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Programa EL Cernidor

Por posta

 

Programa El Cernidor 18.08.2025

Lunes y Jueves 19.30 hs. https://www.youtube.com/@elpulsometrotv

Horacio Lampariello, Héctor Amodio Pérez y Álvaro Alfonso

https://www.youtube.com/live/22qv1xXYpJE?si=cyzRYtBti_r775ny

 

Cernidor 220, correspondiente al día 18 de agosto de 2025

Palabras de AmodioEn los primeros días de enero de 1971, el Ejecutivo nos comunicó que estaban prontos los secuestros del embajador inglés, del francés y del argentino, que se realizarían simultáneamente, dando comienzo a la reactivación del Plan Satán.( canje de detenidos)

Con esa decisión el Ejecutivo materializó su independencia en cuanto a la conducción del MLN, pero al no poder realizarlos de manera simultánea, solo se concretó el de Geoffrey Jackson, lo que contribuyó a agravar las diferencias con Sendic, Zabalza, Mansilla, Picardo, y a través de ellos con el resto de los presos del interior.

El secuestro de Jackson se produjo el día 8 de enero de 1971 y se mantuvo hasta el 9 de septiembre del mismo año, para cumplir el acuerdo que el MLN había negociado con el gobierno inglés a través del embajador en Santiago de Chile, tal como declaró Mauricio Rosencof a las FF.CC.(Fuerzas Conjuntas) tras la operación Ceibo 302 y que hemos leído en este programa,

El Dayli Telegraph, publicó el 1 de enero de 2002, firmado Por Peter Day, la nota siguiente.“GRAN BRETAÑA negoció un acuerdo secreto a través de Salvador Allende, el presidente marxista de Chile, para la liberación de su embajador en Uruguay, que había sido secuestrado por guerrilleros de izquierda.

Londres le pidió a Allende, quien murió dos años después en un golpe de Estado apoyado por EEUU y liderado por Augusto Pinochet, que interviniera debido a la tradicional amistad de Chile con Gran Bretaña y Uruguay.

Geoffrey Jackson, embajador británico en Montevideo, fue secuestrado por los Tupamaros, un grupo de terroristas urbanos, mientras se dirigía al trabajo. El Sr. Allende mantuvo contacto secreto con los Tupamaros y continuó las negociaciones incluso cuando los uruguayos (gobierno) protestaron por su intromisión en sus asuntos internos "

Los británicos finalmente acordaron un rescate de 42.000 libras para liberar al Sr. Jackson tras ocho meses de secuestro. Edward Heath( primer ministro) aceptó la suma, equivalente a casi 350.000 libras actuales, cuando la familia del Sr. Jackson protestó por la falta de esfuerzos de los uruguayos para encontrarlo. El embajador fue liberado el 9 de septiembre, tras recibir solo 15 minutos de aviso por parte de sus captores.

Tal como dice Álvaro Diez de Medina en su libro Mapa de un engaño, en mi manuscrito del año 1972, yo escribí la página 47 del manuscrito con dos versiones: una, en la que reconozco el pago de un rescate y otra en la que el rescate no se menciona.

La razón de las dos versiones fue que yo, como contador de los fondos del MLN no podía dar fe del pago, porque al haberse hecho efectivo en Chile, no lo tenía contabilizado.

La liberación de Jackson fue anunciada con este comunicado: "Hace un año los Tupamaros iniciamos una batalla por los presos políticos. Quisimos que esa batalla fuera lo menos dolorosa posible. Por ello ofrecimos a nuestros compañeros por varios personajes con actividades turbias o representativos de regímenes despóticos. El Gobierno, mientras por un lado negociaba en secreto con nosotros sin llegar a ponerse de acuerdo, por el otro adoptaba la hipócrita actitud pública de dureza expresada en la frase: «No negociaré con delincuentes».

Así se inició hace un año la batalla por los presos políticos: corrió sangre, el país vivió momentos de angustia. ¿Por qué? ¿Para qué? Hoy, luego de un año, podemos decir con legítima satisfacción que hemos ganado esa batalla en el terreno que el gobierno eligió. Almiratti recobró su libertad, Bidegain también lo hizo. Luego fueron 38 compañeras y ahora son 111 luchadores sociales e hijos del pueblo quienes pasan a engrosar las filas más activas del combate. Muchos sacrificios costó ganar esa batalla; centenares, miles de tupamaros participaron de un modo u otro en ella.

El guante que el gobierno arrojó a nuestro rostro cuando dijo que no negociaba fue recogido del único modo que corresponde a un pueblo indómito: «Habrá Patria para todos o no habrá Patria para nadie» fue la respuesta. Con el espíritu de esa consigna recibida del pasado, hemos cumplido: el Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) es una organización del pueblo, y al pueblo oriental nadie lo corre a ponchazos 

Es debido a esta circunstancia que hemos decidido amnistiar al Sr. Geoffrey Jackson. Su detención en la Cárcel del Pueblo ya no tiene razón habiéndose dirimido esa batalla. Lo liberamos en un acto de soberanía popular plena y a pesar de que estaban encaminadas para su liberación negociaciones que decidimos iniciar a partir de la preocupación que hizo pública el presidente de Chile, Salvador Allende, y que nos eran sumamente ventajosas." (termina el comunicado)

 Amodio : En realidad, Allende lo que quería era que liberáramos a Jackson para que Inglaterra votara a su favor en el conflicto que Chile tenía con Argentina por el Canal de Beagle. Hubo coincidencia en la liberación de Jackson con la fuga de Punta Carretas, llevó a que algunos pensaran que la fuga fue un arreglo por la liberación, nada que ver un verdadero dislate

Eran tiempos de euforia, tal como trasunta el texto del comunicado del MLN Todavía no sabíamos que la misma fuga sería al final una de las causas del desorden organizativo que se apoderó del MLN, causado por el alud de clandestinos, 149, entre hombres y mujeres, en menos de 60 días y la decisión del Gobierno de poner la lucha anti sediciosa en manos de las FF.CC., que fundamentalmente en el interior, comenzaron a aplicar la tortura.

Pero volvamos a enero de 1971. A mediados de enero se puso en funcionamiento todo el andamiaje necesario para concretar la fuga o «Plan Gallo», y en forma simultánea se expulsa a la Microfracción, contándose entre los expulsados a los integrantes del «sector sindicalista» que pudieron ser identificados Rodríguez Larreta, Romans Ledermans, Ferreria Scaltriti, Pablo Recagno, Héctor Méndez, Sofía Faget a quienes se suma María Elia Topolansky.

El 5 de febrero del 71, una gran lluvia arrastró las herramientas que estaban acumuladas en las cloacas y el plan de fuga queda al descubierto. El entonces Ministro de Brum Carbajal, que suplantara al General Francese en el Ministerio del Interior, se apuntaba un tanto muy importante, y se tomó la decisión de prohibirnos acceder al campo de fútbol, como forma de aumentar las medidas de seguridad.

Desde entonces los recreos pasaron a los corredores que existían junto a los muros del Penal y éramos vigilados por la guardia armada que estaba en la parte superior de los muros. Entonces se formó una comisión que planificara una nueva intentona de fuga, formada por Almiratti, Falero Montes de Oca y Amodio.

Esta comisión descartó varios proyectos y se decidió proponer una nueva versión del plan Gallo, que se llamó Mangangá, pero el túnel iniciarlo desde un local propio y evacuar la tierra por las cloacas. Uniríamos las celdas, 27, que daban al Sur y el túnel comenzaría donde hoy está ubicado el restaurant  El Berretín, Guipúzcoa y Montero. Trabajaron dos equipos de forma paralela, pero un cargamento de varillas de hierro fue arrastrado cuesta abajo y casi mata a los compañeros que se encontraban en el ramal grande que circula debajo de la rambla. El plan finalmente se abandonó.

En marzo de 1971 desapareció un colaborador del MLN, Abel Ayala, que trabajaba en Sanidad Policial y que proporcionó a los Tupamaros miles de direcciones, fotos y demás datos de los archivos policiales correspondientes a funcionarios de todas las reparticiones policiales.

Esa documentación había sido la que proporcionó los datos del domicilio de Morán Charquero, en la vieja calle Ellauri 151, hoy Zorrilla de San Martín. Curiosamente, Abel Ayala no figura entre los asesinados por el llamado Escuadrón de la muerte ni el MLN ni ninguna otra asociación de familiares lo hizo nunca.

Surge entonces la idea de realizar el túnel desde la misma cárcel. En el archivo Cámpora se encuentra el relato que lleva la firma de Jorge “Cabeza” Llambías ,publicado por la agencia COMCOSUR el 9 de enero de 2011, de la que rescato los aspectos más relevantes. Una noche cualquiera, totalmente de casualidad, nos encontramos en Crysol - en la cantina - Juancito Almiratti, el Negro Delgado, el Gordo Peralta, el Cura Bidegain y quien escribe.

Entre las mil cosas del picadillo, Juancito nos preguntó, uno por uno –con esa vos que habla con la sh- ¿Sabés cuál es la etimología del Abuso? 

Luego de la sorpresa comenzamos a decir porqué pensábamos que se le había puesto ese nombre. Nos miró, o mejor dicho, hizo que nos miraba porque Juancito ha perdido casi totalmente la vista, y en un tono de “yo sé la posta” comenzó a contar la historia que ninguno conocía. 

“Ustedes se acuerdan que en Punta Carretas yo trillaba mucho con los gambuzas (dentro de la cárcel estaban los presos comunes – los gambuzas y los de la especial).  En uno de esos trilles conocí a La Peluda que venía de pasar por Miguelete. Con la confianza del tiempo La Peluda me contó que en Miguelete habían intentado escaparse por un túnel que bajaba desde una celda, se ponía horizontal y luego subía hasta un lugar en el que, rompiendo la calle, podían lograr la libertad. Ese plan también había unido a varias celdas entre sí para que pudieran llegar al túnel. 
La guardia había sido comprada con el cuento de que los agujeros en las celdas eran para el tráfico de “guachos” que era algo sabido y “permitido”. Fue la idea detonante de lo que más tarde se constituiría en El Abuso. 

Bueno…, me dejó con la idea ya que siempre estábamos pensando en la fuga y los compañeros planteaban cualquier cosa porque querían irse. Ya en ese momento estábamos trabajando en lo que sería el Mangangá, la fuga desde el hospital penitenciario hacia las cloacas.

Ahí fue que le planteé al Bebe la idea que estaba madurando de irnos por un túnel en una fuga masiva. Él Bebe me miró y dijo: ¿te parece?, y tras pensar un momento agregó: ¡andá a hablar con Amodio!, y eso fue todo. 
Amodio era realmente operativo y me escuchó. Empezó entre nosotros un peloteo acerca de qué era necesario hacer para lograr la fuga, y en la medida que iba tomando forma me di cuenta que era posible y comencé a repetir: ¡pobre Pachequito, qué abuso!, como una colita de esas que se le pegan a uno en el hablar

Debíamos solucionar muchas cosas, como ser acomodar a los compañeros que se iban a fugar en una sola ala de la tercera que era la que iba a comunicarse pared a pared. Calcular los metros que había que bajar para pasar los cimientos de los muros.

Calcular el largo del túnel para salir en la casa que los compañeros iban a copar el día de la fuga. Ver la forma de orientar el túnel para no errarle. Cómo hacer llegar aire fresco mientras se estaba trabajando. Qué hacer con la tierra que se sacaba que multiplicaba su volumen una vez extraída… 

En la planchada de la segunda debíamos pasar por una celda en la que había gambuzas y era necesario, antes de empezar ningún movimiento, saber si era posible salir por ahí, por lo que hubo que hablar con ellos. 
Contábamos con un compañero que era un mago con las artesanías y solucionó la forma de tapar los agujeros entre las celdas y en la planchada de la tercera a la segunda, así como la salida al túnel. 

Descubrimos que los ladrillos del penal estaban unidos con una especie de barro que se usaba hace un siglo. Era una arcilla de lava volcánica traída de Italia que se agujereaba fácilmente y que luego, tras pasar dos alambres torneados entre sí y siguiendo la junta en un trabajo de vaivén, salían los bloques enteros. El Negro Amodio era el que tenía los contactos con el exterior y comenzó a trabajar concretamente en el plan. En una que estamos juntos me da una cosa a leer y veo que dice: “El Abuso”, y pregunto: ¿Qué es esto? y el Negro me responde: Vos no te pasabas diciendo ¡pobre Pachequito, qué abuso! es eso, el plan de fuga. Se llama “EL ABUSO”. Por lo que a través de mis dichos repetidos tomó ese nombre, y el que lo eligió fue Amodio! ( en realidad fue Juancito Almiratti al que nunca más lo vi)

 

Programa El Cernidor Jueves 21.08.2025 - Parte1

https://www.youtube.com/live/TVTY72e2lbE?si=3EPO54BN5fpge5J7

- Parte 2

https://www.youtube.com/live/jjOkyCLdND8?si=QwaCX5b0cKIxyCaz

 

Cernidor 221 Correspondiente al día 21 de agosto de 2025

Palabras de Amodio: El 21 de agosto de 1970 fue declarada zona militar las manzanas que circundaban la cárcel de Punta Carretas, con la intención de reforzar las medidas de seguridad.

Y el 21 de agosto de 1972 fueron detenidos los integrantes de la organización OPR33, que secuestraron a Sergio Molaguero el 11 de mayo de ese año. Los ejecutores fueron, Jorge Vázquez Rosas (Marcelo) nombre del operativo, Griot Avondet y su esposa, propietarios de la cárcel de Humberto Primero, Carlos Alfredo Rodríguez Mercader y su señora Ivón Trías, Walter Gómez y Pablo Farías.

Volviendo al pasado reciente, Tal como dijo Almiratti, a través de mi correspondencia clandestina, el Ejecutivo fue informado del nuevo plan de fuga, pese a que no teníamos resuelto el problema de la tierra.

El Ejecutivo nos contestó que tenía en marcha un plan de fuga de la cárcel de mujeres y que en esos momentos tenía prioridad, por razones propagandísticas. La reacción de Punta Carretas fue una expresión del machismo imperante. ¿Cómo se les podía dar preferencia a las compañeras? Finalmente, aunque a regañadientes, se aceptó la resolución.

Se formó una comisión, formada por Almiratti, Mansilla, Zabalza, Arbelo y quien les habla, quienes terminamos por dar forma al plan, una vez que la guardia interna quedó a cargo de Miguel D’Albena, más conocido por el Tacoma.

En abril, al enterarse Almiratti que iba a ser llevado al juzgado, se acercó a mi celda a pedirme autorización para intentar escapar, ya que sería mucho más útil trabajando desde afuera. Le di la autorización y le pregunté si tenía forma de contactar con la Organización. Me dijo que sí. Se fugó y nunca más nos volvimos a ver.

Mientras tanto, y durante los meses siguientes, los presos del interior acentuaron la actividad de sus grupos, ante la perspectiva de una fuga. Es así que en mayo aproximadamente elaboran, a iniciativa de Sendic, quien se inspira en «Guerra de Guerrillas» del general Grivas, dos documentos que se llamarán Breve fundamentación de la necesidad de instalar un segundo frente en la campaña uruguaya y otro que lleva el nombre de Plan Tatú, Ideas estratégicas de la guerra en el interior.

El ejecutivo recibió dicho plan y respondió que podía ser una línea de trabajo futuro, pero que en esos momentos, no encajaba con los planes del MLN, que se encaminaban a la formación de núcleos sólidos en las ciudades donde se contaba con militantes firmes, y que por cierto, éstos no abundaban, a lo que la gente del interior contestó airadamente iniciando otra polémica interna que a nada positivo conduciría.

Lo que se discutía eran detalles concretos o aspectos muy parciales de un plan de trabajo, sin ver que lo que se estaba enfrentando eran dos estrategias diferentes: por un lado, mantener la lucha urbana, centrando la acción en Montevideo y por otro la apertura de un segundo frente.

Era evidente que, para cualquiera que analizara la situación en forma objetiva, que el MLN estaba dividido entre Montevideo por lado y el Interior por el otro. Nadie vio el peligro que ese hecho representaba para el MLN, lo que se agravó, el 7 de julio, con la llegada a Punta Carretas de Adolfo Wassen Alaniz y Armando Blanco Katras, miembro del Ejecutivo el primero y responsable del sector militar de la columna 15 el segundo.

Wassen era miembro del ejecutivo desde agosto del 70. Cuando ingresó a la Dirección era, sin duda, el de mayor experiencia global y contrabalanceaba su naturaleza demasiado impulsiva con un respeto por lo organizativo que lo convirtió en uno de los pilares del resurgimiento tupamaro después de Almería.

A su llegada proporcionó a la dirección de los presos abundante información interna que desataría nuevamente la lucha de tendencias siempre latente, y que, como no podía ser de otra forma, se materializó en un durísimo enfrentamiento entre Wassen y Sendic. Nuevamente se discutió en forma equivocada y si bien Wassen vio la necesidad de que se discutiera a nivel de las concepciones organizativas, le faltó a su argumentación el peso que a Sendic le sobraba: el peso del mito.

Como anécdota, ante las menciones de los compañeros del interior a su condición de campesinos o cuando menos gente de campo, se realizó un censo entre sus integrantes. Resultó que más del 90% de ellos eran clase media, tal como el resto de los presos.

A propósito de los informes de Wassen, quedó patentizada la división interna que existía, por lo menos dentro del Penal, y era evidente que para los militantes del interior fundamentalmente, pero también para muchos de Montevideo, las opiniones de Sendic eran ley.

Wassen informó que la fuga demorará muchos meses aún, ya que eran muchos los problemas a superar, y que si bien el aporte de Almiratti, fugado poco antes del Juzgado había contribuido a solucionarlos, restaban algunos aspectos no resueltos aún y que ante eso, se había decidido hacer la fuga de la Cárcel de Mujeres, ya que el MLN necesitaba procesar una acción de carácter espectacular y sin sangre antes de las elecciones, y no había otra posibilidad que esa fuga, y que los trabajos ya habían sido iniciados,  por lo que se calculaba que a fines de julio se concretaría. Efectivamente, se concretó el día 29.

La prisión de Wassen y Blanco Katras sirvió para que el Ejecutivo terminara de dar su apoyo al nuevo plan de fuga, al confirmar ambos los informes anteriores. De acuerdo con la comisión de fuga y dada la militancia que nos unía, solicité que fueran ambos enviados a mi celda, lo que se consiguió sin dificultades. Yo terminé por convencerlos de la viabilidad de la fuga y su opinión fue determinante para conseguir el apoyo de la Dirección.

Curiosamente, los que aparecieron como «cerebros» de la fuga, tanto externa como internamente, e incluso luego de la dictadura, fueron los mismos que se opusieron o vaticinaron su fracaso y todos ellos narraron con lujo de detalles la parte que les había correspondido hacer, como si de ellos hubiese dependido todo.

Wassen le planteó a Amodio la decepción que con respecto a Sendic tenía, lo que le hacía dudar de si sería conveniente que el Comité Ejecutivo renunciara en pleno (en caso de que la fuga se concretara, ellos lo tenían dispuesto así) para entregar la dirección a los «viejos», que era otra forma de llamarnos a los primeros clandestinos.

Al producirse la fuga, el MLN llegó a su máximo punto de prestigio y poderío político, pero paradójicamente comienza la etapa de su destrucción, porque unida a las medidas del gobierno, trasladó al seno del aparato la división existente en el Penal.

El 10 de setiembre, en una casa de la calle Jaime Cibils, no he podido confirmar el número, nos reunimos Sendic, Candán, Fernández Huidobro, Wassen, Rosencof, Marrero y Engler, para discutir la integración de un nuevo Comité Ejecutivo, en el que tuvieran presencia mayoritaria los viejos.

Ni Huidobro ni Sendic aceptaron volver a la Dirección, en lo que en su momento se consideró un gesto de modestia personal. Se resolvió mantener la integración del Ejecutivo actuante en esos momentos, reintegrando a Wassen al Ejecutivo y a Amodio al Comando General de Montevideo.

En Memorias de insurgencia, de Clara Aldrighi Cavani, una de las divulgadoras de la historia oficial del MLN, Huidobro dice en la página 76 que tanto Sendic como él eran considerados unos locos de la bolsa y eclécticos ideológicos y que por esas razones fueron enviados a la base.

Pero en la página 78, se confiesa. Dice: Nos fuimos a la base con él Bebe y otros compañeros porque no habían sido aprobados los planes que habíamos mandado: El Collar, el Tatú y otros… entre ese otros estaba el Plan Hipopótamo, la toma de Montevideo, un dislate que ya hemos comentado en este programa, que en uno de sus considerandos, planteaba la necesidad de la eliminación física de las FF.AA. Su autor fue ni más ni menos que el gladiador elogiado por el Gral. Manini.

En las primeras reuniones del Comando General se procedió a encuadrar en Montevideo a un número de fugados considerados imprescindibles para paliar algunas carencias fundamentales y destinar al interior al grueso de la gente con experiencia asentada, tanto en lo militar como en lo organizativo, cumpliendo así con una directiva emanada de la Dirección, que había decidido volcar el máximo de esfuerzos en el interior, con el fin de sacarlo del estancamiento en que se encontraba.

Se creía entonces que encuadrando en las dos columnas en que el interior se dividía a gente que tradicionalmente militó en ese sector, como Sendic, Zabalza, Picardo, Bidegain, Bandera, JJ Domínguez, pero con serios déficits en lo organizativo con gente que provenía de la columna 15, que era fuerte en esos aspectos, se lograría un buen trabajo.

En Montevideo se tenía como línea de trabajo el fortalecimiento interno, evitando procesar acciones que llevaran o propiciaran un golpe de Estado, ya que se quería que el proceso electoral, de no cumplirse, fuera por responsabilidad del gobierno o de los sectores golpistas; nunca que la responsabilidad, ni siquiera indirectamente, fuera del MLN, a fin de no enajenar la opinión de los muy amplios sectores de la población que esperaban las elecciones con expectativa y esperanza.

Era necesario entonces poner el acento en lo formativo y organizativo, así como en algunos planes de desarrollo, fundamentalmente en lo que se refería a la política del frente de masas, de lo que se encargaba un sector conocido como columna 70, que controlaba desde el ejecutivo Rosencof y a cuyo comando se integró Candán.

Muy rápido fue evidente que el aluvión de clandestinos que produjeron las fugas, si bien constituía un aporte, en muchos sentidos eran causas de serios problemas organizativos, de funcionamiento y de infraestructura que los integrantes de comandos de columnas no estaban en condiciones de solucionar por dos razones: una de orden práctico, ya que sencillamente el tiempo no daba y la otra, que costó mucho esfuerzo eliminar, era la supeditación y la sobrevaloración hacia los fugados en general que evidenciaban los integrantes de los comandos en particular y la militancia en general.

Se resolvió entonces disolver el Comando General para aprovechar mejor la experiencia que Rey y Amodio tenían en lo organizativo y se nos incorporó al comando de la columna 10. Al ejecutivo se integró Píriz Budes, para controlar el trabajo en el interior.

A fines de octubre, se coordinó con un sector de militares vinculados al general Seregni y con el Partido Comunista un plan que se entendía como de contragolpe, para el caso de que el triunfo electoral del Frente Amplio o de Wilson Ferreira Aldunate, ya fuera en lo nacional o departamental, no fueran aceptados por el gobierno de Pacheco Areco.

El MLN había concedido al FA y a Wilson Ferreira Aldunate una tregua para que las elecciones se desarrollaran sin interferencias. Comienzan a surgir problemas con los clandestinos, que se quejaban de su inactividad. Algunos llegaron a plantear que la fuga, la tregua y el apoyo al FA eran inútiles para el momento, lo que dejaba en evidencia la ligereza con que algunas decisiones se habían tomado.

Pero en base a esas decisiones, el MLN participó en la comisión Poncho Verde, que funcionó hasta que el acto electoral la disolvió, que integraban el coronel Castelao por los militares, Jaime Pérez por el Partido Comunista y Engler por el MLN.

El plan fue elaborado por los militares, que le asignaron al MLN controlar los accesos a Montevideo y el Partido Comunista se encargaría de las movilizaciones de masas y ocupación de fábricas, ya que decían tener 200 hombres armados.

En Memorias de insurgencia, en la página 80, Huidobro nos relata su experiencia personal al comprobar sobre el terreno que el MLN no estaba en condiciones de cumplir su parte en el plan. Llama poderosamente la atención que en las mismas condiciones en cuanto a potencial bélico y humano, el mismo Huidobro redacte los planes Hipólito e Hipopótamo, que llevarían al MLN a un enfrentamiento directo con las FF.AA.

Inmediatamente de las elecciones, se vio que todo el panorama político era favorable al MLN: denuncias de fraude por un lado y por otro lo que se entendía como fracaso del Frente Amplio y por lo tanto, fracaso del método electoral.

Durante unos días no se supo quién sería el Presidente, por lo que se decidió que cualquiera que fuera deberá encontrar al MLN más fuerte que nunca, tanto en lo político como en lo militar. Esto era válido fundamentalmente si el triunfo electoral le correspondía a Ferreira Aldunate, el cual podría entonces crear una distensión social que tendiera a crear condiciones políticas poco favorables al MLN e incluso llegar a plantear una negociación.


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