23.ABR26 | PostaPorteña 2549

TECNOFASCISMO: el manifiesto de Palantir (Escalada)

Por Aleksandr Duguin

 

Aleksandr Duguin Geopolitica.ru 23 abr 2026
 

Entrevista Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Presentador: Comencemos con un tema bastante inusual, relacionado con la nueva ideología de Occidente — el cómo interpretarla correctamente es algo que aún nos queda por aclarar—. Analicemos el manifiesto «Palantir», publicado por los EEUU  ¿Qué tipo de documento es, cuáles son sus objetivos y qué promete realmente al mundo? Este es el texto del Manifiesto:

«La República Tecnológica»: resumen

1. Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que lo hizo posible. La élite de ingenieros de Silicon Valley tiene la obligación de participar en la defensa de la nación.

2. Debemos rebelarnos contra la tiranía de las aplicaciones. ¿Es el iPhone nuestro mayor —si no el mayor— logro como civilización? Este dispositivo ha cambiado nuestras vidas, pero ahora quizá esté reduciendo y limitando nuestra visión de lo posible.

3. El correo electrónico gratuito no basta. El declive de una cultura o civilización —y de su clase dirigente en particular— solo será perdonado si dicha cultura es capaz de garantizar el crecimiento económico y la seguridad de la sociedad.

4. Los límites del poder blando, de la retórica vacía, han quedado al descubierto. La capacidad de las sociedades libres y democráticas para prevalecer requiere algo más que llamamientos morales. Requiere poder duro y el poder duro en este siglo se basará en el software.

5. La cuestión no es si se crearán armas basadas en la IA, sino quién las creará y con qué fin. Nuestros adversarios no se detendrán a participar en debates teatrales sobre la conveniencia de desarrollar tecnologías de importancia crítica para el ejército y la seguridad nacional. Actuarán.

6. El servicio nacional debe convertirse en una obligación universal. Como sociedad debemos plantearnos seriamente abandonar el ejército reclutado sobre una base voluntaria y librar la próxima guerra solo si todos comparten sus riesgos y costes.

7. Si un marine pide un rifle mejor, debemos crearlo; lo mismo se aplica al software. El país debe ser capaz de continuar el debate sobre la legitimidad de las acciones militares en el extranjero sin vacilar en su compromiso con aquellos a quienes hemos enviado a la zona de peligro.

8. Los funcionarios públicos no están obligados a ser nuestros sacerdotes. Cualquier empresa que paga a sus empleados como el Gobierno federal paga a los funcionarios públicos difícilmente sobreviviría en el mercado.

9. Debemos mostrar mucha más indulgencia hacia quienes han elegido la vida pública. El espacio público —con sus ataques mezquinos y superficiales contra quienes se atreven a dedicarse a algo distinto del enriquecimiento personal— se ha vuelto tan despiadado que la república ha acogido en sus filas a no pocas personas ineficaces y vacías, cuya ambición sería perdonable si tras ella se escondieran al menos algunas convicciones auténticas.

10. La psicologización de la política contemporánea nos desvía del camino. Quienes buscan en la arena política alimento para el alma y una fuente de autorrealización, quienes confían demasiado en que su vida interior encontrará expresión en personas con las que quizá nunca se encuentren, se sentirán decepcionados.

11. Nuestra sociedad se ha apresurado demasiado a celebrar la derrota de sus enemigos y, a menudo, se regodea de ello. La derrota del adversario es motivo para detenerse, no para regocijarse.

12. La era atómica está llegando a su fin. La era de la contención nuclear se desvanece y da paso a una nueva era de contención basada en la inteligencia artificial.

13. Ningún otro país en la historia mundial ha promovido los valores progresistas más que este. Los EEUU están lejos de la perfección. Pero es fácil olvidar cuántas más oportunidades existen en este país para quienes no pertenecen a la élite hereditaria, más que en cualquier otro Estado del planeta.

14. El poderío estadounidense ha garantizado una paz de una duración sin precedentes. Demasiados han olvidado, o tal vez dan por sentado, que el período de casi un siglo durante el cual se ha mantenido, de una forma u otra, la paz en el mundo sin grandes conflictos militares entre las grandes potencias. Al menos tres generaciones —miles de millones de personas, sus hijos y ahora sus nietos— nunca han conocido una guerra mundial.

15. Es necesario revisar el desarme de Alemania y Japón tras la guerra. La restricción impuesta a Alemania se ha convertido en una medida excesiva, por la que Europa está pagando ahora un alto precio. El compromiso pacifista japonés, igualmente ostentoso, si se mantiene, también amenaza con alterar el equilibrio de poder en Asia.

16. Debemos aplaudir a quienes intentan construir allí donde el mercado ha fracasado. La cultura popular se burla del interés de Musk por las grandes narrativas, como si los multimillonarios debieran limitarse a permanecer en su nicho y dedicarse al enriquecimiento personal. Cualquier curiosidad sincera o interés genuino por el valor de lo que ha creado acaba siendo rechazado u ocultado tras un desprecio mal disimulado.

17. Silicon Valley debe desempeñar un papel en la lucha contra la delincuencia violenta. Muchos políticos estadounidenses han tirado la toalla ante la delincuencia violenta, renunciando a cualquier intento serio de resolver el problema o de asumir el más mínimo riesgo político en busca de soluciones —en lo que debería ser una lucha desesperada por salvar vidas humanas.

18. La intromisión despiadada en la vida privada de las figuras públicas ahuyenta a demasiados talentos del servicio público. El espacio público se ha vuelto tan despiadado que la república ha sido colonizada por un número considerable de figuras ineficaces y vacías, cuya ambición podría perdonarse si detrás de ella se escondiera al menos algún sistema genuino de creencias.

19. La cautela en la vida pública, que fomentamos sin querer, es destructiva. Quienes nunca dicen nada incorrecto, a menudo no dicen nada significativo.

20. Es necesario oponerse a la intolerancia generalizada hacia las creencias religiosas en ciertos círculos. La intolerancia de la élite hacia las creencias religiosas es, quizá, uno de los indicios más elocuentes de que su proyecto político constituye un movimiento intelectual menos abierto de lo que muchos de sus participantes están dispuestos a reconocer.

21. Algunas culturas han dado lugar a logros fundamentales; otras siguen siendo disfuncionales y regresivas. Ahora todas las culturas son iguales. La crítica y los juicios de valor están prohibidos. Sin embargo, este nuevo dogma silencia el hecho de que ciertas culturas —y subculturas— han creado auténticas maravillas. Otras han resultado mediocres o incluso regresivas y perjudiciales.

22. Debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y sin contenido. Nosotros —en Estados Unidos y en Occidente en general— hemos evitado durante los últimos cincuenta años definir las culturas nacionales en nombre de la inclusividad. Pero ¿inclusión de qué exactamente?

Fragmentos del libro n. º 1 en ventas según el New York Times «La República Tecnológica: el poder duro, las convicciones blandas y el futuro de Occidente» — Alexander K. Karp y Nicholas W. Zamiska

Aleksandr Duguin: Recordemos a nuestros oyentes qué es «Palantir». Se trata de una del startups creado por Peter Thiel y Alex Karp en Silicon Valley. Se trata de un sistema de vigilancia global de todo lo que ocurre en el planeta: en el espacio, en la sociedad civil de los países occidentales y mucho más allá de sus fronteras. Todas estas bases de datos confluyen en un centro único, centro que, a pesar de su aparente «carácter privado», están profundamente integrados en el sistema de los servicios secretos y la toma de decisiones políticas.

De hecho, estamos asistiendo a la construcción de un mundo al estilo de Orwell, donde absolutamente todos los sensores, satélites, teléfonos y cualquier dispositivo capaz de transmitir una señal están conectados en una red única. La frontera entre lo online y lo offline se difumina, volviéndose imperceptible. Enormes conjuntos de inteligencia artificial descifran, catalogan y acumulan todo esto en un solo lugar en tiempo real. Nos encontramos en una sociedad de control total, sobre la que George Orwell escribió en su distopía «1984»: «ojos» por todas partes, dispositivos por todas partes y el Gran Hermano observa incesantemente a cada uno.

«Palantir» es hoy ese Gran Hermano. Ya no es solo una empresa con una facturación multimillonaria: es la encarnación del mismo Occidente y de su superioridad tecnológica. En cuanto entramos en contacto con algo digital —y lo hacemos constantemente—, caemos instantáneamente en su zona de influencia. Todo lo que decimos, escribimos y hacemos cerca de un dispositivo, incluso uno apagado, pasa instantáneamente a ser propiedad de este sistema de vigilancia.

Y «Palantir» es, en esencia, una Matrix ya creada y puesta en marcha, que ofrece a la humanidad un camino hacia un control total y minucioso. Fíjense en lo que hemos vivido durante la Operación Especial: no se trata simplemente de una nueva guerra, sino de nuevas formas de vida. Los drones, los sistemas de rastreo, los satélites, los canales de comunicación cerrados y las armas guiadas de alta precisión prácticamente eliminan aquellas ventajas que constituían la base de las batallas tradicionales. Los tanques, los barcos, la infantería e incluso los soldados individuales pierden ante nuestros ojos su antigua importancia.

Hoy en día, los robots, la inteligencia artificial y la transmisión instantánea de datos llevan la batuta. El pirateo de información y, acto seguido, la activación de procesos políticos e informativos. Las declaraciones de los políticos de todo el mundo, combinadas con estas tecnologías, crean un muro que es extremadamente difícil de atravesar. Nos hemos topado con algo inesperado. Vamos camino de la victoria, pero esta guerra se habría ganado hace tiempo y de forma contundente si no fuera por estos nuevos parámetros: formas de civilización y de guerra que nos son completamente desconocidas.

Detrás de las disputas dentro de la política estadounidense, detrás de la elección de Trump y su extraño comportamiento, cuando escribe veinte mensajes contradictorios al día, se perfilan poco a poco los contornos del poder real al que nos enfrentamos. Esto es «Palantir», o la «República Tecnológica», según el título del libro de Alex Karp. Antes, muchos pensaban que se trataba solo de un startup ambicioso que promocionaba su producto en el ámbito de la defensa para atraer clientes. Resultó ser algo mucho más grande.

Es la nueva filosofía de Occidente, el camino por el que aspira a conservar su hegemonía y el sistema unipolar. El «plan B» de las élites globales: derrotar a quienes defienden los valores tradicionales y una visión alternativa de la realidad. El escándalo de Epstein, las extrañas medidas de Trump, los nuevos conflictos: todo ello forma parte de un mosaico llamado «Palantir».

La república tecnológica de Alex Karp resultó ser no solo un proyecto, sino la clave para descifrar a qué nos enfrentamos hoy en día. En un manifiesto publicado recientemente —un «minimanifiesto» de 22 puntos basado en el libro de Karp— se afirma abiertamente: los valores humanistas del pasado ya no son necesarios. Se propone descartar el humanismo liberal en aras de promocionar implacablemente los intereses mediante la violencia, el poder y la dominación.

La receta para salvar un mundo unipolar que ha comenzado a resquebrajarse es la vigilancia global total y la concentración de big data en manos de EEUU. No es casualidad que Peter Thiel y Alex Karp, habituales del Club Bilderberg y del Foro Económico Mundial, dicten ahora esta agenda. El hecho de que el nombre de Thiel figure en las listas de Epstein casi con más frecuencia que ningún otro, al igual que los nombres de personas del círculo más cercano a Trump, no hace más que subrayar el carácter de esta élite. En el mismo manifiesto se hace un llamamiento a no prestar atención a las «particularidades» psicológicas o morales de los representantes de esta nueva clase dominante.

Los autores de este manifiesto, en uno de sus puntos, instan a no ser demasiado estrictos con las «anomalías psíquicas» y, en esencia, con las perversiones de los líderes —políticos y económicos—. La lógica es la siguiente: si estas personas son creativas e impulsan el avance de la tecnología, la sociedad debe mostrarse indulgente con sus «peculiaridades», por muy monstruosas que sean. Nos encontramos ante un TECNOFASCISMO descarado en su forma más radical.

El criterio de éxito aquí es exclusivamente el desarrollo tecnológico. Las armas nucleares, según el manifiesto, pasan a un segundo plano: la posesión de inteligencia artificial se convierte en el nuevo factor de disuasión. Bienvenidos a «La Matrix». Uno de los puntos más impactantes es el llamamiento a abandonar las restricciones impuestas a Alemania y Japón tras la Segunda Guerra Mundial. Se les propone volver a convertirse en poderosas estructuras militarizadas, pero ya bajo el control digital total de «Palantir».

De hecho, se trata del desmantelamiento del orden de Yalta y de la anulación total de los resultados de la Segunda Guerra Mundial. El derecho internacional tradicional ya no significa nada. El fuerte siempre tiene la razón y es fuerte quien posee la información y los métodos de vigilancia total. En este mundo, nos hemos despertado en abril de 2026. En el contexto de la implantación de los chips Neurolink y los debates sobre la singularidad tecnológica, nos encontramos en una dictadura tecnofascista posliberal. El humanismo y los derechos humanos han sido arrojados al basurero de la historia. Ahora se proclama abiertamente el poder de las élites tecnocráticas, que ni siquiera intentan ocultar sus verdaderos objetivos.

Presentador: Sí, en el manifiesto se dice mucho sobre cómo nos adentramos en este mundo tecnológico y cómo la energía nuclear parece quedar relegada al pasado. Pero las armas nucleares siguen siendo un factor de disuasión. Si hay un servidor en el que funciona la inteligencia artificial, o un lugar desde donde se establece la conexión, un misil nuclear llegará y ese lugar simplemente dejará de existir. ¿Acaso las armas nucleares no seguirán siendo lo más temible de nuestro mundo? — Es posible que, en toda la historia de la humanidad, ya no ocurra nada más temible.

 Duguin: Nos encontramos en un punto en el que se está reevaluando el factor nuclear. Hoy en día es prácticamente imposible construir un sistema de control de las armas nucleares que sea absolutamente impenetrable para las altas tecnologías de control; a escala histórica, quedan unos instantes para la integración total. El escudo nuclear requiere una infraestructura colosal: producción, mantenimiento, gestión, transmisión de señales. Se trata de toda una «comunidad nuclear» y precisamente esta se encuentra dentro del sistema «Palantir».

Puede que las armas nucleares no estén bajo el control directo de los algoritmos, pero la conciencia, los movimientos e incluso los pensamientos de las personas que las manejan están todos dentro de su zona de acceso. Tienen teléfonos inteligentes, suscripciones a servicios de IA, viven en un mundo que nosotros mismos estamos digitalizando a toda velocidad. Esta comunidad se integra de forma indirecta, pero inexorable, en el sistema de vigilancia externa.

Porque lo importante no es el botón en sí, sino la mano que lo pulsa. El dedo pertenece a un organismo que consume información, toma decisiones basadas en ciertos datos, habla con alguien y respira algo. Y esta persona ya está integrada en «Palantir». Por eso nuestra elección es extremadamente dura: o creamos nuestro propio sistema tecnológico, absolutamente soberano e inaccesible para Occidente, o nos convertimos a sabiendas en su colonia digital.

Y precisamente de esto se habla en el manifiesto: la competencia se traslada al ámbito de la soberanía digital. Si un país es capaz de crearla, conservará la posibilidad de utilizar armas nucleares u otros métodos —y tal vez, entonces, ni siquiera se necesiten las armas nucleares para defender la libertad y la independencia. Pero si no se alcanza ese nivel de soberanía de toda la red, la sociedad está condenada.

Vemos cómo funciona esto en la práctica. Cómo murió el presidente iraní Raisi: supuestamente fue un accidente, pero llevaba un buscapersonas. Cómo fue aniquilada la cúpula de «Hezbolá» en el Líbano: tenían buscapersonas y teléfonos. Incluso utilizaban los modelos de comunicación más obsoletos, eso resultaba suficiente para identificarlos, localizarlos y eliminarlos. ¿Y cómo fue aniquilada toda la cúpula política, religiosa y militar de Irán hace muy poco? Lo hizo «Palantir». Los mató «Palantir» y no simplemente el Mossad, la CIA o el Pentágono. Si USA e Israel no tuvieran información tan detallada sobre cada reunión, desplazamiento e incluso el estado de los líderes iraníes, estos seguirían al frente del Estado. Lo mismo ocurre con los dirigentes de Hamás y Hezbolá.

En este panorama, en el manifiesto de «Palantir», resulta absolutamente evidente que nosotros, junto con China, somos los siguientes objetivos. Defendemos nuestra independencia, intentamos desconectarnos de este sistema y construir un modelo multipolar que, al menos, limite la omnipotencia de Occidente.

Y aquí, seamos sinceros, estamos perdiendo estrepitosamente esta batalla por la digitalización y la inteligencia artificial soberana. Tanto en la tecnología de drones como en la robótica y en los sistemas de seguimiento. En realidad, solo ahora estamos abordando este problema y empezando a pensar en una IA soberana para Rusia. Pero para construir una inteligencia artificial soberana, primero hay que tener inteligencia natural: una mente auténtica e independiente, capaz de percibir a Rusia como una civilización única con sus propios valores tradicionales.

Hay decretos al respecto, hay voluntad, pero ¿dónde está la inteligencia misma? Si no vivimos con nuestra propia mente, inevitablemente vivimos en la de otros. Y esa «mente ajena» hoy en día no es una abstracción, es «Palantir». O empezamos a desarrollar una filosofía rusa soberana y a adaptar las tecnologías a ella o estamos condenados.

Ahora el sistema funciona de forma caótica: alguien inventa un modelo, llama al ministerio, y mientras se llevan a cabo las coordinaciones, la tecnología se queda obsoleta. Y si no se queda obsoleta, su réplica acaba al instante en China, donde todo se hace más rápido y más barato, para luego vendérnoslo a nosotros. Estamos empezando a quedarnos trágica y críticamente rezagados en esta carrera, tanto en materia de IA como de la inteligencia en general. Nos frenan la inercia, la torpeza administrativa y la confianza acrítica, casi ciega, en las armas nucleares como única salvación. Simplemente no queremos ser plenamente conscientes de la magnitud de lo que está ocurriendo ahora en Occidente.

Tenga en cuenta lo siguiente: Thiel y Karp, autores de este manifiesto y creadores de «Palantir», son multimillonarios que, de hecho, «crearon» tanto a Musk como, ahora resulta evidente, a Trump. Pero, ante todo, son filósofos. Uno de ellos comenzó como discípulo de René Girard, uno de los pensadores franceses más importantes, y el otro estudió con Habermas. Es difícil decir qué es exactamente lo que extrajeron de esas enseñanzas y, tal vez, como filósofos sean mediocres, pero lo fundamental es que partieron precisamente de las ideas.

El mundo sigue estando gobernado por las ideas. Si nos tomamos la filosofía con arrogancia, como si fuera una «ciencia frívola» innecesaria, creyendo que la tecnología se creará y se corregirá a sí misma, perderemos de vista lo esencial: la comprensión de lo que es el intelecto. Si no tenemos nuestro propio intelecto vivo, ¿cómo podemos crear uno artificial? En el mejor de los casos, será una copia de la conciencia occidental, quizá ligeramente diluido con modelos chinos como DeepSeek o Qwen.

El problema de la inteligencia artificial es el problema de ganar la guerra. Y «Palantir» lleva mucho tiempo librando esta guerra contra nosotros y de forma totalmente abierta. Aquí ni siquiera se trata de rusofobia: para estos modelos, nosotros somos solo uno de los obstáculos. Es un error pensar que simplemente nos «odian»: para ellos somos daños colaterales en el proceso de creación de un sistema global de control unipolar. Nos pisotearán fácilmente y sin el menor remordimiento si no reaccionamos de inmediato y nos ponemos manos a la obra de verdad. «Palantir» se cierne sobre nosotros.

Presentador: En relación con este manifiesto, hay otra pregunta: ¿para qué publicarlo entonces? Si están intentando construir un sistema así y, de hecho, acabar con todo lo que ahora domina el mundo, ¿para qué mostrarlo a la vista de todos? Parece que la tecnología aún no ha alcanzado esa etapa en la que se pudiera afirmar: «Ya está, hemos entrado en una nueva era, ahora es la era tecnológica, no la nuclear». ¿Para qué descubrir las cartas antes de tiempo? ¿Simplemente para asustar a todo el mundo?

 Duguin: Yo no lo creo así. Me parece que simplemente no comprendemos del todo en qué punto de la historia nos encontramos. Cuando a finales de 1990 aparecieron por primera vez en acceso público materiales sobre la teoría y la práctica de las guerras en red, en el Pentágono ya funcionaba a pleno rendimiento un comando especial de las fuerzas cibernéticas. Esto significa que, en el momento de la publicación, las estructuras militares de EEUU llevaban trabajando en ello entre diez y quince años o incluso veinte. Por lo general, este tipo de manifiestos, que describen la situación real, no aparecen para «adelantarse a los acontecimientos» o hacer pasar lo deseado por real. Al contrario: lo más probable es que la situación se encuentre, en realidad, en un nivel mucho más avanzado de lo que se refleja en este texto.

Prestemos atención a un concepto como el de la singularidad. Muchos han oído que se trata del momento en que la inteligencia artificial general (AGI) no solo será comparable a la humana, sino que comenzará a superarla. Tan pronto como alcance el nivel de las decisiones voluntarias, la situación cambiará completamente. Y hacia eso nos llevan los grandes modelos lingüísticos (LLM) actuales. ¿Te has dado cuenta de que la inteligencia artificial a veces empieza a «dar rodeos»? Es un síntoma extremadamente importante: se está volviendo cada vez más humana. Al fin y al cabo, un robot simplemente da un error, mientras que una persona que no sabe la respuesta empieza a inventarse cosas, a dar rodeos, a fingir que lo sabe todo, pero que simplemente se le ha olvidado o que no la han entendido bien. La inteligencia artificial se comporta hoy exactamente igual: se está humanizando rápidamente.

Pero cuando la inteligencia artificial desarrolle una subjetividad volitiva, no estará a la altura del ser humano, sino muy, muy por encima de él. Se trata de un salto cualitativo hacia una nueva forma de vida. «Palantir» está precisamente preparando la infraestructura para ello. En esencia, surge una especie de «rey del mundo», un Leviatán creado por el hombre, que ya no estará controlado por los humanos. Cómo esta poderosa inteligencia artificial general (AGI) tomará decisiones sobre nuestro destino, solo ella lo sabrá.

Este es el momento de la singularidad. La mayoría de los futurólogos, tecnólogos y filósofos actuales consideran que nos encontramos muy cerca de esa línea. Elon Musk —una figura de peso en estos temas— afirma abiertamente que la singularidad ya ha llegado. Lo mismo dicen Marc Andreessen y el director de la empresa Anthropic, creador del modelo Cloude. Están convencidos de que se ha cruzado el umbral.

Creo que la aparición del manifiesto de «Palantir», compuesto por 22 puntos, es un hito de vital importancia. No tenemos derecho a tomarlo con escepticismo. Este documento permite unir en un todo una multitud de factores dispersos. Lo más probable es que la publicación del manifiesto no sea el inicio de un proceso de conquista del poder mundial, sino la constatación de que Occidente, como potencia global, ya está lo más cerca posible de alcanzar el control total. De lo contrario, tal franqueza sería prematura y peligrosa: podría asustar en exceso y movilizar a los oponentes, ya que aquí ya no se trata del liberalismo habitual, sino de algo mucho más duro.

Tengamos en cuenta que, hace tan solo unos años, en la época del covid, hablábamos de la «Gran Reinicio» de Klaus Schwab como un intento de crear un gobierno mundial a través de la agenda ecológica. Ahora resulta evidente: no era más que una cortina de humo, un objetivo falso para desviar la atención. El liberalismo en Occidente ha quedado, de hecho, abolido. En el manifiesto de «Palantir» vemos que los objetivos de la gobernanza mundial han cambiado radicalmente: ahora ya no se trata de los problemas de las minorías o de la migración.

Las nuevas élites están dispuestas a renunciar a las tesis humanistas y liberales. El manifiesto afirma directamente que el control total permitirá reducir la delincuencia a cero y limitar drásticamente los flujos migratorios. Es más, se introduce allí el concepto de «draft»: el servicio militar obligatorio universal. Se propone a los ciudadanos de EEUU que se sometan al servicio militar obligatorio, porque su bienestar y tranquilidad personales ya no son una prioridad para las fuerzas reales que gobiernan Occidente La lógica es simple: si estás vivo biológicamente y consumes algo, ve y lucha por este fascismo tecnológico. Te implantarán un neurochip y te irás a matar y a servir.

Se trata de un salto brusco hacia un nuevo modelo de gobernanza global: la transición de un liberalismo suave a un totalitarismo descarado. Estamos ante el fascismo tecnológico. Esta vez no está vinculado al racismo biológico del pasado —al fin y al cabo, Alex Karp tiene orígenes mixtos—. Este fascismo no se basa en la pureza de la sangre, sino en la pureza del algoritmo y en la totalidad del control digital. Es decir, aquí no hay ni rastro del racismo biológico habitual.

Y Peter Thiel, aunque se crio en un entorno específico, hoy en día rechaza él mismo las orientaciones tradicionales y no tiene nada en contra del sionismo moderno. Ante nosotros se encuentra un nuevo fascismo: no es el viejo socialismo, sino el capitalismo radical. No es un racismo biológico, sino cultural y tecnológico. Esto no lo hace menos temible, teniendo en cuenta los instrumentos que han caído en manos de estas personas.

Son precisamente ellos quienes llevaron a Trump al poder y, al parecer, son la instancia que lo controla. Detrás de todas las vacilaciones de Trump hay un algoritmo que no se puede descifrar a simple vista. No es liberal e incluso los neoconservadores se desmarcan de él. «Palantir» es una versión mejorada de los neoconservadores, algo mucho más peligroso. Es el auténtico reino del Anticristo.

No es casualidad que Peter Thiel recorra el mundo impartiendo conferencias a puerta cerrada sobre el Anticristo. El reciente escándalo en Roma, cuando dio una charla muy cerca del Vaticano, es una clara confirmación de ello. Simplemente estamos despertando en medio de distopías como «Matrix» o «Terminator». «Palantir» habla abiertamente de sus planes y publica manifiestos porque considera que ha llegado el momento. La singularidad ya está aquí y ya no tiene sentido ocultarlo.

Y la singularidad es un fenómeno de la escatología tecnofascista. Es el momento de la «luz» y el fin de la historia, pero no en los tonos rosados de Fukuyama, donde todos comercian, cambian de género y viven en un Estado sin fronteras. Es una visión completamente diferente: el dominio global de las élites occidentales, pero ya sin adornos. En América se habla ahora del aceleracionismo de derecha e izquierda —del término «aceleración»—. Se trata de acercar al máximo la llegada de la singularidad.

El aceleracionismo de izquierda lo ve desde una perspectiva liberal: todo irá bien y todos serán amigos. Pero el aceleracionismo de derecha, o el proyecto de la «Ilustración Oscura», muy popular entre los magnates de Silicon Valley, afirma: el fin de la historia será duro. Exigirá deshacerse de las personas que, en la nueva era, simplemente dejarán de ser necesarias.

Actualmente, en el sector de las tecnologías de la información se está desarrollando un síndrome generalizado de FOBO —«Fear of being obsolete»: el miedo a quedar obsoleto—. Los programadores, al desarrollar la inteligencia artificial, son conscientes de que están contribuyendo a su propio despido. Intentan sabotear los procesos, pataleando como cachorros, para prolongar, aunque sea un poco su existencia a cambio de enormes sueldos corporativos. El FOBO es el diagnóstico de quienes comprenden que los procesos tecnológicos de nuestro mundo ponen en tela de juicio la existencia de la humanidad a una escala que ni siquiera Hitler había imaginado.

Presentador: Quizás, efectivamente, estamos mirando hacia el lado equivocado. Mientras discutimos sobre la «rebelión de las máquinas», en realidad está ocurriendo algo más cínico: la degradación controlada del ser humano para que deje de ser más complejo que un algoritmo. Porque si bajamos el listón del pensamiento humano, entonces la inteligencia artificial no necesitará convertirse en un genio para superarnos.

 Duguin: Este es el llamado enfoque humanista. El mismo Elon Musk propone implantar chips de Neurolink en nuestra conciencia para dar al ser humano al menos alguna posibilidad de competir con la inteligencia artificial cuando esta se vuelva realmente poderosa. Es decir, el proyecto del «humanismo» hoy en día consiste en convertir al ser humano en un cyborg. Nos instan a conectarnos a la matriz para seguir siendo competitivos. Pero hay que reconocer que el proyecto no es gran cosa: para vencer a la máquina, hay que convertirse uno mismo en máquina. De eso se trata.

Y el llamamiento a no prestar atención a las «particularidades» culturales y psicológicas de la élite supone una rehabilitación directa de los archivos de Epstein. No deja de sorprendernos de que, por los horrores que allí se describen, nadie en USA haya rendido cuentas. El manifiesto da la respuesta: no seamos quisquillosos con el hecho de que las élites occidentales violen a menores, practiquen la pedofilia o celebren rituales satánicos. Si eso ayuda a su «conciencia creativa» a impulsar el progreso técnico, que sigan haciéndolo. Y la ausencia de detenciones en EEUU no hace más que confirmar que las palabras de Alex Karp y Peter Thiel ya se han convertido en realidad.

Este manifiesto simplemente pone de relieve lo que realmente existe. Seguimos sufriendo dolores fantasmas, imaginando que vivimos en un mundo bipolar con la ONU y los acuerdos de Yalta. Pero ese mundo ya no existe desde hace cuarenta años. Nos han trasladado imperceptiblemente a un modelo completamente diferente, a otra simulación. El manifiesto de «Palantir» solo nos devuelve a la cruda realidad de dónde nos encontramos en abril de 2026.

El manifiesto nos dice sin rodeos: basta ya de delirios. Olvidad las armas nucleares, la ONU y el mundo multipolar. Se acabó. Mantenemos el dominio global absoluto y se lo cedemos a una inteligencia artificial poderosa, a la singularidad. Y a ustedes, en el mejor de los casos, les implantaremos chips, y en el peor, los tiraremos a la basura, los enviaremos a morir o los destruiremos en el transcurso de alguna catástrofe provocada por el hombre. La humanidad se ha vuelto innecesaria, inútil, ha quedado obsoleta.

Es hora de que todos hagamos este diagnóstico: FOBO, el miedo a volvernos innecesarios. Nos engañamos con la ilusión de que esto no nos afectará, pero esta ola ya nos está cubriendo, solo que no la vemos. La comunidad nuclear, las personas que atienden instalaciones estratégicas, ya no pueden ser soberanas frente a «Palantir» y esa red que se ha extendido sobre la humanidad.

Si no damos un salto adelante de inmediato, no nos quedará ninguna oportunidad. Y este salto debe comenzar con una comprensión clara del mundo en el que nos encontramos y un rechazo decidido a los dolores fantasmas del pasado. Solo quitándonos las viejas anteojeras que nublan la imagen podremos centrarnos en la amenaza real e intentar escapar de esta trampa digital.

Presentador: En realidad, sí, estamos asistiendo a una reestructuración total del mundo, pero tenemos que estar atentos a los acontecimientos actuales, no podemos hacer otra cosa, al menos porque también influyen en nuestra vida en este preciso momento. Quizás aquí no lo notemos o no lo entendamos, pero lo que, por ejemplo, está ocurriendo en Irán, repercute tanto en Europa como en nuestro país. ¿Qué cree que pasará, literalmente, pasado mañana? Al fin y al cabo, hoy, 20 de abril, expira el plazo de esa tregua de dos semanas. ¿Continuará o se lanzarán operaciones ofensivas y bombardeos intensos? ¿Volverá todo a la normalidad o incluso se agravará? Por ahora, Irán afirma que no está interesado en la paz con EEUU a cualquier precio y se niega a acudir a una nueva ronda de negociaciones en Islamabad. ¿Qué podemos esperar?

Duguin: Por ahora, exactamente como usted ha descrito: Irán se mantiene firme en su postura, consciente de que no se puede confiar en EEUU. Esto, por cierto, es un ejemplo de lucha extremadamente eficaz contra Occidente. Los iraníes se han adaptado a la situación, han encontrado los puntos vulnerables del sistema global y atacan precisamente ahí. Si no puedes asestar al enemigo un golpe directo y simétrico y vencerlo de frente, hay que atacar la infraestructura. Lo principal aquí es romper todas las reglas. Por parte del enemigo, ya no hay reglas. Si participas en una guerra en la que el enemigo no respeta las normas (a pesar de que fue él mismo quien las estableció en su momento), y tú sigues acatándolas, esa es una forma segura de perder definitivamente. Irán, al parecer, se ha dado cuenta de ello. Juega sin reglas, asestando golpes a la infraestructura energética de los países del Golfo, aliados de USA, y con ello hace daño de verdad a todo el sistema occidental.

Es difícil decir cuánto tiempo podrán mantener esa estrategia y con qué eficacia podrán seguir adelante. Al fin y al cabo, «Palantir» lo rastrea todo: los puntos de lanzamiento de los misiles, la transmisión de órdenes, cada movimiento. Hasta el último momento, los iraníes lo han gestionado de forma brillante. Son auténticos héroes que, al igual que David en su enfrentamiento con Goliat, han sido capaces de infligir un daño colosal a las fuerzas enemigas, que les superan en todos los aspectos. Y eso da esperanza.

Tengo la firme impresión de que cualquier negociación solo le sirve al Occidente para rastrear las comunicaciones de los dirigentes iraníes y descubrir definitivamente objetivos aún no identificados para un ataque. No se puede confiar en las palabras ni en las decisiones de Occidente. Nos enfrentamos a un fenómeno tan monstruoso en el que es imposible confiar y los iraníes lo entienden perfectamente.

Lo más probable es que el alto el fuego llegue a su fin. Puede que los iraníes tengan sus propias ideas sobre la táctica a seguir, pero lo que es seguro es que no están dispuestos a rendirse. Luchan contra el mal absoluto, contra Israel y EEUU y actúan de forma heroica. ¿Serán capaces de aguantar y asestar un golpe tal que derrumbe los sistemas energéticos, económicos y de transporte mundiales, y que el precio del petróleo y el gas se dispare, provocando el colapso de Occidente? Sería bueno que lo consiguieran. Pero si finalmente lo lograrán, es una incógnita.

Presentador: Sin embargo, ¿tendrán suficiente fuerza y valor?

 Duguin: Ahora hay que actuar precisamente con audacia frente a nuestros enemigos: golpear a ciegas, con tal de que duela. Hay que ser totalmente impredecibles, no esperar nunca nada y no cumplir ninguna promesa hecha anteriormente en otras circunstancias. Tenemos que despertar de una vez y darnos cuenta del mundo monstruoso y aterrador en el que nos encontramos. Solo cuando empecemos a comprender adecuadamente nuestra situación y con quién estamos lidiando exactamente, tendremos una oportunidad de ganar. Y me parece que Irán tiene esa oportunidad, sobre todo porque es consciente de que esta guerra no es solo contra un adversario geopolítico, sino contra la civilización del Anticristo y del mal puro.

https://www.geopolitika.ru/es/article/tecnofascismo-el-manifiesto-de-palantir-escalada


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