Programa El Cernidor Jueves 26.02.2026
Lunes y Jueves 19.30 hs. https://www.youtube.com/@elpulsometrotv
Horacio Lampariello, Héctor Amodio Pérez y Álvaro Alfonso
A propósito del 14 de abril de 1972, nota de Fernández Huidobro donde se refleja su cinismo
https://www.youtube.com/live/iiWosB8JX0Q?si=yZ2lgpRvIWdEoHqn
Cernidor 260, correspondiente al día 26 de febrero de 2026
En la página 139 del libro MUJICA, de Miguel Ángel Campodónico, el autor dice: A propósito de la posibilidad de la traición, peligro que siempre corren las organizaciones de la naturaleza del MLN, Pepe Mujica se ve obligado a recordar algún hecho que lo tuvo de protagonista en las cloacas de Montevideo. Cuando habla de Héctor Amodio Pérez, el tupamaro delator que se convirtió en un instrumento muy eficaz de la policía para ubicar locales e identificar a militantes clandestinos, no lo hace con resentimiento, al menos la expresión del rostro y el tono de la voz continúan siendo los mismos de siempre. Parece evidente que hace tiempo que ha entendido que se trata de un tema insoslayable, de modo que acepta referirse a él con serenidad, a pesar de la inevitable exhumación de recuerdos que hablan del daño que Amodio Pérez le causó a la organización.
Ahora es Mujica el que habla y dice: Amodio fue, administrativamente, un hombre eficiente y ordenado. Estuvo en el núcleo de quienes inicialmente quedaron clandestinos. Era un militante que había venido del Partido Socialista. No estuvo desde el origen mismo, pero llegó muy cerca del principio. Ahora no recuerdo si había llegado con el grupo que acompañó a Manera, pero es incuestionable que fue uno de los primeros compañeros. Con los elementos de juicio que tengo, estoy convencido de que, al menos hasta determinado período, Amodio no fue un infiltrado, era un tupamaro convencido.
Lo que le pasó después por la cabeza, no lo sé. Hasta hace algunos años yo tenía la impresión de que era un hombre débil, que en un momento crítico, cuando cayó, decidió canjear su situación por la colaboración.
Después, hilando más fino, tuve elementos de sospecha como para pensar que antes tuvo alguna connivencia con el enemigo. Por ejemplo, nosotros habíamos sufrido la desaparición de una serie de fotografías de compañeros clandestinos y la explicación que se dio fue que se habían perdido por accidente. Y después resultó que estaban en poder de los servicios de inteligencia. Eran fotos tomadas en la clandestinidad para hacer documentos falsos, de modo que se trataba de un material importante. Amodio cayó en un momento en el cual estaba muy mal, realmente mal, había sido dado de baja de la organización tres o cuatro días antes, así que creo que al caer vendió la información por su seguridad. Estábamos viviendo un período de colapso, sufríamos muchas caídas, estoy hablando de casi el año 1970. El hecho substancial fue que Amodio tenía discrepancias. Recuerdo que nos encontrábamos en un local clandestino al que le habíamos dado una cobertura legal como casa de familia. Ese local tenía salida a una cloaca en construcción. Y fue ahí donde me planteó que quería irse a Chile a ocuparse del trabajo que estaba haciendo otro compañero con la gente que se había ido después de salir de la cárcel. En ese momento nos estaban golpeando mucho, eran los días posteriores a la caída del local de la calle Amazonas, cuando hirieron a Fernández Huidobro, mataron a dos o tres compañeros y cayeron otros. En ese marco, estando en aquel local, Amodio me planteaba su inquietud para que se la trasladara al Ejecutivo. Esa misma tarde tuvimos que salir disparando del local por la cloaca. Entonces, a él se lo llevaron a otro local, querían hacerle documentos y esas cosas. Él me había planteado su aspiración por la mañana, en una reunión aparte.
Efectivamente, lo llevaron a ese otro local y nosotros, antes de la noche, tuvimos que rajar. En el grupo de los que disparábamos estaba Alicia Rey, su compañera. Nos fuimos por la cloaca, nos persiguieron y estuvimos casi dos días adentro, al ?nal, salimos cerca de la rambla, por donde estaba «Kibon», pero estuvimos escondidos en las propias cloacas casi hasta el otro día de noche.
Hubo un tiroteo y la compañera de Amodio, que había tenido un accidente en una motoneta y todavía estaba convaleciente, decidió entregarse. Le gritó a los milicos desde el caño en el cual estábamos escondidos y se entregó. Los otros compañeros me siguieron a mí, menudearon los tiros, hirieron a otra compañera de modo nos fuimos al local en el cual estaba funcionando el Ejecutivo.
Mujica oculta que se entregó para salvarlos a ellos, que no hicieron nada para ayudarla.
Ese local quedaba atrás del Mercado Agrícola y tenía una espléndida cobertura, se trataba de una fonda que trabajaba mucho. Tiempo después cayó. Entonces, cuando llegamos al local, yo transmití lo que me había planteado Amodio. Sendic, que se había incorporado al Ejecutivo después de volver del norte, dijo que, dadas las responsabilidades que había tenido Amodio, quien había integrado incluso el Ejecutivo, y teniendo en cuenta el momento tan difícil que estaba viviendo la organización, correspondía darlo de baja.
En realidad, lo que Sendic me dijo fue todo lo contrario: que por los puestos que había ocupado, no se me podía dar de baja.
Darlo de baja significaba sacarlo del país y chau, no era más que eso. De modo que se tomó esa decisión. Se trajo a Amodio y se le comunicó lo que se había resuelto. De ahí se fue a otro local que quedaba por Villa Dolores y que sería donde él iba a caer. De modo que, cuando cayó, tenía un gran resentimiento. Lo cual pudo haberlo inducido -no digo que haya sido así necesariamente- a que tomara la actitud que en definitiva tomó. El hecho fue que entró a colaborar.
Según relataban los informes norteamericanos sobre aquella época que nosotros recogimos a posteriori, ellos tenían infiltrados a todos los movimientos de izquierda menos a nosotros. Por lo menos, esto era así a nivel importante. Seguramente que en el área de influencia nuestra, sí había infiltrados.
Lo de Amodio nos costó muy caro. Pero no fue el único caso. Hubo un hombre del interior, Piriz Budes, cuyo nombre se difundió mucho menos, que desde un punto de vista práctico nos debe haber costado bastante más que lo de Amodio. Entró a colaborar ni bien cayó y como él conocía muchísimo de lo que teníamos en el interior nos hizo pagar un costo altísimo.
Ahora bien, en la página 67 del libro MARENALES, de Márquez Zachino, el autor le dice a Marenales:
He escuchado y leído varias versiones acerca de los sucesos relacionados a tu segundo arresto que concluyen con el incendio de la base Marquetalia. ¿Qué fue en realidad lo que sucedió?
-Yo estaba en una reunión y me retiré porque debíamos trasladar a un compañero hacia Marquetalia. Ese compañero era [Mauricio] Rosencof que en aquel momento integraba un grupo de ingreso. Eran como las ocho de la noche y teníamos el contacto ?jado en la zona de Belvedere, en la esquina de San Quintín y Santa Lucía. Dentro del vehículo en el cual íbamos a trasladar a Rosencof viajábamos [Carlos] Rodríguez Ducós, [Leonel] Martínez Platero y yo. En eso estábamos cuando con un camión recolector de basura nos chocan la camioneta e inmediatamente nos rodean y nos apresan. Yo quise destrabar la camioneta, eludir el camión y huir, pero ya tenía una ametralladora apuntándome en la cabeza. Rosencof vio todo porque estaba a unos 100 metros del hecho; fue el 8 de octubre de 1968.
¿Pero qué pasó? Hubo un problema serio y yo me enteré años después. A los compañeros clandestinos había que hacerles documentos falsos y el encargado era Jorge Candán Grajales, que era fotógrafo y vivía cerca de la Facultad de Agronomía. Yo era el encargado de trasladar a los compañeros para fotogra?arse y así obtener la documentación falsa. Y yo iba con la camioneta, sin saber que ya había sido detectada. ¿Por qué? Resulta que Candán perdió un rollo con todas las fotografías de los clandestinos, incluida la mía, y no avisó a nadie; un gravísimo error.
El autor dice: Según los relatos de Eleuterio Fernández Huidobro ese hecho se le atribuye a Amodio Pérez.
¡No, no fue Amodio!, fue Candán, eso nunca se dijo, pero es así. Son errores que se cometen, pero lo concreto fue que no avisó. Alguien, quizás un vecino encontró el rollo, y lo entregó a la policía y allí estábamos todos. Tenían las fotos con los números. Por deducción, los milicos comenzaron a vigilar la casa de Candán que era el fotógrafo de la zona. De esa forma detectaron la camioneta. Pero el comisario [Alejandro] Otero lo que hizo fue vigilar el local y no actuar de inmediato, sino que iba acumulando datos. Nos pensaban dar un golpe monumental... Una vez detectada la camioneta nos seguían pero nosotros teníamos diez rutas diferentes para arribar a Marquetalia. De esa forma no lograban seguirnos hasta la base. Nosotros apagábamos las luces de la camioneta -incluso las traseras- y como conocíamos toda la caminería entre las chacras llegábamos y siempre lográbamos eludir un eventual seguimiento. ¡El asunto es que no era eventual, nos estaban siguiendo! Después supimos que nos esperaban en el cruce de la ruta uno vieja con el camino Tomkinson, y por criterios de seguridad nosotros nunca doblábamos allí, eso nos salvaba. i
Una vez detenidos en jefatura Otero me dijo: que preparaban un golpe espectacular contra nosotros. El asunto fue que el ministro del Interior de la época, por razones políticas necesitaba que se apresara a alguien de la organización. El ministro le había ordenado que le trajera por lo menos un pelo de tupamaro, algo, lo que fuera, así fue que nos detuvieron.
Entonces, si Otero hubiera continuado con las pesquisas, descabezaba la columna 2, o sea que la mitad del MLN-T de la época quedaba desarticulada.
-Efectivamente. El golpe que nos hubieran propinado hubiera sido monumental, nos destrozaban. El apresuramiento del ministro evitó que la labor de inteligencia de Otero continuara. Te digo más. Cierta vez yo ingresé en la casa fotográ?ca como hacía siempre, como un cliente más y veo a la compañera de Candán hablando con un tipo que aparentaba ser vendedor de pescado. Cuando yo ya estaba detenido en jefatura, Otero señala a un hombre y me dice: “¿A ése lo conoce?”. “Sí”, le dije; el tipo era el yo había visto y que había hecho amistad con la familia de Candán. Evidentemente era un tira... La labor de inteligencia que habían montado era grande. Lo único que no habían detectado era dónde estaba Marquetalia.
De paso, Marenales confirma mi afirmación de que Rosencof no es un ex dirigente histórico: el 8 de octubre de 1968 estaba en un grupo de ingreso, y lo de Candán es un error, como fue un error entregar la Cárcel del Pueblo como hizo Wassen.
Pero hay algo más que quiero agregar y que tendría que formar parte de la Antología del disparate.
En Cantando las 40 del 22 de septiembre del 2015, Tagliaferro le pregunta a Zabalza. ¿Por qué el MLN, como dicen algunos, se ensañó con Amodio y no con Píriz Budes?
Dice Zabalza: Porque Amodio es el personaje más notorio. Él fue fundador del MLN. Amodio Pérez reclutó a Marenales y a Manera, fue uno de los primeros y en algún momento pasó a operar junto con la policía, fue un paramilitar. Yo pienso que fue cuando cayó preso la primera vez. Y muchas operaciones policiales posteriores, que incidieron en la vida política del país, fueron hechas en base a la información que aportó Amodio Pérez. Más tarde, en algún momento él decidió formar parte de la conspiración para el golpe de Estado, y eso no lo hizo ningún otro compañero que fue víctima de la tortura. Él intentó ser parte del golpe de Estado. Dice que lo hizo para irse... Yo no sé si quería irse o pensaba en desempeñar algún cargo dentro de dictadura, pasar a jugar un papel en ella. No lo sé.
Bueno, esto es del 2015. Como dijo Mujica, Píriz Budes le hizo al MLN mucho más daño que el que pude hacerle yo ordenando la información. El caso es que yo era conocido y el Tino no. Tanto Zabalza como Tagliaferro ya sabían, porque el Ñato ya lo había dejado escrito, el tema de las negociaciones en el Florida y que quienes estaban conspirando para dar el golpe de estado fueron los mismos a los que Zabalza ayudó y acompañó en su campaña de división del MLN y que salvo Sendic acompañaron la intentona del golpe bueno, a la peruana.
Ahora bien. Mi primera detención fue el 30 de junio de 1970. Si ya desde esa fecha colaboraba con la policía, ¿cómo hicimos El Abuso? ¿Y la segunda fuga, a pedido de ellos mismos, como vimos en el programa pasado?
¿Y cómo el Ejecutivo me encomendó la tarea de conducir a Gutiérrez Ruiz a la entrevista con Bardesio?
Zabalza nunca quiso responder. Espero que los historiadores que avalaron la historia oficial algún día expliquen estas contradicciones y que recuperen la ética perdida hace tantos años.
Y hablando de ética, más concretamente de la ética periodística, voy a contarles una anécdota de hace poco tiempo.
Hace unos meses, me llamó uno de estos personajes que se han hecho conocidos gracias al cretinismo que nos rodea, este ambiente decadente que se observa a través de la prensa hablada y escrita y del cretinismo de la academia y el sistema político.
Me estoy refiriendo a Linng Cardozo, que acaba de publicar el libro El Ingeniero, sobre Jorge Manera Lluberas. Cardozo quería saber mi opinión sobre Jorge Manera, y se la di, como no podía ser de otra forma, muy laudatoria, porque aunque mantuve con Manera grandes discrepancias en su forma que se condujo como dirigente, tengo que reconocer que siempre actuó de manera honesta.
Cardozo me pidió, además, los nombres de algunos ex compañeros que pudieran aportar sobre el tema, cosa que hice también. Cuando el libro fue anunciado, en tono de broma le pregunté si ya que me había entrevistado, me iba a regalar un ejemplar. Me dijo que no, porque había entrevistado a unos 50 y que no podía regalar ninguno.
Así que compré el libro y me encontré con la sorpresa de que mi entrevista no aparece en el libro. Aparecen, como es lógico, las versiones de quienes me atacan, entre ellas, la del propio Manera. Seguramente hice algún comentario que a Linng Cardozo no le gustó. Quizás haya sido que le recordé que Manera opinó, cuando Almiratti y yo presentamos la idea del Abuso, que el plan fracasaría porque el túnel se derrumbaría. Por lo visto Manera se equivocó, y entre bromas, algunas muy picantes, se lo recordamos en más de una oportunidad y Manera participó de buen grado de esas mismas bromas que lo tenían a él como protagonista principal. También le debo haber comentado la responsabilidad de Manera en la muerte de Pascasio Báez, y eso tampoco le puede gustar.
Como dije más de una vez, así se escribió la historia. La oficial, no la de Amodio Pérez.
Continuaremos.
Programa El Cernidor Lunes 02.03.2026
Invitado especial el Doctor en Ciencias Biológicas el Sr. José Langone. Nos cuenta la realidad de hoy en Uruguay y el agua potable.
Parte 1
https://www.youtube.com/live/fTQL4mGa0Vk?si=bAvpp0nVIm2XMowI
Parte 2
https://www.youtube.com/live/sa4qGYceJJ0?si=35PKM6PkWQOYEwBn
Cernidor 261, correspondiente al 2 de marzo de 2026
Dice nuestro slogan otros ya te contaron las noticias, nosotros te contaremos la verdad.
En este caso, también les contaremos la noticia completa, la que les anunciamos el fin de semana pasado.
Para eso hemos invitado al creador de la noticia, noticia que ha sido ocultada por la prensa.
Como nos hemos acostumbrado a que nos mientan y como hemos aceptado que nos mientan sin siquiera molestarnos y como hemos aceptado modificaciones del idioma que nos dicen soluciones habitacionales en lugar de vivienda, ahora nos dicen que las empresas que se van a la India no cierran en el Uruguay, sino que están insertas en una reconfiguración global y que las intendencias van a bajar el monto de las multas para contribuir a la educación vial y no para intentar cobrar las multas impagas, nosotros seguiremos llamando a las cosas por su nombre y como se trata de un desastre, hablaremos de este desastre.
Y a partir de este momento dejo a Álvaro, la presentación de nuestro invitado y la introducción al tema.