Desde el 28 de febrero último, el foco de atención mundial se desplazó de Gaza y del resto de Palestina a Irán y Medio Oriente. En las líneas que siguen, en contra del proverbio, me propongo mirar el dedo que señala la luna, en lugar del bello satélite
Para esto, presentaré “7 de octubre. Israel, Palestina, Gaza. Los mitos. La propaganda. La verdad”, libro de Ernesto Katzenstein publicado en Suecia y en Uruguay en 2024, estudio fundamental por sus vínculos con la actualidad y la mostración de los dedos que señalan la luna. Pero antes, un desvío por, justamente, la espectacular actualidad, que relegó al limbo mediático la continuación del genocidio que lleva adelante en Palestina el Estado de Israel.
(1) Atentos y sin comprender (Eladio Linacero)
Luego del magnicidio cometido por Estados Unidos al asesinar al ayatola Ali Khameini, a una parte de su familia y a muchas autoridades del gobierno iraní, se impuso una atención inquieta y desconcertada. Muchos se concentraron en imaginar las razones que habían llevado a que Trump cometiera tal desmán, luego de casi cincuenta años de detestación correspondida, constante y beligerante -pero circunspecta- entre EEUU e Irán. Descartadas por inverosímiles las explicaciones que Trump despachaba a diario (provocar la caída del “régimen”, luchar por las mujeres iraníes, destruir las armas nucleares cuya exitosa destrucción el mismo Trump había anunciado en junio de 2025, impedir que Irán pusiera en peligro la seguridad de Israel, la región y EEUU, modificar el equilibrio de fuerzas en el planeta, debilitar a Hezbollah, etc.), se propusieron otras interpretaciones, en general expuestas con agradecida cautela.
Así, Emmanuel Todd opinó que lo que estaba en juego en Irán y Medio Oriente era Ucrania: la ya ocurrida, pero intragable, derrota de Zelenski, de la Unión Europea, de la OTAN y de EEUU, a manos de Rusia. Alexander Dugin sostuvo que el objetivo último del Occidente colectivo culminaba en China: luego de destruir Gaza y su resistencia, Siria, Líbano e Irán, el paso siguiente era meterse con Rusia, para luego alcanzar China, la presa mayor. Otros, como Glenn Diesen y varios de sus interlocutores, se detuvieron en “la irracionalidad” del comportamiento trumpeano y en la subordinación de EEUU al ex subordinado Israel: Netanyahu y el lobby tendrían subyugado a Trump. Algo semejante afirmó Tucker Carlson, quien denuncia la victoria de los neoconservadores estadounidenses sobre Trump y el trumpismo de “America First”. Por su parte, Varoufakis constató la voluntad de Netanyahu de anexar Cisjordania limpiándola de sus habitantes palestinos y, sin desear extenderse demasiado, sostuvo que la sujeción de Trump a Netanyahu respondería a que éste posee elementos de presión (léase extorsión, léase Epstein). Ilan Pappé estima que el ataque a Irán se relaciona sobre todo con las dificultades de Trump en EEUU, con la amenaza de los archivos Epstein, con el declive de su popularidad, con las próximas elecciones. En prácticamente todas las interpretaciones del ataque estadounidense-israelí, aparece, en diversas dosis, el componente petrolero.
Por cierto, son notorias las diferencias entre los sucesos en Palestina y en Irán. En Palestina, un Estado colonizador, racista y supremacista, desde bastante antes de instaurarse como Estado en 1948, viene llevando con el apoyo occidental una política de limpieza étnica, y hoy de genocidio, para apoderarse de tierras, acuíferos, carburantes y lugares de culto ajenos. En Irán, los sucesos tramados datan de por lo menos 1953, cuando la CIA intervino para derrocar un gobierno laico que se proponía nacionalizar el petróleo, y sentó en el trono al sah, muñeco elegante y sanguinario, asiduo colaborador de la CIA y de las revistas de chimentos del entonces llamado “jet-set” internacional.
No obstante raigambres y protagonistas diferentes (salvo los sempiternos), son muy notorias las continuidades en las prácticas. Si tomamos, entre los múltiples “inicios” o recrudecimientos de estos sucesos, las fechas del 7 de octubre de 2023 y del 28 de febrero de 2026, rápido saltan a la vista los compartidos ataques letales a objetivos civiles, expresamente condenados por el derecho internacional. El 11 de noviembre de 2023, cuando Israel llevaba un mes bombardeando a la población civil gazatí, la ONU condenó, e Israel negó una y mil veces, el ataque al principal hospital de Gaza, el hospital Al Shifa, en lo sucesivo, blanco de numerosos ataques. El 28 de febrero de 2026, EEUU bombardeó una escuela en Minab, en el sur de Irán; el ataque estadounidense masacró a 175 niñas entre 7 y 12 años; por cierto, Donald Trump desmintió y tergiversó, llegando a acusar a los iraníes de haber lanzado el Tomahawk, misil en posesión exclusiva de EEUU.
La continuidad entre los sucesos desencadenados el 7 de octubre de 2023 y los de febrero de 2026 se hacen todavía más palpables en los actuales ataques al Líbano acometidos por Israel: órdenes a los habitantes de abandonar sus hogares y evacuar, bombardeos a poblaciones civiles, con predilección, aunque no exclusiva, por los centros de salud y su personal; véase por ejemplo, el asesinato de doce médicos, ambulancieros y enfermeros en un bombardeo aéreo israelí que tomó por blanco un centro de salud. La excusa israelí es invariable: ayer, los hospitales, las mezquitas, escuelas y viviendas gazatíes eran refugio de “terroristas” de Hamas; hoy, centros de salud y poblados libaneses albergan a “terroristas” de Hezbollah. En todos los casos se trata de llevar adelante el proyecto sionista, apoderándose de nuevas tierras y expulsando a sus habitantes.
Sin embargo, como se observó tantas veces, esa política expoliadora y genocida tiene predilección por los bombardeos y ataques de precisión orquestados por los servicios de inteligencia, pero igualmente por el control de la información. Esto exige un buen arsenal: asesinar periodistas, bombardear instalaciones de transmisión de radio y televisión, fomentar la infalible y apacible autocensura, propagar disparates. En Israel, Irán y Líbano, nada de esto falta: hace poco, un titular anunciaba “Israel apunta contra los medios de comunicación de propaganda en el Líbano y en Irán, con total desprecio por el derecho internacional”. Y seguía: “desde el inicio de la ofensiva israelo-estadounidense en Irán, el ejército israelí reivindicó ataques contra la televisión de Estado iraní y los medios favorables a Hezbollah, en Líbano. Ahora bien, atacar los medios, inclusive los considerados instrumentos de propaganda, es un delito de guerra”.
Por cierto, el silenciamiento de informaciones, opiniones, análisis y declaraciones adversas también rige en Israel; el periodista antisionista Gideon Levy, del diario israelí Haaretz, refiriéndose a la censura de los medios de prensa israelíes, explicaba que cualquier cultivador de papas en Idaho había visto más escenas de lo que estaba sucediendo en Gaza que un israelí que solo hubiera mirado la tele israelí. Y se corregía: “No hay censura, hay autocensura. La prensa se considera a sí misma como un instrumento del gobierno y del estamento militar, tanto en tiempos de paz como de guerra”. De hecho, Gideon Levy había publicado en Haaretz (12/III/2026) un artículo titulado: “Los medios de comunicación israelíes, antes que nada y por encima de todo, son soldados de las Fuerzas de Defensa Israelíes”.
(2) “Todavía no se calibraron los efectos del 7 de octubre de 2023” (Gideon Levy, 8/III/2026)
En una entrevista en la que participaron Gideon Levy (desde Tel Aviv) y el historiador Ilan Pappé (desde Haifa) en marzo de 2026, el primero sostuvo que todavía no se habían calibrado los efectos del 7 de octubre de 2023. Esta entrevista, parcialmente interrumpida por la alarma que sonó en Tel Aviv y ocasionó el retiro de Gideon Levy hacia un refugio, mientras que en Haifa la alarma no sonó y, además, Ilan Pappé dijo descreer de los safe-rooms y cosas semejantes, contiene al menos otras dos referencias al 7 de octubre de 2023.
En la primera, casi como al pasar, Gideon Levy expresa sus sospechas sobre la facilidad que tuvo Hamas para atacar los puestos fronterizos israelíes que encierran a Gaza; claramente, Levy da a entender su convicción sobre una connivencia entre Netanyahu y la resistencia gazatí. En la segunda referencia, Ilan Pappé responde al entrevistador, quien insiste en la dependencia de Hamas con respecto a Irán, imaginando que, ante la eventualidad de un debilitamiento del gobierno iraní, cabría esperar un consiguiente debilitamiento de Hamas y un posible apaciguamiento de la opinión pública israelí. Para nada de acuerdo con esto, Ilan Pappé descarta rápido, de un revés de mano, la connivencia de Hamas y Netanyahu, dando por sentado que Irán ayudó con armamento y de otras maneras a Hamás, lo que no impidió que Hamás y la resistencia gazatí fueran derrotados por los israelíes. Sin embargo, prosigue Ilan Pappé, la resistencia palestina continúa existiendo y seguirá resistiendo; su resistencia será mejor o peor de acuerdo con los apoyos que reciba, pero su existencia no dependerá de Irán. E Ilan Pappé da un ejemplo: pocos meses antes del 7 de octubre de 2023, para atrapar a cinco adolescentes palestinos, de 14 a 18 años, el ejército israelí envió a un campo de refugiados a 1000 soldados, 100 vehículos armados y varios helicópteros. Claramente, esos cinco adolescentes no iban a derrotar al Estado de Israel, pero también claramente, concluye Ilan Pappé, esos chiquilines no estaban resistiendo por el dinero de Irán, o por el dinero de quién fuera, porque “Los palestinos no se resisten a Israel porque alguien les paga para resistirse a Israel. Resistirían a Israel con un cuchillo de cocina, con un cóctel molotov, con uñas y dientes, si nadie les diera algo más eficaz para su lucha contra la ocupación, el despojo, la limpieza étnica y el genocidio”.
El ejemplo dado por Ilan Pappé también contradice, creo yo, la necesidad de recurrir a connivencias y/o complicidades entre la resistencia palestina y Netanyahu para explicar el 7 de octubre de 2023: no es necesario, para entender, recurrir a ese maquiavelismo de aprendices. Sencillamente, el ejemplo ofrecido por Ilan Pappé permite imaginar los límites, en ciertas condiciones, de la eficacia de las tropas israelíes terrestres y la determinación de las sucesivas generaciones palestinas que viven en un régimen de apartheid. Igualmente, la afirmación de Ilan Pappé desarma el leitmotiv de la propaganda sionista sobre la necesidad de la guerra contra palestinos, libaneses, yemeníes, sirios e iraníes en tanto que camino indispensable para mantener “la seguridad” del Estado genocida.
En el ámbito sueco-uruguayo, tempranamente, E. Katzenstein se propuso considerar con atención lo acontecido ese día -el 7 de octubre de 2023- en que tanto pareció bascular hacia lo inimaginado y tanta mentira, silencio y tergiversación periodísticas intentaron (y a menudo lograron) consolidar lo inaceptable.
(3) “Una batalla por la verdad”
Desde el título “7 de octubre. Israel, Palestina. Gaza. Los mitos. La propaganda. La verdad” y desde la declaración de sus propósitos -“este pequeño libro tiene objetivos modestos: distinguir entre los actores y los hechos, discernir lo que sabemos y lo que no sabemos sobre lo ocurrido y abrir sendas para lograr comprender por qué Hamás e Israel actuaron como lo hicieron”-, queda a la vista que el estudio emprendido supone un trabajo ambicioso con metas decisivas en las que se ponen en juegan la verdad, los mitos y la propaganda.
Con este fin, la indagación que lleva adelante Ernesto Katzenstein tiene como materia prima la prensa, lo que ésta fue exponiendo y ocultando, porque “en la guerra la vida está en juego cada segundo, pero fuera del campo de batalla se libra una pelea de igual importancia e igualmente encarnizada. Una batalla por la verdad en la que las armas son las palabras e imágenes en la televisión, en Internet, en periódicos, revistas y medios sociales”. Dicho de otro modo, el autor hará hablar artículos, cables, noticias, informaciones que, al articular discursos, brindar noticias y transmitir informaciones dan forma sólida a lo que pretende ser la realidad más incontrovertible. Hacer hablar a la prensa, en este caso, significa sacar a luz la sistematicidad de las incongruencias, las fallas, los dobleces, los silencios, las invenciones que los medios de comunicación han venido difundiendo a propósito del 7 de octubre de 2023.
Sin dudas, la primera y fundamental patraña, que llega hasta hoy mismo, consiste en convertir el 7 de octubre de 2023 en el origen insuperable, en el big Bang de la maldad terrorista palestina, y del consiguiente y merecido castigo bíblico. He aquí pues lo que se propone desentrañar Ernesto Katzenstein: la anudada dispersión de incongruencias, de sistemáticas tergiversaciones y de persistentes silencios que hacen del 7 de octubre de 2023 un acontecimiento sin pasado, sin historia ni genealogía, si no es la gesta heroica del Estado de Israel, con su “guerra de independencia”.
Ahora bien, más que en los objetivos propuestos, la modestia invocada por el autor (“este pequeño libro tiene objetivos modestos”) reside en la manera de encarar su labor, en su cuidadoso proceder. Porque para el autor, esa busca que procura separar una palabra verdadera de una palabra embustera, en ningún momento supone renunciar a sus convicciones sobre lo que está bien y lo que está mal. Y, para el caso particular de Palestina, en ningún momento se trata para Ernesto Katzenstein de desmentir su adhesión a un proyecto político sin colonización, sin apartheid, sin racismo supremacista, con justicia y con igualdad. La magnitud de los objetivos -distinguir en los lodos de la comunicación la posibilidad de verdades, sin por eso anular sus propios afectos- impone, creo yo, una gran modestia en el proceder. En el libro “7 de octubre. Israel, Palestina. Gaza. Los mitos. La propaganda. La verdad”, la modestia consiste en un proceder prudente, que avanza minuciosamente, consolidando lo que va exponiendo, en su doble vertiente de busca de la verdad y de sostenimiento de las convicciones propias.
A partir de la audacia y de la ambición del título, los lectores vamos encontrando un conjunto de indicaciones que balizarán la doble lealtad a la busca de la verdad y a la toma de partido por lo justo. En este sentido, la dedicatoria es elocuente: “Este libro está dedicado a los periodistas palestinos y extranjeros que durante décadas han informado desde los Territorios Ocupados arriesgando sus vidas, y especialmente a los más de cien periodistas muertos en Gaza víctimas de los recientes bombardeos israelíes”.
Por cierto, el número de periodistas asesinados en Gaza por Israel ascendió a no menos de 234 desde el momento en que Katzenstein publicó su trabajo hasta ahora; de hecho, esa cifra solo puede significar un tramo de un recorrido de “décadas”: desde la dedicatoria, ya estamos avisados de que el 7 de octubre de 2023 empezó hace “décadas”, así como del carácter históricamente arriesgado de la labor periodística (puesto que expresamente censurada y reprimida por el Estado de Israel). Los periodistas en Palestina, desde antes del 7 de octubre de 2023 e intensamente desde entonces, no mueren accidentalmente, o azarosamente: su desaparición está planificada. Recuérdese a Shireen Abu Akleh, periodista de Al-Jazira, asesinada por disparos israelíes en Cisjordania ocupada en mayo de 2022
Con efectos comparables, los tres epígrafes que encabezan la indagación del autor van anclando las “décadas”, ofreciendo algo así como una cronología que el lector sabrá ordenar. Véase si no. El primer epígrafe es una cita de Simha Flapan (Polonia 1911- Israel 1987), historiador y secretario general del partido sionista de izquierda israelí Mapam. En el prólogo de su ensayo “Zionism and the Palestinians” (Croom & Helm, London, 1979), Simha Flapan advierte, “para evitar malentendidos”, que su “creencia en la justificación moral e histórica y en la necesidad del sionismo permanece intacta”, a pesar de su “revisión del liderazgo sionista”. De este ensayo de Simha Flapan, Ernesto Katzenstein extrae la cita siguiente:
“En pocos conflictos nacionales la propaganda se ha convertido en un arma tan venenosa y ha logrado un control tan poderoso tanto sobre los líderes como sobre la gente en general. El partidismo, el sesgo emocional y la propaganda impregnan la enorme literatura sobre el conflicto árabe-israelí y han creado una espesa niebla que oscurece su contenido real. Los argumentos esgrimidos al calor de apasionados debates y en la lucha por obtener el apoyo de la opinión pública nacional e internacional han adquirido la fuerza de axiomas y verdades absolutas. Mientras que los políticos se han convertido en prisioneros de su propia propaganda, los pueblos se han convertido en sus víctimas.”
Más allá de la inaceptable denominación “conflictos nacionales” empleada por Simha Flapan para referirse al proceso de colonización y resistencia en Palestina, denominación por cierto compatible con la creencia de Flapan en la necesidad histórica que habría regido la creación del Estado de Israel, más allá de esta divergencia profunda, cabe señalar que el epígrafe de 1979 ya señala la alienación generalizada que produce la propaganda de Estado, dando lugar a prisioneros y víctimas. ¿Cómo no pensar pues en los altísimos índices de apoyo que hoy tienen en la sociedad israelí los bombardeos en Irán, como antes tuvo la destrucción de Gaza? (En la entrevista de “Democracy Now!” antes referida, Gideon Levy anuncia 93% de aprobación en la población israelí a los bombardeos en Irán. Tras décadas de demonización de Irán, he ahí la población “víctima” a la que se refería Simha Flapan, he ahí la genealogía de verdad y de emancipación en la que se inscribe la investigación de Ernesto Katzenstein.)
En el segundo epígrafe, se propone una cita de Gideon Levy (Tel Aviv 1972), periodista varias veces antes referido en estas páginas. La cita proviene del texto “Gaza, mi amada”, publicada por Levy en 2012:
“Las furiosas reacciones ante la más mínima crítica hacen sospechar que algunos israelíes intuyen, en el fondo de sus endurecidos corazones, que un volcán está ardiendo bajo sus pies, que una enorme explosión amenaza con abrirse paso a través de la espesa, embrutecedora, distorsionadora y desconcertante neblina que se cierne sobre ellos. Si los israelíes estuvieran realmente tan convencidos de la rectitud de su causa, ¿cómo se explica esta violenta intolerancia hacia cualquiera que intente presentar un punto de vista distinto?”
Proponiendo una explicación de su origen, Gideon Levy pone el dedo en una llaga que se pretende cerrar a prepo, con el prepoteo de la exacta amenaza e infalible represión que penden sobre quienes expresan con argumentos, informaciones y análisis su condena intransigente de la empresa colonial racista y genocida que es el Estado de Israel. Desde hace años (la cita de Gideon Levy data de 2012, podría ser anterior), en la medida en que el avance colonial del Estado de Israel sobre las tierras palestinas, sirias y libanesas se incrementa volviéndose más desinhibido y brutal, un sistema de represión transnacional busca acallar y sancionar a quienes denuncien el crimen sionista. Los lobbies sionistas locales pugnan para que se reconozca al Estado de Israel el derecho imprescriptible de expulsar, saquear y matar a los habitantes palestinos, dada su auto atribuida condición de herederos y guardianes del legado de las víctimas del nazismo. Por esto, los lobbies locales pugnan por imponer, inclusive en los programas escolares nacionales, un relato que hace de “El Holocausto” un acontecimiento sin par, una singularidad que, como tal, generó el derecho a una legalidad absolutamente excepcional. Por cierto, la propaganda que efectúan los lobbies sionistas encuentra difusión y repercusiones favorables en la prensa, poco propensa a malquistarse bajo el creciente anatema de “antisemitismo”.
El tercer epígrafe elegido por Ernesto Katzenstein proviene de un texto en el que, en 1947, Hannah Arendt (Hannover 1906-Nueva York 1975) se pregunta adónde condujeron, cincuenta años más tarde, las políticas de Theodor Herzl: “The Jewish State: Fifty Years After, Where Have Herzl’s Politics Led?” He aquí lo que piensa y dice Hannah Arendt en 1947:
“Algunos de los líderes sionistas pretenden creer que los judíos pueden mantenerse en Palestina contra el mundo entero y que ellos mismos pueden perseverar reivindicando todo o nada contra todos y contra todo. Sin embargo, tras este pretendido optimismo se esconde una desesperación total y una auténtica disposición al suicidio que pueden llegar a ser extremadamente peligrosas si se convierten en el estado de ánimo y la atmósfera predominante en la política palestina.”
En vísperas de la “Declaración de Independencia”, así fue llamada, que fabricó al Estado de Israel, cuando todavía para el mundo el nombre de esa tierra es Palestina, Hannah Arendt advierte sobre “una desesperación total y una auténtica disposición al suicidio” ocultas bajo “un optimismo”, una exaltación, podríamos decir, alimentada por la ilusión de la excepcionalidad absoluta, del uno exceptuado del todos, del uno imponiendo su ley a todos.
Proféticas palabras de tres intelectuales judíos, dos de ellos israelíes, que inmersos en la empresa que se tramaba, pudieron advertir sobre sus mecanismos letales, proveyendo, más allá de sus propósitos, un marco de comprensión de los sucesos del 7 de octubre de 2023 que enjuicia la perspectiva que desde entonces se impuso, a saber, un suceso ex nihilo, crecido de la nada, sin pasado ni presente, si no es el carácter incivilizado, anti occidental, fanático, atrasado e impiadoso (las madres envían a morir a sus hijos) de los palestinos.
Dada la dificultad de la tarea a realizar -indagar sobre la verdad y los mitos en torno al 7 de octubre de 2023-, Ernesto Katzenstein prosigue rodeando a ésta de cuidados. Agrega así un “Glosario de términos” empleados en el que, por ejemplo, proporciona el nombre árabe transliterado –“Al Quds” / “Jerusalén”- o la explicación de palabras árabes –“ummah: comunidad de creyentes en el islam”- procurando contrarrestar con este medio la “limpieza étnica” sionista, que también incluye la “limpieza” de la lengua árabe. Esto es muy notorio, como en cualquier empresa de invasión y ocupación de tierras ajenas, en la sustitución de los topónimos, los nombres árabes de lugares, borrados y remplazados por nombres hebreos. El glosario propuesto incluye también nombres propios de acontecimientos históricos “Acuerdos de Oslo” o “Plan de Partición”, además de términos hebreos transliterados: “Knesset”, “Magen David Adom”.
En el mismo plano es posible ubicar la inclusión de “Anexos”, el primero de los cuales es “Declaración de Hamas sobre el 7 de octubre de 2023”, y el segundo es la “Plataforma de Likud (1977). El derecho del pueblo judío a la Tierra de Israel (Eretz Israel)”. Lejos de cualquier pseudo equilibrio entre partes beligerantes, los “Anexos” tercero y cuarto son explicitaciones de los procedimientos seguidos, en particular, la atención al “Revisionismo histórico nacional”, es decir, la atención a las investigaciones de los historiadores israelíes que tomaron a su cargo, a partir de la liberación de archivos hasta entonces secretos, contar una historia muy poco heroica de la fundación del Estado de Israel, y tan poco exaltante que tuvo como contracara la Nakba, la limpieza étnica, el desplazamiento de 750 000 palestinos, asesinados o expulsados de sus tierras y empujados hacia Jordania, Líbano, Gaza. El último anexo expone el fundamento del libro, es decir, la crítica de las fuentes.
Y éstas son, como fue dicho, numerosas y variadas: fuentes israelíes, europeas (principalmente suecas) y estadounidenses, pero también Al Jazeera, Electronic Intifada, Middle East Eye y Mondoweiss. También, claro está, el cuerpo de textos que desde 1947 viene produciendo la ONU. Ernesto Katzenstein leyó, ordenó y contrapuso lo que unos y otros contaban sobre el 7 de octubre de 2023, sobre sus actores, sus sufrimientos, sus crímenes, sus crueldades, su fanatismo. Leyendo, ordenando y contraponiendo fue discriminando lo que nunca pasó de ser una sarta de embustes, repetidos hasta por el propio Joe Biden y sustentados en la falsificación de imágenes y la labor de agentes de los servicios de inteligencia. También, además de inquirir por lo fáctico, el autor se pregunta por el uso de términos claves, como “terrorista”.
Por esta vía, numerosos capítulos adoptan la forma de preguntas sobre las que el autor se propuso inquirir: “¿Qué aspecto tiene un terrorista?”, “¿Qué ocurrió el 7 de octubre?”, “¿Por qué murieron tantas personas el 7 de octubre?”, “No sería moralmente correcto investigar”, “¿Sólo excepciones que confirman la regla?”, “¿Violencia sexual sistemática?”, “¿Qué quiere Hamás?” “¿Qué quieren los palestinos?”, “¿Qué quiere Israel?”, “¿Qué sabemos realmente sobre lo que ocurrió el 7 de octubre?”
Minuciosamente, con prudencia y amenidad, Ernesto Katzenstein va construyendo una perspectiva en la que verdad y justicia confluyen. Confluyen así verdad y convicción, en recíproco sustento. Concluyendo su indagación, el autor entrega algunas claves personales que tal vez iluminen tramos del enigma que a él lo mueve y conmueve. Criado y educado en un ambiente de catolicismo muy conservador, siendo ya una persona mayor, el autor se enteró por boca de su padre de su ascendencia judía: el abuelo, el padre del padre, se había convertido al catolicismo en Alemania, en 1890, para poder conseguir el trabajo que quería; luego se había casado con una mujer católica muy conservadora. El abuelo murió en 1938, por lo que pudo no ver cómo su otrora amada Alemania asesinaba a sus primos segundos y sus hijos en Theresienstadt, en Auschwitz, en Sobibor.
Durante la Primera Guerra Mundial, el abuelo había abandonado el Club Uruguay, en el que se repetía la propaganda aliada de que los soldados alemanes, en Bélgica, mataban a los niños y se los comían. Veinte años más tarde abandonó el Club Alemán montevideano, cuando cambiaron el retrato de Bismarck por el de Hitler.
Hoy, Ernesto Katzenstein quisiera que sus parientes de Tel Aviv y otros lugares de Israel tomaran el autobús para ir hasta Hebrón, Nablus, Jericó y Tulkarm (ciudad y campo de refugiados en donde el autor residió algunos meses en 2011 en el marco de un Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina, lugar sistemáticamente arrasado por las fuerzas armadas israelíes). En esas ciudades de Cisjordania, sus parientes israelíes pasarían una semana con una familia palestina, haciendo práctica en hospitales, escuelas y talleres, y yendo a la cosecha de la aceituna.
Hoy que Palestina volvió a desaparecer de artículos y titulares, retornando al anonimato, a la invisibilidad y al silencio previo al 7 de octubre de 2023, urgiría que muchos israelíes compartieran el anhelo de Ernesto Katzenstein. Porque contrariamente a lo que el silencio pretende decir, en Cisjordania continúa avanzando la colonización sionista sobre las tierras palestinas, produciendo en plena guerra contra Irán una espiral de violencia de los colonos israelíes.
El proyecto genocida, y también suicida, del Estado de Israel avanza ahora usufructuando la impunidad incrementada durante los bombardeos y el hambre impuestos a Gaza, avanza asfixiando a los gazatíes y avanza saqueando tierras y hogares en Cisjordania. El 93% de los israelíes judíos que hoy apoyan al gobierno genocida de Israel corre el riesgo de repentinamente trocar el exaltado optimismo al que se refiere Hannah Arendt en 1947 por un agrio despertar.