Programa El Cernidor 5.11.2025
Lunes y Jueves 19.30 hs. https://www.youtube.com/@elpulsometrotv
Horacio Lampariello, Héctor Amodio Pérez y Álvaro Alfonso,
Opinión de Amodio sobre la izquierda en España y lo parecido o igual de la uruguaya. Álvaro nos cuenta los juicios en Uruguay, Perciballe se quedó en la época de Núremberg y se olvida del tratado de Roma.
https://www.youtube.com/live/XC6hZsMKc5k?si=jS4fq1wT2qAVWRpB
Cernidor 242, correspondiente al día 6 de noviembre de 2025
Palabras de Amodio: En Posta Porteña se ha publicado una nota firmada por Karmelo Llamas, Titulada YA NO CREO EN ESTA IZQUIERDA. Se refiere a la izquierda española, pero es perfectamente adaptable a la izquierda global, solo es necesario cambiar los nombres y algún referente accesorio.
Lo comparto con ustedes no solo porque lo comparto en su totalidad, sino porque además yo he vivido la eclosión de Podemos, en momentos en que desde Izquierda Unida luchábamos contra la política económica del PSOE, lucha que desde Podemos fue criticada por considerarla tibia, acomodaticia, y que terminó favoreciendo a quienes ellos decían criticar, el PSOE.
Dice la nota: " Ya no creo en esta izquierda. No porque haya renunciado a mis ideales, sino porque ellos los han vaciado de alma. No porque me haya vuelto conservador, sino porque ellos se han vuelto cínicos. Porque ya no consiento de que nadie me imponga su ideología, su sectarismo, su hipocresía. Lo que un día fue rebeldía hoy es un negocio; lo que fue esperanza, hoy es un decorado. Esta izquierda ya no libera: administra. Ya no sueña: gestiona. Ya no lucha: factura.
La izquierda que decía hablar por los sin voz se ha vuelto el megáfono histérico de los que temen perder el micrófono. Se ha transformado en una cofradía de predicadores de la moral, burócratas del resentimiento que reparten certificados de pureza ideológica mientras cobran del mismo sistema que juraron destruir. Son los nuevos funcionarios del dogma, los notarios del pensamiento correcto, los contables de la virtud ajena.
Durante años creí que la izquierda era el nombre político de la compasión. Hoy es el rostro burocrático del rencor. No emancipa, adoctrina. No debate, lincha. No construye, señala. Han cambiado el pan por la consigna, la justicia por el eslogan, la verdad por el relato. Son los sacerdotes de una religión sin dios pero con infierno: el de los disidentes."
El caso de Pablo Iglesias no es una excepción: es el espejo. La caricatura que revela la decadencia. El apóstol que se predicó a sí mismo. Se alzó denunciando la corrupción del poder, para terminar postrado ante su propio altar. No lidera una revolución: administra una parroquia de fieles obedientes. Convirtió la indignación en una carrera profesional y la rebeldía en un programa de tertulia. Habla de los poderosos desde su chalet blindado; cita a Gramsci con la misma devoción con que factura subvenciones. Es el símbolo perfecto de una izquierda que perdió el alma y, lo que es peor, perdió la vergüenza.
Pero no es solo él. Iglesias es el síntoma, no la enfermedad. La izquierda española lleva décadas desangrándose en su propia impostura. Desde la teatralidad de Carrillo y La Pasionaria hasta la tecnocracia sin alma de González, desde el sentimentalismo blandengue, hipócrita y manipulador de Zapatero hasta el oportunismo sin escrúpulos de Sánchez y sus satélites de cartón piedra: Podemos, Sumar, Más Madrid y el enjambre separatista que vive del chantaje emocional. Todos distintos en forma, idénticos en método: manipular el pasado, dividir el presente y lucrarse del futuro.
Han hecho del antifranquismo una industria, del feminismo un negocio, del progresismo una marca. Han convertido la política en un parque temático del victimismo. Se dicen libertarios, pero sueñan con censores. Se llaman inclusivos, pero necesitan enemigos. Sin “fachas” que odiar, se extinguirían. Se inventan fascistas como fantasmas que ven en todas partes, porque su discurso no se alimenta de ideas, sino de miedo. De un miedo disfrazado de virtud.
Y mientras tanto, el país se pudre. Los jóvenes emigran, los trabajadores son exprimidos por un Estado que los trata como siervos fiscales, los medios públicos funcionan como púlpitos del régimen sentimental, y la patria —palabra que ya solo pronuncian los ingenuos o los valientes— se desangra entre autonomías que devoran su propio cuerpo.
Esta izquierda no quiere convencer: quiere someter. Habla de tolerancia con voz de inquisidor. Grita libertad mientras escribe listas negras. Predica diversidad, pero impone pensamiento único. Su credo no admite herejes. Si dudas, eres facha. Si preguntas, sospechoso. Si piensas, peligroso. Su nueva ortodoxia se llama cancelación, su nueva fe, corrección política.
Yo no reniego de la izquierda que soñaba con justicia, sino de esta parodia que la usurpa. De esta izquierda que llama progreso a la censura, empatía a la hipocresía y solidaridad a vivir del bolsillo ajeno. Rechazo su catecismo moralista porque confunde la virtud con el postureo. Porque dice amar al pueblo, pero no lo soporta si no vota bien.
Hoy ser coherente es un acto de subversión. Pensar por cuenta propia es una forma de resistencia. Porque en esta era del dogma progresista, la libertad ha vuelto a ser peligrosa.
No, ya no creo en esta izquierda. Porque amar la justicia no implica venerar el odio. Porque la libertad no tiene color. Porque el pensamiento no admite pastores.
Y porque el mayor acto revolucionario, en tiempos de consignas obligatorias, es conservar la dignidad de pensar sin permiso.
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Dicho esto, decirles que ayer por la tarde asistimos con Álvaro Alfonso a la presentación del libro la Coalición Republicana, de Francisco Faig, que fue presentado y comentado por Javier García y Andrés Ojeda.
Ambos coincidieron en que es necesario repensar la Coalición, darle mayor participación a la militancia y no rehuir el debate interno.
Yo siempre pensé que la Coalición fue un acuerdo entre dirigentes, con escasa participación de sus votantes y que tanto el libro como la charla de ayer debieron ser previos a la elección de 2019. Es decir, la derrota fue necesaria para rectificar, algo en lo que tanto García como Ojeda estuvieron de acuerdo.
Sé positivamente que la Coalición Republicana no podrá revertir la situación de dependencia de nuestro país de los organismos internacionales que nos imponen la política económica y educacional, así que solo aspiro a que defienda el estado de derecho y nos libre del frangollo en que se encuentra la justicia.
Y hablando de frangollo, tenemos en nuestro poder la solitud de formalización por los asesinatos de William Whitelaw Blanco, Rosario del Carmen Barredo Longo, Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz.
Son 152 páginas en las que el fiscal especializado en crímenes de lesa humanidad, Ricardo Perciballe demuestra una vez más que no actúa con independencia e imparcialidad, como adujera la Sra. Fiscal general, Mónica Ferrero.
Como se dice en el libro de Esdras «Levántate, y manos a la obra, que ésa es tu responsabilidad. Tú, pon todo tu empeño, que nosotros te apoyaremos».
Álvaro, Esdras no sabía que vos y yo estaríamos esta noche con este frangollo de Perciballe, así que yo hago mías sus palabras y te digo, Álvaro, manos a la obra, que nosotros te apoyaremos.