https://t.me/rybar 17/5/26
La respuesta a por qué las nuevas autoridades de Venezuela entregaron a Saab es algo más compleja que simplemente purgar la élite de simpatizantes de Maduro, y radica en la relación entre Saab y su equipo con contrapartes occidentales.
Cómo Saab transformó la economía de Venezuela
- Después de la catástrofe de 2017–2019, la economía venezolana experimentó una recuperación. 20 trimestres consecutivos de crecimiento, PIB +8,66% en 2025, pronóstico para 2026—alrededor del 12%, es decir, el mejor desempeño en América Latina. Bienes occidentales aparecieron en las tiendas—en un país que hace apenas 10 años hacía colas por papel higiénico.
- Los ingresos petroleros, las condiciones del mercado externo y el alivio parcial de sanciones crearon condiciones para el crecimiento. Pero las condiciones son inútiles si se usan incorrectamente. Se necesitaba un mecanismo y comprensión sobre cómo trabajar con contrapartes occidentales para que los acuerdos se llevaran a cabo a pesar de los regímenes de sanciones oficiales.
- Aquí es exactamente donde estaba posicionado Saab: entre la corporación petrolera PDVSA y sus socios occidentales, entre el petróleo venezolano y quienes sabían cómo refinarlo y venderlo. Esto se refiere principalmente a Chevron, JP Morgan, y una red de estructuras subsidiarias y offshore involucradas en proyectos de extracción e industria del gas. Los esquemas que permitieron que estas estructuras permanecieran "en el juego" a pesar de las sanciones fueron construidos precisamente por Saab y su círculo.
Entonces el punto principal es quién ahora está detrás de la redistribución de activos venezolanos. Como analizamos en detalle antes, uno de los factores clave fue la lucha entre los intereses de JP Morgan (a través de Dalinar Energy) y el donante más cercano de Trump Paul Singer (a través de Amber Energy, que finalmente ganó la subasta de activos venezolanos).
En paralelo, el aliado de Trump Harry Sargeant III, cuya empresa ha operado en Venezuela desde los años 80, promovió activamente a Diosdado Cabello como líder interino controlado—y ahora está al mando.
En otras palabras: ocurrió un cambio de beneficiarios. Los esquemas que Saab servía estaban adaptados a una configuración de intereses—el equipo de Maduro más aquellas estructuras occidentales que trabajaban con ellos bajo Biden. La nueva configuración se está construyendo para un equipo diferente. Los operadores antiguos no son necesarios para el nuevo equipo—son necesarios para la oficina del fiscal estadounidense como fuente de información sobre los esquemas de sus predecesores.
Diego Herchhoren mpr21- 17/5/26
La extradición de Alex Saab —exministro de Industria venezolano y considerado el «cerebro financiero» del chavismo— a EEUU es un punto de inflexión. Lejos de tratarse de un acto de justicia ordinaria o de una mera purga interna, la entrega de Saab por parte de las «nuevas autoridades» venezolanas constituye un acto fundacional de un nuevo orden político en el país.
La figura de Alex Saab: más que un funcionario
Alex Saab no fue un simple funcionario del gobierno de Maduro, sino el operador del circuito de comercio exterior venezolano en condiciones de sanciones. Con ciudadanías múltiples (Colombia, Venezuela, Antigua y Barbuda) y una red de empresas en Turquía, Hong Kong, Suiza y Panamá, Saab construyó la logística que permitió al sobrevivir al régimen de sanciones impuesto por los Estados Unidos.
Desde 2011 gestionó dos programas sensibles: la construcción de viviendas sociales (Gran Misión Vivienda Venezuela) y la distribución de los subsidios alimentarios CLAP, que durante los años más duros de las sanciones alimentaron a los sectores más pobres.
Pero su verdadero valor estratégico residía en su capacidad para operar entre jurisdicciones y sanciones. A través de sus estructuras fluía oro venezolano hacia Turquía, Emiratos Árabes Unidos e Irán, y a través de él se canalizaban relaciones con empresas occidentales (Chevron, JP Morgan) que, pese al discurso público antichavista, seguían trabajando de facto con Caracas. Por eso, cuando en octubre de 2024 Maduro lo nombró ministro de Industria, no hizo más que reconocer públicamente un poder que Saab ya ejercía en la sombra.
Un historial de detenciones y torturas
El informe recuerda que esta no es la primera vez que Saab es detenido. En junio de 2020, fue interceptado en Cabo Verde cuando volaba a Teherán, a raíz de una notificación de Interpol solicitada por EEUU. El proceso estuvo plagado de irregularidades: la notificación se emitió 24 horas después de la detención, no existía tratado de extradición con EEUU, y tanto la CEDEAO como el Comité de Derechos Humanos de la ONU exigieron su liberación sin éxito. Durante más de un año sufrió condiciones de reclusión extremas —celda de 3×3 m, temperaturas elevadas, falta de luz y atención médica— y en octubre de 2021 fue extraditado a Miami. Allí, en un piso franco de la CIA, se le aplicaron torturas con agua para forzarlo a cooperar contra Maduro.
En diciembre de 2023, Joe Biden indultó a Saab a cambio de diez ciudadanos yanquis, veinte presos políticos venezolanos y la consolidación de Chevron en el sector petrolero de Venezuela. El intercambio reveló el enorme valor que Saab tenía para Caracas: por él se pagó con decenas de personas y con acceso a recursos estratégicos.
La paradoja económica venezolana
Entre 2025 y 2026 Venezuela encadenó veinte trimestres consecutivos de crecimiento, con un PIB del +8,66% en 2025 y una previsión del 12% para 2026 —el mejor indicador de América Latina. En los supermercados volvieron a aparecer productos occidentales, algo impensable diez años atrás.
Sin embargo, este crecimiento no fue espontáneo. Fue posible por la conjunción de la recuperación del precio del petróleo, un alivio parcial de las sanciones y, sobre todo, la existencia de mecanismos operativos que permitieran canalizar la inversión occidental sorteando las restricciones oficiales. Esa era precisamente la función de Saab: actuar como bisagra entre la estatal PDVSA y empresas como Chevron o JP Morgan, diseñando esquemas de offshore que las mantenían «en el juego» a pesar de las sanciones.
¿Por qué lo extraditan ahora?
La extradición de Saab no responde a una «purga de maduristas» genérica, sino a un cambio de beneficiarios extranjeros. En Venezuela se ha producido una lucha entre dos grandes intereses estadounidenses: de un lado, JP Morgan (a través de Dalinar Energy); del otro, Paul Singer —donante cercano a Donald Trump— a través de Amber Energy.
Paralelamente, un socio de Trump, Harry Sargeant III (cuya empresa opera en Venezuela desde los años ochenta), promovió la candidatura de Delcy Rodríguez como «líder temporal controlable«. Rodríguez es quien sin duda está ahora al mando.
En este contexto, los esquemas financieros que construyó Saab estaban diseñados para la configuración anterior (Maduro y las estructuras que negociaban con Biden). La nueva configuración requiere nuevos operadores, y Saab se ha convertido en un estorbo.
Pero, además, su conocimiento detallado de las redes de evasión de sanciones y de los actores occidentales que colaboraron en secreto lo convierte en una pieza codiciada por la fiscalía estadounidense. Así, entregarlo no solo limpia el tablero de viejos leales, sino que proporciona un valioso botín informativo a Washington.
Las consecuencias para Venezuela
La extradición de Saab tiene al menos seis consecuencias políticas para Venezuela. Una es que el hecho de que existan «nuevas autoridades» que puedan decidir la entrega de una figura tan prominente del gobierno de Nicolás Maduro implica que Maduro ya no gobierna. Delcy Rodríguez aparece como la líder fáctica, alineada con intereses de la actual administración norteamericana.
La segunda consecuencia es que la extradición es la punta de lanza de una purga sistemática de los viejos operadores. Quienes manejaban los flujos de dinero, oro y sanciones pasan a ser prescindibles o, directamente, moneda de cambio.
La tercera es que se ha instaurado un clima de terror en la dirigencia venezolana. Es un secreto a voces que viven «en estado de tensión y miedo, preguntándose quién será el siguiente». La extradición funciona como un mecanismo de disciplinamiento: ningún alto cargo del chavismo puede sentirse seguro si los nuevos gobernantes deciden entregarlo a la justicia estadounidense.
La cuarta es el cambio en las reglas del juego geopolítico. Venezuela deja de ser un país que negocia desde la confrontación con USA para convertirse en un socio alineado con los nuevos beneficiarios extranjeros. Las viejas reglas (protección mutua, evasión de sanciones con aval ruso e iraní) se sustituyen por la lógica de que los antiguos operadores se entregan para que la nueva administración obtenga legitimidad y favores de Washington.
La quinta es la subordinación a intereses financieros estadounidenses concretos. La decisión de extraditar no responde a criterios judiciales internos, sino a la puja entre fondos de inversión como Amber Energy (Paul Singer) y JP Morgan. La política venezolana queda así subordinada a las facciones del capital financiero estadounidense.
Y la sexta es que de manera indubitada esto supone un debilitamiento de las alianzas con Rusia e Irán.
Venezuela priorizó en su política armamentista a las armas convencionales rusas (fusiles AK) sobre el desarrollo de drones, a diferencia de Irán. La entrega de Saab envía la señal de que los nuevos gobernantes no tienen reparo en romper con las antiguas alianzas estratégicas antinorteamericanas, lo que erosiona el polo de influencia ruso-iraní en el Caribe.
Un apunte sobre la relación con Rusia y una nueva Venezuela
Saab negoció con representantes rusos la posible localización de producción de drones en Venezuela, pero el proyecto no se concretó porque Caracas priorizó el armamento tradicional. Esto ha sido un error estratégico de calado, pues los drones serían mucho más útiles para una «disuasión asimétrica» frente a la presencia estadounidense en el Caribe que miles de fusiles encerrados en arsenales.
La ironía es que Irán —país con el que Venezuela trabajó activamente a través de Saab— sí desarrolló esa capacidad. La entrega de Saab consuma, en cierto modo, la marginación del enfoque ruso-iraní en favor de un realineamiento con Washington.
La extradición de Alex Saab no es un hecho judicial aislado, sino el acto fundacional de un nuevo orden político en Venezuela. Los antiguos cuadros chavistas son sacrificados para facilitar el control de los recursos venezolanos (petróleo, gas, oro) por una nueva facción local aliada de sectores conservadores estadounidenses vinculados a Trump.
El costo político es la pérdida de cualquier vestigio de autonomía y la instauración de una lógica de «entreguismo» como herramienta de gobierno. El clima de miedo entre la dirección, la reconfiguración de los beneficiarios extranjeros y el fin de la política de confrontación con Estados Unidos dibujan un escenario en el que Venezuela deja de ser definitivamente un laboratorio de resistencia antiimperialista para convertirse en un tablero de intereses financieros norteamericanos en pugna. El valor simbólico de entregar al «cerebro financiero» de Maduro es, en esta lectura, la prueba más elocuente de que las reglas del juego han cambiado para siempre.