En medio de la persistente tragedia en Medio Oriente, donde las imágenes de destrucción y muerte se suceden sin pausa, el periodista, ensayista y ecologista uruguayo Luis Sabini Fernández propone detenerse, desandar los clichés y recuperar la historicidad de un conflicto que excede la coyuntura inmediata. Radicado en Buenos Aires desde 1973, y con un largo recorrido en la reflexión crítica sobre colonialismo, ecología y derechos humanos, Sabini advierte: “No es cierto que el 7 de octubre de 2023 empezó una guerra. Primero, porque no es una guerra; segundo, porque no empezó en esa fecha. Para comprender lo que ocurre, hay que historizar el conflicto”.
Sabini recuerda que el sionismo, en sus inicios, no fue un movimiento estrictamente religioso sino político, con pretensiones colonizadoras. “Se discutió instalarse en Uganda, en Argentina, en Madagascar, e incluso en un territorio dentro de la Unión Soviética. Finalmente, se decidió Palestina. El sionismo buscaba un territorio para construir un Estado propio, no necesariamente por mandato divino sino por una lectura de la historia y una oportunidad geopolítica”.
En esa genealogía, el periodista ubica la fundación del Estado de Israel como parte de un proyecto europeo en tierras de Oriente. “Desde sus orígenes, se lo planteó como una fortaleza occidental frente a la llamada ‘barbarie asiática’. Es la marca del proyecto colonizador”.
Una parte central de la crítica de Sabini apunta al modo en que la opinión pública mundial se construye mediáticamente. “Cuando muere un israelí, se difunde su nombre, su historia. Cuando mueren diez palestinos, son apenas cifras. La distancia cultural con el mundo colonizado sigue siendo brutal”.
Para él, esa asimetría no solo responde a la coyuntura actual sino a una larga tradición colonial que naturalizó la desigualdad. “Los palestinos, como antes los guaraníes, los charrúas o los pueblos originarios de África y Oceanía, no son percibidos como sujetos de derecho. Son invisibilizados, reducidos a estadísticas, mientras el relato dominante se inclina hacia los colonizadores”.
Izquierdas, derechas y confusión ideológica
Consultado sobre las lecturas políticas, Sabini explica que tanto en Israel como en el mundo árabe hubo mezclas y desplazamientos ideológicos. “Hubo sionistas con simpatías fascistas, incluso con vínculos con la Alemania nazi. Otros se presentaban como socialdemócratas, fundando kibutz que en su momento fueron vistos como espacios de izquierda. En paralelo, en el mundo árabe coexistían movimientos islámicos conservadores con organizaciones laicas de corte socialista”.
Esa superposición, sostiene, impide simplificaciones. “En algunos contextos, la izquierda se identificó con los movimientos árabes; en otros, con el socialismo sionista. Lo cierto es que los palestinos, en cualquier caso, han sido despojados de su tierra y de sus derechos”
El periodista, que encabezó un conversatorio en la facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Misiones, no duda en calificar la experiencia palestina como una “pesadilla histórica”. Desde 1947 y, con más crudeza aún, desde 1967, cada etapa significó para ellos un nuevo descenso. “Han sido despojados una y otra vez. La Franja de Gaza, que era un territorio de gran riqueza agrícola, hoy es un yermo. Jerusalén y Cisjordania también han visto un deterioro sistemático. Cada escalón en la consolidación de Israel fue para los palestinos un paso más hacia el infierno”.
Frente a las reacciones palestinas -desde la inmolación hasta la acción guerrillera, como el ataque de Hamás del 7 de octubre-, Sabini insiste en que se trata de respuestas desesperadas de un pueblo al que se le arrebató todo.
La charla de Sabini Fernández no buscó ofrecer recetas ni atajos. Su objetivo, más bien, fue incomodar, invitar a reconocer que la comunidad internacional se ha mostrado indiferente con los palestinos, como con tantos otros pueblos colonizados en la historia. “La modernidad occidental se ha preocupado de sí misma, de sus sociedades metropolitanas. Los colonizados, salvo excepciones, no cuentan. Hoy, como ayer, los palestinos son vistos como un pueblo prescindible”.