26.OCT25 | PostaPorteña 2515

Rolo Diez...Presente...Ahora y Siempre...

Por posta

 

ROLANDO AURELIO DIEZ SUAREZ

 

 Ante el fallecimiento del querido Rolo Diez, seguramente uno de los mejores novelistas negros de América .Rolando conocido como Rolo Diez nació 10 de sept, de 1940 en provincia de Bs. As. y murió el 22 de octubre pasado en Ciudad de México era un escritor, periodista, adaptador y guionista. argentino que radica en México desde 1980, después de exiliarse a causa de la dictadura militar que gobernó Argentina a partir del golpe de Estado de 1976. Su obra literaria ha sido reconocida con varios premios nacionales e internacionales, entre ellos el Premio Nacional de Novela José Rubén Romero en 1999 por La vida que me doy y el Premio Internacional Dashiell Hammett en 1995 y 2004 por Luna de escarlata y Papel picado

Luego de iniciar sus estudios universitarios en derecho en Buenos Aires, se diversificó en psicología y cine. Durante este tiempo, milita en un pequeño grupo político cercano a los peronistas con el objetivo de la liberación del país por lla lucha armada. En noviembre de 1971, fue detenido y encarcelado durante varios años en la cárcel de  Villa Devoto, un barrio de CABA y luego sucesivamente  a prisiones en las provincias de Chaco y Chubut. En la cárcel se radicalizó y se afilió al PRT, Partido Revolucionario de los Trabajadores, fundado por Mario Roberto Santucho En mayo de 1973, fue liberado gracias a la amnistía decretada por el presidente Héctor Cámpora y retomó sus actividades políticas que lo obligaron al exilio en 1977. Se fue a Europa y sobrevivió en Francia, Italia y España gracias a una serie de pequeños trabajos mal remunerados. Se mudó a la Ciudad de México en 1980 y trabajó como guionista de programas de televisión y cómics. Luego pasó a ser responsable de las páginas de política internacional del diario mexicano El Día.

A finales de la década de los 80 comienza a escribir. Los compañeros (1987), su primer trabajo, es un relato en gran parte autobiográfico que repasa la situación política en Argentina en la década de 1970.Rolo se acerca a la novela policiaca, en la que infunde una buena dosis de ironía, con Vladimir Ilich contra los uniformes (1989), donde se perpetran varios asesinatos y secuestros bajo el régimen de la dictadura militar en Buenos Aires de 1977. Con Contra el Tras la crisis económica de 1989, Le Pas du tigre (1992) analiza la corrupción de los altos funcionarios policiales involucrados en el tráfico de prostitutas. Una galería de personajes tan desencantados como cómicos pinta en esta narrativa coral un fresco despiadado de la sociedad argentina de la época. En El efecto Tequila (1992) aparece el policía Carlos Hernández, quien regresa en Polvo del desierto (2001). Bígamo, proxeneta, chantajista y amigo de los mafiosos, es un buen padre y un agente de la ley que, irónicamente, está ansioso por hacer bien su trabajo. Por eso no duda en pagar a colaboradores de su propio bolsillo para que arrojen luz sobre una serie de asesinatos contra pornógrafos.

Según Claude Mesplède, Scarlett Moon (1994) es la obra maestra de Rolo Díez. En Ciudad de México , Scarlett, una gran seguidora de la literatura sobre el agua de rosas, todavía cree en el príncipe azul , a pesar de un divorcio y una vida sexual vacía. Cuando conoce a Julio César, está convencida de que encarna al héroe de sus sueños. Pero este ex matón, que se ha convertido en un informante policial, es más un miserable sádico que quema y tortura en nombre de un gobierno neoliberal y corrupto que no se detendrá ante nada para mantenerse en el poder. Scarlet Moon ha sido galardonada con el premio Dashiell Hammett y el premio Semana Negra.

 Amílcar un viejo amigo y compañero de Rolo comenta en redes "Para mí fue un gusto, más bien un orgullo, que él me considerara su amigo. Muchos años después sus novelas me acompañaron en momentos donde estuve bastante sólo. Algunas lecturas me dieron otra dimensión del PRT-ERP y de su derrota revolucionaria como es el caso de "El mejor y el peor de los tiempos; Como destruyeron al PRT-ERP".

Una vida de militante revolucionario y escritor, un clandestino en Argentina y un ocultado, por aquellos que hoy se dicen "la izquierda", perseguido, exiliado, insultado y denostado, siempre encontraremos su verdadera condición en aquellas páginas que nos dejó como legado, y una nueva generación de revolucionarios aprenderán la lección para el futuro Socialista que está humanidad se merece"

¡Rolo Diez, Hasta la victoria siempre!

¡A VENCER O MORIR POR LA ARGENTINA!

amilcar_1887

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SI ABRÍ LOS OJOS

 

 (esto es una de las varias notas que Rolo escribió en Posta Porteña 25 mayo 2012)

https://www.postaportenia.com.ar/notas/1626/postalinas-y-chamuyos/

Hola compañeros

Esto es para avisarles que la semana que viene estará en las librerías (quizá no en todas, pero en las más piolas) de Buenos Aires mi libro

SI ABRÍ LOS OJOS. URUGUAY EN LA BÚSQUEDA DE VERDAD Y JUSTICIA (un relato coral)

Autor: ROLO DIEZ editado por NUESTRA AMÉRICA-Páginas: 228- Año: 2012

Breve Descripción:

En una reunión de revolucionarios, de la que más tarde saldría el MLN-Tupamaros, uno de los asistentes ponderaba las virtudes de su grupo y en un momento dijo que ellos tenían credenciales para estar en la dirección.

Con su habitual contundencia, Raúl Sendic le respondió: "Las credenciales se vencen y hay que renovarlas hasta para votar".

(Otro colonizador del PRT-ERP diría el Ñato)

A ver qué les parece...

Un abrazo.

Rolo

 

SÍ ABRÍ LOS OJOS

(Fragmentos de la presentación hecha por su autor)

Si abrí los ojos, un libro que volvemos a presentar hoy y que probablemente se empezó a escribir allá por 1968 / 69, cuando bajo las dictaduras de Onganía / Lévingston / Lanusse, Argentina se radicalizaba, tanto con el crecimiento de la conciencia y las luchas propias cuanto con las noticias de los cambios en el mundo y especialmente de las distintas guerrillas de América Latina que seguían la senda del comandante Guevara. De esas luchas, la que entonces a mí más me impactaba era la de Uruguay. Junto al folclore argentino, que estaba en auge, escuchaba las canciones de Viglietti, Zitarrosa y Osiris Rodríguez Castillo.

En mi acostumbrada adicción a la literatura se abría un gran capítulo en el que lo dominante era la política. Además de las muchas novelas consumidas leía las Treinta preguntas a un Tupamaro y los primeros libros que se conocieron sobre el MLN. También los primeros sobre el Che y otras experiencias latinoamericanas. Influencias de una época que me cambiaron la vida y me llevaron por otros caminos. Las que habían sido historias ajenas, pasaron a ser parte principal de la mía.

Si abrí los ojos se continuó escribiendo en 1973, cuando un compañero al que llamábamos el Chiquitín –diminuto de cuerpo y enorme de corazón-, me dejó la pieza que alquilaba en Rosario, se fue a Montevideo a militar con los tupas y meses después murió allí, torturado en una unidad militar.

Y lo siguió haciendo más tarde cuando, después de la derrota, en el exilio, me instalé en México y milité con un grupo de compañeros uruguayos que habían formado el colectivo Raúl Sendic y trabajaban por la liberación y el mejoramiento de las inhumanas condiciones de vida a que estaban sometidos los hombres y mujeres tomados como rehenes por la dictadura.

Disculparán que los aburra hablando de mí. Lo hago sólo para decir que orientales y argentinos somos lo mismo. (Menos cuando jugamos al fútbol, claro, pero esa es otra historia).

Lo que en él se cuenta es la historia del año 2011 en Uruguay. Un tiempo cargado de acontecimientos relacionados con la lucha del pueblo para acabar con la complicidad de los gobiernos civiles que han protegido a los uniformados asesinos, ladrones, torturadores y violadores, en la conocida y permanente alianza de las armas y el dinero. También se habla de los hechos ocurridos en el paisito durante el último medio siglo: de las luchas populares que llevaron a la dictadura de 1973 y de la larga marcha de la gente que aún sigue esperando (y exigiendo) que se aclare la verdad y brille la justicia.

Si abrí los ojos es un relato coral, hecho con voces que llegan de distintas fuentes. Una forma de aproximarnos a la realidad de lo que pasó a través del testimonio y las opiniones –muchas veces distintas al tratarse de civiles, militares, periodistas, gente del pueblo y militantes de diversas fuerzas- de quienes vivieron el drama de la lucha y padecieron la tragedia de la dictadura.

En la introducción van estas palabras que no sabría decir mejor: “El silencio y la mentira pueden sofocar a un pueblo; pero la verdad que se busca y se comparte es lo que le permite respirar. Cada oriental es dueño de un pedazo de la historia vivida, y entre todos pueden armar el rompecabezas que desarme los malos entendidos, barra con los misterios, las farsas y simulaciones"

La sangre derramada de orientales y argentinos que pelearon por un mundo mejor nos acompaña y nos obliga. Esa sangre no se negocia, como no se negocian la verdad y la justicia. 

Si abrí los ojos trata de eso:de lo que no puede negociarse y de cómo algunos, que hace tiempo fueron compañeros, hoy se han pasado a la vereda de enfrente y con argumentos que dan vergüenza ajena defienden a capa y espada lo que antes combatieron, sin pudor se abrazan con torturadores y asesinos, reniegan de lo mejor de su historia y escupen sobre el recuerdo de los muertos inmortales.

Gracias amig@s, compañer@s, y como dice la baguala, disculpen lo mal cantado.

Hasta siempre.

Rolo Diez

 

Ojos abiertos sobre Uruguay

 

publicado en Miradas al sur 3/3/13

En su último libro, el escritor Rolo Diez analiza con lucidez la polémica sobre los DD.HH en el paisito oriental

Un pensador sombrío ha dicho que nada se parece más a la muerte que el deseo realizado. La frase hace pensar en búsquedas, anhelos que dejan de existir y esperanzas que se agotan cuando se encuentra lo que se ha buscado. Una bella mujer, el éxito, lo que sea.

Por ejemplo, y a pesar de que hoy se trate de progresismo y no de socialismo, hace pensar en los ex guerrilleros que lucharon décadas para llegar al gobierno y al poder, y desde ahí cambiar la vida; y aún más que en ellos, obliga a recordar la sangre derramada para que esos cambios sucedieran.

¿En qué sentido los deseos de las fuerzas populares se han cumplido, o –jugarretas del lenguaje– en cuál otro sentido la realidad que vivimos trae desencuentros con las mejores expectativas, distintos mensajes del ya no ser, de las “arenas que la vida se llevó?”…

En El engranaje, guion cinematográfico nunca filmado de Jean Paul Sartre, se cuenta esta historia: el presidente de un país árabe es sospechado de corrupción y complicidad con las empresas internacionales que explotan las riquezas petroleras del país. Un general progresista hace una revolución y se convierte en nuevo presidente. Pronto recibe a los delegados de las empresas petroleras y éstos le hacen ver una realidad distinta a la que él pensaba. El nuevo presidente empieza a negociar con los petroleros. Un aguerrido coronel nacionalista se enfrenta con él y lo derroca. Por la tarde vienen los delegados de las empresas petroleras y lo convencen de que está equivocado. Empieza otra vez la negociación. Mientras, un romántico capitán…

Los nuevos gobernantes quedan entrampados en las mismas situaciones que combatieron. Una vez y otra, en las calles se desplaza la esperanza hacia un nuevo salvador, pero ningún gobernante escapa al engranaje. La esperanza del pueblo es inútil.

Manuel Scorza escribe en La tumba del relámpago: “La rabia comienza a sofocar a Genaro Ledesma. El aletazo de un pensamiento sombrío lo rozó, las revoluciones campesinas fracasaron siempre. Por eso nos fascinan. Los Emiliano Zapata, los Garabombo, los Raymundo Herrera, los Agapito Robles mueren puros. Los campesinos no llegan al poder, no tienen la oportunidad de corromperse. No les da la ocasión de transformarse de oprimidos en opresores”.

En su artículo “Algo habrá hecho el haitiano”, a propósito de la violación de un muchacho cometida por soldados uruguayos, miembros de la Misión de Paz de la ONU instalada en Haití, y muy a propósito de la situación en el Uruguay de hoy, Verónica Engler escribe: “Cada vez está más claro el significado de la frase ‘no es lo mismo ser gobierno que oposición’. Una vez en el gobierno se pierde el horizonte revolucionario, se defiende lo que otrora se atacó, se vende la integridad al bajo precio de la necesidad y se termina siendo un poco más de lo mismo con matices de políticas sociales y algún que otro detalle de poca monta”.

Mi desayuno de café con optimismo me lleva a rechazar toda fatalidad. Lo fatal es inevitable, y si es inevitable no es culpa de nadie y no hay motivos para enojarse. El gran titiritero mueve los hilos y todos bailan al son que les impone.

¿Qué puede hacer una hoja en la tormenta? ¿Qué culpa tenía Edipo si el tipo que mató era su padre y la mujer con quien se acostó era su madre? Ninguna. Pero no es el caso.

Los gobiernos progresistas (esta palabra es funcional y nos permite diferenciarlos de los que son claramente de derecha) de América Latina son lo que son, como diría Perogrullo. En general –de acuerdo con una jerga difundida– se los puede considerar de centro-izquierda y separarlos de aquellos alineados férreamente con Estados Unidos y poco proclives a disminuir la profunda brecha de inequidad que separa los ricos de los pobres. Lo que no se puede es confundir los términos progresista y revolucionario.

De ahí que muchos compañeros revolucionarios –de los que aún quedan para contarla– protagonistas de las épicas jornadas de 1960 y 1970, no se sientan representados por gobiernos que realizan una práctica más asistencial que de verdadera redistribución de la riqueza y muestran distintos –opinables, polémicos– niveles de firmeza o conciliación frente a las políticas del capital globalizado.

Los revolucionarios siguen siendo lo que siempre han sido: mujeres y hombres interesados en modificaciones sociales que impliquen que “la tortilla se vuelva”–aunque no piensen que a los ricos se les deba aplicar la dieta especial propuesta por la canción–.

En cambio, el mundo ya es otro y, al menos en la etapa histórica que atravesamos, no ofrece alternativas profundas –a menos que se quiera ser bombardeado humanitariamente por Estados Unidos y sus valerios de la OTAN– de un cambio radical verdaderamente revolucionario.

La redistribución de fuerzas en el mundo unipolar, la pérdida de conquistas sindicales logradas en el curso de los siglos XIX y XX, y el retorno del capitalismo salvaje, con su maquillado nombre de flexibilización laboral como forma normal de relación entre los dueños de medios de producción y los trabajadores, obliga a moderar exigencias, a pedir sí, pero no a pedirlo todo y tratar de aprovechar lo que se pueda de los gobiernos que nos tocan.

Y es ahí donde aparecen las distintas valoraciones que pueden hacerse –y se hacen– sobre los llamados gobiernos progresistas.

Desde “son unos fascistas” a “lo están haciendo bien porque hacen lo posible”, el tema es discutido en la izquierda y genera un abanico de posiciones diferentes.

Básicamente hay dos aspectos centrales que pueden definir el carácter progresista o no de un gobierno determinado.

Uno es la ya mencionada redistribución de la riqueza.

¿Qué se hace, no para suprimir –que ese fue el negocio nuestro y no se pudo–, pero sí para disminuir no la brecha sino la zanja cloacal, cada vez más profunda, más injusta y vergonzosa que separa las condiciones de existencia de los ricos de las de los pobres e indigentes?

Actitud indispensable –y exigible– en un gobierno que quiera llamarse progresista. “Redistribuir hoy es aumentar los salarios para devolver al pueblo trabajador uruguayo por lo menos el poder adquisitivo que le quitó la dictadura”: Raúl Sendic.

¿Se está haciendo eso? Es pregunta. Aquí sólo hablamos de Verdad y Justicia. Deliberadamente eludimos internarnos en un análisis puntual de aspectos que no son motivo de este libro.

Claro que también podemos recordar que el derecho a comer y no hundirse en la miseria es simplemente expresión del derecho a la vida y, como tal, el más humano y elemental de los derechos. Otros compañeros harán esa discusión y darán su veredicto sobre el progresismo o no del gobierno del Frente Amplio uruguayo. Deben hacerlo y lo están haciendo.

El segundo tema principal respecto de los gobiernos progresistas es el que aquí tratamos: Verdad y Justicia.

¿Qué se hace y qué no se hace en la relación del hoy con la historia del pueblo, y qué se hace o no con la necesidad de reparar los daños causados y sancionar los crímenes cometidos por los usurpadores del gobierno en la etapa de las dictaduras impuestas por Estados Unidos en el Cono Sur, supuestamente en nombre del orden y la ley, pero en realidad para evitar cambios en un orden social injusto: impedir que se toque un solo centavo de cuentas bancarias insultantemente adineradas, o un metro de tierra de los inmensos latifundios improductivos, o que se establezca una dieta –que tenga en cuenta los intereses populares– a la voracidad del capital.

Ninguna piedad con la realidad Rolando Aurelio Diez, más conocido como Rolo Diez en el mundo periodístico y editorial, pero sobre todo en el caldero efervescente de la militancia revolucionaria de los 60 y 70, ha irrumpido con un nuevo libro: Si abrí los ojos, título que retoma un verso de un hermoso poema del poeta español Blas de Otero y que cobra plenamente su sentido anticipatorio a medida que el lector se sumerge en un texto que a golpes de crónica, informe periodístico, investigación histórica y relato de no ficción, va haciendo visible un conflicto, un drama, una tragedia que pareciera –a la manera hegeliana– no tener una resolución históricamente avanzada, por lo menos en lo inmediato.

El gran protagonista es el paisito de enfrente, del cual Rolo se declara –como Artigas– argentino de la Banda Oriental. Y a caballo de ese título autoconcedido la emprende, sin mucha diplomacia ni retórica bizantina, con un tema que tiene en vilo, no sólo a los uruguayos sino a quienes estamos de este lado del charco: el tratamiento de las violaciones a los derechos humanos por parte del gobierno y la justicia uruguayos.

El relato –por darle un nombre convencional a lo que es en realidad como un coro o una ópera multimedia– va y viene, viene y va del pasado más o menos inmediato, el triunfo del Frente Amplio y el renacer de la esperanza, a los tristes días de la derrota del MLN tupamaros. Recorre, impiadoso, cárceles, cuarteles, salas de torturas, cloacas y calles húmedas de la Ciudad Vieja. Cita al Bebe Sendic, recuerda la supuesta traición de Amodio, se detiene largamente en los encuentros de dirigentes tupamaros con oficiales del Ejército y vuelve a nuestros días para abrumarnos con declaraciones de funcionarios que fueron víctimas y hoy parecieran transformarse en defensores o encubridores de quienes fueron sus victimarios.

No hay piedad en este libro porque los hechos que relata son impiadosos, crudos, tozudos hijos de una realidad atravesada por los claroscuros de la condición humana sujeta a la tensión de circunstancias históricas extremas. Tampoco hay bronca, ni impaciencia. Hay exigencia militante, preguntas quemantes, compromiso irrenunciable con una causa que es la misma en ambas orillas. Hay un grito que está contenido en el final del poema de Blas de Otero: “…si abrí los labios hasta desgarrármelos”

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Falleció Rolo Diez en México, a sus 85 años

Hernán Arena Facebook 22/10/25

Rolo fue, para más datos, militante del PRT-ERP en los 60/70 en el área de inteligencia, clandestino, exiliado, escritor.

Su familia lleva las marcas de la revolución y la represión.

Su hermana Perla Diez fue presa política del 75 al 82. Su hermana menor Diana y sus cuñados Jorge Moura y Alberto Rentani fueron secuestrados por la dictadura cívico-militar. El mismo Rolo fue preso de la dictadura de Lanusse entre 1971 y 1973. Todos militantes del PRT.

Su madre fue nada menos que Reyna Díez, un poco anarca y un poco perra también, nunca gorila; docente y militante de DD.HH, primera decana mujer en la Universidad de La Plata. Un faro para varias generaciones, en la que me incluyo.

Para quienes no lo hicieron aún, no dejen de leerlo. Policial negro, novela, bastante de historia. Insisto: no dejen de leerlo.

Creo que es la mejor forma de recordarlo y de que siga vivo.

¿Les pasa a ustedes también que sienten cercanas a algunas personas que no conocen o que tienen una relación de mensajearse nomás? Rolo era una de esas personas.

Seguramente por haberlo leído, y mucho. Seguramente por su historia, por alguna consulta que tuvo la generosidad de responder amablemente, por algún debate y dato preciso que brindó, por todo.

Alguna vez escribimos la semblanza de Reyna, su madre, y lo agradeció con cariño y emoción, hablando de lo mucho que ella nos quería a los anarquistas y lo poco que se la recuerda en nuestra corriente, sintiendo que era un sincero homenaje hacia una militante siempre tan sencilla y humilde. Para quienes quieran leerla:

 https://memorialibertariaarg.wordpress.com/.../los.../

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SOL ROJO DE LA MEMORIA

AYER SE NOS SEMBRÓ ROLO DIEZ.

Oscar Ruiz de Huidobro Facebook 23/10/25 fragmentos

Sí así es, en la última semana se sembraron tres compañeros más. Raúl "Rulo" Pérez Caldo, Raúl "Fierrito" Juárez y Rolo Diez.

Rolo ingreso temprano al Partido Revolucionario de los Trabajadores y después del Ejército Revolucionario del Pueblo. De su militancia poco se puede decir por carácter extremadamente tabicado de su práctica concreta en el área inteligencia del partido.

Aquí hablaremos de una historia que quizás algunos conozcan. Rolo militaba con el equipo de Santiago "Pepe" Mangini el responsable nacional de Inteligencia del PRT-ERP. Pero a su vez formaba parte de una célula con Javier "Pancho" Coccoz, que hacía inteligencia económica y política. Atendían a Juan Carlos Casariegó de Bel, a Julio "Agrelo" Gallego Soto, el Teniente "Gustavo", la Teniente "Inés" a veces se reunían con Perrota. Y también lo hizo con el reemplazo de nuestro querido "Pepe" caído en el Comité Central de Moreno.

Así, siguió bajo las órdenes de Carlos Emilio "Capitán Alejandro", que había reemplazado a los caídos. Solía verse con las otras puntas con las que se rearmó el área y con los Tenientes "Simón" y "Manolo" qué bajaban de la Compañía de Monte y la Teniente "Inés".

Retrocediendo en la línea del tiempo, unos años antes, el área de Rolo y "Pancho" reunidos con los de la compañía e Inés, y por informaciones exactas que habían conseguido de sus informantes de economía y de política, se supo que uno de los últimos domingos de agosto de 1974, iban a bajar a Tucumán y de ahí a la zona de Santa Lucía los Comisarios Villar y Margaride, con tropas y equipamientos bélicos como tanquetas, camiones, motos y tropas acompañados de helicópteros y hasta de dos aviones para arrestar a la Escuela de Cuadros de la Compañía de Monte "Ramón Rosa Jiménez". Después de ese informe "Manolo", "Simón" e "Inés" volverían a Tucumán, donde el Estado Mayor de la Compañía decidieron emplear la táctica de la "Operación Vacío" con la cual, demostraron el éxito del PRT-ERP en la acción de defensiva estratégica y el fracaso de la acción represiva.

Rolo, fue el último que lo vio a "Pancho" Coccoz en libertad, ya que el 11 de mayo de 1977, salieron juntos de la casa de "Pancho" después de una reunión y se separaron enseguida. "Pancho" cayó en una cita envenenada. Después, en otro momento hablaremos de la consecuencia de esa cita que afectó al partido en varios de los cuadros de inteligencia y como los genocidas "salvaron" a su mujer y su hijo Raúl.

Tiempo después sale con el partido rumbo a Europa. Después de unos años se radica en México. Ahí comienza a plasmar en texto, varios de los apuntes que atesoraba de sus lluvias de ideas.

De la vida literaria de Rolo, creemos que la conocen todo, primero escribió una novela "Los compañeros" y después de un tiempo narra otra novela "Papel Picado" donde las letras hilan la trama como vivo testimonio de los hechos que el mismo vivió en las cavernas malolientes de la dictadura genocida y de sus crueles acciones represivas. En toda su obra se presiente esto.

En los últimos años lo buscamos para que se incorpora a la Federación Internacional de Escritores por la Libertad (FIEL) charlamos mucho. Hizo aportes técnicos que valoramos. Pero cada vez que hablábamos, terminábamos afilando el lápiz del tiempo más en la experiencia "perretiana" que de literatura. Ambos sentimos mucho la siembra de Ana María Rivadeo y solíamos ponernos tristes cuando charlábamos de los capitanes "Pepe" o "Alejandro".

¡Murió un revolucionario!

¡Viva la Revolución!

HLVS. AVOMPLA.


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