A pesar de su menguante poder y sus evidentes fracturas internas, el bloque imperial occidental se mantiene notablemente unido; mientras tanto, la Mayoría Global sigue careciendo de una coherencia estratégica comparable
ENTREVISTA
1. La ilusión de multipolaridad y “caos orquestado”
Existe la creencia generalizada de que está surgiendo un orden multipolar; sin embargo, usted ha descrito la política exterior estadounidense —en particular la de Trump— no como errática, sino como un «caos orquestado». ¿Cómo utiliza Washington con éxito esta estrategia para obstaculizar un nuevo orden internacional estable, y quiénes son las principales víctimas: adversarios declarados como China o «socios» europeos?
Sí, creo que la estrategia de Washington no carece de rumbo, sino que consiste en la creación deliberada de caos y desorden permanentes. Incapaz de derrotar a sus rivales directamente, EEUU busca impedir la consolidación de cualquier orden alternativo estable. La lógica es simple: un mundo multipolar requiere, por definición, cierto grado de orden y previsibilidad internacionales. Al desmantelar sistemáticamente ese orden —descartando tratados, instrumentalizando sanciones, lanzando guerras ilegales y desestabilizando estados periféricos— Washington se asegura de que ningún sistema internacional alternativo, estable y coherente, pueda arraigarse.
Tanto China como Europa son blanco de esta estrategia globalizada de guerra indirecta, que ataca los puntos débiles del sistema rival, aunque ambas la abordan de forma muy diferente. China es el principal adversario a largo plazo de EEUU, cuyo ascenso debe frenarse a toda costa, pero también es un país grande, con armamento nuclear y demasiado integrado económicamente en el sistema global como para ser atacado directamente. Europa es mucho más vulnerable y, en muchos sentidos, un objetivo más conveniente a corto plazo. Mantener a Europa desestabilizada, dependiente y vinculada a Washington a través de la OTAN y la energía impide el surgimiento del único bloque geopolítico que, de alcanzar una verdadera autonomía, podría modificar decisivamente el equilibrio global: un espacio económico euroasiático plenamente integrado en un nuevo marco global multipolar o policéntrico.
Europa es, por lo tanto, una de las principales víctimas de esta estrategia, probablemente más que China. La guerra en Ucrania, el sabotaje del Nord Stream, el cambio forzado al costoso gas natural licuado estadounidense en lugar del gas ruso a través de gasoductos, la guerra con Irán y sus devastadoras consecuencias energéticas para el continente: nada de esto es casual. Son los resultados previsibles de una estrategia diseñada para mantener a Europa débil, dividida y subordinada.
2. La energía como palanca geopolítica y el factor ucraniano
Usted argumenta que Washington ha sustituido deliberadamente la dependencia de Europa del gas ruso por una dependencia del gas natural licuado (GNL) estadounidense. Dadas las enormes tensiones surgidas en marzo de 2026 por el bloqueo de los gasoductos en Ucrania (por ejemplo, el de Druzhba), ¿se ha convertido la infraestructura energética en una herramienta que EEUU utiliza para presionar, a través de Kiev, a estados de la UE considerados "desobedientes", como Hungría o Eslovaquia?
Que la infraestructura energética se haya convertido en una herramienta de presión geopolítica ya no es una hipótesis, sino un hecho documentado. La Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU define explícitamente el "dominio energético estadounidense" como una prioridad estratégica, y la administración Trump no ha ocultado el uso de las exportaciones de GNL como moneda de cambio para obtener concesiones políticas y económicas de los gobiernos europeos.
La situación de Druzhba, sin embargo, requiere un análisis más detenido. Los ataques contra la infraestructura energética húngara y eslovaca son muy probablemente obra del establishment UE-OTAN, que incluye facciones liberal-atlantistas dentro del aparato estatal estadounidense, pero que no deben equipararse simplemente con la Casa Blanca. El momento elegido es particularmente revelador: estas acciones tenían claramente como objetivo desestabilizar al gobierno de Orbán antes de las elecciones húngaras. Dado que Orbán es uno de los aliados europeos más cercanos a Trump, sería extraño atribuir la responsabilidad a la Casa Blanca. Lo que estamos presenciando es al aparato transatlántico permanente —el aparato Bruselas-OTAN— persiguiendo su propio interés institucional en eliminar un elemento disruptivo, incluso a costa de actuar contra un aliado del presidente estadounidense en funciones.
La idea principal sigue siendo válida: la energía se ha convertido en la principal herramienta mediante la cual tanto Washington como el aparato de Bruselas disciplinan a los Estados miembros que persiguen políticas independientes. Hungría y Eslovaquia están siendo castigadas no por violar las normas de la UE, sino por negarse a subordinar sus intereses nacionales al consenso atlantista.
3. El "golpe silencioso" de Bruselas y su autodestrucción estratégica
En uno de sus informes para MCC Bruselas, usted habla de un «golpe silencioso» por parte de la Comisión Europea. ¿Por qué la burocracia de Bruselas se involucra en un juego económico autodestructivo que sirve a los intereses de Washington? ¿Hasta qué punto se está utilizando la crisis actual para usurpar poderes que legítimamente pertenecen a los Estados-nación soberanos?
Washington ha apoyado durante mucho tiempo la integración europea argumentando que un gobierno supranacional es más fácil de gestionar que decenas de gobiernos nacionales. Por lo tanto, la UE siempre ha funcionado, en parte, como un instrumento de influencia estadounidense. Pero reducirla solo a eso sería pasar por alto un punto crucial. La función más profunda de la UE es la transferencia de poder de los Estados nación democráticos a los intereses oligárquicos de las élites —financieras, corporativas y burocráticas— cuyo poder crece precisamente cuando la gobernanza se transfiere a instituciones aisladas de la rendición de cuentas popular. El aparato de Bruselas sirve a una superclase transnacional, y la conexión con EEUU es solo una dimensión de esto, no la historia completa.
Lo que ha cambiado bajo el mandato de von der Leyen es el ritmo y la audacia de la centralización. La guerra con Irán brindó una nueva oportunidad. La Comisión aprovechó la crisis para afianzar su control sobre áreas de la política exterior que formalmente corresponden al Alto Representante, quien se supone que debe reflejar las opiniones de los Estados miembros, mediante el establecimiento de estructuras paralelas, incluyendo una célula de inteligencia bajo la supervisión directa de la Comisión y una nueva Dirección General para Oriente Medio. El patrón es constante: cada nueva crisis se convierte en un pretexto para una mayor transferencia de soberanía hacia arriba, alejándola de los Estados miembros y de las instituciones con un mínimo de fundamento democrático, hacia las instituciones supranacionales estructuralmente antidemocráticas de la UE.
4. La “autonomía estratégica” de Hungría y sus puentes tecnológicos
Mientras que la UE exige una desvinculación casi total del Este, Budapest [bajo el gobierno anterior] ha mantenido proyectos como la central nuclear Paks II. Esta cooperación tecnológica y energética puede servir como pilares fundamentales para la integración multipolar de Europa, y ¿por qué Hungría parecía ser el único país de la UE que se tomaba en serio el concepto de «autonomía estratégica»?
La insistencia de Hungría en completar el proyecto Paks II, mantener los lazos energéticos con Rusia y preservar las relaciones comerciales con China reflejaba una comprensión coherente de lo que la autonomía estratégica requiere en la práctica, en contraposición al discurso retórico propagado por Bruselas. Proyectos como Paks II son importantes no solo por su producción energética, sino también como pilares a largo plazo: forjan vínculos técnicos y económicos mucho más difíciles de romper que las alianzas políticas, y demostraron a sus socios que Budapest pretendía seguir siendo un interlocutor serio, independientemente de las presiones institucionales a las que estuviera sometida.
En cuanto a por qué Hungría se ha encontrado prácticamente aislada, parte de la respuesta reside precisamente en Orbán, un estadista verdaderamente excepcional según los sombríos estándares de la política europea contemporánea, quien ha demostrado estar dispuesto a soportar constantes castigos financieros e institucionales en defensa de lo que considera los intereses nacionales de Hungría. Pero también existe una explicación estructural. Hasta la década de 1990, los países de Europa Central y Oriental fueron en gran medida inmunes a la colonización cultural e ideológica que décadas de influencia estadounidense, dominio mediático y construcción de instituciones atlantistas habían impuesto a Europa Occidental. El resultado es un sentido de identidad nacional más sólido y espontáneo. Estas sociedades nunca han sido completamente "reprogramadas", y Hungría, bajo el mandato de Orbán, ha sido el país más dispuesto a aprovechar esa diferencia histórica.
5. El uso de la “solidaridad europea” como arma
Cuando Hungría suspendió temporalmente el suministro de diesel a Ucrania en respuesta a los bloqueos de oleoductos, fue condenada en Bruselas por falta de solidaridad. ¿Es el término «solidaridad europea» hoy en día simplemente un arma ideológica utilizada para reprimir los intereses nacionales y estigmatizar cualquier vía diplomática, como la favorecida por el Sur Global (BRICS)?
La aplicación selectiva de la «solidaridad europea» lo dice todo sobre lo que este concepto significa en la práctica. Hungría y Eslovaquia, Estados miembros de la UE cuyas poblaciones sufren daños económicos considerables debido a las interrupciones en el gasoducto ucraniano, son reprendidas por sus obligaciones con el bloque. Mientras tanto, Ucrania, que ni siquiera es un Estado miembro, es tratada como si exigiera lealtad incondicional a todos los gobiernos europeos. Cuando Hungría suspendió el suministro de diesel en respuesta directa a los ataques contra su infraestructura, fue condenada. Cuando Ucrania ataca la infraestructura de los Estados miembros de la UE, Bruselas guarda silencio.
El concepto se ha convertido, en la práctica, en una herramienta de imposición ideológica, una forma de deslegitimar a cualquier gobierno que se desvíe del consenso atlantista, en lugar de un verdadero principio de apoyo mutuo. Los países que buscan el diálogo diplomático con Rusia, China o el Sur Global son presentados como amenazas a la unidad europea. En este contexto, la solidaridad implica la alineación con las prioridades estratégicas de la UE-OTAN y del liberalismo atlantista, y quienes cuestionan esta alineación son tachados de enemigos de Europa en lugar de defensores de los intereses europeos.
6. Alemania: el vasallo leal y su desindustrialización
Alemania sigue fielmente las directrices de Washington, pero es el país que más sufre las consecuencias de la desindustrialización. ¿Por qué la élite política alemana —en marcado contraste con el anterior gobierno de Budapest— no ofrece una resistencia significativa al debilitamiento sistemático de sus bases económicas?
La incapacidad de Alemania para resistir su declive económico cobra sentido al comprender la profunda reorientación que sufrió el país tras 1945. La reprogramación atlantista de la posguerra fue mucho más profunda en Alemania que en cualquier otro lugar de Europa Occidental, transformando no solo las instituciones políticas, sino también las universidades, los medios de comunicación, los centros de estudios y la formación de varias generaciones sucesivas de profesionales cuya visión del mundo se construyó dentro de marcos transatlánticos. El bloque de poder atlantista en Alemania es hegemónico de una manera sin precedentes en otros países, y cualquier político que se desvíe del consenso de Washington se enfrenta a una patologización inmediata, generalmente interpretada como un peligroso eco de los capítulos más oscuros de la historia del país.
No obstante, a pesar de ello, Alemania ha podido mantener una política semiautónoma hasta cierto punto. Bajo el mandato de Schröder (y en cierta medida bajo el de Merkel), Alemania logró forjarse un grado de semiautonomía estratégica frente a Rusia, de la cual el gasoducto Nord Stream fue la expresión más tangible. Este experimento resultó lo suficientemente amenazador como para provocar un esfuerzo sostenido por restablecer el control total: la marginación gradual de los políticos dispuestos a defender los intereses económicos alemanes y el cuidadoso cultivo de aquellos que no lo harían. Friedrich Merz es el resultado de este proceso de selección, un líder que combina un lenguaje asertivo con una subordinación estratégica total y que preside el declive controlado de la industria alemana sin cuestionarla seriamente.
7. Vulnerabilidad de los BRICS y riesgo de colapso
Usted ha advertido sobre el exceso de confianza en el éxito de la multipolaridad. ¿Cuál es la mayor vulnerabilidad estructural o política dentro de la alianza BRICS que EEUU podría explotar para socavar el surgimiento de este nuevo orden mundial?
Sí, creo que existe bastante complacencia en los círculos pro-multipolaridad, una tendencia a considerar la transición a un nuevo orden internacional como prácticamente inevitable y a pensar que EEUU solo tiene una capacidad marginal para frenarla. Mi postura es menos determinista. Como ya se ha mencionado, un nuevo orden internacional requiere, por definición, cierto grado de orden y estabilidad. Al provocar una desestabilización permanente, EEUU puede crear graves problemas estructurales para el proyecto BRICS sin necesidad de ganar ninguna confrontación directa.
La vulnerabilidad que EEUU está en mejor posición para explotar es la incoherencia estratégica de la respuesta colectiva de la Mayoría Global. Rusia está inmersa en una confrontación militar de facto con la OTAN. Mientras tanto, China sigue evitando el conflicto directo a casi cualquier precio, e Irán se ha visto obligado a depender en gran medida de sus propios medios militares para responder a la agresión estadounidense-israelí (aunque con el apoyo indirecto de China y Rusia). Los BRICS carecen de una doctrina de seguridad unificada o un marco de disuasión compartido, y sus miembros siguen apelando a los mecanismos de la ONU y a un orden basado en normas cuya naturaleza ficticia, dada la situación en Gaza, resulta imposible de negar. La continua dependencia de marcos que demuestran ser ineficaces conlleva el riesgo de transmitir al bloque occidental la idea de que la escalada no tiene consecuencias graves.
A pesar de su menguante poder, el bloque imperial occidental se mantiene notablemente unido. Desarrollar una coherencia estratégica comparable entre los países de la Mayoría Global es probablemente la tarea más importante para quienes desean que la transición multipolar tenga éxito.
8. El conflicto en Oriente Medio y la crisis iraní
¿Cómo encaja la guerra actual entre EEUU, Israel y el liderazgo iraní "decapitado" en esta lucha más amplia por la hegemonía mundial? ¿Se trata de un intento por reafirmar el control unipolar sobre una región clave del mundo multipolar?
La guerra contra Irán sigue la misma lógica que describí anteriormente: en lugar de enfrentarse directamente a las grandes potencias, EEUU ataca los eslabones más débiles del sistema rival. Irán encaja a la perfección en este papel. Suministra aproximadamente entre el 13 % y el 15 % de las importaciones de petróleo de China, es un componente clave del emergente eje estratégico Rusia-China-Irán y ha sido durante mucho tiempo el principal obstáculo para la supremacía militar occidental indiscutible en la región más rica en energía del mundo. Su eliminación impulsa simultáneamente los objetivos de dominio energético de EEUU y sirve a los intereses regionales de Israel, y estas dos agendas convergen ahora plenamente en torno a una única operación.
Lo que distingue cualitativamente la guerra actual de los anteriores enfrentamientos entre EEUU e Irán es la imprudencia con la que se inició. Las administraciones anteriores comprendieron, al menos en parte, por qué atacar directamente a Irán sería catastrófico, razón por la cual se abstuvieron a pesar de décadas de presión israelí. Esa cautela institucional se ha desvanecido. Europa ya sufre las consecuencias: una grave crisis energética, el riesgo de flujos masivos de refugiados y crecientes demandas de intervención militar directa. Dos guerras devastadoras se desarrollan simultáneamente a las puertas del continente: una en el este, alimentada por Washington, y otra en el sur, que Washington libra activamente. La primera ha sumido a Europa aún más en la dependencia. La segunda conlleva el riesgo real de llevarla al colapso económico y social
9. El futuro de la soberanía europea
De cara al resto de 2026, ¿vislumbra usted un camino hacia un giro "soberanista" en Europa, o la dependencia estructural de Washington y la burocracia de Bruselas ya ha llegado a un punto de no retorno para la mayoría de los Estados miembros de la UE?
Dos problemas estructurales dificultan enormemente prever un verdadero giro soberanista en Europa a corto plazo. El primero es la ausencia de un partido significativo dispuesto a dialogar con la UE como institución, en lugar de limitarse a criticarla, lo que representa un retroceso respecto al debate de hace una década. El segundo problema, en cierto modo más fundamental, es que prácticamente ningún partido populista de derecha o soberanista ha abordado seriamente la subordinación estructural de Europa a EEUU, del cual la UE es en parte un instrumento. Atacar a Bruselas y, al mismo tiempo, congraciarse con Washington no constituye un soberanismo coherente. De hecho, elude la cuestión fundamental de la que depende todo: quién controla, en última instancia, la política exterior, el suministro energético y la postura militar de Europa.
Nos encontramos, pues, ante una paradoja. Las condiciones objetivas para una ruptura con el orden atlantista son más favorables que en las últimas décadas. El poder estadounidense está claramente en declive, la administración Trump está creando divisiones en la opinión pública europea que ninguna administración anterior había logrado, y la legitimidad institucional de la UE atraviesa una profunda crisis. Sin embargo, las fuerzas políticas mejor posicionadas para aprovechar esta oportunidad están inactivas, cooptadas o carecen de la experiencia geopolítica necesaria para comprender lo que está sucediendo. La única buena noticia es que los ciudadanos europeos son cada vez más conscientes de la necesidad de una ruptura radical. En este tema, son los llamados partidos antisistema los que más se han quedado rezagados con respecto a sus votantes.
Traducción: Carlos X. Blanco.