma asociación soberana y estatal. Sin embargo, los críticos parece que, debido a su extensión, no han leído entero el texto, de gran alcance histórico, ya que nunca mencionan que, en el último pasaje, Putin reconoce explícitamente el anhelo histórico de los ucranianos a tener su propio Estado soberano. Al hacerlo, señala las relaciones entre Alemania y Austria, que también surgieron de una historia compartida, como un ejemplo de vecindad constructiva. ¿Por qué no debería ser esto también posible para Rusia y Ucrania? La advertencia de Putin de que Rusia no toleraría bajo ninguna circunstancia una Ucrania que se considera "antirrusa" era inequívoca. ¿Se habrían evitado muchos desastres si se hubiera leído el artículo hasta el final?

Iniciativa de negociación 2021/2022

A finales de 2021, Rusia intentó iniciar negociaciones sobre la seguridad europea, cuyo principal objetivo era impedir la adhesión de Ucrania y otros antiguos Estados soviéticos a la OTAN y detener el estrechamiento constante de sus lazos con países miembros militares de la Alianza Atlántica. El objetivo adicional de retirar la presencia de tropas occidentales en los países candidatos a la adhesión de Europa Central y Oriental, surgido como resultado de la ampliación de la OTAN hacia el este a partir de 1997, se topó con una resolución de EEUU y la OTAN que la iniciativa rusa no lograse ningún resultado, el experimentado Henry Kissinger declaró haber intentado involucrar a Rusia en un proceso de negociación, como se había hecho con éxito tras la Crisis de Berlín de 1958 hasta la firma del Acta Final de la CSCE de 1975. Como partidario de la expansión de la OTAN hacia el este, Kissinger ya se había pronunciado en 1994 en contra del estacionamiento de tropas estadounidenses en los países candidatos al ingreso, alegando la desconfianza rusa que provocaría. No en vano, el Acta Fundacional OTAN-Rusia de 1997 acordó limitar el estacionamiento de tropas occidentales en los países de Europa Central y Oriental candidatos a ingresar en la OTAN. En aquel momento, la posibilidad de que Ucrania ingresase en la OTAN ni siquiera se había considerado. Tras tres años de una guerra extremadamente costosa, cabe preguntarse si no habría sido mejor que en 2021/22 se hubiera llevado a cabo una evaluación más prudente de la situación siguiendo el enfoque de Kissinger, en lugar de limitarse a observar un inminente ataque ruso, sobre todo considerando que se daba por segura una derrota ucraniana en pocos días.

¿Más tonto que una mesa?

Durante una conversación con periodistas occidentales en 2024, le preguntaron a Putin sobre las preocupaciones que generaba un posible ataque ruso a la OTAN. "¿Eres tan estúpido como esta mesa? Mira el potencial de la OTAN y Rusia. ¿Crees que estamos locos?", respondió Putin, visiblemente harto. “Todo es una invención absurda para mantener el apoyo a Ucrania”.

¿Dice Putin la verdad o cree que puede engañar a la OTAN? ¿Es Putin un conocido "mentiroso", como muchos dicen asegurando que "mintió" al negar tal intención de atacar Ucrania poco antes de hacerlo? Pero ¿es el concepto de "mentira" apropiado en contextos político-militares? ¿Acusará alguien al entonces primer ministro británico Boris Johnson de "mentir" si niega haber convencido a Zelenski de no aceptar una paz negociada entre Rusia y Ucrania? En definitiva, lo único que sabemos es que la línea entre establecer hechos y producir propaganda es delgada.

Interés en las negociaciones

La acusación mutua de falta de voluntad negociadora forma parte del repertorio habitual de toda propaganda bélica. Así, el hecho de que Rusia esté intensificando masivamente sus ataques en una situación en la que Ucrania se ha declarado dispuesta a negociar un "alto el fuego incondicional" se interpreta como una prueba de la falta de voluntad negociadora de Rusia, dando igual si se debe a ingenuidad o a un cálculo. Esta interpretación es doblemente ventajosa para Ucrania: por un lado, porque visto así la continuación de la lucha defensiva ucraniana y su apoyo occidental parecen ser la única alternativa, y porque, por otro lado, nadie se percata de que una oferta rusa de negociaciones lleva mucho tiempo sobre la mesa.

Rusia ha declarado su disposición a negociar un alto el fuego, siempre que al mismo tiempo se aclaren las cuestiones clave de un acuerdo de paz. Aquí es donde los intereses de ambas partes divergen fundamentalmente: Rusia no quiere declarar un simple alto el fuego porque Ucrania podría fácilmente convertirlo en un conflicto congelado, en el que Rusia nunca podría lograr sus objetivos bélicos, ya que una reanudación unilateral de las hostilidades sería políticamente difícil y militarmente costosa. La "operación especial" habría sido, así, un fracaso extremadamente costoso, que pondría en peligro la posición de Putin en Rusia. Por otro lado, los líderes ucranianos no desean entablar negociaciones, y mucho menos aceptar las demandas rusas. Posiblemente porque tienen claro que no podrán lograr sus propios objetivos bélicos en el futuro previsible, un alto el fuego que deje abiertas todas las posibilidades es la mejor de las malas opciones.

“¡Ucrania nos pertenece!”

¿Pronunció Putin esta inquietante frase, como afirma Merz? ¿Negó Putin el derecho de Ucrania a existir en un evento de renombre internacional? ¿Es, entonces, correcta la teoría de la Rusia revisionista?

Un análisis más detallado de la participación de Putin en el Foro Económico de San Petersburgo en junio de este año revela que esta frase —citada incorrectamente y sacada de un contexto complejo— sería lo contrario de lo que ha sido siempre la posición de Putin sobre Ucrania. De hecho, Putin dice que «Rusia nunca ha cuestionado el derecho del pueblo ucraniano a la independencia y la soberanía», pero añade que Ucrania se comprometió a la «neutralidad y la no adhesión a bloques militares» en su declaración de independencia de 1991. Poco después del estallido de la guerra, se negoció un acuerdo de paz entre ambas partes, que el primer ministro británico Boris Johnson, con el apoyo del presidente estadounidense Joe Biden, torpedeó en Kiev: existen fuerzas que buscan infligir una «derrota estratégica» a Rusia. El objetivo de Rusia, afirma, no es la «capitulación» de Ucrania, sino el reconocimiento de sus «realidades territoriales».

¿Miente Putin? No podemos saberlo. Pero sí sabemos que uno se perjudica al tergiversar las posturas de sus oponentes, falsificarlas o incluso omitirlas por completo, ya que solo es posible actuar adecuadamente si se tiene un conocimiento exhaustivo de la situación. En una sociedad libre, la decisión de si lo que se dice es verdadero, falso o mentira debe ser competencia de los ciudadanos. Por lo tanto, no es una buena señal que los medios alemanes no informen prácticamente nada sobre la visión rusa sobre la guerra, salvo algunos fragmentos de citas que aparentemente coinciden con sus propias interpretaciones.

Armamento XXL sin referencia al equilibrio de poder militar

¿A alguien le interesa saber si Rusia realmente tiene los medios militares para librar las “guerras de revisión para restaurar a Rusia como potencia mundial y lograr la hegemonía en Europa” (como aseguró el ex-ministro de exteriores alemán y líder de Los Verdes, Joschka Fischer) con alguna posibilidad de éxito?

El hecho de que el presidente Trump reafirmara el compromiso de Estados Unidos con la alianza en la cumbre de la OTAN puede haber sorprendido a quienes, al advertir sobre la supuesta desaparición de la garantía de seguridad estadounidense, pretenden promover un gigantesco rearme en Europa. Pero ¿qué obligaría a Estados Unidos a abandonar su posición extremadamente ventajosa en Europa —también para su proyección de poder global—, que se manifiesta principalmente en su liderazgo en el sistema de alianzas de la OTAN? Utilizando la presión de fuerza bruta, un método que ha aprendido en el sector inmobiliario neoyorquino, Trump simplemente pretendía imponer aumentos masivos en el gasto de defensa entre sus aliados, sobre todo porque esto beneficiaría enormemente a la industria de defensa estadounidense. Tras lograr este objetivo con la resolución del 5%, ya no tiene motivos para sembrar más dudas sobre el compromiso de Estados Unidos con la alianza. Por cierto: ¿De verdad creen los estrategas de los programas de entrevistas que quienes los planificadores rusos de supuestas "futuras guerras revisionistas" pueden simplemente ignorar el riesgo de una intervención estadounidense al lado de Europa?

Cualquiera, incluso mínimamente informado, sabe que la OTAN, incluyendo a Estados Unidos, es militarmente muy superior a Rusia. Esto es evidente por el hecho de que Estados Unidos se autoproclama la mayor potencia militar del mundo, lo que se refleja, entre otras cosas, en su gigantesco presupuesto de defensa y sus cientos de bases militares repartidas por todo el mundo. Estados Unidos es la única potencia capaz de atacar cualquier lugar en el mundo, como demostró recientemente en Irán. Además de Estados Unidos, en la OTAN hay 31 (!) estados miembros, incluyendo dos potencias nucleares, y Alemania, Francia y Gran Bretaña, tres estados cuyos presupuestos de defensa se encuentran entre los ocho más altos del mundo.

La suposición de que Rusia, ante una superioridad tan abrumadora, pudiera arriesgarse a atacar a los países de la OTAN, requiere una imaginación desbordante. Además de que Rusia lleva más de tres años en guerra y, por lo tanto, tiene que compensar continuamente las cuantiosas pérdidas, sus esfuerzos de rearme, comentados con fingida preocupación occidental, pueden interpretarse como una reacción a la sólida superioridad occidental, que se verá aún más reforzada por la resolución del 5%: un claro ejemplo de una carrera armamentista tan costosa como inútil.

Los datos del International Institute for Strategic Studies (IISS) demuestran claramente que la constantemente repetida afirmación de la desesperada inferioridad de la OTAN en Europa respecto a Rusia no se sostiene. Al comparar los presupuestos de defensa agregados y las reservas de sistemas de armas clave de la UE-27, el Reino Unido y Noruega con los de Rusia, se presenta un panorama sorprendente para 2024

Aunque los parámetros seleccionados obviamente no reflejan exhaustivamente el poder de combate de las fuerzas armadas, y los europeos deben recuperar capacidades importantes, las llamadas "strategic enablers" (debido a que siempre han dependido de EEUU), es evidente que la OTAN no necesita la supuesta recuperación implícita en el objetivo del 5%. No hace mucho, reconocidos defensores del aumento de armamento aseguraron con insistencia que el mundo de la OTAN volvería a la senda correcta una vez se alcanzase el objetivo del 2%. El objetivo del 5% carece de justificación sustancial, se inventó para apaciguar a Trump. Resulta particularmente irónico que, bajo su presidencia, EEUU se esfuerce por mejorar sus relaciones con Rusia, especialmente en el ámbito económico —aunque con Trump nunca se puede descartar un cambio de rumbo errático—, mientras obliga a sus aliados a una carrera armamentística con ese mismo país, lo que, debido a la enorme carga financiera que implica a largo plazo, podría perjudicar gravemente la competitividad de Europa.

Pensamiento amigo-enemigo o análisis preciso

Se ganaría mucho para el restablecimiento y la conservación de la paz en Europa si, al abordar la guerra en Ucrania y los futuros desafíos de seguridad, los políticos y los medios de comunicación se centraran en un análisis preciso de los motivos, intereses, objetivos y medios de los actores relevantes, en lugar de la mentalidad “amigo-enemigo” dominante.


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