17.OCT25 | PostaPorteña 2513

Programa EL Cernidor

Por posta

 

Programa El Cernidor 13.10.2025

Lunes y Jueves 19.30 hs. https://www.youtube.com/@elpulsometrotv

Horacio Lampariello, Héctor Amodio Pérez y Álvaro Alfonso

Un interesante informe de Amodio. Caggiani retando al periodista Leonardo Haberkorn y muchas realidades del Uruguay.

https://www.youtube.com/live/u44YpC2JlDQ?si=NjtCmx4Kh7i_y9oY

Cernidor 234, correspondiente al día 13 de octubre de 2025.

Quienes a finales de los años 40 conocimos las discusiones acerca del voto favorable a la existencia de Israel como Estado, dado por Enrique Rodríguez Fabregat, quienes tuvimos amigos y compañeros judíos en la escuela y el liceo, quienes fuimos testigos de la guerra de los seis días y testigos de las matanzas injustificadas de uno y otro bando, no podemos menos que alegrarnos del fin de la guerra propiciado por el Pte. Donald Trump. Antes también asistimos a otros finales, así que esperamos que este sea el verdadero final.

El 13 de octubre de 1973, día en el que Alicia Rey cumplía 34 años, pudimos abandonar el Uruguay, en virtud del acuerdo al que habíamos llegado con el Gral. Esteban Cristi, 15 meses antes, cuando Wassen me dijo, en presencia del entonces Tte. Cnel. Carlos Legnani, Negro, yo ya asumí la mía, pero el cabeza de turco sos vos.

Así que hoy, Alicia Rey, la Negra Mercedes, está cumpliendo 86 años. Ingresó al grupo Tupamaros en 1965, por recomendación de Raúl Sendic, a quien conoció cuando realizaba sus estudios secundarios becada por la empresa Campomar y Soulas, de la que formaban parte sus padres y hermanos.

Pasó a la clandestinidad como consecuencia del 22 de diciembre del año 1966, cuando revistaba en la Universidad como secretaria de Mario Casinonni, entonces rector y desde los primeros momentos integró el reducido grupo de clandestinos a los que el Ejecutivo requería opinión antes de tomar alguna decisión comprometida.

Fue de las primeras en realizar el trabajo de captación de colaboradores y sus criterios fueron adoptados por el MLN como criterio general. En 1968 renunció al MLN por considerar que la Dirección imponía una forma de trabajo que impedía el crecimiento. No le fue aceptada la renuncia y aunque su planteo fue adoptado, no integró el grupo para llevar adelante su propio planteo.

Con la división en columnas pasó a formar parte del comando de la llamada columna 15, en donde tuvo siempre una importancia fundamental, tanto en lo político como en las acciones que la columna llevó adelante, por su exigencia en cuanto a la planificación.

Jugó un papel fundamental en las cuatro fugas llevadas adelante por el MLN, pese a no haber integrado el aparato armado de manera orgánica. Desde 1971 se opuso a los desvaríos que condujeron al 14 de abril y al segundo frente, por lo que se convirtió en el objetivo a defenestrar, junto a Donato Marrero y quien les habla.

El 19 de mayo de 1972, considerando ser un lastre para la fuga de los compañeros que junto a ella huían de las FF.AA. decidió entregarse y lograr la fuga de sus compañeros. Los mismos beneficiados por su gesto, José Mujica Cordano, Carlos Rodríguez Ducós y Gracia Dry, nunca reconocieron públicamente tal acto de compañerismo. Todo lo contrario.

Fue pionera en la lucha contra el machismo dentro del MLN, teniendo que sufrir los ataques de algunas compañeras que luego se beneficiaron de sus planteos. Seguiremos luchando para que la verdad se sepa.

Proseguimos con el relato histórico del pasado reciente.

El pasado día 9 se cumplieron 58 años de la muerte del Ché Guevara, en Bolivia, país en el que Guevara decidió poner en marcha uno de los Vietnam que acabarían con el imperio estadounidense.

Apenas tres o cuatro meses antes, la dirección del MLN, entonces formada por Sendic, Manera, Marenales y Huidobro, había recibido la propuesta de participar como MLN en la lucha en Bolivia. La propuesta fue transmitida por Rodney Arismendi, secretario del Partido Comunista en el Uruguay y Ariel Collazo, secretario del MRO, el Movimiento Revolucionario Oriental.

La dirección trasladó el planteo a los entonces clandestinos, alrededor de unos 15, que nos reunimos en el 5, un local o cantón situado en la calle Río de Janeiro y la Costanera, en Lagomar. La respuesta fue que si íbamos a hacer la revolución, la haríamos en el Uruguay.

Si hubiéramos aceptado, habríamos corrido la misma suerte que el Ché, que abandonado por Fidel y sin el apoyo del Partido comunista boliviano, ordenado desde la URSS, para quien el Ché era ya un ejemplo incómodo, terminó ejecutado.

Hoy, la historia nos recordaría como héroes y le habríamos ahorrado al Uruguay todos los perjuicios de un enfrentamiento entre las víctimas de un sistema político y económico que entonces, igual que hoy, dirime sus diferencias mediante guerras iniciadas por quienes se benefician de ellas.

El Uruguay no fue una excepción. Un grupo de uruguayos iniciamos en 1963 la organización de un aparato armado que nos llevaría a la toma del poder y de ese modo llevar adelante las reformas económicas y sociales que creíamos necesarias.

En el punto 5 de las conclusiones generales del Documento 1, fechado en junio de 1967, se dice que 5) La única vía para la revolución socialista será la lucha armada. No hay casi posibilidades de radicalización de la lucha de clases que no desemboque en la violencia. Las verdaderas soluciones para nuestro país implican un enfrentamiento directo y violento con la oligarquía y sus órganos de represión. La lucha armada no sólo es posible en el Uruguay, sino imprescindible: única forma de hacer la revolución.

Con esto se desmienten las versiones dadas por el MLN a partir del fin de la dictadura de que el MLN no era una organización armada, sino que era una organización que hacía política con armas.

En el Documento 2, del año 1968, en el apartado ALGUNAS CUESTIONES SOBRE FUNCIONAMIENTO y ORGANIZACIÓN, se dice:

EL MLN NO ES UN ORGANISMO ACABADO Y ESTÁTICO:

Es dinámico, es además una escuela donde todos nos autoformamos para la lucha y la nueva sociedad. Provenimos de una sociedad determinada y por lo tanto traemos de ella grandes deformaciones, toda una ideología. Dentro del Movimiento debe haber una constante lucha contra esa deformación, tendiente a ir creando el hombre del mañana en cada compañero.

Esa lucha se Inicia hoy en las organizaciones revolucionarias para continuarla mañana en la sociedad socialista.

Esa lucha es en puridad de verdad, la forma más alta de la lucha de clases. Todas las ideas, todos los esquemas mentales (que se trasuntan en hechos) que arrastramos de la vieja sociedad deben ser combatidos y derrotados por cada uno de nosotros en nosotros mismos y en los demás compañeros para que triunfen las ideas socialistas.

Es por ello que la actitud de todos nosotros en la Organización debe ser proclive al cambio. Debemos estar dispuestos a cambiar y ayudar a cambiar.

No debemos escandalizarnos ni desanimarnos cuando presenciamos grandes errores, grandes fallas de los compañeros; ello es propio de quienes quieren ver al Movimiento como algo perfecto, acabado y por tanto estático.

Eso es idealismo, falta de realidad.

Para desarrollar esta lucha dentro del Movimiento, tenemos un mecanismo: la autocrítica.

Ella debe ser empleada lealmente, comprendiendo que la lucha no es contra los compañeros sino contra determinadas ideas, contra las fallas y los errores del trabajo y a la inversa para destacar los aciertos. Eso deberá ser siempre así entre aquellos a los que el Movimiento considere compañeros; nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a decidir por sí y ante sí, quien es compañero y quien no lo es dentro del Movimiento, quien sirve y quien no sirve. Pensar así es pensar con las ideas del enemigo. es ser individualista y paradojalmente implica, a lo mejor, no servir.

Sin embargo, pese a lo ampuloso de las declaraciones, no siempre fue así ni todos los compañeros actuaron así. El MLN le debe al Uruguay una explicación de lo sucedido entre 1963 y 1972 y que llevó a Rolando Sasso a publicar un laudatorio libro sobre el MLN en el año 2019 con el título de La leyenda de los Tupamaros.

Según la leyenda, que no la historia, el MLN fue derrotado por la existencia de traidores que impidieron que nobles compañeros llevaran adelante sus brillantes estrategias revolucionarias.

Esa misma leyenda fue avalada por quienes tenían la obligación de desmentirla, de encontrar y señalar las incongruencias y contradicciones evidentes que pasaron antes sus ojos, lo que me lleva a pensar que no merecen el título de historiadores.

La autoproclamada toma de Pando forma parte de esa leyenda y quienes año a año la reivindican y recuerdan como un hito revolucionario, lo que muestran en realidad es su gran ignorancia.

El MLN no hizo la autocrítica e la acción de Pando, cono no hizo la del 22 de diciembre de 1966, ni lo sucedido tras la detención de Nell Tacci en julio de 1967, ni la caída de Julio Marenales en octubre de 1968, ni la muerte de Mitrione en 1970. Si lo hubiera hecho, quizás habría aprendido de esos sucesos, y Sendic no habría actuado por su cuenta y declarado la guerra a los ricos en enero de 1972, no se habrían cometido los errores del 14 de abril de 1972 ni la puesta en marcha del Segundo Frente, ni se habría valorado que en 1972 se podría poner en marcha el plan Hipopótamo, obra de Huidobro.

Dice Luis Nieto en su libro La guerrilla innecesaria: La exitosa historia de una derrota

La literatura que se ha leído en torno a la cuestión tupamaros pone un foco muy luminoso sobre los hechos protagonizados antes de la derrota que se inicia el 14 de abril de 1972, un tipo de narración definida por Hebert Gatto como “literatura de las virtudes".

Todo se interrumpe de pronto para que los malos se hagan cargo de la situación. De ahí en más la cuestión tupamara se circunscribe a la sistemática y aberrante violación de los Derechos Humanos por parte de las Fuerzas Armadas, hecho innegable y que merece el mayor de los repudios. Mantener la memoria sobre lo que pasó es muy importante, no porque pueda evitar que la historia se repita sino por el más elemental sentido de justicia y dignidad. Militares uruguayos secuestraron y asesinaron, cobraron dinero mediante chantaje, robaron, ultrajaron a personas indefensas, muchas de ellas sin ninguna responsabilidad por los hechos que les endilgaban.

Por oposición a ese relato espeluznante, el del MLN se interrumpe y achaca todas las responsabilidades de su fracaso a la brutalidad del Ejército. Los dirigentes tupamaros que han cultivado esa literatura de las virtudes han engrosado su discurso con la enumeración de las heridas recibidas en los enfrentamientos, han generado un culto a las heridas de guerra, a veces como al descuido, ante el interés periodístico, siempre como forma de sumar a la mitología del Hombre Nuevo, nunca poniendo esas heridas al resguardo, porque otras heridas mucho más dolorosas fueron esculpidas en el alma de cientos de familias, cientos de jóvenes, que ya no son más jóvenes, y que no tienen voz para dar su versión sobre el pasado. La falta de una autocrítica sincera y responsable favoreció que las Fuerzas Armadas, que ejercieron el poder ilícitamente, encontraran algún tipo de excusa en su sistemática violación de los Derechos Humanos, en tanto les permitió seguir utilizando el débil argumento, pero argumento al ?n, de que los “excesos” fueron parte de una guerra sucia. Muy distinto hubiera sido que esa guerrilla innecesaria se hubiese hecho cargo de los perjuicios que le causó al país.

Lo que dice Nieto es verdad, pero hoy sabemos que los mismos dirigentes del MLN que crearon ese relato, son los mismos que para ocultar sus responsabilidades en la derrota pactaron con sus vencedores, con los mismos que dicen que los torturaron, pactaron un acuerdo por el cual el MLN no reclamaría ni por sus muertos ni sus torturados y menos por sus desaparecidos.


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