El 18 de octubre, el rector de la universidad, el Sr. Mitsuo Ochi, me invitó a dar una conferencia en Hiroshima. Había tenido que cancelar una invitación anterior hacía apenas un año por motivos de salud, pero, dada la atmósfera bélica que nos envuelve, era importante para mí regresar a Hiroshima.
Los siguientes son:
- la presentación de la conferencia por parte de la universidad,
- el texto de mi conferencia
- por último, el resumen de la universidad sobre la conversación que el Sr. Mitsuo Ochi y yo mantuvimos después de la conferencia.
El Sr. Ochi nació en 1952. Yo nací en 1951. Se graduó de la Facultad de Medicina de la Universidad de Hiroshima en 1977 y se convirtió en profesor del Centro Médico de la Universidad de Shimane en 1995. Tras ejercer como director del Hospital Universitario de Hiroshima, fue nombrado rector de la Universidad de Hiroshima en 2015. Es cirujano ortopédico especializado en cirugía de rodilla y medicina deportiva. Fue miembro del Consejo Asesor Científico de Japón (2017-2022) y miembro asociado del mismo (2011-2017 y desde 2022).
"El Japón contemporáneo frente a la crisis moral de Occidente”: Las opciones del mundo y de Japón, y una reflexión sobre la paz.
El 18 de octubre de 2025, en el Campus Kasumi de la Universidad de Hiroshima, tuvimos el honor de recibir al historiador, demógrafo y antropólogo familiar francés Emmanuel Todd, quien impartió una conferencia titulada «El Japón contemporáneo ante la crisis moral de Occidente». Desde su singular perspectiva, el Sr. Todd analizó con perspicacia la crisis ética y social que enfrenta la sociedad occidental contemporánea y ofreció valiosas sugerencias sobre el papel que Japón podría desempeñar en este contexto. Tras la conferencia, entabló un diálogo con el rector de la Universidad de Hiroshima, el Sr. Ochi, en el que profundizó en diversos aspectos del pensamiento, la cultura y la paz.
MI CONFERENCIA
Estoy muy feliz y agradecido al Sr. Ochi, rector de la Universidad de Hiroshima, por su invitación. Me emociona especialmente regresar a Hiroshima. Esta es mi segunda visita. Vine por primera vez hace 33 años, durante mi primer viaje a Japón. Invitado por la Fundación Japón, solicité que este primer viaje incluyera una peregrinación a Hiroshima. Desde entonces, he visitado su país más de veinte veces.
Ayer volví al Museo de la Paz para reflexionar sobre la bomba atómica. Este museo, que visité hace 33 años, ha cambiado. Pero lo que más me sorprendió fue lo mucho más impresionado que me sentí esta vez. Sin duda, ahora me preocupa mucho más el tema de las armas nucleares.
Creo saber por qué. 1992 era una época de optimismo. El comunismo acababa de colapsar. La Guerra Fría estaba terminando. Y aunque el ataque nuclear a Hiroshima y Nagasaki parecía terrible, realmente parecía pertenecer al pasado. Había terminado. Un error de la humanidad, un error de USA. Pero algo que ya era pasado.
Los valores dominantes de la época, alrededor de 1992, eran los de un Occidente liberal y próspero. Ante todo, incluso por encima del consumo, estaba la producción, la producción industrial. Se trataba de libertad e igualdad: igualdad entre hombres y mujeres, y en EEUU, igualdad entre blancos y negros. Y, sobre todo, de la esperanza de paz tras la Guerra Fría.
Pero ¿qué vemos ahora en Occidente? No me refiero a valores, sino a la realidad. Vemos algo muy distinto: desindustrialización, un descenso del nivel de vida y la erosión y declive de las libertades.
En USA, el declive de las libertades se manifestará primero por la cultura de la cancelación en el bando demócrata y luego por los ataques antiliberales de Trump en todas direcciones.
Históricamente, Francia es un país de libertad. Sin embargo, yo mismo, en Francia, me encuentro en una situación muy particular respecto a mi libertad. Mi editorial (Gallimard) es sin duda la más prestigiosa de Francia. Pero ya no puedo expresarme, como antes, en canales de radiodifusión pública como France Inter, France Culture o France 2. Es como si, en Japón, me prohibieran hablar en la NHK. De hecho, mi reputación en Japón me protegió de estas prohibiciones francesas. Estoy inmensamente agradecido a Japón por haberme protegido del nuevo autoritarismo estatal francés.
Actualmente, lo que observamos también en Occidente ya no es igualdad, sino un aumento de la desigualdad: en EEUU, en Europa. En USA, ya no avanzamos hacia la igualdad entre blancos y negros, sino que asistimos y presenciamos un resurgimiento de las obsesiones raciales.
En un plano más global, también estamos presenciando un increíble resurgimiento de la arrogancia occidental hacia el resto del mundo.
Ante todo, y esta es la razón fundamental de mi presencia en Hiroshima, debemos reconocer el regreso de la guerra. Primero, la guerra en la realidad, en Ucrania o en Oriente Medio, pero más allá de esta realidad, estamos presenciando el surgimiento de una obsesión por la guerra en la mente de las personas.
Analizaré brevemente la derrota militar occidental en Ucrania, pues fue el análisis de esta guerra lo que me impulsó a trabajar en profundidad sobre toda la crisis occidental en su conjunto. La guerra supone un choque con la realidad, y fue la guerra de Ucrania la que me llevó a reflexionar sobre el nuevo problema de la moralidad occidental.
Lo verdaderamente asombroso es cómo USA y Europa sobreestimaron su poder frente a Rusia. Es cierto que el producto interno bruto (PIB) de Rusia representaba, en vísperas del conflicto, solo el 3 % del PIB de Occidente (incluidos Japón, Corea y Taiwán). Sin embargo, Rusia, con ese 3 % del PIB occidental, logró producir más armas que Occidente en su conjunto. La guerra puso de manifiesto nuestra debilidad industrial y reveló que este PIB, que medimos habitualmente, ya no refleja una verdadera capacidad productiva.
Esta deficiencia industrial me recordó la limitada capacidad de USA para formar ingenieros. Rusia, con una población dos veces y media menor que la de USA , forma a más ingenieros. Esa es la clave de la victoria rusa.
En lo que respecta a la formación en ingeniería, Francia y el Reino Unido son similares a USA. Sin embargo, Japón y Alemania se asemejan más a Rusia, ya que ambos países mantienen una sólida capacidad para formar ingenieros. Mi análisis de la guerra me llevó, por lo tanto, a examinar la crisis educativa en USA, la disminución del potencial educativo, tanto en términos del número de estudiantes por generación como del nivel intelectual de dichos estudiantes.
A continuación, para comprender el declive educativo, llegué al factor fundamental, aquel del que todo se origina: la transformación religiosa de USA. Lo que había fortalecido tanto a USA, Inglaterra y, de hecho, al corazón de Occidente, era el poder educativo de la religión protestante. La desaparición del protestantismo explica el colapso de la educación estadounidense.
Mis reflexiones sobre la guerra, sobre lo que todos vemos en las noticias (nuestro espectáculo cotidiano), me han llevado a un renovado interés por la religión como factor histórico. Observar las consecuencias actuales de la desaparición de la religión incluso me ha abierto un campo de investigación completamente nuevo. Al describir la historia de la desaparición de la religión, ahora distingo tres etapas: religión activa, religión zombi y ausencia total de religión, o sea religión cero
La religión activa se da cuando las personas creen en su dios y le rinden culto. Me refiero a la religión en su sentido occidental y monoteísta. Pienso en el cristianismo, pienso en el judaísmo.
La segunda etapa es la etapa zombi, cuando la creencia en Dios ha desaparecido, cuando el culto se ha esfumado, pero dentro de un mundo social donde los hábitos morales asociados a la religión permanecen vivos. Los individuos aún se rigen por un sistema de valores; conservan la capacidad de acción colectiva. La religión es reemplazada por ideologías sustitutas, como el sentimiento nacionalista, el sentimiento de clase y todo tipo de grupos ideológicos que reemplazan la afiliación religiosa original.
Y luego está la tercera etapa, en la que nos encontramos actualmente: la etapa de la religión cero, en la que los valores heredados de la religión han desaparecido. Entramos en un mundo donde el individuo se ve verdaderamente privado de valores fundamentales; ahora está solo, desprovisto de la capacidad de acción colectiva. Es un individuo debilitado porque los valores inculcados por la religión, y posteriormente adoptados por la ideología, eran una fuente de fortaleza para su personalidad.
Este estado de creencia religiosa no se experimenta como verdadera libertad. Los seres humanos se enfrentan al problema común del sentido de la vida. ¿Qué hacen en la Tierra? ¿Cuál es el propósito de su existencia? En este contexto, surge lo que yo llamo nihilismo.
La angustia del vacío se transforma en glorificación, en deificación del vacío. Surge gradualmente una pasión por la destrucción de las cosas, de las personas, de la realidad misma. El estado psicológico actual de Occidente es, en parte, esto: nihilismo, que conduce a una pasión por la guerra en la mentalidad de las personas y a una preferencia por la guerra en la geopolítica. Comprendemos el trasfondo moral de esta nueva preferencia occidental por la guerra.
Voy a mencionar algunas de las guerras de las que Occidente es responsable, pero sin que los occidentales, nihilistas sin darse cuenta, sean capaces de comprender su responsabilidad. Eso es lo que resulta tan llamativo hoy en día: los occidentales provocan guerras, las alimentan, mientras se convencen de que están del lado de la justicia.
Comencemos con la guerra de Ucrania. En Occidente, la guerra de Ucrania se percibe como una invasión rusa, y admito que fue el ejército ruso el que entró en Ucrania. Pero la realidad histórica es que las verdaderas causas del conflicto son la expansión de la OTAN hacia Rusia, a través de Ucrania, y la guerra que los propios ucranianos libran, instigada por Occidente, contra los rusos en el Donbass. Es cierto que, para los rusos, esta guerra es defensiva. Para mí es obvio que los estadounidenses y los europeos son los agresores, al haber llegado a menos de mil kilómetros de Moscú. Esa es la situación objetiva. Lo fascinante es que estos agresores creen estar siendo atacados y que se ven obligados a defenderse. Hay algo de locura en nuestra situación en Europa.
Y luego está el ejemplo aún más evidente del genocidio de Gaza. El inicio del genocidio fue perpetrado por el Estado de Israel —otro hecho histórico—, pero, en mi opinión, el Estado de Israel está siendo controlado a distancia por USA. Sin armamento estadounidense y tantas otras formas de apoyo, el ejército israelí no habría podido hacer lo que hizo, del mismo modo que el ejército ucraniano, sin armamento estadounidense, no habría podido librar su guerra de agresión en el Donbass.
Y una vez más, lo que resulta sorprendente, más allá de la violencia y la guerra, es la buena conciencia de los estadounidenses y los israelíes, después de que 60.000, 70.000, 80.000 palestinos hayan sido asesinados.
En la actualidad nos enfrentamos a un problema muy interesante de comprensión histórica. USA, durante mucho tiempo, y Trump más recientemente, han alentado, quizá incluso decidido, las acciones israelíes. Durante su primera presidencia, Trump estableció la embajada estadounidense en Jerusalén. Al leer los escritos de quienes apoyan a Trump, se encuentra una verdadera veneración por el Estado de Israel. Trump fue el primero en imaginar Gaza transformada en un balneario deshabitado. Trump es responsable del intento de genocidio. Pero aquí radica el problema.
Muy recientemente, Trump decidió que se había acabado. Ordenó a Israel que cesaran las hostilidades. Le exigió a Netanyahu que se disculpara con Qatar, que había sido bombardeado. Impuso una tregua sin dificultad, de la cual podemos extraer dos conclusiones. Primero, la prueba de que, efectivamente, es USA quien libra la guerra en Oriente Medio, puesto que controla tanto el freno como el acelerador. Ese es el primer punto.
En segundo lugar, y esto es extraordinario, un presidente estadounidense, que un día promueve el genocidio, al día siguiente exige el Premio Nobel de la Paz porque ha cambiado de opinión y ha establecido una tregua. Este cambio radical ilustra, o mejor dicho, demuestra, una completa falta de sentido moral. La ausencia total de moralidad, derivada de una religión inexistente, y es la moralidad cero derivada de la religión cero, permite desear el genocidio un día y el Premio Nobel de la Paz al siguiente.
Hasta ahora, he hablado principalmente del riesgo estadounidense. Pero creo que es importante que los japoneses sean conscientes del surgimiento de un nuevo riesgo europeo: en el auge y avance del nihilismo.
En la época de la guerra de Irak, cuando llegué a Japón, solía decir: "Los estadounidenses son peligrosos, pero los europeos son gente razonable, y los japoneses deberían acercarse a los europeos, ya que los propios japoneses son razonables".
Sin embargo, lo que hemos visto surgir recientemente en Europa es una rusofobia específicamente europea, un belicismo específicamente europeo, centrada en el norte de Europa, en la Europa protestante.
La Europa protestante incluye el Reino Unido, la mayor parte de Alemania, Escandinavia y dos de los tres países bálticos. Tras la publicación de las traducciones de mi último libro, he estado en contacto con varios países, e incluso los he visitado, y he observado que España, Italia y los países católicos en general no son ni rusófobos ni beligerantes.
Para concluir esta conferencia, quisiera intentar explicar por qué el protestantismo, en su forma incipiente, es más peligroso que el catolicismo. El protestantismo tiene mayor capacidad para dejar tras de sí una sociedad nihilista. A continuación, intentaré, quizá brevemente, situar a Japón en relación con esta diferencia entre protestantismo y catolicismo.
El protestantismo, y podría decirse lo mismo del judaísmo, era una religión muy exigente. Existía Dios, existía el creyente, y el mundo era secundario. Se rechazaba la belleza del mundo, en particular, junto con, entre otras cosas, el rechazo de las imágenes y las artes visuales. Cuando desaparecen religiones tan obsesionadas con la trascendencia, no queda nada. El mundo no tiene interés en sí mismo; está vacío. Este intenso vacío abre una posibilidad particular de nihilismo.
El catolicismo es una religión menos exigente y más humana, capaz de aceptar la idea de que el mundo es, en sí mismo, bello. Las imágenes no han sido rechazadas en el mundo católico, y este rebosa de maravillas artísticas. En un país católico, si se pierde la fe en Dios, queda la sensación de esa belleza del mundo. Si uno es francés, queda la sensación de vivir —una ilusión, sin duda— en el país más bello del mundo. Si uno es italiano, en efecto vive en el país con las cosas más bellas del mundo, puesto que Italia misma se ha convertido en objeto de arte. En tales contextos, el temor al vacío metafísico es menos intenso y, por lo tanto, el riesgo de nihilismo es menor. En mi opinión, el país europeo menos amenazado por el nihilismo es Italia, porque en Italia todo es bello.
Para concluir, llego a Japón, y les pido disculpas si digo alguna inexactitud al respecto. Los japoneses suelen definirse como un pueblo sin religión y no parecen preocuparse demasiado por esta ausencia. De hecho, esto no siempre ha sido así: Japón ha sido un país muy religioso. El budismo japonés ha tenido algunas fases bastante violentas; pienso en particular en el auge de la secta J?do Shinsh?, la verdadera secta de la Tierra Pura, que provocó levantamientos campesinos y cuya sencillez doctrinal recordaba en algunos aspectos al protestantismo. Pero Japón siempre ha mantenido una gran diversidad religiosa, una verdadera complejidad, con varias sectas budistas y una tradición sintoísta muy variada y cercana a la naturaleza. En resumen, diría que la religión nunca ha hecho que Japón pierda su sensibilidad hacia la belleza del mundo.
Creo que la casi total ausencia de religión en Japón probablemente ha generado una mentalidad más cercana a la de los países católicos que a la de los protestantes. Dicho de otro modo, Japón no parece estar demasiado amenazado por el nihilismo.
Fue para afianzar esta intuición en mí que, antes de visitar el Museo de la Paz en Hiroshima, mi hija Louise y yo fuimos a Miyajima, donde la sensación de belleza del mundo es impresionante.
Gracias.
Nuestra conversación con el Sr. Ochi
Ochi: Señor Todd, ¿qué clase de niño era usted?
Todd: Antes era muy amable y muy irascible. Ahora que soy mayor, sigo siendo amable, pero ya no soy irascible.
Ochi : Creo que el señor Todd todavía es capaz de enojarse por ciertas cosas.
Señor Todd, tengo la impresión de que en la raíz de su investigación subyace un espíritu de «resistencia a la ideología». ¿Cómo ha cultivado este pensamiento desde su infancia? ¿Y qué es lo más importante que aprendió en este entorno, teniendo al filósofo Paul Nizan como abuelo y a Claude Lévi-Strauss como pariente lejano?
Todd : Creo que, en el fondo, no he cambiado y sigo indignado ante la injusticia. Mi familia tiene raíces ideológicas de izquierda. Lo más importante que aprendí en ese entorno fue a «liberarme del pensamiento dominante»., ser libre frente a ese pensamiento No se trata de valentía personal, sino más bien de una especie de inmunidad intelectual que mi familia me inculcó y transmitió
Ochi: Tengo la impresión de que los sesgos ideológicos que usted cuestiona están vinculados a la crítica contemporánea del "elitismo".
Todd: Sí. Es cierto que la proporción de personas con un alto nivel educativo ha aumentado, creando una brecha con la realidad. Creo que para que una sociedad funcione bien, las personas que trabajan con sus manos, que fabrican cosas —aquellas que ejercen lo que podríamos llamar un oficio— deben ser respetadas por la comunidad.
La teoría de la "familia" que resuena en Japón: ¿Qué se esconde tras esta resonancia cultural?
Ochi: Su tipología de sistemas familiares ha tenido una gran acogida en Japón. ¿A qué se debe esta buena recepción entre los lectores japoneses?
Todd: La razón es clara. Se debe a que Japón es un país de la «familia troncal», donde la herencia se transmite a un hijo, generalmente el primogénito. En una cultura campesina que valora la continuidad familiar, la unidad básica del orden social y las relaciones humanas se fundamenta en la propia familia. Por eso, en Japón, mi investigación se comprende sin necesidad de explicación. En cambio, en una sociedad francesa fundada en la «familia nuclear», donde, particularmente en la región parisina, solo ha existido la pareja con sus hijos, la libertad individual se considera, sin duda, el valor supremo. Pero yo diría que las personas son, por así decirlo, prisioneras de la imposición de «ser libres». Cargar con un peso, una carga en nombre de la libertad: esa es la paradoja de Occidente. Admitir una determinación antropológica de la libertad es insoportable.
Ochi: Esto significa que los países con una cultura familiar troncal, como Japón y Alemania, comparten una estructura mental común.
Todd: Exacto. Ambos países comparten el respeto por la disciplina y el orden. Sin embargo, los japoneses tienen sentido del humor, mientras que los alemanes quizá sean demasiado serios (ríe).
El mundo multipolar que surgirá tras "la decadencia de Occidente"
Ochi: Usted ha propuesto el concepto de "derrota de Occidente". ¿Qué futuro prevé para el mundo tras la propagación del nihilismo?
Todd: No creo que el mundo entero vaya a desaparecer. Al contrario, se diversificará. Entraremos en una era donde coexistirán estados-nación de todos los tamaños, cada uno con sus propios valores. Lo importante es cómo podemos estabilizar un mundo que no esté dominado por una sola potencia.
Ochi: Este es también el camino hacia un "mundo multipolar y pacífico".
Todd: Sí. Con el declive demográfico, las motivaciones para la guerra se debilitarán a largo plazo. Sin embargo, el verdadero peligro reside en aquellas naciones que están al borde de perder su poder. La inestabilidad de este declive es la chispa que podría incendiar el mundo.
Más allá de la "perfección excesiva"
Ochi: Usted mencionó la "belleza" de la sociedad japonesa. En un mundo que cambia rápidamente, con la inmigración y la evolución de los valores, ¿qué cree que pasará con esa belleza?
Todd: La «belleza» a la que me refiero no es la del paisaje, sino «la sensibilidad que nos permite percibir el mundo como bello». El problema de Japón no es el nihilismo, sino una búsqueda excesiva de la perfección. ¿Acaso aceptar un poco de «imperfección» no conduce a veces a la madurez humana?
Reflexionando sobre la esencia de la paz — Desde Hiroshima
Ochi: Por último, quisiera preguntarle sobre las armas nucleares y la paz. Usted adopta una postura que tolera las armas nucleares; ¿cuál es la razón?
Todd: Se trata de la idea de que «el equilibrio en materia del terror es preferible a la asimetría». En otras palabras, un estado de equilibrio en materia de terror entre países que poseen armas nucleares es preferible a una situación asimétrica donde un país las posee y su adversario no. Las armas nucleares son una realidad que ya existe, y el problema no se puede resolver con una simple dicotomía entre el bien y el mal. La esencia de la paz reside en afrontar las decisiones difíciles con racionalidad.
Ochi: Es deber de todo ciudadano pensar y actuar para proteger a Japón de otros países. Sin embargo, en lo que respecta a las armas nucleares, aquí en Hiroshima, estas palabras adquieren una relevancia especial. Creo que la disuasión nuclear, tanto lógica como éticamente, resulta difícil de aceptar para los ciudadanos de Hiroshima. Japón, donde la población no posee armas de fuego, es más seguro que la sociedad estadounidense, donde la gente se protege con armas, y creo que si el mundo se arma nuclearmente, el riesgo nuclear también aumentará. No obstante, espero que podamos superar nuestras diferencias de opinión y avanzar hacia un entendimiento genuino mediante el diálogo. Tengo la firme convicción de que la universidad es precisamente el lugar idóneo para que tenga lugar este diálogo racional.
Ochi: Una última pregunta, señor Todd, si usted tuviera que promover un movimiento a favor de la abolición de la energía nuclear militar, ¿qué estrategia adoptaría?
Todd: Nunca me detengo en cosas imposibles. La vida es demasiado corta.
En conclusión
Ochi: A través de este diálogo, sentí una vez más que la paz no es un ideal estático, sino el resultado de un proceso dinámico y en constante evolución. La Universidad de Hiroshima seguirá fomentando el diálogo, aunando el conocimiento y la conciencia global, y formando a personas capaces de construir una paz duradera.
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Traducción PostaPorteña