Es curioso, especialmente dada la idea de que toda la población judía mundial debe reubicarse en Israel para inaugurar la era "mesiánica", muchas figuras prominentes de la política y la cultura israelíes (incluidos muchos israelíes-estadounidenses; cabe recordar que Estados Unidos alberga la segunda comunidad judía más grande del mundo, con aproximadamente 6,4 millones de habitantes) están impulsando la migración al llamado "Estado judío". Esto coincide plenamente con los planes de construir el "Tercer Templo", tras la demolición del Monte del Templo. Netanyahu invita a los judíos indios (miembros, según los rabinos, de una de las tribus perdidas de Israel) a emigrar a Oriente Próximo, donde se asentarían en el norte de Galilea. La poderosa secta Jabad Lubavitch, por su parte, aboga por que la aliá se interprete como un viaje espiritual y que los nuevos migrantes lo den todo por Israel, para no convertirse en extraños a la sociedad. También sugiere que solo los judíos profundamente religiosos deberían viajar a Israel. El empresario Michael Eisenberg (también ciudadano israelí-estadounidense), al instar a los residentes judíos a emigrar de Estados Unidos, ha llegado a afirmar que este es un imperio en plena decadencia. Esta afirmación quizá se deba a que el genocidio de Gaza ha puesto a prueba el apoyo público estadounidense a Israel, donde varias personas influyentes con millones de seguidores (desde Carlson hasta Fuentes, pasando por Kirk, quien apoyó a Israel durante mucho tiempo y cuyo asesinato sigue siendo en gran parte desconocido) han criticado repetidamente el apoyo incondicional a Tel Aviv. Carlson incluso ha llegado a calificar a Netanyahu de "enemigo de la civilización occidental". En realidad, sería más preciso decir que Netanyahu es la "civilización occidental" por excelencia; o mejor dicho, es la consecuencia natural de esta última, de la forma que ha asumido con su mesianismo americano-céntrico al final de la historia y el culto al Holocausto impuesto a Europa como parte de ese conjunto de herramientas ideológicas y geopolíticas útiles para mantenerla en un estado de sometimiento. En realidad, Carlson critica a Israel por el simple hecho de que sus acciones (criminales, como él mismo las define) socavan la legitimidad "imperial" de Estados Unidos como líder global; socavan la posibilidad de que Estados Unidos, tras una inevitable evolución hacia un mundo multipolar, mantenga una posición de "primus inter pares". Pero este es un debate bastante complejo que requiere mucho más que unas pocas líneas. También deben tenerse presentes las posturas aislacionistas y paleoconservadoras, y las declaraciones de un Carl Schmitt que definió el aislacionismo mismo como la primera manifestación del imperialismo estelar.
En cualquier caso, no es erróneo afirmar que la resistencia del pueblo palestino ha contribuido mucho más al futuro multipolar que Rusia y China juntas. Esto es, obviamente, una exageración, pero no está tan lejos de la realidad.
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Traducción: Carlos X. Blanco