09.OCT25 | PostaPorteña 2511

REVOLUCIÓN/CONTRARREVOLUCIÓN: CONFUSIONISMO INTERESADO

Por Colectivo: Flores Magón

 

Lo de las “revoluciones” sandinistas, zapatistas…o de Burkina Faso… siempre fue una gran MENTIRA. Su afirmación en el poder del Estado o de una región de un país, siempre fue la afirmación general, represiva y contrarrevolucionaria del capital y el Estado, como habían sido antes todos los Estados y estaditos “socialistas” …incluyendo la mayor de todas: LA CONTRARREVOLUCIÓN RUSA DE 17 qué, la PROPAGANDA BURGUESA denominó primera revolución socialista”.

Es verdad que en los 60, cuando empezamos, mezclábamos todo…, porque nuestra inocente creencia en “LA REVOLUCIÓN”, no distinguía bien, la revolución con la contrarrevolución. A decir verdad, incluso los personajes que, creíamos radicales como el Che o Sendic, mezclaban permanentemente la “revolución a venir” con lo que objetivamente servía a la contrarrevolución: la estatización, el reformismo, el desarrollo y el progreso del capital.

Así por ejemplo se mezclaban las consignas revolucionarias de destrucción del capital y el Estado, con las consignas reformistas burguesas; tipo reforma agraria, nacionalización de la banca, “antiimperialismo”, indigenismo y, más globalmente, se mezclan y hasta asimilan, como si fuera lo mismo la reforma y el progreso del capital (y las paces y guerras imperialistas), con su antagónico absoluto: la destrucción del dinero, el mercado, el trabajo asalariado…

Programáticamente se liquida, la perspectiva revolucionaria cuando se nubla el panorama claro de la NEGACIÓN revolucionaria, la abolición del dinero y del Estado; y, se acepta, la ideología burguesa del PROGRESO (y/o del antiimperialismo burgués), es decir que se acepta lo “bueno y necesario” del desarrollo de las fuerzas productivas del capital, como si fuese neutral, como hará la religión de Estado del marxismo leninismo. La negación es el programa de la revolución, el progresismo y el reformismo es directamente el programa de la contrarrevolución. Claro y neto.

¡Aunque la falsa revolución solo promete MÁS TRABAJO y MENOS COMIDA…, nos venden SIEMPRE ese programa, como progreso hacia el supuesto socialismo!

El problema está en que, la mezcla de la revolución con la contrarrevolución no surge, en la historia de la humanidad, de la cabeza confusa de los luchadores sociales con voluntad revolucionaria, como podían ser el Che o Sendic, sino por el contrario de la acción deliberada de las fuerzas de la contrarrevolución mundial: de los servicios de inteligencia, de las sectas secretas, de las élites financieras,  de los profesionales de la contra insurrección, de las fuerzas represivas de los centros imperiales.

O dicho en términos de clase, toda esa confusión entre la destrucción y la mantención del capital y su desarrollo progresista no parte de las necesidades del proletariado de destruir el capital y el Estado, sino al contrario de las necesidades del dinero (el capital) y el Estado mundial de mantenerse y reproducirse y destruir toda subversión del orden. Más, desde el origen del capital y el Estado, las aristocracias financieras, las sectas dominantes y los milicos organizan claramente, esa confusión entre revolución y contrarrevolución, sustituyendo el programa del proletariado de abolición del trabajo asalariado, el dinero y el Estado; por la apología y la fortificación del trabajo (obligatoriedad, campos de trabajo…control de la intensidad, taylorismo, fordismo…, “trabajo voluntario” …), la apología del desarrollo de las fuerzas productivas (movilización nacional para aumentar y mejorar la producción industrial) y la concentración y centralización del capital en el Estado.

Desde el siglo XVIII y durante todos los siglos XIX y XX, la clase dominante fue formando organizaciones, sindicatos y partidos para disciplinar a los proletarios (Marx y Bakunin las denominaban “partidos de la burguesía para los obreros”) y así surgieron los sindicatos (cristianos, “socialistas”…), los partidos socialistas, “anarquistas”, “comunistas” y otras estructuras del capital y el Estado que fijó para siempre a este último programa, el del progreso del Capital y su Estado como sinónimo de programa “revolucionario”. La culminación de ese proceso fue la utilización de las palabras revolucionarias (“socialismo”, “anarquismo”, “comunismo,” “revolución”…), para asegurar el reformismo contrarrevolucionario: la socialdemocracia perseguirá toda referencia a la negación revolucionaria, a la destrucción/abolición del dinero y el Estado.

En contraposición, con la más simple y genuina afirmación revolucionaria de que no hay que fortificar lo que se quiere destruir (el Estado, el capital, la mercancía, el dinero…), la socialdemocracia (Bernstein, Kautsky, Plejánov, Lenin, Parvus, Trotsky, Mussolini, Luxemburgo, Levy, Dimitrov, Stalin…), se fortificará, formulando cada vez más claramente que la revolución no tiene que destruir nada, sino desarrollar (las fuerzas productivas, el asalariado, el dinero…):

Es así como, el socialdemocratismo construye su verdadero programa positivo del capitalismo: progreso, desarrollo, “antiimperialismo”, mejora, eliminación/disminución de la pobreza, igualitarismo, democratismo…exactamente como lo habían hecho siempre, los otros partidos del capital y de la propiedad privada (familia, patria y propiedad). La “revolución” “socialista y comunista” queda así propagandeada como simple perfeccionamiento del capital mismo: “las tareas democrático-burguesas son indispensables”, “el desarrollo de las fuerzas productivas es nuestra principal tarea”. Peor,” la nacionalización, la estatización, la generalización del trabajo es el camino hacia el socialismo”. Y no nos estamos refiriendo solo a los Bernstein o los Kautsky, sino a los Lenin, Trotsky, Mussolini, Luxemburgo, Mao, Perón, Ho Chi Min, Ceaucescu, Fidel, Ortega, Subcomandante Marcos, Chávez, Maduro, Kirchner, Cristina K, Evo Morales…

El “marxismo leninismo” es exactamente ese gambito por el cual se sacrifica la negación y, por lo tanto, el proceso revolucionario, esencialmente destructivo de toda la sociedad burguesa, y se lo trastoca en un programa realmente positivo: fortificar el Estado, las fuerzas productivas, el trabajo…  Su aplicación práctica, conduce invariable e inevitablemente al ejercicio de la dictadura contra el proletariado, aunque la izquierda burguesa que ha apoyado todas esas fortificaciones del capital y el Estado se vista de sus trajes más libertarios y salga a gritar “burocracia”, “corrupción” “traición” y se ponga judaica y cristianamente a hablar en nombre de las víctimas.

Es así como, la izquierda burguesa se presenta ante las masas, re-cociendo y reparando, su virginidad perdida, en la implantación de toda la dictadura del capital, y puede, gracias al dinero, montar/preparar la propaganda para destruir la nueva ola de luchas proletarias que, inevitablemente surge de la putrefacción de la sociedad del capital, llamando a una lucha por el poder del Estado y el capital, para estatizarlo y desarrollarlo todavía más.

Colectivo: Flores Magón

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