Programa El Cernidor 1.09.2025
Lunes y Jueves 19.30 hs. https://www.youtube.com/@elpulsometrotv
Horacio Lampariello, Héctor Amodio Pérez y Álvaro Alfonso
Amodio nos continúa relatando la historia del MLN. Los archivos reservados y la JUTEP y no querer investigar denuncia contra el BPS por tema Fonasa
1) https://www.youtube.com/live/CHi7MQsMWao?si=CnJpIF0A19lq9eSZ
2) https://www.youtube.com/live/8VhzuJQS1Uw?si=Edl4V3e9n4U6lVLY
Cernidor 224, Correspondiente al día 4 de septiembre de 2025
Palabras de Amodio: Apenas presentada mi renuncia al Comando general de Montevideo, el Ejecutivo me hizo responsable de la organización de una segunda fuga de la cárcel de Punta Carretas.
Según me indicara Marrero, alias Mauro, los mismos presos lo habían solicitado. En esos momentos, el organismo de Dirección, el C1, estaba formado por Zabalza, Mujica, Martínez Platero y Luis Nieto.
Pocos días después, el mismo Mauro me dijo que los presos pedían la ejecución de Rodolfo Leoncino, por la inasistencia médica a un preso común, un gambuza. La duda del Ejecutivo era que estando en marcha la fuga, la ejecución del jefe de la guardia interna pudiera incidir negativamente. Mi respuesta fue que sería todo lo contrario, porque seguramente iba a influir sobre el resto de la guardia, que vería en esa acción de represalia por malos tratos, una advertencia para ellos mismos, que los haría mostrarse más tolerantes con la disciplina.
Como asistencia a la fuga, yo contaba con el apoyo oficial del Ejecutivo, lo que me permitió seleccionar a quienes yo considerara más aptos. Formé entonces un equipo con Alicia Rey, Heraclio Rodríguez y Héctor Clavijo, dos abusos y una de las organizadoras del mismo.
Cuando ya estaba todo en marcha, el 24 de febrero de 1972, fui detenido al concurrir a un local en la calle Emilio Raña 2413, casi Garibaldi. Iba a reunirme con el equipo que se encargaría de la evacuación de los fugados. Llamé desde una cabina situada en la esquina de Garibaldi y Boulevard y se me dio el OK.
El local había caído tres días antes, pero el intercolumnas, el organismo que controlaba algunos aspectos de la seguridad, no se había enterado. A esas alturas, la intervención telefónica era una realidad, como se demostrará en Los audios del ocaso, a propósito de los hechos del 14 de abril.
El día antes se había secuestrado a Nelson Bardesio, pero yo no estaba enterado. Tras las declaraciones de Bardessio, el Ejecutivo decidió actuar contra los señalados como integrantes del Escuadrón o Comando caza tupamaros, designando a Wassen como responsable.
La organización de la fuga, el plan Gallo, quedó a cargo de Alicia Rey y Adolfo Wassen de las acciones de «justicia revolucionaria» que surgieron de las declaraciones de Bardesio, y que tomaron el nombre de «Plan Hipólito». Pero la reorganización que quiere impulsarse, que se estima imprescindible adoptar para encarar la aplicación de la línea para el año 1972 entra en contradicción con los planes inmediatos «Hipólito» y «Gallo»
Esa situación no pasó inadvertida ni para el Ejecutivo ni para el Comando General de Montevideo, pero todos, acuciados por las urgencias impuestas, no analizaron las consecuencias que esta situación podía acarrear. El 12 de abril se concretó la fuga y al día siguiente, en el local de la calle Juan B. Morelli 3727, se reunió el CE, que estaba formado por el mismo Candán, Huidobro, Engler y Rosencof.
Candán me planteó mi nuevo encuadre: sería el responsable del Servicio de Inteligencia, una ampliación del viejo servicio de información y que actuaría como un anexo del CE y debería analizar diariamente la situación política y asesorar al CE para que este actuara en consecuencia.
Yo ya estaba enterado de la reorganización interna y discrepaba con la mayoría de las designaciones, porque entendía que se había trastocado la organización interna, al tiempo que se pretendía poner en marcha un plan de acciones que era imposible llevar adelante en medio del proceso de reorganización. En esas condiciones yo no podía aceptar tamaña responsabilidad y así se lo dije a Candán.
No tenemos nadie mejor, me dijo Candán, y acordamos discutir mis dudas en una reunión que sería el 16 o 17. El 14 de abril el MLN puso en marcha el «plan Hipólito», y Candán murió en la casa de la calle Pérez Gomar 4392, junto a Gabriel Schoeder Orozco, Armando Blanco Katras y Horacio Rovira, el hijo del matrimonio formado por Carlos Rovira y Filomena Grieco.
Unas horas antes, en la casa de Amazonas 1440 habían muerto Luis Martirena e Ivette Giménez y detenidos Huidobro y David Cámpora. Ese día quedan desmantelados el CE y el comando general de Montevideo. Quedan rotos los sistemas de comunicación interna y la repercusión totalmente negativa de los atentados del MLN y la reacción policial hizo que los colaboradores se retrajeran casi totalmente.
El 14 por la noche, Engler y Rosencof, los dos miembros del Ejecutivo que quedan en libertad, resuelven incorporar a Marenales a la Dirección en una muestra más del apresuramiento e improvisación con que se actuaba. Marrero y Rey estaban en mejores condiciones que Marenales, pero seguramente debe haber influido el sometimiento intelectual en que Engler se encontraba con relación a él. Entre los tres resuelven acelerar la difusión de las declaraciones de Bardesio, para que quede claro el motivo de las acciones de ese día y desvirtuar así las razones por las que el Poder Ejecutivo solicitaba el establecimiento del Estado de Guerra, y que quedara entonces el gobierno como defensor del «escuadrón de la muerte»
Pese a que esas declaraciones tuvieron repercusión parlamentaria, el Estado de Guerra fue decretado, y el Comité Ejecutivo y el Comando General de Montevideo resolvieron aceptar mi propuesta de un repliegue total, para tratar de salvar lo que quedara del MLN.
Había que paralizar el plan de acciones en el interior. Rosencof viajó entonces a entrevistarse con el Comando General del Interior para comunicar esa resolución.
Cuando Rosencof regresa del Interior, las noticias que trae confirma la situación de caos organizativo imperante: el Comando General del Interior resolvió mantener el hostigamiento a las FFAA, en un intento por detenerlas en su accionar y ablandar sus procedimientos, en total contradicción con la línea del Comité Ejecutivo, que expresamente había dejado de lado acciones de ese tipo.
En este panorama, la situación interna era dramática, dado que los locales caen uno tras otro, minando la infraestructura y la caída de los militantes continúa sin cesar. Ningún local ofrece garantías ya que a juzgar por los resultados nadie soporta los interrogatorios.
Los cambios organizativos, el pasaje de gente de una columna a otra, del interior a Montevideo y viceversa, más el afloje que hubo durante muchos meses en materia de seguridad, hacía que prácticamente la compartimentación no existiera.
A esto hay que agregarle un factor muy importante, como es que desde la muerte de Morán Charquero en 1970, ningún militante del MLN debió soportar apremios en los interrogatorios.
Con Gutiérrez Ruiz se coordinó un simulacro de secuestro a los efectos de que mantuviera una conversación con Bardesio y luego, en la Cámara de Diputados, planteara una investigación sobre el «escuadrón de la muerte» y pidiera el levantamiento del Estado de Guerra. El simulacro se plantea para el sábado 21 de abril, pero Gutiérrez Ruiz no concurre, por lo que en la mañana del día 24 un grupo del MLN va a buscarlo a su casa.
Yo fui el encargado de llevarlo al local de la calle Constitución donde se encontraba Bardesio y en el camino le reproché que él y Wilson hubieran votado el Estado de Guerra Interna. No podíamos hacer otra cosa, me dijo.
Tras la entrevista con Bardesio, el MLN difundió este comunicado:
EL MOVIMIENTO DE LIBERACIÓN NACIONAL (TUPAMAROS)
COMUNICA:
- Que el día 24 de abril de 1972 fue conducido a la Cárcel del Pueblo el Presidente de la Cámara de Diputados, Sr. Héctor Gutiérrez Ruiz, con el fin de que proceda al interrogatorio del detenido Nelson Bardesio, integrante confeso del escuadrón asesino.
- Que a pedido del MLN, el Sr. Héctor Gutiérrez Ruiz dejó una carta al Sr. Wilson Ferreira Aldunate, solicitándole que interceda ante la Asamblea General, para suspender los operativos policíaco-militares que se vienen desarrollando.
- Que dicha suspensión sea válida por el plazo de tiempo que dure su estadía en territorio Tupamaro y se proceda a los interrogatorios; de modo de evitar situaciones que supongan riesgos a la integridad física del mencionado legislador.
- Que el MLN por su parte suspenderá por el mismo plazo las hostilidades en las áreas afectadas al estado de guerra (Montevideo y Canelones).
- Que el cumplimiento de estos términos ubicará claramente a las partes realmente interesadas en la pacificación del país.
HABRÁ PATRIA PARA TODOS O NO HABRÁ PATRIA PARA NADIE
LIBERTAD O MUERTE
MOVIMIENTO DE LIBERACIÓN NACIONAL (TUPAMAROS)
24 de abril de 1972
Entre el 26 y el 28 de abril, el ejecutivo, formado por Marenales, Engler y Rosencof, resolvió incorporar al organismo a Raúl Sendic, «para poder controlarlo» según fundamentó Marenales.
A finales de abril, Engler, al que no conocía personalmente, fue a verme al local de la calle Juan B. Morelli para consultarme acerca de qué hacer con Bardesio: liberarlo, no podemos hacer otra cosa, fue mi respuesta. A continuación, hablamos acerca de la situación interna, y entonces me pidió que redactara una nota para el CE. Esa nota la he leído en el Cernidor 181, por lo que no voy a repetirla hoy.
El 7 de mayo se produjo la reunión de Amodio y Rey con Sendic y Marenales. A pesar de que la situación era cada vez peor, que los locales y los militantes caían unos tras otros, Sendic y Marenales deciden mantener las acciones planteadas, para que el MLN no fuera acusado de haber desatado una situación que finalmente no pudo controlar. Y no es esa la situación?, les dijimos.
Tras la reunión nos enteramos que un grupo de militares vinculados al Gral. Seregni habían planteado la conveniencia de que el MLN actuara contra integrantes de las FF.AA., como medida para detener las torturas.
Tras varios fracasos, finalmente, el 18 de mayo se intentó atacar la casa del Gral. Gravina, produciéndose la muerte de los cuatro soldados de guardia frente a su casa. Hay versiones que dicen que ese día era el primer día que el jeep con la guardia aparecía en el lugar.
Sin embargo, los detenidos como participantes en esas muertes no dicen nada al respecto en sus declaraciones.
El 19 de mayo, en el local de la calle Manuel Haedo, en una conversación con Alicia Rey y Mujica Cordano, expuse mi deseo de abandonar el MLN o en su defecto que se me enviara a Chile.
El mismo 19, la FAU llegó al local de Manuel Haedo y nos obligó a Alicia, Mujica, Wolff, Rodríguez Ducós, a Gracia Dri, hija de la Gorda Teresa, la dueña de casa y a mí a huir por las cloacas.
Yo conduje al grupo hasta Pocitos, concretamente hasta Miguel Barreiro y la Rambla, haciendo el trayecto inverso al de la fuga del 12 de abril. Ahí resolvimos que Wolff y yo saldríamos a buscar ayuda, dado el estado físico de Alicia. Poco después, la policía, alertada por la gente que nos vio salir de las cloacas, entró por donde nosotros habíamos salido y comenzó a disparar, hiriendo a Gracia Dri.
Alicia, para facilitar la huida de sus compañeros, resolvió entregarse. Yo me enteré en la madrugada del 20, cuando llegué al Santiso, un local en la calle Martín García. Entre el 20 y el 21 hicimos el recorrido desde La Comercial hasta Pocitos, un grupo formado por Efraín Martínez Platero, César Long, Heraclio Rodríguez y yo, para ir al rescate del resto de los huidos.
Al regreso del segundo intento, los encontramos a todos en El Santiso. Es cuando Mujica me abrazó llorando. Ese mismo día, tres miembros del CE, Sendic, Marenales y Engler, me llamaron para tratar mi pedido de baja, que ya les había comunicado Mujica.
No te podemos dar la baja, me dijo Sendic. A un tipo que ocupó las responsabilidades que ocupaste vos, no se le puede dar la baja. Ese fue el fin de una discusión muy violenta.
Me llevaron al local de Planimetría, en la esquina de Maldonado y Gaboto, donde el día 23 seríamos detenidos Wolff y yo.
Antes, ya habían sido detenidos Marrero, Rosencof, Manera, Píriz Budes y Wassen.
El 27 de mayo, por la tarde, a pedido de Wassen, nos reunimos en el mismo Florida Wassen, Wolff y yo para tratar la entrega del local de la calle Juan Paullier, para evitar una matanza inútil.
Al día siguiente comenzará la historia de la traición de Amodio Pérez y que serpa el punto de partida de la gran mentira que el MLN se vio obligado a escenificar para justificar la debacle de una organización que se creyó invencible, y que sin embargo fue desmantelada en muy pocos meses.
Pero de eso hablaremos a mi vuelta en el mes de octubre, concretamente el día 6, a la vuelta de unos días de descanso.