Programa El Cernidor 29. 06.2026
Lunes y Jueves 19.30 hs. https://www.youtube.com/@elpulsometrotv
Horacio Lampariello, Héctor Amodio Pérez y Álvaro Alfonso
Coincidencias del futbol y la política, Amodio al día de hoy se siente socialista? La dictadura y el IRPF que saco y luego lo volvió a instrumentar la izquierda. La educación sexual en los niños de España para niños. La tecnología y los terremotos. La revolución Cuba siempre fue por plata. Videos de Bendita Tv y la corrupción en la izquierda. Juan María Bordaberry y como maniobraba con los militares de la dictadura. Actualidad del Uruguay y el Mundo. Así estamos.
https://youtu.be/B0Os_z3o7lA?si=UPgWQIMyoIbw0CMO
Cernidor 294, correspondiente al día 29 de junio de 2026
A propósito del fútbol, he encontrado en las redes un comentario que bien vale para la situación política.
Uruguay lleva demasiado tiempo viviendo de su historia. Seguimos explicando quiénes fuimos, pero cuesta explicar quiénes somos. Y mientras discutimos culpables, la corriente sigue haciendo su trabajo. Nos lleva río abajo. Cada vez más lejos de lo que nos hizo grandes como país (y no solo en el fútbol). Con cada vez con menos gente dispuesta o preparada para remar hacia la orilla.
Ahora bien: Los años 50 nos dejaron el triunfo en Maracaná, pero también el fin de la guerra de Corea, que fue el inicio de la crisis que se prolonga hasta hoy.
En 1955, la deuda externa bruta de Uruguay era de 181,1 millones de dólares, pero el país contaba con reservas internacionales de 245,4 millones de dólares, lo que arrojaba una deuda externa neta de -64,3 millones de dólares. En 1965 la deuda rondaba los 480 millones de dólares, siendola principal fuente de financiamiento el Banco Mundial, el BID y el FMI, para cubrir los déficits comerciales y presupuestales.
Ya sabemos lo que pasó, no solo en nuestro país, pero nos negamos a aceptar la realidad y como en la época de la conquista nos dejamos engañar por quienes compran espejitos de colores que pagamos entre todos, para enriquecer a una manga de aprovechados que votamos cada cinco años.
A partir de los años 60, en plena Guerra Fría, muchos latinoamericanos creímos que podíamos cambiar el mundo, acabar con las desigualdades sociales y económicas, nos embanderamos con la Revolución Cubana, hicimos nuestra la consigna de los muchos Vietnam, que recibimos del Ché Guevara y quisimos convertir los Andes en la Sierra Maestra de América Latina. Y así nos fue.
En este Uruguay, quienes fueron los derrotados escribieron la historia para su beneficio propio, y quienes quisimos desmentirla fuimos acallados mediante acusaciones que más adelante serán desmentidas por los mismos que las crearon.
Pero la vida sigue, y quien resultara el mayor beneficiado por la falsa historia, hoy es cuestionado, incluso desde las mismas páginas que lo convirtieron en un Mandela a la uruguaya, con intento de premio Nóbel incluido.
El legado del Viejo, lo ha publicado el semanario Voces, el 25 de junio, con la firma de Oscar Licandro.
Dice así: Hace unas semanas publiqué una columna en El País titulada “La decadencia del FA”. Allí argumenté que el FA ha ingresado en un proceso de decadencia porque ya no tiene un proyecto transformador para el país, sufre un grave deterioro en la calidad de sus recursos humanos (léase, sus dirigentes) y perdió la brújula moral de sus fundadores.
En toda organización la decadencia es el resultado acumulado de múltiples decisiones tomadas por diferentes personas. No ocurre de un día para el otro y no todas se producen de igual forma. En algunos casos, y este es uno de ellos, la decadencia resulta del comportamiento de líderes de primer nivel, cuya influencia es tan poderosa que sus solas acciones van arando un surco de profunda degradación.
Si bien la decadencia del FA no puede explicarse por una sola persona, hay una que ocupa el lugar más alto entre los perpetradores. Su praxis política, su amoralidad y su demagogia, todas ellas impregnadas de su narcisismo, han dañado los cimientos morales del FA, han sustituido el sueño de un proyecto político transformador por un pragmatismo sin proyecto, y han corroído la calidad humana e intelectual de sus dirigentes.
No es necesario recurrir al título de esta columna para saber de quién estoy hablando. Alguien a quien Líber Seregni conocía bien (a él y a su troupe). El general se opuso al ingreso de los tupamaros al FA porque sabía del daño que en el mediano plazo ocasionarían a la coalición.
Quizá Mujica no sea el único responsable de la decadencia del FA, pero claramente es el gran perpetrador de la decadencia del MPP, particularmente la que experimenta en sus recursos humanos.
Su desprecio por los intelectuales fomentó dirigentes mediocres, con escasa formación. El uso del insulto como instrumento dialéctico preferido alimentó dirigentes incapaces de dialogar y convivir con sus adversarios políticos. Su desprecio por los símbolos institucionales generó dirigentes que no saben cuidar las formas mínimas ni el decoro. Su egolatría, que determinó su forma de promocionar (y enterrar) dirigentes, hizo que el ascenso dentro de la estructura del movimiento fuera tierra fértil para los aduladores.
Los resultados están a la vista.
El principal legado de Mujica fue impedir por todos los medios el surgimiento de un sucesor. Su omnipresencia, motorizada por su narcisismo, no dejó el espacio necesario para que nuevas figuras adquieran visibilidad.
El culto a su nombre, que impulsó con maquiavélica sabiduría, lo ubicó en un lugar casi inalcanzable para cualquier mortal. ¿Quién podría dar la talla de ese semidios estilo pop en que el Viejo se convirtió por estrategia personal?
¿Alguien se ha preguntado por qué Mujica, que siempre pensaba la jugada siguiente y estaba varias jugadas por delante de sus adversarios, nunca promovió un sucesor? He aquí un asunto para sociólogos y politólogos, pera también para sicólogos y siquiatras.
El segundo legado es el tipo de dirigentes que dejó tras su partida: gente obsecuente y poco calificada. Para prosperar dentro del MPP se necesitaba la bendición del Viejo, bendición que daba y quitaba según las circunstancias, a su capricho. Carolina Cosse sabe bien de eso.
Mujica convirtió el MPP en una especie de religión monoteísta, en la que él se desempeñaba como dios y papa. Peregrinar a su chacra (el Vaticano de esa religión) y reverenciar su figura fueron gestos litúrgicos necesarios (aunque no suficientes) para prosperar dentro del movimiento.
El problema con todo esto radica en que cuando el “dedo” del que manda es el mecanismo para prosperar en una organización, lo más probable es la degradación de sus recursos humanos. El proyecto de Yamandú Orsi como presidente del Uruguay es una obra planificada y ejecutada por Mujica. Los resultados están a la vista.
El “Viejo” manifestó siempre un desprecio por los intelectuales y los profesionales, inclusive los de izquierda. Los trató de arrogantes y de ser burócratas del estado o de la docencia. Luego de las elecciones de octubre de 2014 Mujica festejó que más de la mitad de los legisladores elegidos no tuvieran título universitario.
Una de las consecuencias de ese desprecio es el tipo de dirigentes que han prosperado dentro del MPP en los últimos años. Varios de los más jóvenes, esos a quienes el recambio generacional está poniendo en la cúpula del movimiento, no tienen una formación académica que se precie de tal. Tampoco tienen una experiencia profesional fuera de la militancia política.
Estimado lector, si no me cree, lo invito a leer sus CV en la web del MPP. Algunos estudiaron, pero la mayoría de ellos empezaron carreras universitarias que nunca terminaron. Ningún destaque profesional o laboral. Sus principales méritos son haber militado, militado y militado.
Esto es solo una pequeña parte del legado de Mujica en materia de dirigentes. Falta todavía analizar el profundo efecto que tuvo sobre ellos su pragmatismo amoral, su demagogia, su desprecio por los símbolos institucionales, la forma como denigraba a sus rivales, y muchas de su otras “virtudes” políticas.( hasta aquí la nota de Oscar Licandro)
Coincido plenamente. Mujica cimentó su fama sobre una historia personal falsa, creada y recreada por aduladores, que lo convirtieron a él mismo en un intelectual de pacotilla, con sus falsas lecturas de los clásicos desde la época de los griegos. Pero el autor lo dice con Mujica muerto. Yo lo dije estando vivo.
Pero hay un libro que con seguridad no leyó: Motivos de Proteo, de José Enrique Rodó. En el capítulo La despedida de Gorgias, el maestro Gorgias se despide de sus discípulos afirmando que el mayor éxito de un educador no es que sus alumnos repitan sus ideas, sino que sean capaces de superarlo, y encontrar su propia verdad. Es el resultado de la evolución, el pensamiento crítico, la única forma de conseguir el relevo generacional. «Maestro, ¡por quien te venza, con honor, en nosotros! —¡Por ése!, dijeron los discípulos.
Pero si gran responsabilidad le cupo a Mujica ¿qué decir de Lucía Topolansky, que creció como persona y como militante en un sector del MLN que quizás de manera natural practicó lo que el maestro Gorgias proponía?
Esperamos los próximos números de Voces