Programa El Cernidor 13.11.2025
Lunes y Jueves 19.30 hs. https://www.youtube.com/@elpulsometrotv
Horacio Lampariello, Héctor Amodio Pérez y Álvaro Alfonso
La decadencia de la democracia hoy y varios temas de la actualidad en Uruguay
https://youtu.be/4pGG6NDYTX4?si=kyGqPxkfUD5BVQUa
Cernidor 244, correspondiente al día 13 de noviembre de 2025
Palabras de Amodio: A propósito de la situación política actual, donde un FA alejado totalmente de los fundamentos que impulsaron su creación en febrero de 1971 ha hecho suya la doctrina Mujica, que dice que lo político debe prevalecer sobre lo jurídico, la llamada Coalición Republicana, en la que predomina el Partido Nacional, aparece como única fuerza capaz de disputar al FA la posibilidad de gobernar.
Desde mi punto de vista, pregunto: gobernar, ¿para qué?, sabiendo, como sabemos, que la dependencia que Uruguay mantiene con los organismos internacionales a través de la deuda externa, hace inviable cualquier proyecto de mejora en lo social.
Alcanza con conocer, aunque más no sea de forma superficial el presupuesto nacional para entender que la situación social, lejos de mejorar, va camino de empeorar y que la misma Coalición Republicana ha hecho poco por mejorarla.
Ahora bien, yo mismo he dicho en repetidas ocasiones que tanto daba quien ocupara el gobierno porque la situación social se mantendría sin cambios. Entonces, ¿por qué hoy pienso que es necesario que la Coalición Republicana vuelva a gobernar? Porque es necesario restablecer la vigencia del Estado de Derecho.
Ustedes me preguntarán: ¿qué hizo el gobierno de la Coalición Republicana, en sus años de gobierno en ese sentido? Mi respuesta es que hizo muy poco, es verdad, pero con el FA tengo la seguridad de que irá a peor. Alcanza con repasar los meses del actual gobierno para saber lo poco que al FA le importa la Constitución y en general todo lo que tenga que ver con lo jurídico.
Quienes nunca formamos parte de la Coalición Republicana pero que tenemos algo de experiencia política, vimos que desde su conformación en el año 2019, a iniciativa del Dr. José M. Sanguinetti, la misma se formaba con un fin electoral y que la falta de un programa de gobierno común dejaba abierta la posibilidad que la fuerza predominante, el Partido Nacional, impusiera sus puntos de vista sobre los de sus socios, en algunos casos imponiendo vetos que poco o nada tienen que ver con la democracia interna que debe existir.
Que las derrotas enseñan más que los éxitos es una verdad innegable, y tanto la Coalición Republicana como su fuerza mayoritaria, el Partido Nacional, así lo han entendido y han decido abrir un período de autocrítica y replanteamiento de su accionar, fundamentalmente en su interna.
Lo mismo ha hecho el Partido Colorado, que desde hace años viene tratando de superar una crisis de identidad, toda vez que el FA hizo suyos muchos de los planteos que fueron su base ideológica.
La presencia en la Secretaría General de Andrés Ojeda, como fruto de un proceso de renovación interna que fue visto con desinterés por otros miembros del partido y que hoy cuestionan el accionar de su secretario general, ha reflotado la lucha interna por reivindicar la figura de José Batlle y Ordóñez y por tanto de sus gobiernos, dejando de lado, al igual que los marxistas ortodoxos, que tanto Batlle como Marx fueron producto de su tiempo y de sus circunstancias y que pretender transpolar su pensamiento a la actualidad es un grave error.
Por referirnos a nuestro país, hay que decir que Batlle y Ordóñez pudo llevar adelante sus reformas, que hoy pueden considerarse enclavadas en la socialdemocracia, porque Uruguay era un país soberano, y lo era porque los conflictos mundiales que asolaban a otros países permitieron que Uruguay ingresara las divisas necesarias para llevar adelante esas reformas y lo hizo además influido por la experiencia de otros pensadores.
Nadie puede negar la importancia de las reformas sociales, políticas y económicas impulsadas por Batlle y Ordóñez, pero es un error dejar de considerar el entorno y el contexto en que se produjeron.
¿Tuvo Batlle y Ordóñez alguna responsabilidad acerca de que sus reformas se convirtieran en asistencialismo, años después de su muerte, asistencialismo llevado adelante por políticos afines, que ante la carencia de condiciones para mantener reformas que ya no era posible mantener decidieron enajenar la soberanía de nuestro país?
Evidentemente, no. Es por tanto inútil, reivindicar a Batlle y Ordóñez y a Aparicio Saravia más allá de su capacidad para interpretar sus respectivas realidades.
La sociedad que los vio nacer no existe. La relación de poder a escala mundial hoy es otra y nosotros, todos nosotros, vivimos en una nueva realidad, que nos impone nuevas formas de encarar nuestros problemas y la búsqueda de nuestras soluciones.
En los años 50, surgió la idea del fin de las ideologías, de la mano del sociólogo estadounidense Daniel Bell, quien argumentó que las grandes ideologías del siglo XIX y XX se estaban volviendo irrelevantes a medida que las sociedades se volvían más pragmáticas y se centraban en la resolución de problemas concretos.
La teoría sugiere que el auge del estado de bienestar y la negociación institucionalizada harían que los movimientos revolucionarios perdieran atractivo, y la política se orientaría más hacia ajustes tecnológicos graduales en lugar de enfrentamientos ideológicos.
Sin embargo, en esos mismos momentos, América toda estaba envuelta en un proceso revolucionario y esa teoría no comenzaría a plasmarse hasta los años 90, como fruto del auge económico de Occidente y la desaparición de la URSS.
La clase trabajadora dejó de ser el motor de la revolución, y se integró al sistema a través del estado de bienestar, que de forma curiosa se cimentó sobre el endeudamiento de los países y no sobre políticas económicas reales.
La Comunidad Económica Europea es un buen ejemplo de lo que digo. ¿Pero esa ha sido la realidad de América Latina en general y de Uruguay en particular? Evidentemente no. Durante décadas hemos acusado a otros de nuestras desgracias, sin analizar cuánta responsabilidad tenemos cada uno de nosotros.
Hace como 50 años Fidel Castro convocó a una conferencia de países subdesarrollados y convocó a Uruguay. El diario El País se ofendió. Uruguay no era un país subdesarrollado, dijo.
Sin embargo, hoy estamos igual o peor que hace 50 años y hemos enajenado la tierra y la industria, que hoy ya no produce ni para el mercado interno y nuestro estado de bienestar, entre comillas, está basado en la deuda externa y en la de los particulares, sector en el que la mayoría se ha convertido en expertos en bicicletas, aunque no practiquen ciclismo.
Nuestro evidente deterioro cultural, con sus consecuencias sociales y políticas, es un hándicap evidente que no podemos dejar de lado. Pero si de algo ha servido esta crisis de las patrulleras y el Dr. Danza, es para comprobar que aquellos que algunos creían serían los llamados a volver a Uruguay la dignidad perdida no son más que unos cantamañanas grotescos y que todavía tenemos en este país a algunas personas que vale la pena apoyar.
Continuaremos.