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Horacio Lampariello, Héctor Amodio Pérez y Álvaro Alfonso
Retorno a la temporada 2026 y los temas de actualidad del Uruguay y el mundo
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Cernidor 255. correspondiente al día 2 de febrero de 2026
El pasado mes de enero ha sido un mes pródigo en acontecimientos políticos, tanto en lo nacional como en lo internacional. En lo internacional, sin duda alguna, destaca el secuestro, detención, aprehensión o extracción, eufemísticamente llamada por los secuestradores, comandados por Donald Trump, del dictador venezolano Nicolás Maduro.
Mientras muchos aplaudieron el secuestro, basándose en el hecho innegable de que Maduro comandaba una dictadura, en complicidad con varios de sus compatriotas, a los que se acusa incluso de encabezar un cartel del narcotráfico internacional, yo dije, basándome en la historia de las intervenciones norteamericanas en América Latina, que esperaba que el remedio no fuera peor que la enfermedad.
Pasado un mes del operativo norteamericano, llevado adelante con todo éxito, con la complicidad de quienes hasta hace 30 días se llamaban los seguidores del dictador, parece confirmarse que el único interés del presidente Donad Trump, ha sido apoderarse del petróleo venezolano, bajo la premisa de que los venezolanos se apoderaron de un petróleo que pertenece a los EE.UU., aunque esté situado a miles de kilómetros de su territorio.
Recientemente se han liberado presos políticos, es decir, opositores al régimen venezolano y se ha cerrado al menos una cárcel, símbolo del mismo sistema. Por ahora, nada más, por lo que opino que la liberación y el cierre de la cárcel son medidas para disimular que el interés fue, es y será el petróleo.
Gobiernos dictatoriales hubo y hay que contaron y cuentan con el apoyo de los EE.EE, por el simple hecho de que esos gobiernos favorecen a las empresas norteamericanas.
Con el permiso de Posta Porteña, voy a leerles un artículo de Juan Manuel de Prada, titulado Por Respeto a las Víctimas, publicado el 23/01/2026 en el Diario ABC de Madrid.
Está referido al accidente de tren en la provincia de Córdoba, en España, pero que a mi juicio expresa cómo funciona el actual sistema económico, responsable, también a mi juicio, de muchos de los problemas que nos afligen a los uruguayos y en general a todos los que vivimos por estos pagos.
Dice José Manuel de Prada: En alguna ocasión anterior hemos advertido cómo el fanatismo y cretinización de las masas alcanzan cumbres tales como creer que los gobernantes pueden contener el cambio climático y en cambio no pueden contener el precio de los alimentos básicos.
Y son muchos millones de personas las que, en volandas del fanatismo y la cretinización, creen sinceramente tal delirio. Se nos olvidó añadir que también creen sinceramente algo aún más desquiciado: creen que, para que nuestros gobernantes puedan detener el cambio climático, nosotros tenemos que dejar de comer carne de ternera.
Se trata, desde luego, de un pensamiento mágico que sólo pueden aceptar los cerebros hechos papilla (y conviene siempre recordar que la gente que acepta tales humillaciones de la razón, vota); pero también una maligna forma de disciplinar a las masas cretinizadas en la resiliencia y la asunción de culpas que no les corresponden, a la vez que acatan sin rechistar las injusticias más clamorosas.
Así, el pobre diablo que no puede comer un filete de ternera porque su sueldo birrioso le obliga a conformarse con una pizza recalentada o una porquería del chino, puede hacerse la ilusión de que colabora con sus gobernantes en la lucha contra el cambio climático.
Siniestros como el descarrilamiento de Adamuz nos permiten estudiar otra variante de este pensamiento mágico, instilado en los cerebros hechos papilla. Han logrado que asumamos que el cambio climático es culpa nuestra, porque comemos demasiada carne de ternera o nos resistimos a desprendernos de nuestro coche con motor de combustión; pero, en cambio, hemos de aceptar que un apagón, un tren que descarrila o un túnel que se derrumba son catástrofes que no se pueden impedir ni prevenir. Y que tratar de dilucidar sus causas y atribuir responsabilidades es propio de gentes despiadadas y sin escrúpulos.
Lo acaba de decir el mariachi del doctor Sánchez más comprometido por la muerte de cuarenta y cinco compatriotas: Hablar de causas es poco respetuoso con las víctimas. Se trata de la misma estrategia que adoptaron con el apagón, cuando mearon sobre nuestras jetas, tratando de ocultar la causa evidente (que siguen ocultando, nueve meses después); sólo que ahora, además, mean sobre los cadáveres de cuarenta y cinco compatriotas muertos y sobre quienes los lloran, desconsolados. Hablar de causas es una muestra de respeto hacia las víctimas; en realidad, es lo más respetuoso que se pude hacer por esas víctimas, después de rezar por la salvación de sus almas.
Pero el fanatismo y la cretinización de las masas acepta con naturalidad que no deben buscarse causas a los siniestros; a la vez que acepta que las aturdan con mentecateces sobre fenómenos naturales cuyas causas permanecen ignotas o sólo podemos explicar especulativamente.
Y, en todo caso, para penetrar en la causa del siniestro, hay que esperar el comunicado oficial del Gobierno, como ocurría en aquella obra de Ionesco, Las sillas, en la que una pareja de ancianos que no hacen sino invocar recuerdos distorsionados y formular frases repetitivas preparaban decenas de sillas para una multitud de invitados invisibles, mientras aguardaban la llegada de un orador encargado de transmitir a la humanidad un mensaje trascendental; y cuando el orador finalmente llegaba, resultaba ser un sordomudo que sólo emitía sonidos ininteligibles o garrapateaba garabatos en una pizarra.
Aquí el papel del orador lo encarnan esas cacatúas y loritos sistémicos (para que luego se diga que no empleamos el lenguaje inclusivo) que pretenden hacernos creer, desde sus púlpitos mediáticos, que el siniestro es una tragedia fortuita o, en el mejor de los casos, una jeroglífica «concatenación» de causas cuya mera formulación se convierte en un galimatías (de ahí que sea preferible ni siquiera formularlas, no sea que los cerebros hechos papilla estallen). Todo lo demás es bulo, fango y fachosfera.
Pero las causas de este siniestro son diáfanas y sencillísimas. Nuestra red ferroviaria está hecha una piltrafa porque no se invierte en su reparación y mejora, dado que nuestros gobernantes destinan el dinero procedente de las exacciones a las que estamos sometidos a atender las exigencias de la industria armamentística (recordemos que se han destinado miles de millones para la adquisición de armas que son convertidas en chatarra carbonizada tan pronto como cruzan la frontera ucraniana) o farmacéutica (recordemos que se han destinado miles de millones para la adquisición de vacunas que se están pudriendo en sótanos).
Nuestra red ferroviaria –una red que los españoles hemos sufragado durante generaciones– está hecha una piltrafa porque un Gobierno cipayo permite que grandes compañías extranjeras la utilicen de forma indiscriminada, sometiéndola a un trasiego insoportable de trenes que la crujen y desbaratan, a la vez que la propaganda sistémica incita a las masas cretinizadas al turismo bulímico y al frenesí viajero. Nuestra red ferroviaria está hecha una piltrafa porque, como nos enseñaba Belloc, en las antiguas formas de despotismo el Estado se adueñaba de las grandes compañías; mientras que, en las nuevas formas de despotismo, son las grandes compañías las que se adueñan del Estado y le imponen sus reglas.
Y en España estamos en manos de una chusma que está entregando los bienes de dominio público y favoreciendo el desmantelamiento o deterioro de las infraestructuras para que las grandes compañías extranjeras hagan su agosto, mientras ellos desvían millonadas obedeciendo mandatos plutocráticos. Es todo sencillísimo y extraordinariamente diáfano; y hay que decirlo por respeto a las víctimas, aunque por decirlo esta chusma nos estigmatice y decrete nuestra muerte civil.
Cualquier similitud con Uruguay no es casualidad. Oddone lo ha dicho ya varias veces: dependemos de los organismos internacionales.
Hace unos años, en radio Nacional, entrevistamos a Gustavo Salle, cuando era candidato por el Partido Ambiental Animalista. Salle nos preguntó qué podía hacer él, como presidente, para cambiar la situación social en Uruguay. Yo le respondí que nada, que no podría hacer nada, porque el destino de este país se decide fuera de sus fronteras. Salle se enojó un poco.
Hace unos días el mismo Salle ha reconocido, o al menos es lo que se ha publicado, que Uruguay no tiene remedio.
Coincidimos con su análisis, una vez más.
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Horacio Lampariello, Héctor Amodio Pérez y Álvaro Alfonso
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Cernidor 256, correspondiente al día 5 de febrero de 2026
Como todos ustedes saben, desde el año 1972, quienes fueron responsables de la debacle del MLN, a la que ellos mismos habían calificado de indestructible, crearon la leyenda negra sobre quienes poco o nada tuvimos que ver con esa debacle y por el contrario fuimos quienes creamos en algunos la sensación de ser invulnerables, indestructibles.
No quiero decir con esto que si no hubiera existido la nefasta situación interna vivida a partir de la fuga masiva del Penal de Punta Carretas en septiembre de 1971, el MLN habría alcanzado una de sus metas, que era derribar al gobierno para dar un paso adelante en el camino de llegar a la revolución social, que era su objetivo final.
Junto con esa leyenda negra, circuló otra leyenda, que estuvo referida a la situación carcelaria de quienes, como integrantes del MLN, debieron cumplir las penas impuestas por la Justicia Militar.
La conjunción de ambas leyendas, hizo que una población que apoyó de forma mayoritaria el golpe militar en 1972, recibiera a los liberados en 1985 entre abrazos y homenajes como si hubieran estado presos siendo inocentes.
Surge entonces otra leyenda, como es la de la resistencia a la dictadura y según la cual fue la resistencia popular la que hizo que los militares abandonaran el poder y los EE.UU., que colaboraron tan claramente en el golpe militar, no hubieran tenido nada que ver en el abandono, una vez logrados sus objetivos políticos y económicos.
Se abrió entonces, especialmente para quienes fueron los responsables de la debacle de 1972, la oportunidad de crear lo que hoy llamamos el relato o la historia oficial.
Fue así que en mi caso particular, que tuve la responsabilidad de participar de forma efectiva en la organización de tres fugas que permitieron que más de 130 presos volvieran a la militancia, se dijera, sin que a nadie le llamara la atención, que mi colaboración con las fuerzas represivas se remontaran al año 1969, y se llegara a decir que Huidobro, poco antes de la acción de Pando, se hubiera citado con Mansilla y Sendic para una vez realizada dicha operación, analizar la documentación que el mismo Huidobro tendría en una carpeta que por medidas de seguridad decidió enterrar en uno de los balnearios de la costa.
Siguiendo el hilo de este dislate, tres miembros de la dirección del MLN habrían permitido que nada menos que el Coordinador de dicho operativo estuviera cuestionado, poniendo en riesgo a la organización toda. Lógicamente, la carpeta nunca apareció ni Mansilla ni Sendic me dijeron una sola palabra sobre el hecho. Sin embargo, eso se publicó sin que nadie lo cuestionara.
Lo mismo pasó con el tema de los dineros. Según la historia oficial, ya desde 1964 me quedaba con parte del fruto de los asaltos, pese a lo cual, en febrero de 1972, era el contable del fondo de reserva del MLN, habiendo sido mi último registro, el conteo de los 200 millones de pesos pagados por el rescate de Ferrés.
Después vendrán otras acusaciones: la cárcel del Pueblo, las fotos de los clandestinos en poder de la policía, desmentidas por Marenales pero que la academia ha ignorado hasta hoy, pese a que en mi ausencia uno tras otro de sus miembros no pararon de aportar datos falsos, por el simple hecho de citarse unos a otros.
En el archivo Cámpora, para algunos la biblia de la historia reciente, aparecen documentos sobre lo que en su momento el mismo Cámpora llamó el punto de ruptura definitivo: el momento en que Huidobro y Sendic conspiraron contra Amodio. Es textual. Pero por lo visto, nadie lo ha leído, pese a que en varias oportunidades he señalado su ubicación exacta. En su momento se han elogiado libros que han pasado sin pena ni gloria, como el caso de Patria para nadie, de Pablo Brum, que no resistió tres intercambios conmigo, o Memorias de Insurgencia y La izquierda armada, de Clara Aldrighi, verdaderos best seller en su momento.
Del otro lado de la trinchera pasa lo mismo. Se miente, se exagera, se difama, se acusa a unos de asesinos, secuestradores y torturadores porque violamos la constitución y las leyes y efectivamente matamos, secuestramos y torturamos, mientras que defienden a quienes hicieron lo mismo con sus prisioneros, con la excusa de que son las consecuencias de la guerra, que por lo visto solo autoriza a matar, secuestrar y torturar solo a uno de los bandos enfrentados.
Se ha dicho que a Arteche el MLN lo mató a fierrazos, que a Mitrione se le ataron los testículos con alambre de púas, que a otro policía se le cosieron los labios, también con alambre, niegan que al capitán Busconi lo mataron sus compañeros, siguen negando las aspiraciones golpistas de Ferreira Aldunate, se elogia a Seregni por su rechazo a los tupamaros mientras se olvida de la entente del mismo Seregni y los tupamaros para la operación contragolpe.
Y un señor, Carlos Pereira Helal, en Facebook, ante la reedición del libro de Sergio Molaguero anuncia una revelación histórica: a Molaguero lo secuestraron los tupas, lo que indica a las claras que no leyó el libro.
Sobre el caso de Busconi, publiqué que leyeran los resultados de la pericia forense, y solo recibí insultos, pero argumentos, ninguno. Y así podría seguir. Diez de Medina escribió Mapa de un engaño, en el que demuestra que lo que se dio a conocer como mi manuscrito de 1972, nada tiene que ver con el verdadero. Pese a que el libro fue elogiado como corresponde, lo que se elogió fue el trabajo de investigación, pero nada se dijo que Amodio nada tuvo que ver con el golpe de estado, ni que lo hubiera escrito al dictado de los militares, que fue lo que se dijo para descalificarlo.
Han sido varios los que puestos en evidencia, han tratado de desmentir las evidencias, mediante la literatura. Quien más ha usado ese método fue Huidobro, pero no es el único. Blixen lo hace de forma permanente y en su afán de justificar lo injustificable, ha patinado de punta a punta.
Rodolfo Wolff, quien era en mayo de 1972 el responsable del local de la calle Juan Paullier, donde estaba situada la última cárcel del pueblo, y que fuera quien le diera a Wassen la dirección del local para evitar una matanza segura, escribió un libro de cuentos. Uno de ellos se titula El traidor, en el que pretende adjudicarme a mí la responsabilidad.
En otro cuento, titulado Feromonas, nos cuenta la ejecución de Roque Arteche como si fuera la de otro ejecutado, un tal Raúl, al que nadie ha podido identificar.
A Roque Arteche lo asesinó Gabriel Schoeder, con el arma que Wolff describe en Feromonas y el ambiente que describe se ajusta a lo que se conoce al día de hoy sobre la muerte de Arteche, alias Santiago.
Wolff, en ese momento, era miembro del comando de la columna 15, junto con Schoeder, y presenció la ejecución.
Pero a Arteche se lo abandonó en el basural de Felipe Cardozo. Según Wolff, al tal Raúl se lo dejó en una cloaca y él se confiesa como uno de los participantes. Pero todo es falso.
Cuando la tarde del 19 de mayo de 1972 huimos de la casa de Manuel Haedo, fue el primer día que Wolff entró a una cloaca, y el suceso del cuento fue muy anterior.
Pero hay un detalle que lo descubre, que lo deja en evidencia como mentiroso: dice en el cuento que antes de salir de la cloaca, alumbró a Raúl con una linterna y pudo ver los ojos de decenas de ratas que se lanzaban sobre el cuerpo.
Esto es la confirmación de la mentira: las ratas de las cloacas son ciegas y los ojos no brillan en la oscuridad.
Mientras se siga mintiendo, la búsqueda de la verdad se aleja con cada mentira. Por qué se miente? Las razones son muchas. En la medida de nuestras posibilidades, seguiremos luchando para que la verdad sea conocida.
A partir del próximo lunes, comenzaremos la lectura de un largo artículo de Ricardo Vescovi, testigo presencial de la labor de los tupamaros presos en Artillería 1 cuando las comisiones por los ilícitos económicos.