09.JUN26 | PostaPorteña 2557

Revolución Popular y Geopolítica. La lucha por un Orden Multipolar desde el interior mismo del Imperio Occidental

Por Carlos J. Blanco Martín

 

Carlos Javier Blanco Martín - junio 2026

Dada la situación del mundo, lo normal y previsible sería un auge del sentimiento anti-yanqui y anti-sionista dentro del propio bloque sometido al Imperio Occidental. Ese sentimiento es popular, contrario al deseo de las élites dominantes. Por desgracia, aún no ha cristalizado en forma de movimiento organizado de protesta.

Los análisis optimistas acerca de la pujanza de los BRICS y su papel como agentes constructores de un Orden Mundial nuevo, inciden en el hecho palpable de que en buena parte del globo, aproximadamente una mitad, los Estados Unidos y los "valores de Occidente" ya no son tomados como guía. Estados Unidos no lidera ningún objetivo positivo, no es una potencia que pueda servir de guía, ni voluntaria ni forzadamente. Antes al contrario, en esa mitad del mundo liberada del colonialismo yanqui, ajena al Imperio, se están gestando modos de intercambio (comercial y financiero, energético, diplomático, institucional, etc.), muy distintos a los americanos, modos divergentes de los que el gigante americano impuso después de 1945. En medio mundo hay un sentimiento creciente en los pueblos del Sur Global y de los BRICS: la conciencia de ser capaces de vivir fuera de la jaula del dólar. Este artículo trata acerca de si dentro de la jaula occidental esa conciencia –también creciente- puede organizarse en contra de las élites dominantes, y hacer causa común con los pueblos ya liberados.

Europa Occidental y gran parte de Iberoamérica están dentro de la jaula del dólar (y del euro), del atlantismo, del liberalismo, del Imperio. Es la hora del Pueblo.

Dentro, tanto como fuera de Occidente, debería darse una efectiva  desamericanización de esas otras amplias regiones del planeta. En el Sur Global y en los países BRICS se está dando, y hay que conectarse con esa corriente.

La caída de la URSS y el desprestigio inmediato del llamado "socialismo real" a partir de 1989 implicó la llegada de una oleada neoliberal y occidental superficial y acelerada en países que no había sufrido los intensos y perforadores procesos de norteamericanización de Europa Occidental e Iberoamérica. En Rusia y en numerosos países eslavos, asiáticos, africanos, etc. resultó ser crucial el advenimiento de regímenes más o menos democráticos pero, en todo caso, protectores de la identidad y la economía nacional, regímenes que se alejaban del estándar (neo)liberal de cuño anglosajón. La Rusia de Putin y la China postmaoísta lideraron este alejamiento.

En Europa Occidental y en buena parte de Iberoamérica, la situación es bien distinta Las posibilidades de alejarse del estándar (neo) liberal de cuño anglosajón se fueron reduciendo tras la II Guerra Mundial por esa combinación de golpes de Estado, atentados selectivos, creación de guerrillas y fuerzas paramilitares, cooptación de líderes y partidos, revoluciones de color, "programas educativos" y todo el elenco, en suma, de poder blando del cual los yanquis han sido consumados maestros. En mi país, España, sea visto aquí por vía de ejemplo, hay mucho que investigar sobre los golpes de timón sangrientos y puntuales que evitaron una evolución de la España franquista hacia un régimen más abierto pero soberano, socialista, cuasi-peronista o cuasi-gaullista. El asesinato del almirante Carrero, la financiación extranjera del grupo terrorista y racista ETA, el papel del Borbón, los atentados de Atocha, el propio intento de golpe militar del 23F de 1981... Todos estos hechos siempre sembrarán numerosas dudas en el inconsciente colectivo del pueblo español, pueblo el cual, por más entontecido que esté bajo el poder blando yanqui desde hace décadas, siempre sospechará que el influjo incruento (soft power) no fue suficiente para pilotar la nave española en dirección claramente atlantista. Y la violencia –puntual o generalizada- siempre es una opción de los yanquis para asegurar el vasallaje de naciones vencidas, reducidas al estatus de colonias.

En el bloque del Imperio Occidental está aumentando, de momento, la estupefacción popular. Los europeos no captados por sus élites observan con pasmo que los recursos financieros que deberían canalizarse hacia fines sociales, tal y como ordenan todas sus Cartas Constitucionales, se destinan a un rearme injustificado. Todo ello sin aprobación ni escrutinio popular, El dictador Zelensky y sus batallones nazis reciben mucha ayuda militar y financiera que la Europa "democrática" necesita para su propia estabilidad social. Una Europa empobrecida a marchas forzadas, desindustrializada por causa de una política suicida que se esfuerza en complacer a los yanquis y en enojar a los rusos, contraviniendo intereses básicos como la seguridad energética (gas y petróleo baratos) y el intercambio positivo con Rusia. Europa se esfuerza en enfrentarse a la otra Europa, la Federación Rusia, en provecho de un Imperio no europeo y antieuropeo, que mantiene medio continente ocupado desde 1945.

Europa se empeña en librar una guerra como la de Ucrania que, perfectamente, podría haberse evitado. Una guerra que se buscó y se prolongó –hasta hoy- de manera artificial. El seguidismo de las élites "europeístas" pero anti-europeas, la sumisión a los dictados del Imperio han traído la guerra a nuestro continente.

A las puertas de esta Europa occidental se sigue desplegando un escenario de horror y vergüenza, horror y culpabilidad penal del cual las élites no podrán escapar, a no ser que las propias sociedades occidentales ya hayan muerto a todos los niveles (política y éticamente, sobre todo). La depuración de todo este escenario geopolítico solo va ser posible con un nuevo juicio de Núremberg, un proceso ejemplar y ejemplarizante donde las élites "europeístas" rindan cuenta de su complicidad criminal con este desastre humanitario. Actualmente, este fin parece utópico dado que las élites de Bruselas y de las capitales europeas parecen muy atornilladas a sus asientos. Se agarran bien al sillón dictando leyes cada vez más autoritarias, succionando soberanía a los países e incrementando los mecanismos de injerencia en elecciones democráticas, impulsando la prohibición de partidos políticos, ejerciendo la supresión de la disidencia, etc. Además, se percibe muy claramente su ansioso agarre al poder y el miedo al "Núremberg hipotético" confiando en que la interinidad de Donald Trump de paso a otra administración yanqui, neoconservadora o sorosiana, o del signo que sea, pero menos desconcertante para el poder de Bruselas y sus ejes en Berlín o París. Pero estas élites, cada día más autocráticas, deben contar a partir de ahora con la desafección creciente de los gobernados. Su fuerza es su debilidad, al mismo tiempo. Algún día tendrán a sus pueblos en contra, al tiempo que dependen de los equilibrios internos del propio corazón del Imperio. En Estados Unidos el poder se desgaja en facciones, y el declive mostrado en el exterior se trasladará en algún momento a las vísceras internas de Washington.

Europa Occidental se está enfrentado desde hace años a un caos múltiple, que es resultado de su enajenación dirigida. La UE es un ente no nacional, no respaldado legítimamente por un poder popular. Como ente pretendidamente supra-nacional, no ha hecho otra cosa que succionar soberanía de los estados-nación que constituyen ese ente burocrático y autócrata. A cambio, la soberanía usurpada por este Leviatán devuelve a las naciones y los pueblos, asimétricamente los efectos, de su voluntad de señorío, y lo hace en forma de imposiciones no controladas ni limitadas por los gobiernos, los pueblos, las Cartas Constitucionales ni ninguna instancia.

La élite europeísta se autoerige y se blinda por medio de mecanismos de autoridad inapelable. Pero los pueblos verán que esa élite es la verdadera efigie, ya sin máscaras, de un ente militar diseñado desde fines de la II Guerra Mundial, con un doble fin: someter Europa a los designios yanquis (con Francia equilibrando posibles auges "salvajes" de Alemania), y contener al tiempo a Rusia, cuya fusión con Alemania (y con ella, Europa entera) sería el fin de toda pretensión de dominio sobre la gran masa eurasiática por parte de la talasocracia. La talasocracia, el poder de los mares y de la anaconda que asfixia a Eurasia, es un sistema del cual los EEUU son hoy amos absolutos. Nuestra Eurasia unida (Europa reunida con Rusia y aliada con China) sería el fin irrevocable del poder talasocrático anglosajón.

Las élites "europeístas" en realidad son una capa de empleados a sueldo dirigidos por los lobbies y los centros de mando financieros depredadores de la Anglósfera y el sionismo. Son "nómadas" de las postrimerías de la civilización occidental en el sentido spengleriano. Carecen de todo tipo de arraigo, y les interesa no poseerlo. Ni arraigo ni ninguna otra carga. Muchos de estos capataces del cortijo europeísta hacen gala de su cosmopolitismo nómada, que les hace sentirse superiores a los "reprobables". Ellos mismos tildaron de "reprobables" a agricultores y clases obreras y clase medias empobrecidas, ajenas a los beneficios de una nueva aristocracia creada por los ingenieros sociales "woke" (artistas "trans", líderes del mestizaje, bohemia homosexualista, etc.) Frecuentemente los amos por delegación en la UE son simples pillos, comisionistas que llevan tajadas millonarias de negocios oscuros, en los que se juega con la vida de pueblos enteros.

Los casos judiciales que abruman al expresidente del gobierno español, Rodríguez Zapatero, o el actual, Pedro Sánchez, son sintomáticos de este tipo de casta política, sobrerrepresentada por los "progresistas". En todo momento aplicaron reformas económicas y laborales en perjuicio de la clase obrera. En cada ocasión en que tuvieron oportunidad decisoria, se alinearon con el neoliberalismo rampante, con el atlantismo feroz, con las grandes multinacionales y con los fondos buitre. Delincuentes y traidores como Zapatero y Sánchez y cientos de "progresistas" como ellos saquean su propio país, correteando ellos y sus amantes parientes todos los ministerios para dejarlos vacíos de fondos, y luego, tras millonaria jubilación a cargo de los impuestos sangrados al pueblo, seguirán succionando, por los servicios prestados, de las rentas las grandes empresas depredadoras que no tienen nada de europeas y mucho de "globalistas" y atlantistas. También aspiran a jubilación dorada en los grandes cementerios de oro de la casta ladrona que gobierna Europa: las organizaciones internacionales, europeístas, atlantistas e incluso las humanitarias. El recorrido de los líderes de la derecha liberal (Aznar) es parejo al de la izquierda. El pueblo, en su labor higiénica y revolucionaria, no debe distinguir entre izquierdas y derechas. La propia partitocracia es un engranaje de sumisión al Imperio, y lo fue incluso en tiempos en los que se diseñó el sistema, estando el general Franco vivo, bajo una supuesta clandestinidad.

La casta europeísta saca pecho y extiende colas de pavo real al representar valores llamados progresistas. Los mentados Zapatero y Sánchez trajeron a su pueblo "logros" que apenas una minoría exigía (el llamado "matrimonio homosexual", aborto casi irrestricto, eutanasia, desalojo de los restos de Franco, fronteras abiertas a toda especie de intrusos, y además con derecho a paga de bienvenida...), unos "logros" que en modo alguno fortalecen la sociedad civil, en modo alguno la protegen ante los embates neoliberales o le sirven para su desarrollo como potencia. Pero tales supuestos avances conceden unas credenciales de progresismo que les inmunizan ante toda sospecha de corrupción y traición a la patria, y encandilan a muchas "almas bellas". De "almas bellas" están repletas de una izquierda escuálida, reducida a cuadros. Quienes no son pillos en puestos de mando, son "almas bellas" que no quieren bañarse en el agua turbia de la realidad.

La prueba de que las llamadas élites europeístas son, en una gran cantidad de sus miembros, unos ladrones confesos, las tenemos no solamente en España. En Francia y en Italia también abundan casos de ministros, y altos mandatarios que, una vez han abandonado el cargo, sucumben a la larga ante una justicia que, aun lenta y corrupta en parte, es un poder que acaba haciendo su trabajo. El mismo hecho de que caigan en desgracia tantos líderes revela su condición de meros empleados al servicio de poderes más altos y escondidos, de individuos y consorcios anónimos, que se parapetan detrás de tales vulgares comisionistas que simulan representar a sus países.

Además de comisionistas y traficantes de influencias, son traidores. El Borbón o Zapatero vendieron trozos de España al Sultanato de Marruecos, con la risa silente de americanos y franceses. Si no son provincias ("ex colonias") venden información soberana a diario. Europa Occidental, y gran parte de Iberoamérica (que también es "Occidente" y padece bajo las botas del Tío Sam) ha generado esta clase política no por una suerte de deficiencia moral que, al modo de las patologías físicas, sobreviene sin que haya culpabilidad de nadie, un mal que sólo fuera atribuible a causas físicas necesarias. La deficiencia moral de las castas dirigentes del europeísmo es inducida, creada; es un caso claro de gobierno cipayo. Cuando el Imperio yanqui aterrizó en Europa en las dos guerras mundiales, y definitivamente en la II Guerra Mundial, este poder diseñó una forma de control del continente muy específica y planificada, con un grado de sutileza que no había practicado en otros territorios que los yanquis ya habían tomado como colonias.

La dominación de Europa se tuvo que hacer de otra manera, no como en los otros precedentes. Los genocidios cometidos por el yanqui en el Caribe, en las islas arrebatadas a España en la guerra de 1898, a las que presuntamente iban a liberar, no fueron nada sutiles. Y la cuantía de asesinados en Filipinas, cercana al millón, una vez que este pueblo asiático conoció la desgracia de pasar del dominio hispano al americano, en los años posteriores a este fatídico 98, es aterradora. No hubo Núremberg para los yanquis de 1898 ni para los responsables de Hiroshima. Pero los filipinos, como los armenios, los griegos, y muchos otros pueblos de la Tierra no tuvieron catedráticos de "Memoria Histórica" ni celebrantes de Culto Holocaustico.

¿Qué se hizo en Europa después de 1945? Fue una acción prolongada y en varios frentes. La instalación de cientos de bases militares en una Europa tomada como botín, fue una de las acciones más visibles. Los ejércitos europeos reconstruidos durante la posguerra no fueron sino secciones de una OTAN absolutamente controlada desde América. Con la bandera nacional podían desfilar y satisfacer el orgullo patrio de unos países que de hecho habían quedado rotos, emasculados y para el desguace. En realidad estos mini ejércitos eran nuevas secciones del Ejército Imperial de Occidente, y tal cosa es lo que siguen siendo. Cuando los soldados españoles y sus cazas y blindados de nuestro día, año 2026, son desplegados a miles de kilómetros de sus casas, en el Báltico o en Centroeuropa, a las puertas de Ucrania o Rusia, el mensaje está claro: las tropas indígenas del Imperio merecen disfrutar de estancias "ERASMUS" para ganar méritos y laurales ante su benévolo César. Los americanos cuentan con sus foederati y sus auxilia, como en los tiempos de los romanos, indígenas europeos que no luchan ni nunca lucharán por los intereses de sus respectivas patrias sino por mera promoción personal o a sueldo de un Imperio que, dado el caso, los puede sacrificar, como al resto de la corteza de vasallajes que se ha creado desde 1945.

Estos mismos soldados españoles a quienes se les ha dicho que Rusia es una amenaza dejan desguarnecido el sur de la Península Ibérica, el Estrecho de Gibraltar, las Islas Canarias, Ceuta y Melilla. Cuando en tales zonas haya una más que probable incursión marroquí, unos pocos guardias civiles no servirán para pararla. El mismo Borbón y el mismo Zapatero que vendieron el sur de España a un país norteafricano corrupto y tiránico, dejaron el sur de Europa desguarnecida. El Amo yanqui manda sus foederati a las puertas de Rusia, y su voluntad es ley.

El vasallaje de Europa desde 1945 se logró, primero, ocupándola con las bases militares y con una ingente cantidad de tropas y armas americanas. Se llevó a cabo, también, por medio de la creación o reconstrucción de falsos ejércitos nacionales, es decir, secciones de la OTAN. La organización atlántica estuvo detrás, como requisito y como vera effigies de las instituciones económicas (y económico-políticas) europeas: CECA, CE, UE...

Pero la palma se la ha llevado el Poder Blando. Este se ejerce a través de millones de dólares canalizados para la compra de élites académicas y culturales, unas élites que, al igual que las políticas, se dejan corromper en parte por pura debilidad moral, en parte también por supervivencia y medro en el ecosistema cultural, etc. Pero, reitero, no es la debilidad moral, la enfermedad de las castas corruptas y decadentes lo que nos sirve como principal factor explicativo. La causa a la que hay que apuntar es al Poder mismo, a sus fuentes, al estado de cosas que ha determinado una asimetría nueva en vez de la anterior. El equilibrio resultante de la derrota de Alemania, y los desequilibrios de potencias "viejas" que cayeron en el basurero de la historia, aun triunfando nominalmente en el bando aliado, creó esta nueva asimetría. La potencia vieja (ya vieja desde 1914, si no antes) de Gran Bretaña la confinó al papel de vigía del continente, de aguijón de una avispa molesta que impidiera grandes uniones eurasiáticas o veleidades nacionalistas en Francia y Alemania. Los espías británicos se refugiaron en las sombras de un más amplio sistema de vigilancia y guerra sucia imperial occidental, casi siempre al lado de los otros espías, judíos y yanquis.

La grandeur francesa tuvo un breve resplandor y canto de cisne con el gaullismo, pero la inclinación hacia el Imperio Occidental y los designios yanquis fue un proceso que comenzó a resultar inexorable. Francia dio el tono woke al continente entero: el mayo del 68 fue la primera llamarada. Desde Paris, donde las jovencitas pudieron ponerse minifaldas y se proclamó el "prohibido prohibir", se construyó todo el engendro de la ideología de género que ha servido, fundamentalmente, para impedir que en todo Occidente haya suficientes madres valientes en edad fértil y con el ánimo fresco y resuelto de tener bebés. No está justificado ningún odio a los emigrantes si los europeos carecen de madres dispuestas a tener bebés. El Imperio ha sometido a Europa no con marines y bases militares, sino con los altavoces puestos a la ideología de género y woke, venidas en el fondo de la parte más nihilista y masónica de la cultura gala.

Del engendro parisino, dándose una vuelta y rebozo por los campus americanos, procede el destino trágico de Europa: que Europa se quede sin niños y que el solar permanezca apto para ser ocupado por extranjeros de la más variada procedencia, sujetos sin raíz que habitarán Europa pero ya no serán europeos y arrasarán (sin quererlo, sin una necesaria malignidad consciente) con su civilización. La muerte de Europa es su vasallaje, no el efecto directo de un caos étnico. El sionismo cristiano y hebreo es más mortífero civilizatoriamente que un ejército de imanes diciendo sandeces en las capitales europeas Una Europa sana pondría a los radicales de todo credo en la frontera con la advertencia ad baculum de que no se les ocurra volver a entrar. Sería fácil Pero es el Imperio el causante de la baja natalidad y del nihilismo, que llega a nuestras hembras fértiles como al resto de la sociedad. Un imperio yanqui-sionista. París, con sus filósofos feministas, homosexualistas y deconstructivista ha sido la tumba de la vitalidad de Europa, las tijeras castrantes. La filosofía (o lo que se hace pasar por tal) de Francia, tras las glorias de Descartes o Bergson, se redujo en el siglo XXI a la condición de anticonceptivo. La ideología de género es peor que una castración química de nuestros hijos. Esta labor antinatalista, y el control férreo de Alemania bajo la elegante fórmula de un "Eje" líder de la Unión Europa, fueron los logros atlantistas de la vieja Francia puesta al servicio del Imperio.

Y ahora le toca a Alemania. Esta nación es el corazón de Europa y, a la vez, el peligro para el continente y un peligro para ella misma. La tragedia de Europa, como bien enseñó Jordis von Lohausen, se lee en lenguaje preciso estudiando la tragedia de Alemania. Las naciones "a medio hacer" al Este de Europa (bálticas, eslavas, etc.) se hicieron europeas por medio de la colonización teutónica. Decir esto puede no resultar "políticamente correcto". Negarlo, por otro lado, es enfrentarse a la realidad, iniciar una pelea contra la Historia, pelea en la que la verdad sale perdiendo. La cruel repatriación de millones de alemanes étnicos después de 1945, la mayoría venidos de Rusia o de países del Este y el Báltico, y la mayoría de ellos inocentes de cualquier cargo de nazismo, señaló el destino ulterior de Alemania. Este país, incluso reunificado, recibió la asignación de Washington: si controlas a los franceses y explotas a los mediterráneos, te harás grande otra vez: sacarás músculo y tu piel brillará hermosa, sana y rica, pero tienes que ser un eunuco. Un fuerte y hermoso eunuco. Los alemanes obedecieron, aceptaron ser el fuerte y bello eunuco.

El eunuco que fue el Estado alemán durante décadas ahora quiere armarse. Las raíces de la supuesta rusofobia alemana, tan irracional en todos los respetos, suelen explicarse en términos psicologistas. Afán de revancha, viejos odios acumulados en la Guerra y en la represión y los desmanes cometidos sobre los vencidos... De nuevo, este tipo de explicaciones son enceguecedoras. Las élites europeístas y germanas invocan un pasado nefasto, plagado de errores e incoherencias. Los nazis invadieron una Rusia que hubiera sido su única posibilidad de supervivencia: la unidad eurasiática. Los nazis se dotaron de recursos económicos y energéticos que las multinacionales yanquis sostuvieron, a la vez que sostuvieron a un ejército yanqui con la retaguardia intacta y casi infinita que es la gran isla llamada América. Hitler seguía en la órbita del capitalismo. Hitler hubiera convivido con la parte más racista de la Anglósfera (británica y americana) sin ningún problema. El Führer fue un lerdo racista que careció de visión eurasiática.

La rusofobia y la fiebre armamentística de los alemanes (de sus élites) de hogaño no tienen nada que ver con la de antaño. La izquierda pacifista –y por ello ciega y necia- de nuestros días quiere presentarnos a Merz y a von der Leyen como los "nuevos nazis". Pero el país germano rearmado está integrado en la OTAN, repleto de misiles y otras armas terribles de los americanos, incluyendo las ojivas nucleares. El país germano no va a modificar las alianzas en una dirección soberana y contraria a la Anglósfera nunca, y su estrategia de dominación de Europa, especialmente de la Europa del sur, está pasando de la economía de la manufactura a la economía de la guerra. Este traslado no sirve para vencer a la Federación Rusa, loca idea que a ningún general teutón se le puede pasar por la cabeza. El odio a los rusos encubre el odio a una Europa que está siempre en potencia de salirse de su férula. La militarización de los presupuestos estatales, antes que iniciar la guerra de verdad es lo que mueve a estas élites germanas que, en todo caso y situación, son élites perfectamente coordinadas con Bruselas y Washington en los asuntos esenciales.

El problema es que una preparación (insincera) para la Guerra puede causar la Guerra misma. Esta es una verdad geopolítica de nivel elemental.

Estas élites militaristas, pero fracasadas, después de décadas de pilotar al eunuco rico y productor de manufacturas, el castrado que fue la Alemania "desnazificada", desean evitar un nuevo y posible Núremberg, el cual sería el peor escenario para ellas imaginable. Desean seguir la estrategia de tirar hacia adelante con el error, en lugar de rectificar y retroceder. Como se dice en castellano clásico: "defendella y non enmendalla" Aunque el escenario de un nuevo y posible Núremberg en el que viéramos sentados en el banquillo a Merz, doña Úrsula, Borrell, Macron, Rutte, y todos los demás personajillos, especialmente el dictador Zelensky, no llegara, el descontento de los pueblos, vinculado a un antiamericanismo creciente y a un hartazgo e impaciencia feroz ante ese cáncer de la civilización, la Entidad Sionista, no tendrá más que crecer. Será lógico e inevitable que así sea.

No obstante, el Poder Blando seguirá actuando incluso cuando Washington permita dejar caer a sus élites amortizadas y desprestigiadas para siempre. El Poder Blando es el dueño ya de gran parte de ese espectro que hoy identificamos con los nombres de "ultraderecha" y "populismo". Todos recordamos la gira que Steve Bannon llevó a cabo en Europa, hasta 2020 más o menos, y la aventura suya, "The Movement". Uncir a los ultraderechistas y populistas europeos a una empresa yanqui-sionista es domesticarlos y controlar, de antemano, toda deriva soberanista nacida en suelo europeo. El gran fracaso histórico de gente como Abascal, Meloni, Le Pen, etc. estriba en su sumisión incuestionada y tenaz a los intereses del yanqui-sionismo, con lo cual nunca podrán ser soberanistas auténticos. Nunca conectaran realmente con "el pueblo", aunque demagógicamente hayan mostrado su apoyo a los "chalecos amarillos", a las "tractoradas", a los movimientos anti-inmigracionistas, etc. El mejor test al que se puede someter un movimiento social o un partido político es el del atlantismo y el sionismo. La gente que no está dispuesta a romper y cambiar las alianzas geopolíticas esenciales, salir de la OTAN y romper con la Entidad Sionista hasta lograr su desactivación, está en un campo opuesto al del verdadero soberanismo.

Tal y como sostiene en una entrevista Raffaele Sciortino [https://socialismomultipolaridad.blogspot.com/2026/05/geopolitica-y-lucha-de-clases-crisis.html] la perspectiva marxista clásica de la lucha de clases no es disociable de la visión geopolítica, antes bien, resulta necesario integrarla aquí. La futura desestabilización de las sociedades europeas –y, con matices algo distintos, iberoamericanas- creará situaciones pre-revolucionarias, motivadas por el desafecto hacia unas élites corruptas, autoritarias, belicistas a pesar de su retórica, enemigas del estado del bienestar. Unas élites, como bien atestiguan en España los ejemplos de Rodríguez Zapatero o Sánchez, dispuestas a vender la soberanía nacional a trozos, incluso en el aspecto territorial más craso. Las constantes idas y venidas de estos personajes a Marruecos, y su obscena postración ante un sátrapa feudal y corrupto como es el rey, son homologables a la fascinación que, por otro lado, los líderes de la derecha española y europea sienten por esa supuesta "Esparta" del judeocristianismo llamada Israel. La realidad cruda es que las élites traidoras y corruptas sirven al Imperio Occidental tomado como un bloque, y se dejan corromper de muy buen grado por estos alfiles fundamentales desde el punto de vista geopolítico, el marroquí o el hebreo. Unos alfiles que no tienen nada que ver con la milenaria civilización europea y más bien representan sus antípodas incompatibles.

La rebelión popular, como dice el autor italiano entrevistado, es de por sí un elemento geopolítico de primer orden. El verdadero triunfo de la multipolaridad solamente podrá venir con el acceso de una masa descontenta al poder, la sustitución de unas élites corruptas por otras más sanas, la democratización de las instituciones nacionales soberanas y el desmantelamiento de toda la superestructura creada por los yanquis tras su invasión de Europa (a gran escala, en 1944)


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