Leemos en "Il Fatto Quotidiano" que los iraquíes lloran a Saddam Hussein. Es fácil de creer. El caso de Irak es emblemático. Es un ejemplo clásico de imperialismo ético, con bombardeos humanitarios y misiles democráticos de fabricación estadounidense.
La situación con Saddam no fue ciertamente celestial, pero no fue nada comparada con lo que vino después, cuando se desató el infierno. Algo similar ocurrió en Libia, por ejemplo, después de la era de Gadafi. Parafraseando al viejo Tácito, crean un desierto y lo llaman paz. El modus operandi del imperialismo estadounidense ya debería ser universalmente conocido: las políticas imperialistas preestablecidas se justifican ante la opinión pública por la necesidad de intervenir contra el dictador de turno, identificado con cualquier presidente que se atreva a disentir del consenso de Washington, ya sea Saddam o Gadafi, Milosevic o Putin. Suele presentarse como el nuevo Hitler, según el conocido reductio ad Hitlerum, para que una opinión pública meticulosamente manipulada acepte con sombría euforia el intervencionismo imperialista presentado como democrático y emancipador: donde está Hitler, siempre debe estar Hiroshima (ubi Hitler, ibi Hiroshima). El Estado atacado es rápidamente "liberado", es decir, puesto bajo la égida estadounidense y sumido en el caos.
Una de las primeras reformas implementadas en Irak por Estados Unidos fue, por supuesto, la adopción de un libre mercado sin fronteras. En el caso de Irak, además, seguramente no habrán olvidado la vergonzosa escena de Colin Powell agitando el tubo de ensayo que contenía, según él, pruebas de las armas de destrucción masiva presentes en Irak, que en realidad nunca se encontraron y se utilizaron ideológicamente solo para justificar la agresión estadounidense contra el propio Irak. La historia enseña pero no tiene alumnos, y por eso mismo estamos condenados a revivirla con todas sus tragedias y tormentos: todavía hoy abundan los incurables que se tragan el relato dominante y se alegran del intervencionismo norteamericano, sin haber entendido nada del modus operandi del imperialismo de la civilización del dólar.
Gli iracheni rimpiangono Saddam Hussein - Diego Fusaro
Y ahora el Buró Político del criminal de guerra Netanyahu ha declarado que el ejército democrático y humanitario de Israel se prepara para ocupar toda la Franja de Gaza.
La civilización del dólar, por su parte, ha dado su aprobación a esta infame operación imperialista. El demencial plan de Trump de transformar Gaza en un vasto balneario al aire libre parece cada vez más cerca de hacerse realidad. Y mientras se desarrolla esta masacre, la Liga de Matteo Salvini propone un castigo severo para cualquiera que se atreva a criticar al gobierno israelí, equiparándolos con antisemitas. No sabemos si esta decisión le reportará a Salvini una segunda y mayor recompensa por parte de Israel, pero sabemos con certeza que se trata de una situación trágica, pero no grave. El imperialismo genocida de EE. UU. e Israel continúa imparable en su locura, presentándose hipócritamente como el reino de la bondad y la democracia, de los derechos y la libertad. Imperialismo ético, pues, con bombardeos humanitarios, misiles democráticos y genocidio benéfico: Orwell, un aficionado. A pesar de esta tragedia histórica, podemos estar seguros de que la historia juzgará no solo a los responsables de estos crímenes, sino a todos nosotros, especialmente a quienes optaron por guardar silencio y simplemente hacer la vista gorda, por no mencionar a quienes apoyaron vergonzosamente estas políticas infames.
Vale la pena repetirlo, con Gramsci: la indiferencia es el lastre de la historia; hoy solo podemos detestarla más que nunca.
Israele ha deciso di occupare per intero la striscia di Gaza - Diego Fusaro
Traducción Carlos X Blanco