23.DIC25 | PostaPorteña 2527

Antifascismo: Fórmula de confusión (segunda parte)

Por Contra la Contra

 

La crítica del antifascismo se inscribe plenamente en la crítica global de la falsa polarización burguesa del fascismo frente al antifascismo, no debe limitarse a la crítica del frentismo y del activismo, ni separarse de la globalidad de la lucha anticapitalista. El fascismo no es una tercera fuerza, es sólo una de las facetas, una manifestación cotidiana entre otras de la fuerza del Estado. Históricamente, el proletariado siempre ha tenido que enfrentarse a estos órganos del Estado que son las milicias patronales (Pinkerton en EEUU, redes cercanas a la SAC, la OAS y Peugeot en Francia), los pistoleros en España en los años 20, las guardias blancas y los ejércitos, los escuadrones de la muerte (Triple A en Argentina, Policía de Honor en Francia, GAL y Guerrilleros de Cristo Rey en España durante los años 70) o los FreiKorps en Alemania y Hungría en 1919. El proletariado también ha tenido siempre que armarse en consecuencia para defenderse de las amenazas y ataques contra sus condiciones de vida y organización de la lucha. En este sentido, es necesario aclarar el contenido real de la acción de los grupos proletarios que se constituyen como grupos de autodefensa frente al Estado, que en este caso toma la forma de fascistas armados a menudo dispuestos a matar, porque el uso de expresiones como “lucha antifascista” sólo puede reforzar la confusión. […] Desde hace décadas, algunos sectores militantes defienden también un “antifascismo revolucionario”, considerando que el “verdadero antifascismo” no debe centrarse sólo en la desaparición de los fascistas de la faz de la tierra, sino que debe potenciar el cambio (revolucionario) de la sociedad, un cambio que permita librarla de las razones por las que aparece el fascismo, en contraposición a lo que se denomina “antifascismo democrático” que “proviene de iniciativas ciudadanas” y que “paradójicamente sólo ayuda al fascismo”. Evidentemente, aunque algunas formulaciones sigan siendo ambiguas, existe una cierta voluntad de aclarar las cosas. Sin embargo, consideramos que es cuando menos contraproducente querer “revolucionar” absolutamente lo que es manifiesta y plenamente contrarrevolucionario desde el principio: es tan absurdo “revolucionar” el antifascismo como “revolucionar” el sindicalismo o el parlamentarismo. Siguiendo las lecciones aprendidas por muchos militantes, grupos, colectivos, partidos…, señalamos que la necesidad de que nuestra clase y sus minorías revolucionarias se organicen contra “las milicias fascistas” no puede corresponder de ninguna manera a una adhesión (¡y menos de forma estructurada!) a la ideología antifascista (que ya ha demostrado sus efectos nefastos en la historia) sino a una necesidad de autodefensa en su lucha como minoría por afirmar sus medios de existencia /4

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La ideología antifascista es un vertedero que solo alimenta con creces la confusión y que nubla la claridad de nuestra clase, mermando también su combatividad. Por citar algunos ejemplos tanto del siglo pasado como del presente: - ¿Quién pagó el precio de la victoria de Churchill, Roosevelt y Stalin? Nada más y nada menos que el proletariado con su sangre. Mientras Hitler durante su ascenso, masacraba al proletariado rebelde y a los grupos revolucionarios en Alemania, Stalin pactaba con él una tregua estratégica. Mientras Franco masacraba al proletariado en España, Stalin de la mano con el Frente Popular contribuía a la matanza y erradicación de los revolucionarios que se oponían y denunciaban la falacia del gobierno republicano que pactaba con Francia e Inglaterra, a la vez que exhortaba retirar las barricadas y a desarmar a los trabajadores. Ni la república, ni el Estalinismo ni ningún bloque antifascista, ya fuera, antes, durante o después de la guerra, llamó a la destrucción de la propiedad privada y del Estado nacional. El antifascismo no denunció a Inglaterra, Francia y la URSS como fuerzas capitalistas e imperialistas, nunca señaló al Frente Popular como un órgano de total colaboracionismo de clases. El proletariado, durante la guerra de España en 1936, al derrotar a los militares rebeldes no destruyó el Estado capitalista (compuesto por los republicanos, estalinistas y los dirigentes “anarquistas” que se prestaron a ocupar cargos de ministros) y en su lugar, optó por pactar una alianza bajo la premisa de Unidad Antifascista. La contrabalanza conllevó a que el año siguiente, desde el buró político, los líderes que conformaban los comités y órganos del gobierno de la República, decretaran el desarme de los revolucionarios en las barricadas, ejerciendo feroces represalias (tortura, cárcel y asesinato) a quienes desobedecieran someterse al ejército regular que servía a la República burguesa

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El resultado inmediato fue que el proletariado, que el 19 de julio de 1936 se había constituido en fuerza revolucionaria; al pasar a pactar y bregar por la defensa y cooperación con el Comité de Milicias Antifascistas y la República (la cual años antes ya había masacrado las insurrecciones proletarias en Asturias y Casas Viejas) se entregó a sus verdugos que propiciaron su derrota y abrieron paso a la victoria de Franco y la Falange que encabezaba. Actualmente, el conglomerado estalinista cínicamente denunciará a la república, no por reaccionaria en su esencia, sino por no confiar lo suficiente en la URSS y creer más en Inglaterra y Francia, dirán también, que los grupos que durante la guerra de España llamaron a luchar por la destrucción del Estado capitalista eran unos «infantilistas pequeñoburgueses sin porvenir» y un largo de términos despectivos más. Lo cierto es que todo el armatoste ideológico que Stalin y sus partidarios denominan materialismo histórico, y que presumen de ser su fuente de análisis y comprensión de la realidad, no es sino una vulgar y totalmente contrarrevolucionaria masa amorfa de ideología basada en el culto a la personalidad y la calumnia, que sirve a final de cuentas, para ocultar toda la serie de atrocidades que llevó a cabo en contra del proletariado revolucionario. La polarización fascismo versus antifascismo sólo ha servido para confinar cualquier avance revolucionario a la defensa de un mal menor y, por tanto, del orden existente, movilizando a los proletarios en defensa del Estado, para preparar el enfrentamiento bélico en un terreno que no es el de nuestra clase. Es una visión global de los fenómenos y una crítica histórica del antifascismo lo que nos permite considerar de forma muy precisa el ejemplo de la llamada “guerra de España”: ésta no sólo fue de forma eminentemente práctica el ataúd del proletariado militante en esta región, sino que también preparó ideológicamente a toda la clase de los explotados para aceptar dejarse envolver en la masacre generalizada que fue la llamada “segunda guerra mundial”

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Durante los años álgidos de la guerra en Siria, las fuerzas democráticas-antifascistas derivadas del PKK, llamaron a la unión estratégica, aceptando el apoyo militar de EEUU, para “frenar la amenaza del fascismo que representaba ISIS”. Una vez que las YPJ/YPG realizaron el trabajo sucio, fueron abandonadas por USA puestos a merced del Estado turco para ser bombardeados. - Un grueso de la izquierda alemana, específicamente la autoproclamada “antideutsch” (incluido el FC St. Pauli), con el pretexto de la culpa histórica por la segunda guerra mundial, enarbola el antifascismo defendiendo a la burguesía sionista israelí en su labor de imponer el apartheid y la limpieza étnica en palestina. ¿El motivo?: “la lucha contra el fascismo islámico”. - Los sectores pro gubernamentales en Venezuela, que llaman a la defensa de la burguesía bolivariana en nombre de combatir a la derecha fascista proyanqui, o su contraparte, los sectores financiados por USA que llaman a “combatir a la tiranía fascista de la dinastía chavista”… ambas facciones realmente solo llevan al proletariado a ser masa de maniobra en la represión y una guerra por el petróleo. - Tenemos también el caso del progresismo izquierdista en Chile, que con Boric a la cabeza, condujo todo el descontento hacia la vía parlamentaria para apaciguar la revuelta del 2019, aludiendo al temor del “asedio del fascismo de Kast”; hoy ese gobierno antifascista ejerce represión sangrienta contra la clase trabajadora y los indígenas mapuches. - En Ucrania y países de la unión europea, diversos sectores del antifascismo (“anarquistas” incluidos) llaman al apoyo de Zelensky y el “pueblo ucraniano”, mediante todo tipo de apoyo logístico y financiero a las Fuerzas Armadas de Ucrania, con el fin de “frenar el fascismo del Kremlin, el imperialismo ruso”, aunque claro, al final eso implique quedar a merced de los designios de la OTAN, sino también colaborar en el frente con grupos neonazis como el Batallón de Azov y los partidarios de Stephan Bandera. - Lo mismo en la Rusia de Putin que ahora replica “un Stalingrado buscando hacer de Kiev el nuevo Berlín”, situación que ha conducido a que diversos sectores del izquierdismo, cierren filas en apoyo “a la desnazificación de Ucrania”, sin importar que otros grupos neonazis como la unión eslava del símbolo de kolovrat estén presentes en dicha “labor antifascista”.

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- En Rusia y Ucrania, mientras ambos gobiernos según sus propias versiones “luchan contra el fascismo” del bando contrario, se ejerce represión brutal (como en cualquier Estado capitalista) contra quienes se resisten a ser partícipes de la carnicería belicista en curso; se persigue y encarcela a desertores y saboteadores a la campaña militarista en beneficio de los intereses imperialistas de ambas facciones burguesas. - Cabe mencionar también, a uno de los referentes ideológicos de la industria del espectáculo, y que no pasa menos desapercibido, el caso de Tarantino (cuyo filme “Inglorious Basterds” Bastardos sin gloria ha sido un referente del “antifascismo internacional” que reflejaría “la combatividad” de los ejércitos imperialistas durante la segunda guerra mundial) quien recientemente posó orgulloso en fotografías junto a numerosos matones sionistas miembros de las FDI

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El antifascismo por todas partes muestra toda su fuerza contrarrevolucionaria y pese al desgaste que sufrió en el pasado sigue siendo una de las ideologías que mayor potencia de encuadramiento tiene sobre el proletariado, para que este vaya a morir en vano en las guerras que desata la burguesía. No es que todos ellos estén “haciendo mal uso del antifascismo”, es que el antifascismo en realidad es una trampa que solo sirve para reforzar los mecanismos del capital: el oprobio parlamentario, la guerra imperialista (el campismo) y el colaboracionismo de clase. No es contradictorio que los energúmenos más decadentes que hoy encabezan el bloque de la nueva derecha (Bolsonaro, Machado, Zelensky, Takaichi, Milei, Bukele, Noboa, Trump, Netanyahu etc.) vayan de demócratas defensores de la libertad /5, del progreso y se proclamen enemigos del terrorismo /6… pues solo cumplen su papel de vasallos del capital y su democracia /7 Pero luchar por quitarlos del poder (sea por vía electoral o incluso mediante un putsch) no acaba ni un poco con la raíz del problema, pues mientras sigan en pie las condiciones sociales que los alimentan, ese tipo de bufones nefastos seguirán apareciendo y triunfando en los comicios. Sin lograr plantear una respuesta radical y subversiva a esa situación, la “lucha antifascista” es solo un terreno estéril que carece de profundización crítica, y por consiguiente, solo conduce a un callejón sin salida, y eso se refleja en las múltiples luchas parciales (de interseccionalidad) que solo han demostrado deambular en la acción performativa, de la cancelación y sobre todo de la legalidad burguesa; desentendiéndose así de la lucha de clases, o en su defecto, viendo esta como “una lucha que figura entre muchas más”. El proletariado, cada vez que se alza y sale a la calle a pelear por sus necesidades y reivindicaciones, ya no puede pasar por alto visualizar al interior, a los enemigos que van de “representantes del proletariado” pero que solo nos llevan a luchar bajo una aparente radicalidad, por programas y banderas que dejan intacto el sistema capitalista. Es necesario romper de una vez por todas con el estigma y el mito de que elegir “el mal menor es un avance en el desarrollo de la conciencia revolucionaria de nuestra clase”, nada más falso. El proletariado no tiene amigos entre la burguesía (por más progresista o de izquierdas que esta diga ser) y optar por el “mal menor” solo nos conduce al ciudadanismo, es decir, al abandono de la lucha activa, a ser meros espectadores y a fortalecer los privilegios de los burócratas que tarde o temprano, venderán nuestro pellejo a la clase privilegiada de siempre y dirigirán la represión contra nosotros. Tomar posición contra todos los frentes burgueses, es una necesidad inminente en la lucha de clases, es por eso que toda acusación que insinúe que “solo estamos haciendo el juego a la derecha” no es más que un “argumento” que hace tiempo ha demostrado ser obsoleto. La contienda entre fascismo y antifascismo (al igual que la de dictadura y democracia) no tiene por consiguiente ninguna significación histórica para nuestra clase, porque esta no conduce a la abolición revolucionaria del capitalismo ni sus estados nacionales, pues como ya mencionábamos, el paso de una a la otra, no implica ningún cambio fundamental en la dominación totalitaria que el capital ejerce sobre todas las esferas de la vida. Nuestro único horizonte es luchar, sí, pero jamás triunfaremos bajo la batuta de los oportunistas y estafadores de siempre, aquellos que en cada revuelta nos dicen que “no es momento de ir por el todo”. Es inminente retomar el combate de clase, autónomo, e internacionalista, eliminando para siempre las clases sociales, la propiedad privada, la democracia, el valor, las patrias y el trabajo asalariado. Solo así, erigiéndonos en comunidad de lucha podremos lograr la imposición brutal de las necesidades humanas, suprimiendo para siempre las necesidades de la dictadura de la economía.

4/ Estas notas son de Tridny Valka en su introducción al texto https://iaata.info/Cortege-revolution-sans-frontiere-Manif-contre-le-pass-sanitaire4927.html

5/ En efecto defienden la libertad, la libertad burguesa, donde a la clase trabajadora se le otorga el libre albedrió de la esclavitud asalariada o la penumbra

6/ Es moneda corriente bajo el lenguaje burgués denominar “terrorismo”, no sólo a las prácticas de facciones fanáticas religiosas y políticas; sino también a toda la lucha subversiva de los proletarios que por distintos medios, han decidido rebelarse y enfrentar al capital y su Estado.

7/ Así es, la democracia no se reduce a ser solo un circo electoral, sino que es la reafirmación de la esencia del capitalismo en toda su extensión: la negación de la gemeinwesen (la comunidad humana) en detrimento de todos los elementos que conforman esta sociedad: el Estado, el progreso, la propiedad privada, el dinero, el individuo atomizado “que se hace a sí mismo”, aislado, ciudadano, patriota y supeditado a todas las separaciones de la vida.

primera parte AQUÍ

Contra la Contra – reafirmando la crítica y el balance antagonista
N° 5 diciembre de 2025

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