01.SEPT25 | PostaPorteña 2503

El fiasco de Alaska

Por Salvador Gómez

 

 Luego del fiasco de la “Cumbre de Alaska”, a donde Trump llegó anunciándose como el mediador todopoderoso y salió con las manos vacías y un tono general de no tener nada que ofrecer, ni a Putin, ni a los europeos, ni a los ucranianos -salvo más de lo mismo-, la situación no ha mejorado en absoluto para Ucrania ni para Europa, que sigue intentando convencer a sus ciudadanos y al resto del mundo de que las cosas son lo contrario de lo que son

 

Salvador Gómez eXtramuros 30/08/25

 

Es posible que los rusos, cuando termine la guerra, y mientras termina, sigan negociando cuestiones económicas y de política con EEUU. Pero es muy poco probable que algo sustancial cambie en relación a lo que en estos análisis hemos venido observando desde hace ya varios años. Simplemente, ahora, se trata de ver cuándo los rusos pasan la última línea defensiva en Pokrovsk, y el fin militar de la guerra se precipita sin que los medios de propaganda occidentales, que pasan por ser periódicos y canales de televisión, puedan seguir ocultándolo. Europa sigue hablando de sanciones y más sanciones, pero no se deciden a aplicar nuevas. La verdad es que ninguna de ellas ha funcionado ni ha debilitado a Rusia. En cambio, ha empeorado tremendamente la situación económica de varias naciones europeas, comenzando por Alemania.
En estos días de agosto, el ejército ruso ha metido en un caldero la última línea de resistencia (actualmente en la dirección de Pokrovsk, pero cuya ciudad principal es Kramatorsk). De superar esa barrera a duras penas mantenida aun por lo que queda del ejército ucraniano, el terreno queda relativamente abierto hasta el Dniéper, lo cual no quiere decir que Rusia decida avanzar hasta allí. Pero sí significaría un rompimiento muy notorio del supuesto equilibrio, que no es tal.

En resumen, en lugar del “alto al fuego” que venían exigiendo los líderes occidentales, la conferencia en Alaska no obtuvo absolutamente nada para Occidente en relación con el conflicto en sí. La guerra sigue, y sigue en los términos de Putin.
Europa sigue hablando sola -o mejor dicho, hablando con Zelensky- acerca de que van a “desplegar sus tropas en Ucrania”, y de que “Estados Unidos dará las garantías finales para ello”. Nada de eso ocurrirá, porque Europa no tiene tropas importantes, sus poblaciones no apoyan la idea de ir a la guerra directa con Rusia, y tampoco podría ponerlas en ninguna parte sin el respaldo decidido de los norteamericanos. Simplemente, el conflicto seguirá y terminará en los términos que los rusos impongan, como se ha adelantado aquí desde el comienzo.

De acuerdo a las últimas informaciones, la situación en el frente es catastrófica para Ucrania. Rusia ha lanzado el jueves 28 de agosto una nueva oleada de ataques, con unos 300 drones Geranium, y ha empleado un par de misiles hipersónicos Oreshnik, ante la completa indefensión antiaérea de Ucrania. En particular, entre los objetivos militares e industriales alcanzados, se encuentra una vez más la gigantesca planta de Artem, en Kiev, donde se producen partes para misiles. Ya el 25 de mayo pasado esta planta había sido alcanzada, causando graves daños a equipamiento, sistemas electrónicos y materiales almacenados, así como causando bajas entre los ingenieros extranjeros allí presentes. 

El fiasco de Alaska

Luego de Alaska, se informó que Trump llamó a Zelensky y la OTAN, y la llamada “fue muy difícil”.  Luego, una nueva reunión de Trump con los líderes europeos y Zelensky arrojó idéntico monto de nada.

Los europeos querrían un “Cese del fuego incondicional en las actuales líneas de contacto”. Esto de “incondicional” significaría permitir a los ucranianos reagruparse, recibir más ayuda, mantener su inteligencia del terreno, etc. Los rusos nunca aceptaron eso.  Fin de la idea -pese a que se sigue y seguirá repitiendo.

¿Qué más se puede decir del contenido de un encuentro como el de Alaska, que fue más breve de lo anticipado? Descontando la hojarasca, poquísimo. 

Rusia está económicamente mejor que cuando empezó la guerra. Las sanciones no han funcionado -pese a que Zelensky siga repitiendo que sí en cada oportunidad-

Anton Siluanov, el MInistro de Finanzas de Rusia ha estado presente en el encuentro, igual que Scott Bessent, Secretario del Tesoro norteamericano y por ello responsable de la implementación de las sanciones. Esto hace pensar que parte del contenido pre-acordado entre las delegaciones tendría que ver con las sanciones, y con posibles acuerdos o incentivos económicos entre ambas partes.

Trump preparó el terreno recordando “esta no es mi guerra, es la guerra de Joe Biden“. Putin lo reafirmó en su breve intervención en la conferencia de prensa posterior. “Si Trump hubiese sido presidente, no habría habido necesidad de guerra“. Y si mi abuela tuviese ruedas, sería un carro. En realidad, el contenido político del asunto, al que Putin se presta encantado pues no le va nada en ello, es deslindar a Trump de la responsabilidad de la guerra, porque cuando se conozcan las condiciones en las que Trump está dispuesto a que se pacte la capitulación de Ucrania ante los rusos, las cosas van a ser impresentables para la OTAN y los matones del diminuto “ejército británico” como Sir Tony. En su microscópica intervención en la conferencia de prensa que siguió al encuentro, Putin aprovechó a decir improvisadamente: “La próxima vez, en Moscú”. Esto pone a Trump en la situación de tener que jugar de visitante en un hipotético segundo encuentro, y deja a Putin libre de responsabilidades respecto de una nueva invitación, y esperando una respuesta de Trump al respecto. A su vez, esta puede postergarse, mientras Rusia se toma todo el tiempo del mundo.

El único otro elemento políticamente significativo en la conferencia de prensa fue: el fondo del asunto es lo que se debe atender, y ese fondo es la seguridad de Rusia, los intereses estratégicos de Rusia. Como los rusos han insistido desde el comienzo mismo: el territorio no es el tema principal: el tema principal es la seguridad, desde el punto de vista ruso. Desmilitarizar una Ucrania que sirve como punta de lanza de los guerreristas occidentales, sacar a los “banderistas”, y liquidar toda posibilidad de que Ucrania entre en la OTAN. Tales los objetivos rusos en la Operación Militar Especial. 

De paso, el citado Secretario del Tesoro, Bessant, ya había perdido la paciencia con la continua lamentación y actitud pedigüeña europea, y los amonestó con la durísima expresión “Shut up, or put up” (ponete firme, o callate): “Siguen diciendo: ‘Estados Unidos debería hacer esto, Estados Unidos debería hacer aquello’. El presidente Trump impuso sanciones secundarias o aranceles secundarios a India por comprar petróleo ruso, y los europeos aún no lo han hecho. De hecho, los europeos están comprando productos refinados que fabrican las refinerías indias… Es hora de que nuestros homólogos europeos se pongan firmes, o se callen», declaró el Secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, en una entrevista con Fox News el 14 de agosto. La admonición de Bessent refleja bien uno de los aspectos obvios de todo el asunto: son los EEUU los únicos en condiciones de hablar con los rusos. A todos los efectos, lo que digan los europeos en la OTAN o en la UE, no cuenta para nadie

Luego de tres años y medio, por fin un titular novedoso

Mientras tanto la prensa occidental sigue aplicando la misma estrategia: negar los hechos y pretender que el mundo sigue siendo el mismo que era en, digamos, 1988.
Sir Tony Radakin, jefe de las Fuerzas Armadas Británicas, salió a hablar duro en The Daily Telegraph el día previo al mitin de Alaska, con las bravuconadas inglesas de costumbre, diciendo que no hay que dejarse intimidar, que Rusia es la que quiere que termine la guerra, que hay que ser duro, que Rusia quiere evitar una guerra con la OTAN “porque la perdería“. “La única arma que precisamos tener en nuestro arsenal es la confianza. Pese a la inestabilidad global, Gran Bretaña está segura en su casa. La OTAN es fuerte. Rusia es débil. No es autocomplacencia decir esto“. 
En la misma línea, cualquiera que busque “Oreshnik” en la prensa occidental encontrará un artículo tras otro de propaganda “técnica” angloeuropea que tiene el fin de negar la realidad del misil hipersónico ruso, por el momento incontrolable para la antiaérea occidental, que carece tanto de ese nivel de armamento, como de la antiaérea capaz de neutralizarlo. Ese misil puede cargar ojivas nucleares, igual que cargas explosivas convencionales.

Mientras tanto Keir Stammer no tiene ninguna idea nueva, pero sigue repitiendo la peor de las ideas viejas, insistiendo en agregar más armas a Ucrania -es decir, en posibilitar que aun más soldados ucranianos vayan al frente a morir un día más. Armas que Europa no tiene, ni puede producir en cantidades significativas. Por lo cual, la dirigencia europea aumentará el gasto militar en armamento norteamericano, lo cual empeorará aún más la situación económica -y en consecuencia, social- de los estados europeos.

El editorial principal del mismo periódico, el día mismo del encuentro en Alaska, 15 de agosto, sin embargo, adopta un tono más realista: “Ucrania ha perdido la guerra. Gran Bretaña debe ahora prepararse para el próximo ataque de Putin

Una Europa -y mundo occidental- que ha estado en negación desde 2022, tiene por fin, tres años y medio después, que despertar a la obvia verdad, que era obvia desde el comienzo mismo de la guerra.

La situación, en síntesis, es la que hemos descrito con detalles en sus evoluciones a lo largo de estos años en estas páginas: Rusia ha conseguido sus objetivos originales, los norteamericanos también han conseguido los suyos. El de los rusos era eliminar la amenaza constante de la OTAN desestabilizando su país y sus rumbos estratégicos debido a la infiltración e influencia de los globalistas occidentales en una de sus fronteras principales, Ucrania. Para ello, debían obtener seguridad de que Ucrania no integrará la OTAN, y que gobiernos títeres, y que se comportan de manera agresiva con la población de habla rusa de Ucrania, no tienen futuro.
Esas eran las bases del acuerdo que se estableció en Estambul a un mes de comenzado el conflicto, y que los rusos habían avalado. No incluía toma de territorios por parte de Rusia. Entonces, según Neftalí Bennet, el ex Primer Ministro de Israel que estuvo allí y reportó luego, los ingleses por un lado y los americanos por el otro viajaron expresamente para impedir a los ucranianos firmar ese acuerdo, y obligaron a ir adelante con la guerra. Vendieron que Rusia era débil, que las sanciones la destruirían, y que Ucrania podía ganar militarmente, con el apoyo de la OTAN y Estados Unidos.

Tres años y medio después, todo el material militar y la asistencia occidental no han logrado nada, salvo una cantidad astronómica de muertos, y sanciones fallidas que han fortalecido la economía rusa al obligarla a buscar mercados y aliados alternativos a Europa y disminuido su dependencia de Occidente. El BRICSA es hoy un bloque poderoso que ha duplicado el número de países integrantes, multiplicado el porcentaje de población mundial que engloba, y que tiene una larga lista de espera.
Peor aún para los cálculos occidentales, Rusia, obligada a avanzar luego de ese acuerdo fallido, ha tomado buena parte del territorio industrial ucraniano y sus mejores recursos naturales -incluyendo el gas bajo Crimea-. Ahora, todo eso es constitucionalmente parte de Rusia, y tal parece que será difícil que retorne a manos de Kiev (ese territorio, de paso, ha sido históricamente ruso desde que le fue arrebatado al imperio otomano hace más de tres siglos), pese a la intensidad con la que Zelensky repite lo contrario. Considerando la conducta del gobierno de Kiev y sus matones paramilitares en los años 2016 a 2022, no es demasiado sorpresivo que sus habitantes hayan votado en plebiscitos durante 2023 anexarse a Rusia. Plebiscitos que, con el antecedente de Kosovo -que hizo lo mismo bajo la guerra en los Balcanes de los años 90-, serían perfectamente legítimos si la “comunidad internacional” fuese algo distinto que una sucursal política de Washington y Londres. 

De parte de Estados Unidos, su estrategia obtuvo cortar la colaboración Alemania-Rusia, y someter a Europa, aún más, a un estatus de dependencia, a la vista de una nueva situación multipolar, que está reemplazando -con rol central de Rusia y China- la estrategia globalista europeo-norteamericana anterior.

Este es el corazón del asunto. No lo es la tierra que Rusia gane o deje, ni lo son desde luego las declaraciones propagandísticas de Europa o de los halcones norteamericanos, que no cambian los hechos, aunque sí den argumentos del tipo “el orden Occidental es aun poderoso y dominante”, a la gente que no quiere ver esos hechos.

Las realidades militares en el campo de batalla no pueden ser cambiadas, salvo con más guerra. Las realidades económicas y geopolíticas tampoco. Habrá un acuerdo de paz eventualmente, que será firmado en todas las condiciones sustanciales que impongan los rusos, probablemente dejando alguna ventana propagandística para que Estados Unidos, verdadero derrotado en el campo militar, se presente a sí mismo y a través de su prensa, como “mediador”. Trump cosechará algo así como un éxito político, Europa quedará claramente derrotada y en tercer plano en todo lo importante. Para Zelenski, quizá se consiga algún tipo de asilo o algo similar. Es bastante seguro que no habrá un acuerdo de parte de los rusos mientras las partes del gobierno en Kiev afines al globalismo otánico no sean eliminadas como tales del poder en Ucrania

En fin, el asunto pareciera encaminarse a una situación de este tipo: Ucrania no se integrará a OTAN; el gobierno ucraniano de Zelensky y sus secuaces globalistas caerá de un modo u otro; no habrá “garantías norteamericanas de seguridad” para Ucrania. Esto, en tres conceptos, es lo que Rusia buscaba cuando inició su operación militar especial en Ucrania. Y esto es lo que, en este agosto, Trump no está teniendo más remedio que admitir, para desesperación de los líderes europeos globalistas, y de Zelensky. Los europeos han hablado interminablemente de “garantías de seguridad”. El miedo final de los globalistas europeos pareciera ser que Estados Unidos se divorcie de Europa y la abandone a su suerte, abandonando el concepto de “Artículo 5” hoy en vigor en la arquitectura de OTAN. Sin embargo, tal parece que el fin de todo este asunto será que Estados Unidos obtenga aún más dependencia de Europa, en la perspectiva de convertirse no en el exclusivo hegemón global, sino en uno de los poderes principales, entre otros.

Al cierre de esta edición, llegaban de Londres rumores de que el poder otánico estaba contemplando la posibilidad de dar un golpe en Ucrania y reemplazar a un ya inmanejable Zelensky con el Gral. Valerii Zaluzhnyi, que funge de embajador ucraniano en Londres, aunque tal parece que su rol es más bien de político opositor en el extranjero. Lo que esos rumores -como todo lo que viene de Londres- evitan decir, es que Londres no puede decir quién tendrá el poder en Ucrania. Dicho de otro modo: Zaluzhnyi solo tiene futuro político en Ucrania si los rusos así lo deciden. Cosa más que improbable, considerando que Zaluzhnyi es un banderista archiconocido. La movida londinense sería un cambio gatopardesco: salvar la imagen de Zelensky, que haría un feo muy notable si termina capturado por los rusos o derrocado por su propio pueblo, y en la misma jugada, ganar algo de tiempo y ver si la guerra puede “relanzarse” con un nuevo títere en el poder.

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