Cultura Popular/Carlos X. Blanco
Síntesis del libro: De Covadonga a la nación española: La hispanidad en clave spengleriana
Autor: Carlos X Blanco 2019 ,978-8494959646, Editorial Eas, 158 páginas
(primera parte) AQUÍ
La globalización como fase terminal: Etnocidio del noroeste español
Una de las peores consecuencias del "universalismo" consiste en creer, bondadosamente, que la Tierra es un gran estanque de aguas remansadas, y que las ideas y las personas, tanto como las mercancías y los capitales, van y vienen. Que tanta felicidad y fluidez no existen es la lección de nuestra vieja maestra de la vida: la Historia. Vivimos, en realidad, al borde del abismo y no lo queremos reconocer. El mundo es hoy, más que nunca, una olla a presión y, sin embargo, insistimos neciamente en posar nuestros reales encima de esa bomba.
En la actualidad, en la fase más tardía del capitalismo y que de manera harto confusa se quiere llamar "Globalización", el llamado "Primer Mundo" ha pasado de ser centro emisor de mano de obra a convertirse en receptor de mano de obra, no siempre necesaria. La recepción de nuevos esclavos ha sido fomentada por el tipo de empresariado que podemos denominar "canallesco". En el Reino de España esa clase patronal ha sido decisiva desde la Restauración borbónica de 1978. Decisiva para garantizar que en este Estado no se instaurara una verdadera democracia ni una verdadera economía productiva.
Toda la España industrial se vino abajo con las llamadas "reconversiones" (en realidad, habría que denominarlas "imposiciones" de la CEE -hoy Unión Europea- para el ingreso en dicha Comunidad). La España verde, y en general todo el Noroccidente -que es, desde el punto de vista geográfico y étnico- la más semejante con la Europa central y atlántica, hubo de sufrir una especie de apagamiento. Quizás suene fuerte el término etnocidio (que yo mismo he aplicado en mis escritos específicos sobre el País Asturiano), pero la desarticulación del sector ganadero y de las explotaciones campesinas según el modelo "casería" (que van desde Galicia hasta las Encartaciones y que llegan hasta la meseta leonesa y zamorana, tomado como núcleo y prototipo el asturiano) son prueba de ello.
La dirección es la muerte programada de países y regiones en aras de un modelo uniformizado y desarrollista que tuvo su geografía -particularmente siniestra y corrupta- en el Levante. Desde Cataluña hasta Andalucía, la España "visibilizada" en Europa es la del vomitorio y prostíbulo de playa, la del chiringuito hostelero, la especulación urbanística (incluyendo los campos de golf y otras pesadillas), el atraso cultural y la degeneración moral. En la Península Ibérica no hay tanto una dialéctica norte-sur, como la que regía en tiempos franquistas (Asturias y Vizcaya industrializadas y un centro y sur atrasados y famélicos, junto a una Cataluña privilegiada desde el siglo XVIII por Madrid, y siempre boyante). Ahora hay una geopolítica muy diversa, que nada tiene que ver con la que se analizaba en tiempos de posguerra y de postfranquismo. Ahora tenemos una verdadera dialéctica entre occidente y levante. El desarrollismo levantino impuso a la generalidad de España un modelo caduco y pernicioso.
El Occidente coincide en buena medida con los dominios de aquel Reino Asturleonés de la Alta Edad Media. Su geografía y etnología que ahora parecen tan diversas conserva vestigios de una unidad cultural que antaño fue sólida y real. Las mismas balconadas que se observan en el Principado de Asturias y en la Asturias de Santillana o en Las Encartaciones, también pueden ser contempladas en los pueblos extremeños, tan al sur. La lengua asturiana, tan viva en contra de todos los complots políticos en su contra, aún resuena lejos de su núcleo original y más vivo, junto al mar cantábrico: puede oírse todavía en Extremadura, o en las lenguas de Zamora y Salamanca.
En un planeta donde media humanidad sigue viviendo en el campo y practicando una agricultura de auto-subsistencia, es propio de genocidas tratar de introducir allí unas relaciones de producción y unos sistemas de racionalización propios del capitalismo bajo el pretexto de aumentar la "productividad" de los pobres. Es un genocidio trasplantar los criterios de "eficiencia" y "rentabilidad" de la agroindustria capitalista allí donde los usos tradicionales se ajustan a la perfección a las condiciones del territorio.
En Asturias tenemos ejemplos claros de esto. Hay una buena lista de conceyos que están perdiendo su población a marchas forzadas, sobre todo aquellos que destacan por su carácter rural y de montaña, ajenos a la ciudad o a la recepción masiva de turistas. Esas gentes merecen un trato de favor diferenciado para suplir los agravios comparativos que se acumulan contra ellos históricamente. Pero además su población humana ha de mantenerse dentro de unos mínimos cuantitativos, que son los que garantizan la supervivencia misma del paisaje y la identidad del territorio. Solo dentro de esos mínimos, parando la emigración de los jóvenes y apoyando sus iniciativas de autoempleo, buena parte de Asturias podrá seguir siendo Asturias.
Las clases sociales según Spengler: Nobleza, sacerdocio y el tercer estado informe
Las clases sociales, tal y como Spengler las entiende, son siempre el producto y el desenvolvimiento a partir de una diferenciación originaria: la nobleza y el sacerdocio. Se trata aquí de las clases originarias. A cada una de ellas le corresponde una dimensión fundamental del macrocosmos. A la nobleza, el tiempo: sobre el tiempo ejerce su poder, reclamándose heredera y asegurando para ella su continuidad, su dominio venidero. Al sacerdocio le conviene el espacio: el afán de abarcar, de extenderse sobre el medio y llegar lejos. Una Cultura, cual planta que desarrolla su ciclo, es siempre, en parte, el resultado de la lucha y la cooperación entre estas dos clases originarias, que se corresponden con dos orientaciones anímicas completamente diferentes.
En la Cultura faústica, la Europa cristiana del gótico se plasma esta dialéctica por medio de las figuras de la Catedral y el Castillo. Estas dos moles de piedra son símbolos genuinos de la cultura fáustica, del cristianismo gótico, de la Europa juvenil que tuvo que desprenderse de las pseudomorfosis antiguas para ser ella misma. La Catedral como símbolo elegido por Spengler para el sacerdocio cristiano-gótico representa la metafísica hecha piedra. Toda religión es una metafísica y una orientación en el espacio. El Castillo es la plasmación pétrea de la sangre, del alma de la nobleza. La perduración en el existir, el sentido genealógico y el dinástico, la espada en la mano y el dominio que tiene la sangre sobre los razonamientos y las justificaciones. El noble crea el derecho, el clérigo lo codifica.
El noble es, en realidad, la quintaesencia del aldeano. Todavía en las comarcas europeas menos afectadas por el poder de la ciudad, existen rasgos de nobleza en la clase aldeana. Spengler señala con acierto la continuidad entre la casona de la Europa nórdica (que incluiría la España cantábrica) y el Castillo. Una humilde casa de labriegos, piedra y madera que forman un microcosmos en medio del mundo grande, es ya -en el espacio- un castillo que se cierra ante la naturaleza circundante. La presión humana no es tan grande como acontece en los pueblos campesinos mediterráneos. La casería asturiana y montañesa, el caserío vasco, forman un continuum con la Europa fáustica, nación de naciones formada por aldeas dispersas que posibilitaron la ciudad.
El tercer estamento, frente a nobles y clérigos, Spengler nos lo presenta informe. Antes de la homogeneización que trajo consigo el industrialismo y la conciencia de clase proletaria, el tercer estado se arroga el título de "pueblo", cuando en realidad es el poder burgués ayudado por todo un decantado y detritus de diversos sectores sociales: nobles arruinados y decaídos moralmente, comerciantes en bancarrota, tenderos ambiciosos, obreros ocasionales, jornaleros del campo fugados a la ciudad, pasantes, delincuentes. En ocasiones críticas, en el momento ascendente de una revolución, esta masa móvil, desocupada y pendenciera, se pone a la cabeza de las clases sanas y justamente descontentas, y se apoderan azarosamente del poder. Entonces comienza su jacobinismo, el terrorismo del Estado revolucionario, que siempre es el poder del lumpen.
El nacionalismo burgués, el que nace con la Revolución y con la contraofensiva que ella y Napoleón representaron, es un producto "romántico". Mezcla la nostalgia por la aldea con el sentido plutocrático del dinero. El nacionalismo burgués, en el fondo, es el nacionalismo de los "ciudadanos". Representa la fantasía de un "pueblo" en el que se desdibujan las clases y sus fronteras internas. Sin embargo, Spengler sostiene que la nación es el producto de una clase primordial, la nobleza. Frente al universalismo que es la tendencia del sacerdote, la nobleza habla de la nación como "suya".
Ortega y Gasset como Spengler hispano: Razón histórica y comunidad orgánica
El Reino de España, hoy como entonces, sigue prisionero del caciquismo. El provincianismo denunciado en La Redención de las Provincias, no es hoy tan distinto del de entonces. La actual configuración del Estado de las Autonomías ha significado la síntesis del "madrileñismo", en palabras de Ortega, esto es la miope visión del Estado hecha desde la Capital -villa y Corte- y con la configuración social específica de sus élites, por una parte, y el "provincianismo" más rústico y rastrero por parte de unos caciques de ciudad provincial y de villorrio, de la otra. En esta usurpación del Poder público a cargo de unos y otros, el Legislativo jamás acierta a idear un plan de reformas que mire por el bien común.
En medio del marasmo, las que sufren son las Instituciones sociales propiamente dichas, las más antiguas y carnales, aquellas que preexistían a esta y a toda anterior Constitución, aquellas que tejen y hacen posible la Comunidad Orgánica antes de éste o del anterior Régimen. ¿Qué Instituciones son esas? La familia, la corporación local, las regiones y comarcas históricas, entre otras (no olvidemos las corporaciones productivas). Se trata de Instituciones que hacen la vida humana posible y mejor, en las que anida el individuo siendo cosa mayor y más excelsa que un individuo, porque lo califican como persona.
Es preciso corregir el fundamentalismo individualista, la radicalidad con la que hoy se defiende, generalmente bajo el paraguas de la Declaración de los Derechos Humanos, una idea irracional, esto es, una ideología: la idea de que solamente los individuos son portadores de derechos. El Estado no puede consistir en una maquinaria exenta frente a un cúmulo de individuos átomos. Hay toda una serie de realidades intermedias entre el Estado y la masa de individuos, una red muy tupida que llamamos Sociedad, y en toda sociedad organizada ha de fundarse un Estado igualmente organizado.
El programa de José Ortega y Gasset, resumido en un tiempo bajo el lema "Nación y Trabajo" implicaba a todos los ciudadanos de España, unidos por encima de las banderías ideológicas, abrazados en un gran Cuerpo social, pues el Estado español no podía seguir siendo un mero formulismo, una cáscara vacía. Para Ortega, se hacía preciso formar la Nación, y evitar el carácter doctrinario y abstracto de las leyes y documentos. En tal sentido, propone Ortega una descentralización y una autonomía de las "grandes comarcas" o más bien regiones histórico-naturales. Frente a las diecisiete autonomías actuales en España (muchas de ellas "cortadas" de forma arbitraria y ahistórica) Ortega propone un número más reducido de las mismas, con sus respectivas asambleas regionales y poder legislativo en asuntos que son de su competencia.
La provincia tampoco es un cuerpo intermedio operativo, ni eficaz ni deseable para vigorizar España como cuerpo social. Con perfecto conocimiento histórico, Ortega ve que la división provincial sobrevuela la naturaleza histórica y étnica de las comarcas; son como los meridianos, rayas invisibles que han marcado los despachos de políticos doctrinarios en el siglo XIX. No, la descentralización de España, para que las provincias sean redimidas de una Capital impotente, y ella misma "provincializada", consiste en las autonomías regionales. Pero éstas han de respetar las "vetas" que una España de mármol ya de por sí alberga. Estas vetas son el producto de la Historia.
El siglo XIX, especialmente el siglo XIX alemán, fue el siglo de la "ciencia histórica". Pero si bien aquellos sabios del historicismo comprendieron la insuficiencia de la razón físico-matemática para las ciencias del espíritu, ellos no supieron perfilar cuanto habría de ser una verdadera Razón Histórica. En el fondo se sumieron en un positivismo crudo. A este historicismo, nuestro Ortega opone la Razón Histórica. La Razón Histórica exige un trato diverso con el pasado: al pasado no le cabe ser cosificado, porque es real. Está inserto íntegramente en el pasado del hombre.
En el ser humano se da, por esencia, un pasado que siempre lleva a rastras. Nuestro pretérito forma parte de cada instante presente como si se tratara de nuestra espalda y nuestra sombra, pero no porque huyamos de ello al ir hacia un futuro dejamos de acarrearlo. El pasado nunca es simplemente pasado, es parte integrante de un presente. El pasado es real, paradójicamente, como constitutivo de un presente y en la medida en que es constitutivo de un presente. La memoria es la facultad presente, actuante, que nos enlaza con lo ya sido.
Y he aquí a la vieja Europa, hija de Grecia, hija también de la voluntad fáustica germánica, recostada sobre sus cenizas, bajo una lluvia que no es todavía la lluvia nuclear, pero que es como bombardeo de consumismo y tecnificación, Europa la vieja se ve inmersa en un ambiente de barbarie que ella misma ha potenciado y creado con su unilateralidad tecnológica. Esa Europa, según leemos en La Rebelión de las Masas, no se salvará mientras no florezca en ella una "nueva filosofía". Una filosofía que será salvadora no por lo que ésta tenga de nueva sino de verdadera.
Vivimos desde las Guerras Mundiales en una era de impostores, en una era de derrota de la misma Europa como idea, como proyecto. Se trata de una verdadera crisis de fe. Se ha perdido la fe: la fe en los dioses es una de las formas en que podemos entender la piedad. El europeo ya no es piadoso y no solo porque siente que los dioses le han abandonado. Clavado a su propia cruz, la cruz de sentirse un "salvador" fracasado que, en su supuesta colonización y redención de todas las razas, ahora ve que las ha esclavizado y les ha sembrado resentimiento.
La civilización tecnológica, de consumo de masas, y de imperio de masas insolentes es la antítesis misma de una civilización filosófica, como lo fue en otros tiempos. El individuo consumista, sin arraigo, la familia "funcional" basada en la pura conveniencia, la banalización de la vida, de la crianza, del lazo esencial con la familia y con la Comunidad orgánica, todo este cúmulo de nuevos hechos y procesos supone la neobarbarie de Europa: la bajada general de nivel, la falta de autoexigencia, el olvido y el rechazo de la Historia.
Conclusión: Hacia una restauración de la comunidad orgánica española
El extenso análisis de Carlos X. Blanco Martín culmina con una propuesta regeneradora que sintetiza elementos de Spengler y Ortega. Frente a la decadencia oclocrática, el nihilismo igualitarista y la globalización desarraigante, el autor aboga por una restauración de la comunidad orgánica española basada en varios pilares fundamentales.
En primer lugar, la recuperación de la propiedad familiar y productiva, especialmente en su forma tradicional representada por la casería asturiana y sus equivalentes en el noroeste peninsular, generalizables a toda la Nación Española. Esta propiedad no es entendida como mero derecho de uso y abuso, sino como un feudo a cuidar con sentido dinástico y responsabilidad intergeneracional. Frente al capitalismo especulativo y transnacional, se propone un "socialismo prusiano" spengleriano donde cada trabajador, empresario o campesino se conciba como funcionario al servicio de la comunidad.
En segundo lugar, una reorganización territorial de España que respete las "vetas" históricas y etnológicas, superando tanto el centralismo madrileño como el actual "Estado de las Autonomías" con sus diecisiete demarcaciones frecuentemente arbitrarias. El autor propone un modelo inspirado en Ortega y Gasset, con un número reducido de regiones histórico-naturales dotadas de autonomía legislativa real, que reflejen la diversidad profunda de España sin caer en federalismos disgregadores.
En tercer lugar, una regeneración moral y espiritual que enfrente el nihilismo contemporáneo. Esto implica recuperar el sentido de la historia, el arraigo territorial, los valores familiares y comunitarios, y una concepción de la vida humana que trascienda el individualismo abstracto y el consumismo. La "razón histórica" orteguiana aparece aquí como antídoto contra la amnesia y la cosificación del pasado.
Finalmente, el autor defiende una reivindicación de la identidad celtogermánica del noroeste español, no como proyecto separatista sino como base para una España plural y orgánica. Frente a los nacionalismos "egoístas" catalán y vasco, y frente al centralismo jacobino madrileño, se propone una "rebelión leal desde las periferias" que recupere el legado del Reino Asturleonés como matriz de la Hispanidad auténticamente europea.
En última instancia, "De Covadonga a la Nación Española" es un llamamiento a recuperar el sentido del destino histórico en un momento de profunda decadencia civilizatoria. Utilizando las herramientas conceptuales de Spengler y Ortega, el autor diagnostica los males contemporáneos y propone un camino de regeneración que, aunque polémico y en muchos aspectos radical, pretende ofrecer una alternativa a lo que percibe como la disolución nihilista de la España y la Europa actuales.
Reseña del libro a cargo del profesor Gerd Morgenthaler: https://revistalarazonhistorica.wordpress.com/numero-44/
Reseña de Hipérbola Janus: https://www.hiperbolajanus.com/posts/covadonga-nacion-espanola-carlos-x-blanco/
Prólogo del libro a cargo de Robert Steuckers: https://www.geopolitika.ru/es/article/prefacio-al-libro-de-covadonga-la-nacion-espanola-la-hispanidad-en-clave-spengleriana
Información sobre el libro: https://editorialeas.com/producto/de-covadonga-la-nacion-espanola-la-hispanidad-en-clave-spengleriana/